La menospreciada historia de mujeres académicas, maestras y líderes en el Islam

Por Mohamad Jebara para New Lines Magazine

Mujeres leyendo el Corán en Ramadán, provincia de Hamadán, Irán. [Behzad Alipour / Creative Commons]

En las afueras de Kabul, bajo brillantes copos de nieve en una mañana de invierno de 1099, miles desafiaron la escarcha mientras seguían el féretro de una eminente erudita y muftí de la región.

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No, querido lector, este no era un hombre, sino una mujer: Biba Al Harthamiah. Biba fue sólo una de las cientos de académicas musulmanas que una vez ocuparon posiciones de prestigio e influencia en el mundo musulmán y que ahora están casi olvidadas.

Durante 20 años, a las mujeres y niñas afganas se les permitió sobresalir en áreas tan diversas como la jurisprudencia, la medicina, el espacio académico, el fútbol profesional, la robótica y la música clásica. Sin embargo, el liderazgo actual está definiendo estos logros como parte de un período aberrante, en conflicto con la cultura histórica afgana y las normas islámicas tradicionales. Es más, los Talibán están afirmando una visión de la sociedad afgana en la que a las mujeres se les puede prohibir muchas áreas de participación social y deben cumplir estrictas normas de género y formas de tutelaje masculina.

Es comprensible que los observadores externos asuman que el islam desalienta o prohíbe el empoderamiento, el éxito y la participación de las mujeres en la sociedad secular. La asociación del islam con normas de género restrictivas, que desalientan a las mujeres y las niñas a desarrollar y ejercer la autonomía no es un dilema exclusivo de las mujeres afganas. Es un problema genuino en diferentes lugares: las musulmanas en sociedades menos restringidas a menudo luchan con marcos de valores en conflicto, uno en el que se les anima a desarrollar su potencial y contribuir a la sociedad, y otro en el que se considera que desviarse de las limitaciones de género claramente definidas resta valor a su piedad, dignidad y responsabilidades como hijas, esposas o madres.

Los ultraconservadores justifican su tratamiento restrictivo de las mujeres sobre dos bases principales, a saber, el islam y las normas culturales históricas. Pero, ¿qué tan definitivas son estas bases para fundamentar su visión del mundo? Las estrictas opiniones patriarcales propugnadas por los Talibán, y otras, se derivan principalmente de su comprensión de las referencias coránicas como ‘qawamah’ y ‘nushuz’, a menudo mal traducidas como “tutela” y “rebeldía”, respectivamente. Según la cosmovisión de los Talibán y otros intérpretes patriarcales, estos conceptos designan a los hombres como naturalmente superiores a las mujeres e invisten a los hombres con el control y la responsabilidad de la tutela sobre ellas. En esta cosmovisión, no se puede confiar en que las mujeres tomen decisiones por sí mismas y se las considera susceptibles al error y la corrupción.

A estos conceptos se suman los ideales tribales preislámicos de moralidad y vergüenza, que vinculan el comportamiento de las mujeres con el honor de los hombres y la sociedad. En esta concepción de la sociedad, los hombres necesitan mantener a las mujeres en orden, restringiendo su ‘maldad’ y evitando que las mujeres les avergüencen a ellos, a su apellido y a su comunidad. Esta desafortunada mentalidad cultural es la base de muchas prácticas sociales dañinas y, en casos extremos, produce males como los asesinatos por honor.

La interpretación de ‘qawwamun’ como “tutores” se basa en una asociación con la palabra relacionada ‘qaimun’, que significa guardián o cuidador. Aunque comparten una raíz, las palabras tienen dos connotaciones distintivas; la primera se trata de apoyo flexible, y la segunda, de proporcionar tutela. Una variación del concepto anterior, en el contexto de un edificio, la palabra qawaim se refiere a sus pilares de soporte internos; por otro lado, los qaimun de un edificio son sus custodios y guardianes. Incluso Abdel Aziz Bin Baz, el exmuftí saudí, dijo en un comentario sobre los versos: “El qawamah de los hombres es una responsabilidad de brindar atención (takleef) y no un privilegio (tashreef)”.

