Sin subsidios, Damasco golpea la economía de sus ciudadanos

Por Walid Al Nofal para Syria Direct

Mercado de Alepo. [Vyacheslav Argenberg / Creative Commons]

Como resultado de que “la cabeza de familia tenía un registro de comercio”, el gobierno sirio excluyó a la familia de Abu Muhammad de la asistencia estatal brindada a través de la “tarjeta digital” en enero. La pérdida de apoyo profundizó su sufrimiento, obligándolo a “una mayor austeridad de la que está experimentando”.

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El padre de 45 años, originario de Reef Dimashq, así como su esposa y cuatro hijas, se vieron afectados por la decisión de quitar los subsidios por un negocio que dejo de operar hacer 12 años. En 2007, Abu Muhammad registró una empresa unipersonal que exportaba frutas y verduras a Irak. Aunque el negocio se detuvo tres años después, no lo cerró oficialmente.

Esta familia es una de las casi 600.000 que Damasco excluyó de los subsidios estatales en bienes y servicios básicos en enero. El primer Ministro, Hussein Arnous, justificó la medida en ese momento, destacando que “el estado ya no puede mantener el mismo tipo de apoyo que existió durante las últimas décadas”. A una parte se les devolvieron los beneficios, aduciendo que se cometió un error.

Desde 2019, Damasco implementó una política de asistencia estatal a través de una tarjeta digital electrónica para proporcionar un conjunto de bienes y servicios básicos como azúcar, arroz y combustible para calefacción, en cantidades específicas y a precios reducidos. Con el reciente levantamiento de estos beneficios, las familias excluidas deben obtener los artículos a precio de mercado.

A pesar del déficit económico de los ciudadanos sirios, las cantidades de bienes subvencionados por el estado son insuficientes y no se distribuyen mensualmente. Más bien, se hace según su disponibilidad en las sucursales de la Institución de Comercio de Siria, el organismo oficial acreditado para la entrega de raciones en todas las áreas controladas por el régimen.

Venta al Por Mayor: Excluida

La familia de la periodista Amal Al Dimashqi, que vive fuera de la capital siria, sufrió la exclusión de los subsidios del gobierno en enero porque “la familia tenía un registro de comercio y dos autos”, señaló a Syria Direct.

Pero el negocio, un emprendimiento que abrió con su marido en 2006 y cerro tres años después sin disolverlo formalmente, ya no existe. Y el segundo automóvil de la familia se vendió a través de un acuerdo de agencia sin transferencia de título “para evitar los complicados procedimientos administrativos”. Actualmente, poseen un solo vehículo, un modelo 2006 con un motor que es el elegible para el subsidio de combustible, destacó.

Sobre esa base, el esposo de Al Dimashqi cerró “oficialmente” el registro comercial después de que la familia quedara excluida de los subsidios. Luego presentó una objeción a la decisión a través de la plataforma en línea para hacerlo, pero “la solicitud también fue rechazada”.

Umm Qassem, de 66 años, también perdió los subsidios estatales. Vive en Reef Dimashq con la esposa de su hijo, quien murió en un accidente de tránsito a principios de 2020, y tres nietos. Umm perdió el apoyo porque “hay más de un auto a nombre de mi hijo fallecido, ya que la tarjeta de subsidio todavía está a su nombre”, expresó a Syria Direct.

En realidad, la familia posee “un auto Hyundai, que cumple con las condiciones del subsidio y está a nombre de mi difunto hijo”, subrayó Umm Qassem. La familia lo alquila por SYP 150.000 al mes (USD 39 según el tipo de cambio actual del mercado informal).

Después de que se recortaron los subsidios, presentó una queja formal en un centro de Takamol – entidad que opera la tarjeta digital- argumentando que “la afirmación de que somos dueños de más de un auto es falsa”. Los empleados de esta entidad le dijeron que adjuntaran a la objeción una declaración emitida por el gobierno que confirmara que su hijo era propietario de un solo auto y sus especificaciones para estudiar el caso y “responder aceptando o rechazando la apelación”.

