Llevar a los yemeníes a la paz no será fácil

Por Marwan Asmar para Al Bawaba

Distribución de alimentos del PMA en Raymah [Julien Harneis/Creative Commons]

Hans Grundberg es el cuarto enviado designado de las Naciones Unidas para tratar de poner fin al conflicto yemení que sigue en ebullición después de siete años de una guerra mortal.

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Todos en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tienen grandes esperanzas de que el diplomático sueco consiga silenciar armas y misiles, y permita que los aviones de guerra se desplacen a sus bases militares en Arabia Saudita.

Grundberg es un diplomático experimentado que trabajó durante más de 15 años en la resolución de conflictos en Medio Oriente, se desempeñó como Embajador de la Unión Europea (UE) en Yemen desde 2019, antes de eso ocupó cargos en El Cairo y Jerusalén. En 2009, trabajó en el Grupo de Trabajo del Golfo de la UE en Bruselas.

Por lo tanto, llega a Yemen con una importante experiencia, especialmente porque, además, ayudó a las partes en conflicto a firmar el Acuerdo de Estocolmo y a desactivar los combates en el puerto de Hodeidah a finales de 2018. Como diplomático se encuentra bien equipado para el puesto de enviado de la ONU.

Pero con Yemen es difícil debido a las múltiples vertientes del tambaleante conflicto que se desató cuando los saudíes entraron en una guerra en 2015 para derrotar a los hutíes que se apoderaron del país el año anterior, y así restaurar el gobierno reconocido de Abed Rabboh Mansour Hadi, cuya morada efectiva está ahora en Riad.

Pero esto es más fácil decirlo que hacerlo. La guerra en Yemen, e incluso el interior del país se volvió sangriento, desordenado y violento. Los ataques aéreos fallaron frecuentemente en sus objetivos, a veces golpeando escuelas, bodas, entre otras. Las milicias hutíes también respondieron todo lo que recibieron, apuntando con frecuencia sus misiles y drones contra bases, localidades, instalaciones petroleras y ciudades y pueblos dentro de Arabia Saudí, llegando a veces hasta Riad.

Dos cosas están surgiendo de la guerra en curso: violencia mortal, así como hambruna e inanición. Las cifras de Naciones Unidas estiman que la guerra causó 233.000 muertes, de las cuales 131.000 fueron por falta de alimentos o deficientes servicios de salud e infraestructura. La guerra causó decenas de miles de víctimas civiles, y 5.660 ocurrieron solo en los primeros cinco años del conflicto. También en los primeros nueve meses de 2020, hubo 1.500 víctimas civiles, incluidos hombres, mujeres, jóvenes y ancianos.

El Secretario General de la ONU, Antonio Gueterres, dijo que Yemen está al borde de la “peor hambruna que el mundo haya visto en décadas”. Henruetta Fore, Directora Ejecutiva de UNICEF, señaló que una “catástrofe inminente” está a punto de suceder en el país. Esta guerra es la peor crisis humanitaria.

La población de Yemen es de poco más de 29 millones, pero más de dos tercios dependen de la ayuda externa para sobrevivir, según la ONU. La organización internacional sugiere, además, que 16 millones de yemeníes pasarán hambre próximamente y que unos 400.000 niños podrían incluso morir de hambre.

Este es el tipo de problemas devastadores a los que se enfrentaría Grundberg en el marco de su misión para reunir a las distintas partes, tal como fue fijado por el Secretario General de la ONU y el Consejo de Seguridad, que buscan desesperadamente establecer un alto el fuego. Yemen se ha convertido en una fuente de drenaje financiero para la ONU.

Se reportó que el Programa Mundial de Alimentos necesita $1.9 mil millones de dólares para ejecutar sus operaciones en el país en 2021, pero le faltan $900 millones, y tiene que buscar donantes.

Él, como diplomático y experto en resolución de conflictos, debe actuar con cuidado, diligencia, una enorme cantidad tacto y diplomacia y, por supuesto, tiempo, dado el historial un tanto frío y sin incidentes del rol negociador de la ONU en Yemen.

Grundberg fue precedido por el diplomático británico de pocas palabras Martin Griffths, que sustituyó en 2019 a Ismael Ould Sheikh Ahmad, diplomático mauritano que ocupaba el puesto desde 2015, y antes fue el marroquí Jamal Benomar quien empezó a desempeñar el papel de enviado de la ONU en 2011, justo en la época de la Primavera Árabe, cuando las revueltas populares azotaron a Medio Oriente.

Ninguno de los diplomáticos, excepto Griffiths, logró impulsar una agenda negociada. Antes del británico, los bandos en guerra no hablaban, pero cuando él entró en escena, con enorme paciencia, trasladándose de una capital a otra logró poner en marcha una iniciativa de la ONU, reunir a los bandos implicados en el conflicto, los hutíes, los saudíes, los kuwaitíes y los iraníes juntos para tratar de llegar a algún tipo de acuerdo y así detener la guerra.

Hubo un avance diplomático, como lo demuestra el Acuerdo de Estocolmo, pero de alguna manera esto no se materializó en un ‘alto al fuego’ general, a nivel nacional. Y al final, Griffiths presentó su renuncia para ser reemplazado por el diplomático sueco, quien tiene mucha experiencia, pero del cual aún no hemos visto sus habilidades operativas.

Pero con Yemen, el ‘diktat’ es el tiempo, el terreno geográfico accidentado, su gente y políticas divergentes. Si bien muchos han acogido con beneplácito su nombramiento, como el secretario de Estado de Estados Unidos Antony Blinken, los saudíes e incluso los hutíes, que controlan parte del país, han dado señales contradictorias y algo duras.

De hecho, algunos de sus líderes han dicho que no hablarán con el nuevo enviado a menos que Arabia Saudita elimine el bloqueo aéreo y naval impuesto contra ellos desde 2015. Mohammad Abdul Salam, el principal negociador hutí, dijo que estas son condiciones básicas que deben cumplirse y levantarse antes de cualquier conversación sobre negociaciones de alto el fuego.

Así que, ¡volvemos al principio! ¿O no? Sin duda, y a juzgar por los últimos 10 u 11 años, las negociaciones continuarán, pero con suerte Grundberg aprovechará los “éxitos parciales” de Griffiths y logre un avance parcial en el que todas las partes acuerden dejar de luchar.

Lo que muchos creen es que Yemen sigue hundiéndose en un pozo de caos, hambre y guerra. La situación es desastrosa y se necesita un paquete de rescate en medio de los perpetuos baños de sangre. Nadie sabe cuándo terminará la guerra y nadie sabe cuándo las partes beligerantes convertirán sus espadas en arado. Grundberg deberá hacer valer todas sus habilidades diplomáticas.

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N.d.T.: El artículo original fue publicado por Al Bawaba el 11 de agosto de 2021.

Marwan Asmar es Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Leeds, Inglaterra. Se desenvuelve como periodista en la región de Jordania y el Golfo desde 1993 y formó parte del Proyecto ATHENA como editor jefe del proyecto, responsable de las comunicaciones y publicaciones de los medios de comunicación.