El término nushuz  —comúnmente interpretado como rebeldía femenina— describe literalmente los colmillos que sobresalen de una serpiente antagonizada que secreta veneno. Esta imagen implica que nushuz no es una característica femenina o un estado permanente del ser, sino una situación que surge de vez en cuando como reacción a una amenaza. El Corán emplea el término nushuz solo dos veces, ambas en el mismo capítulo, una, en referencia a las mujeres (4:34) y otra, en referencia a los hombres (4:128). Más que una deficiencia de carácter esencial en las mujeres‌, esta palabra describe una situación que se refiere a una o ambas partes en el matrimonio, que puede remediarse con la intervención correcta. Por lo tanto, una comprensión más precisa de nushuz se refiere a una atmósfera tóxica en una relación o en el comportamiento de las partes involucradas.

La interpretación conservadora de estos dos términos es difícil de cuadrar cuando nushuz se aplica por igual a hombres y mujeres: si los hombres son los guardianes superiores de las mujeres, ¿cómo pueden describirse en sus términos, como “rebeldes y desobedientes”? Para mantener su interpretación, el texto debe manipularse aún más al proporcionar una definición diferente de nushuz para un hombre, es cuando “niegan a sus esposas la gratificación carnal”. Sin embargo, lejos de justificar una jerarquía patriarcal rígida, el Corán habla de la importancia del apoyo mutuo entre marido y esposa, y ofrece formas para que tanto hombres como mujeres aborden y se recuperen de la toxicidad dentro de su matrimonio.

Antes del advenimiento de los movimientos puritanos o fundamentalistas, la visión más restrictiva de que las mujeres necesitaban tutores en lugar de apoyo no era la visión dominante. Este punto de vista parece ampliamente aceptado porque se enfatizó en el discurso público en la medida en que se ha vuelto normativo dentro de la comunidad musulmana. Esto, a su vez, hizo que sea difícil discutir la visión alternativa sin sonar revisionista. En otras palabras, no se trata de un problema de fuentes originales, sino de adoctrinamiento ideológico. Aún así, el punto aquí no es abordar una mentalidad ideológica y probar o refutar una lectura u otra definitivamente, sino mostrar que el significado definido por los conservadores no está tan universalmente aceptado como lo hacen parecer. No confíes en mi palabra, el diccionario de árabe clásico del siglo XIII Lisan Al Arab tiene una entrada sobre el versículo 4:34 que corrobora la distinción entre qawwamun y qaimun como se hizo anteriormente, en contraste con la interpretación común propugnada por grupos conservadores.

Los términos se adecuan a las medidas restrictivas impuestas por la sociedad, lo que nos lleva al segundo fundamento de la justificación conservadora, a saber, las normas culturales afganas que ignoran la historia, como demuestra la historia olvidada de Biba Al Harthamiah.

El legado de destacadas mujeres musulmanas se remonta a los días del profeta Muhammad, quien no sólo consideraba a las mujeres capaces de liderazgo, sino que también las designó para puestos destacados. Esto no sorprende, dado que él y sus sucesores tuvieron varias mentoras. Había trabajado para Khadijah, su primera esposa, dirigiendo su negocio entre La Meca y el Levante, hasta que se casaron. Barakah, también conocida por su epitafio Umm Ayman, se desempeñó como asesora cercana de dos de sus sucesores —Abu Bakr y Umar—, quienes tenían su consejo en alta estima.

Si bien existe un entendimiento común entre los musulmanes de que las mujeres no pueden ocupar puestos de liderazgo religioso o académicos, el propio profeta Muhammad proporcionó dos contraejemplos claros: nombrando a Umm Waraqah como imán de su comunidad y a Ash Shifa Bint Abdillah como educadora principal de Medina. Nombró a Umm Waraqah como imán “porque dominaba el arte del Corán y lo memorizaba” y le asignó un almuecín, la persona que llama a la gente a rezar en la mezquita. La implicación fue que el Profeta permitió que una mujer dirigiera las oraciones en congregación, y esta congregación estaba abierta a aquellos fuera de su familia y hogar inmediatos.

La mayoría de los eruditos islámicos están de acuerdo en que una mujer puede guiar a otras mujeres en las oraciones, especialmente entre tres de las cuatro principales escuelas de jurisprudencia sunitas  —Hanafi, Shafi y Hanbali— basado en el ejemplo de Aishah y Umm Salamah dirigiendo a las mujeres en las oraciones. Sin embargo, los eruditos difieren sobre si una mujer puede guiar a los hombres en la oración. Citan las limitaciones de la crianza de los hijos, la menstruación y otras responsabilidades que dificultan que las mujeres dirijan las oraciones con regularidad. Esto sigue siendo un punto de discordia y un debate abierto.

