Musulmanes y cristianos deberían aprender de su historia común

Por Saud Al Sarhan y Johnnie Moore para Arab News

Marcha de refugiados cristianos y musulmanes. [Creative Commons]

Durante los últimos años, miles de millones de musulmanes y cristianos disfrutaron de festividades religiosas que coincidieron aproximadamente en la misma época del año: el final de la Pascua coincidió con el comienzo del Ramadán. Esto no debería sorprendernos en absoluto puesto que ambas magnas religiones surgieron de la misma región histórica y comparten una historia y cultura abrahámica común. Sin embargo, una mirada superficial a las redes sociales revela que son pocos los musulmanes y cristianos que se dan cuenta de que están celebrando sus días santos al mismo tiempo. Es una pena que, en lugar de buscar puntos en común, la relación entre cristianos y musulmanes se haya caracterizado a menudo por la desconfianza y la incomprensión.

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A medida que las festividades del Ramadán, que duran un mes, se acercan a su punto medio, nos preguntamos si es hora de una nueva era de coexistencia pacífica y entendimiento entre todas las comunidades religiosas abrahámicas. Si la respuesta es ‘sí’, el camino a seguir debe comenzar por ganar una mejor apreciación de nuestra historia y cultura abrahámicas compartidas. Nuestras historias están entretejidas y, por momentos cruciales, estamos en deuda unos con otros por existir como grupos de fe hasta la actualidad. 

Existen muchos relatos en la historia musulmana que recuerdan las contribuciones de los cristianos durante varios períodos importantes. Cuando aún era un niño que acompañaba a su tío comerciante en el sur de Siria, el Profeta Muhammad conoció a un carismático monje cristiano que los musulmanes conocen como Bahira. Este encuentro puede haberle inculcado un respeto duradero por la fe cristiana, algo que se profundizó unas décadas más tarde, cuando los primeros seguidores del Profeta se enfrentaron a una feroz persecución en la Península Arábiga. Es más, fue un rey cristiano en Etiopía el que ofreció refugio a los musulmanes, cuya fe no compartía, pero cuya humanidad compartida reconocía y apreciaba.

Estas son algunas de las razones por las que el Corán a menudo hace referencia a los cristianos con profundo respeto e incluso se refiere a la Biblia como bendita. Los católicos, por ejemplo, encontrarán todo el capítulo 19 del Corán dedicado a María, madre de Jesús. Se la conoce por estar ‘por sobre todas mujeres de todas las naciones del mundo’. Durante siglos, los artistas y poetas musulmanes quedaron asombrados por la piedad y la devoción de María, y expresaron su admiración en sus obras de artes visuales, pinturas, odas y dibujos en miniatura. Secciones enteras del Corán cantan las alabanzas de los profetas hebreos Isaac, Jacob, Moisés, Aarón, Enoc, Adán y Noé.

El modelo para los musulmanes es el Profeta Muhammad, quien invitó a sus propios seguidores a llevar una vida humilde y sencilla emulando a Jesús, celebrándolo como un profeta obrador de milagros imbuido de un espíritu santo. Asimismo, el Corán prohíbe explícitamente atacar los lugares de culto cristianos.

A medida que las comunidades de los primeros musulmanes se expandieron, los sucesivos líderes mantuvieron el espíritu de coexistencia. La famosa carta de Garantía de Umar, escrita por el Segundo Califa Umar ibn Al Khattab a los cristianos de Jerusalén cuando los musulmanes entraron a la ciudad en 638 que declaraba:

«Él (Umar) les ha dado (a la gente de Jerusalén) una garantía de seguridad para ellos mismos, para sus propiedades, sus iglesias, sus cruces, los enfermos y sanos de la ciudad y para todos los rituales que pertenecen a su religión. Sus iglesias no serán habitadas por musulmanes y no serán destruidas. Ni ellos, ni la tierra en la que se encuentran, ni su cruz, ni su propiedad serán dañados. No se convertirán a la fuerza».

Más allá de respetar el derecho de los demás a existir, uno de los momentos más gloriosos de la historia del Cercano Oriente fue el momento en que cristianos, musulmanes y judíos vivieron juntos y se unieron por el bien común. Esto sucedió en la Bagdad del siglo X, cuando la ciudad era la capital de un Estado gobernado por la ilustre dinastía abasí. Bagdad se convirtió en el centro intelectual y científico del mundo porque los miembros de las tres religiones abrahámicas dejaron de lado los fanatismos y se unieron en una búsqueda conjunta de conocimiento y progreso científico. Clérigos, eruditos, médicos y traductores de todas las religiones innovaron en matemáticas, ciencia y medicina, y desarrollaron tradiciones filosóficas que aún hoy viven entre nosotros.

Lo que hizo esto posible no fue que musulmanes, cristianos y judíos creyeran en las mismas enseñanzas. Incluso en el momento en que las religiones abrahámicas coexistían pacíficamente, los imanes, sacerdotes y rabinos tendían a estar a la defensiva acerca de su teología. Después de todo, era la Edad Media. Sin embargo, lo que esas sociedades exhibieron —y que otras no— fue una actitud liberal hacia la curiosidad intelectual, la conversación pública, el diálogo teológico, la filosofía abierta y pública e incluso el debate. Esta mezcla de comunidades religiosas a menudo condujo a innovaciones que fortalecieron a cada comunidad de fe sin perjudicar la seguridad de las demás. Esto fue posible porque los seguidores de las fes abrahámicas eran respetuosos y comprensivos entre sí, algo que lamentablemente se perdió en épocas posteriores. Sin duda, la historia puede repetirse una vez más, pero requerirá un redescubrimiento de ese espíritu iluminado.

La historia de nuestras comunidades religiosas a veces estuvo marcada por períodos oscuros de enemistad, hostilidad, violencia e incluso guerra. Sin embargo, debe enfatizarse: esa no es la única historia. Nuestro mensaje a los hijos de Abraham en este momento crucial es que existen historias superiores y mucho más interesantes que contar, extraídas de los períodos mucho más largos e ilustres de nuestra historia compartida. Estas historias son bendiciones de las que podemos disfrutar y aprender juntos.

Sí, este Ramadán —uno como musulmán y otro como cristiano— elegimos creer en lo mejor de la humanidad y defender las enseñanzas pacíficas de nuestras religiones separadas, pero intrínsecamente vinculadas. Rechazamos con vehemencia a aquellos que osan utilizar la religión para dividirnos. En palabras de Jesús: «Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios».

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Al Sarhan es el Secretario General del Centro Rey Faisal de Investigación y Estudios Islámicos desde 2016. Y miembro de la Junta del Instituto de Estudios Diplomáticos Príncipe Saud Al Faisal en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Arabia Saudí.

Johnnie Moore es Presidente del Congreso de Líderes Cristianos y fundador de KAIROS Company. Es representante de la Comisión de Libertad Religiosa Internacional de Estados Unidos y Presidente del Congreso de Líderes Cristianos.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Arab News el 21 de abril de 2021.