La lucha de las mujeres libias contra la violencia y la brecha de género

Por Alessandra Bajec para The New Arab

Elecciones del Congreso Nacional en Libia. [Programa de las ONU para el Desarrollo/Creative Commons]

Desde las primeras manifestaciones populares en Bengasi, el 15 de febrero de 2011, las mujeres desempeñaron un papel crucial en la revolución que derrocó al antiguo gobernante libio, Muammar Gaddafi. Ya sea ayudando a organizar y uniéndose a manifestaciones diarias, brindando asistencia médica a los heridos, contrabandeando municiones, vendiendo sus joyas para financiar a los combatientes rebeldes o cocinando comidas para las unidades de primera línea, lideraron y apoyaron el levantamiento. También fue su revolución.

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«Algo que muchos olvidan es que la revolución libia fue iniciada por mujeres», dijo a The New Arab, Hajer Sharief, defensora de los derechos humanos y cofundadora de Together We Build It (TWBI, por su sigla en inglés) (N.d.T.: Juntos lo Construimos), una organización local que promueve la paz y la seguridad en Libia. Y añadió que las mujeres libias contribuyen de manera crucial a la sociedad en todos los aspectos de la vida, incluidas las dimensiones sociales, económicas y las relacionadas con la paz.

Pero tras el derrocamiento de Gaddafi, la contribución esencial de las mujeres a la Primavera Libia no se tradujo en un mayor papel en la vida pública o en una ruptura con los prejuicios sociales sobre la participación política de las mujeres. Aunque surgieron grupos de la sociedad civil liderados por mujeres y comenzaron a abogar por una inclusión significativa en la incipiente transición política del país, las oportunidades para participar en la política siguieron siendo escasas. El Consejo Nacional de Transición (CNT), de 43 miembros establecido después de la revolución, contó con dos mujeres. En octubre de 2012, el Primer Ministro recientemente designado nombró a dos mujeres – ambas seleccionadas para puestos menores como Ministras de turismo y Asuntos Sociales – entre las 33 elegidas para el Congreso Nacional General (CNG) de 200 miembros durante las elecciones parlamentarias de julio de 2012, la primera elección libre en Libia desde 1965.

En los años que siguieron al final del levantamiento de 2011, las organizaciones de mujeres reclamaron un nuevo espacio de participación política y se movilizaron contra la violencia de género y la discriminación. Las activistas instaron al gobierno a promover la participación femenina, a través de la candidatura a cargos públicos y la votación, y se levantaron para exigir la protección de los derechos de las mujeres y el avance en la igualdad de género. Estos llamamientos también se hicieron para contrarrestar las sugerencias hechas por algunos líderes políticos y religiosos masculinos, para aprobar leyes que incorporen interpretaciones más conservadoras de la ley islámica, incluida la poligamia.

Si bien las elecciones de 2012 desafiaron la visión estereotipada de la sociedad sobre el papel marginal de la mujer en la política libia, las mujeres todavía se enfrentan a importantes impedimentos sociales y culturales para su plena participación en la fase de transición, como el escrutinio público intensificado, la resistencia constante y la percepción de que las mujeres son incapaces de asumir posiciones de liderazgo y de toma de decisiones.

En la sociedad profundamente tradicional de Libia, dominada por los hombres, las figuras masculinas y los líderes tribales están influenciados por la convicción social de que no hay lugar para las mujeres en la política. 

A medida que la agitación política y el conflicto armado aumentaron a partir de 2013, el caos y la anarquía se llevaron los logros de las mujeres. Desde la primavera de 2014, a medida que prevalecían las formas masculinizadas de poder y un enfoque muy limitado en los asuntos militares, las mujeres libias fueron las más afectadas por la violencia en medio de una polarización política prolongada y de luchas junto con la creciente influencia de las milicias y las bandas armadas. En los últimos años, las mujeres que se atreven a alzar la voz sufren cada vez más violencia en la vida pública a manos de milicias y grupos armados, desde campañas de difamación y abusos en línea, hasta amenazas, agresiones físicas, violencia de género y sexual, desapariciones forzadas y asesinatos.

«Hemos visto violencia política sistemática contra las mujeres políticas y defensoras de los derechos humanos», dijo a The New Arab, Zahra Langhi, activista por la paz libia y especialista en género. «Tenemos esta paradoja: las mujeres estaban en la primera línea en 2011, como activistas por la paz y la seguridad, pero ahora son víctimas de la misma revolución que iniciaron».

Abundan los casos de violencia contra las mujeres libias que se expresan y son activas políticamente en la esfera pública. En junio de 2014, Salwa Bughaghis, una reconocida abogada y activista de derechos humanos, fue asesinada a tiros en su casa en Bengasi tras votar en las elecciones parlamentarias del país. Menos de un mes después, Fariha Barkawi, ex diputada del CNG, fue asesinada en Derna. Criticaba abiertamente a los extremistas islamistas.

Entisar El Hassari, otra destacada activista de derechos, fue asesinada a tiros en Trípoli en febrero de 2015. Fue cofundadora del Movimiento Tanweer, un grupo apolítico dedicado a promover la paz, la educación, la música y el arte. Otra parlamentaria, Sabah Al Hajj, fue golpeada en su apartamento en Tobruk, en febrero de 2016. La diputada y activista de derechos humanos, Siham Sergewa, fue secuestrada de su residencia en Bengasi en julio de 2019, y continúa desaparecida. Antes de su secuestro, criticó abiertamente la ofensiva contra Trípoli lanzada por el comandante oriental Khalifa Haftar en abril de 2019.

En noviembre pasado, Hanan Al Barassi, una conocida abogada y activista por los derechos de las mujeres, fue asesinada en su automóvil y a plena luz del día en el centro de Bengasi, poco después de publicar una transmisión en vivo en su página de Facebook en la que expuso la corrupción y el abuso de poder de los grupos armados cercanos a Haftar. 