Antes de perder los subsidios, Umm Qassem recibió 200 litros de combustible subsidiado mensualmente a un precio de SYP 1100 (USD 0,28) por litro. Lo vendió en el mercado informal por SYP 2500-2800 (USD 0,65-73), obteniendo una ganancia mensual de SYP 280.000 (USD 73). Esta suma, así como el alquiler del móvil, “cubrió las necesidades más básicas, en términos de elementos esenciales, alimentos y bebidas”.

¿Implementación arbitraria?  

El 1 de febrero, la ministra adjunta de Comunicaciones y Tecnología para la Transformación Digital, Fadia Suleiman, resaltó en un periódico pro-Damasco que 569.629 tarjetas habían sido excluidas de los subsidios, lo que representa alrededor del 15% de todas las familias que reciben apoyo. Los factores para eliminar estos beneficios incluyeron poseer varios autos, un negocio o propiedades inmobiliarias. Aquellas que tenían varias casas en una misma provincia, se tomó en cuenta la más cara.

Pero el proceso de selección de qué familias excluir de los subsidios se vio empañado por errores que llevaron a la exclusión de personas que no cumplían con los criterios establecidos por Damasco. Así lo reconoció el ministro de Comercio Interior y Protección al Consumidor, Amr Salem, quien señaló que lo ocurrido se debió a “errores técnicos”. Por ello, el Ministerio de Comunicaciones instaló un mecanismo para recibir objeciones de la ciudadanía afectada.

Además, parece que Damasco no tenía claro el mecanismo para implementar la decisión de levantar los subsidios, lo que lo llevó a emitir una serie de decisiones que aclaran quién está excluido y quién no. Por ejemplo, el Ministerio de Comercio Interior y Protección al Consumidor explicó que la decisión no incluyó a todos los que tienen un registro comercial.

En este contexto, el Primer Ministro sirio publicó una explicación en su página oficial de Facebook en la que decía que la eliminación de los subsidios afectaría a quienes tuvieran registros comerciales de “excelentes” a terceras categorías. Aquellos con registros de cuarta categoría no están cubiertos por la decisión, dijo.

Pero las respuestas a tales aclaraciones de los comentaristas en las redes sociales alegan que no se están siguiendo estos criterios. En respuesta a una publicación explicativa del Ministro de Comercio Interior y Protección al Consumidor, Amr Salem, en su página personal de Facebook, un comentarista escribió que tiene un registro comercial de cuarta categoría que fue suspendido por 10 años, sin saldos pendientes, pero estaba excluidos de las subvenciones. Otro comentarista respondió diciendo: “Soy como usted: el registro se detuvo durante 15 años y eliminaron el subsidio”.

Damasco también eliminó los subsidios para las personas con el argumento de que están fuera de Siria, aunque no salieron del país. Algunos empleados de instituciones estatales también perdieron el apoyo, a pesar de que el ministro de Comercio Salem dijo que no se verían afectados.

Se cometieron errores en el tratamiento de las denuncias por pérdida de subvenciones. El esposo de Al-Dimashqi no pudo restaurar el apoyo, a pesar de cerrar oficialmente el negocio y proporcionar la documentación necesaria, dijo.

Algunas denuncias tuvieron éxito, por ejemplo, Muhammad al-Qassem, de 28 años, de la provincia de Daraa, en el sur de Siria, logró recuperar los subsidios para su familia después de presentar una objeción para demostrar que no tenía un registro comercial.

Pero para que Abu Muhammad pueda apelar con éxito la decisión de excluirlo de los subsidios tendría que pagar 12 años de multas acumuladas. “Detener el registro comercial me costaría tarifas que oscilan entre SYP 750000 y SYP 1 millón (USD 196-251)”.

¿Qué significa perder los subsidios?

Excluir a los ciudadanos de los subsidios estatales significa que tienen que comprar bienes y servicios básicos al precio del mercado o su equivalente internacional, mientras que el salario promedio del gobierno en Siria es unos 90.000 SYP mensuales (USD 23,30).

Eso significa que un ciudadano excluido debe comprar un paquete de pan por SYP 1300 (USD 0,34)- precio no subsidiado- en lugar de SYP 200 (USD 0,052), la tarifa con beneficio.

