A 52 años del incendio de Al Aqsa

Por Marwan Asmar para Al Bawaba

Fotografía de la mezquita Al Aqsa entre 1890 y 1900. [Detroit Photographic Company / Wikimedia Commons]

El 21 de agosto de 1969, un sionista australiano llamado Michel Dennis Rohan entró en el recinto de Al Aqsa, prendió fuego a la mezquita de Al Qibly y se marchó tranquilamente. A los diez días realizó un segundo intento y funcionó. Fue una experiencia desgarradora.

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Mientras el mundo musulmán conmemora este acto abominable ocurrido hace 52 años, los palestinos, los árabes y los musulmanes siguen recordando ese día como una operación deficitaria que tuvo el propósito de borrar literalmente el Islam de esa zona sagrada de Jerusalén. Como si fuese una profecía premonitoria esto es lo que Theodore Herzl, el fundador del sionismo moderno, escribió para que suceda en su Estado judío a finales del siglo XIX.

Mientras Israel sigue ‘judaizando’ Jerusalén mediante su división, separando la ciudad en este y oeste, y restringiendo los movimientos de la población árabe hacia los lugares sagrados, lo que ocurrió aquel 21 de agosto pareciò como si fueses ayer, con la gente de a pie, apurada y frenética, llevando cubos y formando una cadena humana para apagar las llamas de la sala de oraciones de la mezquita.

Israel no ayudó realmente. Ocupó la ciudad dos años antes, en la guerra árabe-israelí de 1967, pero tardó en enviar sus camiones de bomberos para apagar las llamas.  Al principio, se negó a que los habitantes de Jerusalén entraran en las puertas de los lugares santos, lo que hicieron por la fuerza para llegar al fuego. Una vez en el Noble Santuario se encontraron con que las bombas antiincendios estaban saboteadas y las mangueras cortadas, por lo que tuvieron que llevar agua en cubos. Fue una muestra de solidaridad cristiano-musulmana porque los sacerdotes se unieron para apagar el fuego que brotaba.

Los camiones de bomberos llegaronn de las ciudades de Nablus, Ramallah, Al Bireh, Belén, Hebrón, Jenin y Tulkarem, pero los israelíes les impidieron entrar a los lugares sagrados señalando que esa era la labor del Ayuntamiento de Jerusalén, ya bajo control judío.

Aunque se demoró horas en apagar el fuego, quedó arrasada una buena extensión de la parte oriental de la mezquita, que constituye una valiosa pieza arquitectónica perteneciente a la antigüedad. El fuego destruyó 1.500 metros de extensión, es decir, un tercio de la mezquita de Al Qibly, y un minbar (púlpito) de madera y marfil de 1000 años de antigüedad que regaló a los cruzados, Salahuddin Al Ayubi cuando conquistó Jerusalén en 1187.  El minbar, fabricado por Nur al Din en Alepo fue llevado especialmente desde Damasco. Con su forma decorativa, se consideraba una pieza de arte islámico muy impresionante.

El fuego también destruyó el mihrab (N.d.T: nicho semicircular en la pared de una mezquita indicando la alquibla, es decir, la dirección de la Kaaba en La Meca hacia donde debe dirigirse la oración musulmana) del califa musulmán Omar bin Al Khatab, el interior de la mezquita y su cúpula de madera dorada. Además, los paneles de mosaico, las paredes y el techo fueron destruidos y la zona se convirtió en un páramo histórico, un acto sin sentido por donde se lo mire.

Dos días después, el 23 de agosto, Rohan fue sorprendido viviendo en un kibbutz, detenido y acusado por las autoridades israelíes, y su juicio de siete semanas se celebró en octubre, donde habló gráficamente de sus ‘visiones’. Allí fue declarado enfermo mental y enviado a un manicomio de Jerusalén durante los cinco años siguientes, antes de ser deportado a Australia.

Rohan dijo al juez israelí que había recibido instrucciones de una “voz celestial” para construir un templo judío, destruyendo la mezquita de Al Aqsa como “emisario del Señor” y rey sobre Judea. Luego añadió que eso anunciaría la segunda llegada de Jesús.

Sus visiones comenzaron en 1964 en un hospital psiquiátrico de Australia. Allí se involucró —a través del correo— en la Iglesia de Dios con sede en California que tenía sus propias visiones apocalípticas, la venida de Cristo y el fin del mundo.  La iglesia, cuyo fundador era Herbert Armstrong, atrajo a Rohan, quien vio que la segunda llegada sucedería en Jerusalén.

En el momento de la quema de la mezquita de Al Aqsa, Armstrong declaró categóricamente que no tenía ninguna relación con Rohan, y que sólo estaba en su lista de boletines informativos al igual que millones de personas. Pero Armstrong estaba muy interesado en las excavaciones arqueológicas en Jerusalén y en el hallazgo del Templo Judío. Las excavaciones continúan hasta el día de hoy.

Pero lo único que hicieron los arqueólogos israelíes fue sacudir las estructuras subterráneas, las bases y las columnas de la ciudad santa. En el momento de la quema, el gobierno israelí de Golda Meir se apresuró a denunciar el acto. Quiso responder a las crecientes voces de condena y aborrecimiento en el mundo árabe y musulmán. Incluso se ofreció a crear un comité para investigar el incendio, pero los líderes musulmanes palestinos lo rechazaron por considerar que Israel no era sincero.

Ellos, y los políticos árabes, rápidamente vieron una mano israelí subyacente en la quema de la mezquita en el recinto de Al Aqsa señalando los informes de que Rohan fue llevado a Israel por la Agencia Judía y colocado en un kibutz para aprender hebreo y familiarizarse con el territorio.

El embajador de Jordania en la ONU, Mohammad Al Farra, a la cabeza de un grupo de 24 naciones musulmanas, presentó una queja ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el 28 de agosto de 1969, en la que expuso el hecho de que Rohan estaba en Israel como un aliado introducido por la Agencia Judía.  Dijo que el hecho era de gran preocupación para el mundo musulmán y que demostraba que hay un ‘criminal’ y un ‘cómplice’ en el caso.

El mundo árabe se levantó en armas, tanto los líderes como el pueblo, y muchos incluso llamaron a la Jihad contra Israel, pero esto se calmó pronto con la Organización de la Conferencia Islámica formada un mes después del ataque y con la aprobación de otra resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, la 271, contra el incendio provocado y condenando la ocupación militar de Jerusalén por parte de Israel.

La reparación del destruido minbar de Salahuddin Al Ayubi tardó casi 40 años. En 2007, un equipo de expertos internacionales completó en Jordania la reconstrucción de esta preciada pieza de arte islámico.

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Marwan Asmar es redactor jefe de Albawaba.com. Se encarga de publicar artículos de noticias en inglés relacionados con la región del MENA. Tiene una larga experiencia en periodismo y trabaja en Jordania y el Golfo desde 1993. Es licenciado en Ciencia Política.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Al Bawaba el 25 de agosto de 2021.