Basándose en los ejemplos de Umm Waraqah y Ash Shifa, eminentes eruditos como At Tabari (siglo IX), Ibn Hazm (siglo XI), Ibn Rushd —Averroes— (siglo XII) e Ibn Abidin (siglo XIX) declararon que una mujer puede ocupar un cargo público.

Aunque Umm Waraqah es prácticamente desconocida en la actualidad, se hace referencia a ella en numerosos manuscritos que se encuentran en Tombuctú, Damasco, Estambul y otros lugares, incluidas obras de gran autoridad como Al Ahkam As Sultaniyyah por Abu al Hassan Al Mawardi en el siglo XI, Al Mughni por Ibn Qudamah Al Maqdisi (siglo XIII) e Irwa Al Ghalil por Nasir Al Din Al Albani, quien murió en 1999. Una referencia a las acciones del profeta Muhammad por parte de Ibn Al Qattan, una autoridad en hadices en la Córdoba del siglo XIII, menciona “Imamatu Umm Waraqata bi qawmiha” (Umm Waraqa guiando a su gente), que es más amplio que un vecindario, lo que implica que ella dirigía un distrito más grande. Otro erudito aclamado más al este en la Siria del siglo XIII, An Nawawi, también citó a tres importantes juristas que permitían que las mujeres guiaran a los hombres en la oración.

Incluso el estricto Ibn Taymiyyah, que fue inspiración ideológica de varios movimientos ultraconservadores en la actualidad, declaró: “Ahmad [fundador de la escuela Hanbali] permitió que una mujer guiara a los hombres en la oración, cuando surja la necesidad, en los casos en que ella sea una experta en el Corán, cuando los hombres no lo sean, para que pueda guiarlos en las oraciones nocturnas del Ramadán [‘tarawih’], de la misma manera que el Profeta ungió a Umm Waraqah como imán para su vecindario y le asignó un almuecín”. Ibn Taymiyyah reitera claramente: “Digo que está permitido que los hombres sean dirigidos por una mujer experta en el Corán durante el tarawih, según las [tradiciones] ampliamente conocidas de la opinión de Ahmad”.

Resumiendo el punto de vista general, el sabio andalusí Ibn Arabi declaró: “Existen quienes permiten incondicionalmente que las mujeres guíen a los hombres en las oraciones, lo cual también es mi opinión. Existen quienes les prohíben por completo ese liderazgo y existen quienes les permiten liderar a mujeres, pero no a hombres”. 

De hecho, Ibn Arabi explica además su punto de vista: “El estado actual es que su liderazgo es permisible, y uno no debe prestar atención a quienes lo prohíben sin pruebas concretas, porque no existe un texto claro para respaldar esta afirmación, y cualquier evidencia que presenten podrían incluirlas también en la prohibición, neutralizando así la evidencia en este sentido y manteniendo el estado actual de permisibilidad de su liderazgo”.

El profeta Muhammad declaró que la educación no solo es un derecho fundamental sino también un deber solemne de todos sus seguidores. De hecho, enseñó que enseñar a un hombre es educar a un individuo, pero enseñar a una mujer es inspirar a una nación. Entendió muy bien que las mujeres no solo enseñan a sus hijos sino que también influyen en sus maridos. Y si sus maridos son poderosos, afectan a comunidades enteras y a una nación.

El Corán aconseja a sus lectores, tanto hombres como mujeres, que compitan en la búsqueda de conocimiento, y más de 40 veces invoca no sólo la memorización sino también el concepto más matizado de ‘aql’, que connota el desarrollo, uso de la razón, y la síntesis racional basada en una investigación y un análisis extensos. Además, el Corán instruyó a los lectores a aumentar su capacidad en todas las formas de conocimiento y comprensión beneficiosos. Empleó el concepto de ‘ilm’ en su forma indefinida para abarcar tanto el conocimiento espiritual como el secular, como lo atestigua el profeta Muhammad contratando tutores de matemáticas y lenguaje para su esposa.