A pesar del aterrador patrón de violencia contra las mujeres en todo el país, las autoridades libias no investigaron ni procesaron a los perpetradores en repetidas ocasiones, lo que reforzó el clima de impunidad por esos delitos y forzó a muchas mujeres a retirarse de la vida pública y huir del país. Dicho esto, incluso si el espacio público que se forjaron desde la Primavera Árabe se redujo rápidamente, las mujeres libias desempeñan un papel vital como constructoras de la paz y hacen una valiosa contribución a la búsqueda de una paz y una  justicia sostenibles. Hace mucho tiempo que desempeñan un papel clave en la negociación o la mediación de conflictos dentro de las familias, los clanes y las comunidades locales; sin embargo, a menudo, las instituciones oficiales y los procesos de paz no reconocen su legado.

Las sheikhs tribales, ancianas respetadas, son mediadoras tradicionales que por costumbre, intervienen entre las partes de un conflicto desde su hogar y no participan de reuniones públicas. «Estas mujeres mediadoras están haciendo mucho más por la paz localmente que las mujeres que operan a nivel nacional», argumentó Langhi, quien encabeza la Plataforma de Mujeres Libias por la Paz (LWPP, por su sigla en inglés), un movimiento de presión que aboga por el empoderamiento sociopolítico de las mujeres y la construcción de la paz. «Es necesario destacar sus esfuerzos y amplificar sus voces», manifestó.

Otras mujeres participaron activamente a nivel nacional, ya sea asumiendo sus cargos en los esfuerzos de pacificación, alentando la participación igualitaria de las mujeres en los procesos políticos y en las iniciativas de paz, modificando leyes o presionando para que se discutan cuestiones relacionadas con la justicia y la rendición de cuentas. A pesar de que las mujeres libias llevan mucho tiempo a la vanguardia, siguen marginadas, subrepresentadas y excluidas de las conversaciones de paz de alto nivel, especialmente en los espacios de toma de decisiones.

El año pasado, LWPP documentó en video una serie de historias de mujeres mediadoras en Libia, a través de su campaña ‘Wasitat Al Salam’ (N.d.T: ‘El Argumento de Al Salam’).

En noviembre del año pasado, en el último intento liderado por la ONU para resolver la crisis de Libia, el Foro de Diálogo Político Libio (LPDF) en Túnez, solo contó con 17 mujeres entre los 75 negociadores libios. Tras la primera ronda de conversaciones presenciales, las participantes femeninas emitieron un comunicado en el que exigieron una representación real de las mujeres de ‘no menos del 30 por ciento’ en puestos de liderazgo ejecutivo. Esta demanda también se reiteró en la hoja de ruta de la ONU.

La semana pasada, el Primer Ministro designado, Abdul Hamid Dbeibah, se vio obligado a dar marcha atrás en sus declaraciones sobre la presencia y el papel de las mujeres en el gobierno entrante luego de la reacción en las redes sociales. Seguidamente, nombró a Lamia Bosidera como Ministra de Relaciones Exteriores de su gabinete, un logro importante siendo la primera vez en la historia de Libia en que una mujer ocupa ese puesto.

Mientras tanto, las activistas están esperando que el Primer Ministro interino vuelva a comprometerse con el 30 por ciento de representatividad que exigen en las principales carteras, en vistas al próximo gabinete de unidad de 35 miembros. Pero para la directora de LWPP, quien también es miembro de LPDF, se trata de ‘generar’ el proceso, transformar las relaciones de poder y desigualdades de género, más que solo inclusión o representación. Este enfoque subraya la importancia de las actuales negociaciones de paz. «En la LPDF, como mujeres, hemos creado una masa crítica y volteado la mesa cambiando las dinámicas de poder», afirmó con orgullo la activista feminista, y agregó: «Logramos hacer ruido y trastocar la narrativa dominante en la élite política». «Lo que está sobre la mesa y cómo abordarlo también es importante, y deberíamos tener voz y voto», agregó aludiendo firmemente a temas clave como los derechos de las personas, la lucha contra la corrupción, la transparencia, la justicia y la rendición de cuentas que también necesitan ser discutidas por las mujeres.

En opinión de Sharief, los pasos positivos a favor de los derechos de la mujer no deben darse por sentados, mientras la ‘amenaza de ser excluidas’ de los procesos de toma de decisiones convocados por actores nacionales e internacionales sigue siendo un desafío existente. «Actualmente ves a mujeres participando en la LPDF, pero tenemos que recordar que no fue una victoria fácil ni algo que nos regalaron. Es el resultado de años de lucha de las mujeres», enfatizó la miembro fundadora de TWBI.

«Durante los últimos diez años, las mujeres en Libia demostraron ser fuertes, calificadas y experimentadas para liderar y contribuir a la construcción de la paz y la seguridad en su país», dijo, y añadió que es gracias al activismo de las mujeres que lograron hacer retroceder ‘la práctica’ de los actores libios e internacionales que intentaban marginarlas de las negociaciones de paz de alto nivel y de los procesos de toma de decisiones.

Libia debe beneficiarse de la resistencia de las mujeres – su capacidad para cerrar la brecha e impulsar la paz – para salir del estancamiento actual y estimular el proceso político para que tenga éxito. Reconocer que la plena participación de las mujeres puede desempeñar un papel fundamental en el proceso de paz en curso y asegurar un papel más importante para ellas, contribuirá significativamente a la transición de Libia hacia un futuro pacífico y democrático.

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Alessandra Bajec es una periodista autónoma especializada en Medio Oriente y  el Norte de África.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por The New Arab el 8 de marzo de 2021.