Marruecos dice ‘no’ al islam político

Por Marwan Asmar para Albawaba

Detalle del Museo Dar Jamai (Ciudad Vieja) Marruecos. [Adam Jones/ Creative Commons]

¿Por qué los islamistas fueron hundidos en las últimas elecciones parlamentarias en Marruecos? La literal destrucción del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) que redujo a 12 los 125 escaños que tenían en el Parlamento anterior fue un duro golpe y sorprendió a todos, incluidos a los partidos pro-Estado, promonarquía y pro-statu quo.

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Fue algo increíble porque el PJD había gobernado continuamente desde 2011 en el momento de la Primavera Árabe. Es como si se cambiaran las tornas e independientemente de las acusaciones de compra y manipulación de votos, estas elecciones llevaron a los partidos promonárquicos a la vanguardia de la política: la Reunión Nacional de Independientes (RNI) obtuvo 102 escaños, el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), 86 escaños y el Partido al Istiqlal, 82 escaños. A través del gobierno de coalición de Marruecos, están preparados para formar el próximo Gabinete en el país con un Parlamento de 395 escaños.

Esto se ve como un nuevo capítulo, una etapa política en la que es probable que los islamistas estén en la oposición por primera vez en 11 años. ¡Hurra! Los liberales y los empresarios están preparados para dirigir el gobierno y el Estado. Es bastante irónico que el RNI esté bajo el liderazgo del empresario multimillonario  y ex ministro de Agricultura Aziz Akhannouch en las últimas elecciones. Es el segundo hombre más rico del país con una fortuna de $2 mil millones de dólares y está listo para gobernar un país donde la pobreza se disparó un 7% sólo en 2020, y los confinamientos por el Covid-19 empeoraron la situación. Pero él prometió a los votantes, unos 18 millones, que proporcionaría 1 millón de puestos de trabajo, seguro médico integral, así como también una suba de salarios a los maestros y una pensión garantizada.

Escenarios

En Marruecos se plantean tres escenarios para lo que se percibe como la defunción efectiva del PJD en la vida política. Este partido islámico moderado se encuentra actualmente en un estado de cambio político, cuestionando dónde salió todo mal y por qué no existió un punto de inflexión para salvarse. Pero en secreto pueden haber sabido que el enredo en el que se metieron, puesto que gobernar nunca fue algo fácil.

El primer escenario puede describirse como ‘temático’ y relacionarse con la suerte menguante del ‘islam político’ en el mundo árabe. El islam político, como un grupo de partidos que comenzó a gobernar en algunos países de la región árabe, estuvo flaqueando y los aparatos tradicionales de Estado y seguridad se volvieron mucho más fuertes que las oleadas que apuntaban hacia las democracias más representacionales.

El Cairo puso la pelota a rodar en el 2013 cuando el entonces Ministro de Defensa, Abdel Fattah Al Sisi, instituyó un golpe de Estado, probablemente con la ayuda del Ejército, para destituir al primer gobierno electo del país formado por miembros de la Hermandad Musulmana bajo Mohammad Morsi, quien posteriormente fue acusado, encarcelado y condenado a muerte. El hecho de que la Hermandad Musulmana hubiera ganado las elecciones el año anterior no supuso una gran diferencia y su destitución del poder mostró la fuerza del Estado profundo del Estado y sus aparatos en Egipto. Posteriormente también hubo una ofensiva contra miembros de la Hermandad Musulmana y muchos de ellos fueron ejecutados o encarcelados por diferentes cargos. 

La represión en Egipto puede haber sido solo el comienzo, aunque los islamistas tanto en Marruecos como más tarde en Túnez continuaron gobernando hasta hace poco tiempo. Todo comenzó con Túnez el verano [boreal] pasado cuando el Presidente tunecino Kais Saied disolvió el Gobierno. Su Primer Ministro Hicham Mechichi y el Parlamento fueron ‘congelados’ hasta nuevo aviso y se designó a sí mismo como el gobernante ejecutivo temporal de Túnez.

En un golpe contundente, tomó medidas enérgicas contra los islamistas en el Parlamento y a su presidente Rachid Al Ghnnouchi con la esperanza de ‘neutralizar’ su poder en la Asamblea. Tomó estas drásticas acciones luego de meses de protestas populares y parálisis política que no tenían fin. Si bien Saied prometió que el Parlamento volverá a funcionar, sus acciones son un golpe para los islamistas. Por lo tanto, muchos se preguntan si este es ahora el destino de los islamistas en Marruecos y si su derrota debe entenderse en este contexto. Lo que es más desconcertante es que estos eran vistos como un partido ‘moderado’ que buscaba trabajar con el Palacio Real, donde se realiza el proceso efectivo de la toma de decisiones.

Factores domésticos e Israel

El segundo escenario involucra el ángulo doméstico. Los votantes del partido se desilusionaron con el PJD porque estos no cumplieron con su política prometida. En una nación de 35 millones con un mercado laboral de alrededor de 10,8 millones según cifras oficiales, existen 1,42 millones de personas desempleadas, con desempleo juvenil —entre 15 y 24 años— situándose alrededor del 30%. Los islamistas tuvieron dificultades para abordar este problema a pesar de que puede que no haya sido su culpa directa debido la aparición de la pandemia en 2020 y que continuó en 2021, lo que significó que la economía —40% de ella basada en zonas rurales— se redujo en 7,1% y la pobreza se disparó.

Se sugiere que estos factores llevaron a los ciudadanos a alejarse de los islamistas. Los otros partidos —que prometían políticas de creación de empleo, como el millón de puestos de trabajo— ciertamente podrían haber influido en los votantes que podrían haber dicho “intentemos con otros partidos esta vez” y ver qué pasa.

Otras tres decisiones políticas también pueden haber persuadido a los votantes a alejarse de los islamistas, según diferentes analistas, que incluyen permitir la enseñanza de materias científicas en francés en lugar de árabe, la legalización de la marihuana medicinal y, finalmente, la normalización de las relaciones entre Israel y Marruecos. Estos tres asuntos fueron un punto de no retorno, como lo demuestra el hecho de que el PJD quedó último entre los ocho partidos que disputaron las elecciones, lo que significó que los votantes estaban cambiando masivamente de lado. Esto está respaldado por el hecho de que el electorado marroquí registró un 50% de participación en las votaciones, cuando fue del 43% en las elecciones de 2016.

Muchos comentaron el hecho de que el líder del PJD Saad Aldin Al Othmani —quien fuera Primer Ministro y que firmó el acuerdo Marruecos-Israel a fines de 2020— fue lo que ahuyentó a muchos de sus partidarios y lo que hizo que él y los islamistas perdieran las elecciones,  es posible que no vuelvan a gobernar en un futuro próximo. El hecho, como algunos comentaron, de que fueron presionados para firmar no es aceptable para los votantes que vieron tal medida como una traición a Palestina y la causa árabe. El hecho de que Rabat consiguiera el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el disputado Sáhara Occidental tampoco fue aceptable. 

Esta vez, el islam político, como es el caso del Partido de la Justicia y el Desarrollo, no fue sacado del poder por las élites políticas, como Egipto y Túnez, sino por el pueblo mismo que busca mejorar su suerte y dejar de pensar en migrar a Europa como una forma de salvación.

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Marwan Asmar es doctor en ciencias políticas y editor general de Albawaba.com. Tiene una larga carrera en periodismo trabajando en Jordania y el Golfo desde 1993.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Albawaba el 18 de septiembre de 2021.