Cuando el Profeta murió en 632, su legado a la posteridad fue un libro: el primer manuscrito del Corán, el primer libro escrito en lengua árabe. A pesar de los muchos hombres a los que se les podría haber dado el honor de custodiar el manuscrito, se le confió a una mujer: Hafsa Bint Umar. La elección de Muhammad de dar esta tarea a una mujer indica que tenía en alta estima a las mujeres. Fue esta misma copia la que más tarde tomaría prestada Uthman, el tercer califa, para compilar las cinco copias estándar de las Escrituras Sagradas.

Biba Al Harthamiah, la eminente erudita de la Kabul medieval, no era una anomalía. Tenemos registros detallados de eruditos y maestros, gracias al enfoque islámico tradicional del aprendizaje, mediante el cual los eruditos establecieron su credibilidad a través de cadenas ininterrumpidas de transmisión. Lo que es verdaderamente notable es la gran cantidad de mujeres bajo las cuales estudiaron eminentes eruditos islámicos. Por ejemplo, el erudito del siglo XII Ibn Al Samaani estudió con 69 eruditas; Muhammad Ibn Al Najjar (siglo XIII) estudió con 400 académicas; Al Sakhawi (siglo XV) estudió con 60 eruditas; y Al Suyuti (siglo XVI ) estudió con 59 eruditas.

Esta tendencia se estableció desde el comienzo mismo del islam. Miles de hombres asistieron a las clases de la gran jurista del siglo VII Umm Ad Darda As Sughra en la Mezquita de los Omeyas, incluido el califa Abdul Malik Ibn Marwan, quien se sentó en el suelo a sus pies. De hecho, uno de sus alumnos, el célebre erudito Iyas Ibn Muawiyah Al Muzani, la consideraba la autoridad suprema de su tiempo, superando a todas las demás.

En el siglo XII, Fatimah As Samarqandi era la mufti de Samarcanda y se desempeñó como asesora y mentora del legendario Salahaddin (Saladino) de la era de las Cruzadas. Fatimah fue una erudita brillante que acumuló muchas certificaciones —llamadas ijazah— de los eruditos más destacados de su época y enseñó en academias prestigiosas en Siria.

Zaynab Bint Al Kamal de Damasco, una de las decenas de maestras que enseñaron al prolífico erudito e historiador sirio Ibn Kathir, fue considerada una autoridad líder en la escuela conservadora Hanbali en el siglo XIV. Varios eruditos de la escuela, incluido Ibn Taymiyyah, comentaron cómo “ella se paró en el púlpito con autoridad y habló con gran elocuencia y erudición”. Zaynab fue considerada la máxima autoridad en la disciplina de Hadith y se le otorgó el prestigioso título de ‘Musnidat al Sham’, la autoridad de transmisión superior de la región del Levante.

Las mujeres no sólo enseñaron en todo el mundo islámico, sino que también dominaron muchos entornos educativos como estudiantes. El eminente erudito sirio del siglo XII Ibn Asakir documentó las preocupaciones de los hombres de su tiempo sobre cómo las mujeres en las clases los “superaban en número” y los “intimidaban” debido a su “fuerte confianza y carácter”. Ibn Asakir nos informa: “Estudié personalmente a los pies de 80 eruditas, quienes superaron a sus homólogos masculinos en sus respectivos campos”.

Se estima que entre los años 800 y 1100, a las musulmanas se les atribuyó el establecimiento de más del 35% de las bibliotecas e instituciones académicas en el mundo islámico. Fueron dirigidos por personas como Zubaidah (siglo IX), quien fue una fuerza impulsora y principal patrocinadora detrás del famoso Bayt Al Hikamah en ese momento —La Casa de la Sabiduría— y Fatima Al Fihri, quien estableció la universidad en funcionamiento continuo más antigua del mundo en 859 en Fez, Marruecos. Ambas instituciones tenían vastas bibliotecas, con decenas de miles de libros, lanzadas con donaciones de estas mujeres emprendedoras.

Las mujeres no sólo se desempeñaron como académicas y mecenas de las artes, sino que también ocuparon puestos destacados de autoridad pública. Las influyentes mujeres que ocuparon tales cargos incluyeron a Lubna de Córdoba. Consejera del califa y polímata, Lubna se distinguió como maestra bibliotecaria y experta en adquisiciones. De hecho, cuando estableció la famosa biblioteca en Medinat Al Zahra, se asoció con el erudito judío Hasdai Ibn Shaprut para reunir una valiosa colección de unos 500 000 libros. A pesar de haber sido una exesclava, el biógrafo del siglo XII Ibn Bashkuwal describió a Lubna como una “autora erudita, gramática, poetisa, erudita en aritmética, comprensiva en su aprendizaje; nadie en la ciudadela era tan noble como ella”.