Para la familia de al-Dimashqi, que tenía dos tarjetas, ambas excluidas, el impacto del levantamiento de los subsidios se duplicó. La familia hizo un cálculo anual para ver “el impacto de esta decisión”, dijo.

¿El resultado? A través de la tarjeta, la familia pagó SYP 1,65 millones ($ 431) al año por artículos como gasolina, arroz, azúcar y gas doméstico. Ahora, comprarán la misma cantidad por SYP 5,9 millones (1.544 dólares).

La familia recibió azúcar subsidiada por SYP 1000 por kilogramo (0,28 dólares), explicó al-Dimashqi, mientras que el precio de mercado es de unos SYP 3000 (0,78 dólares). Un litro de aceite vegetal subsidiado cuesta SYP 7500 ($1,96), en comparación con SYP 10 000-12 000 ($2,60-3,10) para el aceite no subsidiado. Un kilogramo de té a través de la tarjeta inteligente cuesta alrededor de SYP 20 000 ($ 5,20), en comparación con aproximadamente SYP 30 000 ($ 7,80) sin subsidios.

En cuanto al combustible, al-Dimashqi solía recibir una bombona de gas doméstico cada 70 a 90 días por 10.500 SYP (2,70 dólares). En el mercado negro, un bote cuesta hasta 31.000 SYP (8,10 dólares).

Para calefacción, a cada tarjeta se le asignan aproximadamente 50 litros de diésel (mazut), con un litro subsidiado que cuesta SYP 500 (USD 0.13). Un litro en el mercado ilegal, por otro lado, cuesta alrededor de SYP 3000 (USD 0.78). Al-Dimashqi compró 20 litros de diésel la semana pasada por SYP 60.000 (USD 15,70), subrayó, pero “se acabó después de solo cinco días”.

Su asignación de combustible a través de la tarjeta era de 25 litros semanales, a un precio de SYP 1100 (USD 0,28) por litro. En el mercado informal, se vende por SYP 2500 (0,65 dólares). Desde que perdió los subsidios, se vio obligada a dejar de usar su auto.

Al-Dimashqi solía llevar a sus dos hijas a la escuela, lo que “me costó unos SYP 100.000 (USD 26,10) al mes por combustible subsidiado”. Sin subsidios, tendría que “pagar SYP 300.000 (USD 78,50) por la misma cantidad”. Por otro lado, no puede inscribirse en el colectivo escolar, debido a que “me costaría SYP 150.000 (USD 39,20) al mes por cada hija”.

Cruzando la línea roja de Hafez al-Assad

En el contexto de crisis económica que golpea a los ciudadanos sirios, algunos partidarios del régimen repitieron en las redes sociales un dicho atribuido a Hafez Al Assad: “Una hogaza de pan es más que una línea roja, y si un ciudadano sale a manifestarse contra el gobierno, yo seré el primero en salir a la calle”. La insinuación es que Bashar Al Assad cruzó esa línea que marcó su padre.

El pan subsidiado de la familia de Abu Muhammad antes de perder el apoyo era de dos paquetes por día, equivalentes a SYP 225 (USD 0,059) cada uno, gastando SYP 12.500 mensuales (USD 3,53). Ahora, compran la misma cantidad por SYP 3000 (USD 0,78) al día, lo que significa que pagarán aproximadamente SYP 90.000 (USD 23,50) solo por este insumo.

Dado que el ingreso mensual de la familia es SYP 600.000 (USD 157), gastarán el 15% en pan. Anteriormente, era solo el 2,25%.

La familia de Umm Qassem perdió ingresos cuando se les excluyó de los subsidios, ya que ella ya no pudo vender su asignación de combustible subsidiado, cayendo a SYP 150.000 (USD 39) mensuales por alquilar su auto. Comprar dos paquetes de pan -no subsidiado- equivalen al 60% de su ingreso mensual en un día.

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Walid Al Nofal- Periodista sirio de Daraa. Sus múltiples artículos publicados en medios internacionales se centran en la situación de Siria. 

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Syria Direct el 9 de marzo de 2022.