La africana anteriormente esclavizada, Thamal Al Qahramanah, hizo historia en 918 cuando se convirtió en la primera jueza del poderoso Imperio abasí. Notables eruditos como Ibn Al Jawzi del siglo XII y Al Suyuti en el siglo XVI proporcionaron detalles de su cargo, y mencionaron que “no se consideraba raro en la época que una mujer presidiera sobre hombres en un cargo público tan alto”.

Las mujeres también reinaron o gobernaron, con más de 90 casos alcanzando el título de ‘al malikah al hurrah’, que significa “la reina/gobernadora soberana e independiente”. Entre las que combinaron tanto la autoridad secular como la académica se encontraban Razia de Delhi en el siglo XIII, mecenas de escuelas y bibliotecas en el norte de la India, y Arwa As Sulaihi del siglo XII, quien fue la principal autoridad académica y gobernante de Yemen. Alcanzar el prestigioso rango académico de ‘hujjah’, que significa “prueba” o “autoridad”, a la cual se le atribuye el establecimiento de muchas de las bibliotecas públicas e instituciones académicas de Yemen.

¿Por qué, con evidencia textual tan fuerte, así como evidencia práctica como el hecho de que las mujeres pueden rezar junto a los hombres en la mezquita sagrada de La Meca, las mujeres todavía están relegadas a la parte trasera de tantas mezquitas? ¿Por qué las Escrituras están en conflicto con el comportamiento general? ¿Sobre qué base decidieron algunas comunidades permitir que las mujeres tuvieran un rol público y por qué otras dieron la espalda a esta rica historia?

En algunos lugares, las mujeres pueden ser encarceladas por predicar el islam en público, mientras que en otros, como Turquía, su número va en aumento, con varios cientos de mujeres predicadoras en el país, algunas incluso conduciendo peregrinos a La Meca. Las musulmanas Hui en China tuvieron sus propias mezquitas, donde las mujeres las dirigieron durante más de 300 años. (N.d.T: Hui es un grupo étnico en la actual China y el mayor grupo de cultura musulmana. Hui es la forma abreviada de su nombre, Huihui).

En Irán, se levantó la prohibición de que las mujeres dirigieran las oraciones en el 2000, después de que un grupo de ayatolás de alto rango emitiera el decreto. Ali Asghar Nuri, entonces funcionario del Ministerio de Educación iraní, dijo: “El empleo de mujeres como líderes de las oraciones de los viernes en congregación a la cabeza de otras mujeres durante las oraciones celebradas en las escuelas constituye un gran avance”.

¿Dónde nos deja todo esto? Del legado en gran parte olvidado de las mujeres musulmanas, aprendemos que el desarrollo del potencial de las mujeres y su liderazgo no está inherentemente en contra de un marco islámico de valores; de hecho, ocuparon un lugar destacado a lo largo de la historia musulmana. Sin embargo, somos testigos de otras voces, tanto en la historia como en nuestro mundo contemporáneo, que presentan una perspectiva mucho más restrictiva hacia las mujeres. Por lo tanto, la pregunta fundamental no es si el islam alienta o restringe el empoderamiento y el ejercicio del liderazgo de las mujeres, sino quién controla la narrativa.

Comprender la historia del islam y el comportamiento de su fundador proporciona un ejemplo saludable para el mundo contemporáneo. Aunque los líderes de Afganistán pueden haber olvidado a Biba Al Harthamiah, los afganos y otros harían bien en recordar que alguna vez tuvieron líderes como ella.

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Mohamad Jebara es un estudioso de las artes islámicas con un enfoque en las lenguas semíticas, incluido el árabe clásico y el hebreo bíblico. Es el autor de “Muhammad the World-Changer: An Intimate Portrait” y “Life of the Quran”. (“Muhammad el reformador del mundo: Un Retrato íntimo” y “La vida del Corán”.)

N.d.T.: El artículo original fue publicado por New Lines Magazine el 3 de junio de 2022.