El recuerdo de la Nakba en la literatura palestina

Por Ramona Wadi para The New Arab

Marcha por el Día de la Nakba. [Libertinus/Creative Commons]

En los últimos años hubo un mayor esfuerzo por destacar las narrativas palestinas de la Nakba de 1948. La limpieza étnica desplazó a 750.000 palestinos de su tierra entre 1947 y 1949. En las décadas siguientes, las narrativas palestinas se silenciaron para adaptarse a la diplomacia política promovida por la comunidad internacional.

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Esto incluyó una combinación de estadísticas, ayuda humanitaria y dependencia forzada que promovió el compromiso de dos Estados sobre los derechos políticos y la memoria del pueblo palestino. Una pregunta que deberíamos hacernos es: ¿cuántas narrativas de los 750.000 palestinos desplazados todavía sobreviven?

La pérdida de archivos palestinos como resultado de la ocupación de Israel hace que la documentación y preservación de las historias orales palestinas sea una tarea vital. La comunidad internacional sabe que es más fácil lidiar con el anonimato de las estadísticas, pero los palestinos están desafiando esta complacencia impuesta.

Aun así, décadas de compromiso político, en particular con respecto a los refugiados palestinos y su derecho al retorno, se traducen en una continua pérdida que no puede recuperarse por completo.

La colección de narrativas palestinas de Ramzy Baroud, The Last Earth: A Palestinian Story (La última tierra: una historia palestina) (Pluto Press, 2018), apunta hacia la magnitud de las historias no contadas y la importancia de la memoria palestina para comprender la Nakba en curso del pueblo palestino.

La literatura hace incursiones en la conciencia. Leer una descripción externa de la Nakba no es tan poderoso como familiarizarse con las historias de expulsiones y masacres. Los testigos de estas atrocidades tienen la responsabilidad de articular, lo mínimo que se puede hacer es permitir los espacios para que las narrativas palestinas prosperen y se documenten.

Ghassan Zaqtan, un poeta y novelista palestino, habló con The New Arab sobre el papel que juega la literatura en la preservación e impartición de las narrativas y la memoria palestinas.

“La Nakba palestina no es solo un evento histórico que terminó y ahora existe solo dentro de las conmemoraciones. La Nakba continúa alimentándose del sufrimiento de generaciones de palestinos que fueron desplazados bajo la influencia de la violencia”, dijo Zaqtan.

“Crece en paralelo con la vida de más de 6 millones de refugiados que fueron expulsados de su país a campos de refugiados, y de otros 5 millones que continúan viviendo bajo la ocupación militar de Israel, que se sostiene a través de las armas, la opresión y la disposición de un avanzado sistema de apartheid”, añadió el escritor.

Zaqtan dice que la poesía es el vehículo a través del cual los palestinos comunicaron por primera vez su realidad de desplazamiento. “Abordar la Nakba a través de la poesía comenzó antes de 1948. Predijo los eventos que sucedieron frente al abandono. La prosa llegó después”, comentó el autor.

“La continuidad del trauma y la pérdida palestina se ve exacerbada por la apropiación de Israel. Nos enfrentamos a una situación única en la historia. Un pueblo que perdió su país, un país que se había desarrollado a lo largo de los siglos en agricultura, industria, comercio, imprentas, cines y teatros, prósperos puertos en el sur del Mediterráneo, ciudades abundantes en historia y 10.000 años de civilización, la red ferroviaria y el transporte. Los aeropuertos. Arte y literatura.”

“Todo esto forma el baluarte de la infraestructura que los palestinos crearon y que luego se llamó ‘Israel’ como resultado del colonialismo. Los palestinos conservan las llaves de sus casas, pero la pérdida trasciende la propiedad personal. La Nakba es todo esto y es una realidad permanente, no sólo un artefacto histórico.”

La novela de Zaqtan, Where the Bird Disappeared (Donde el pájaro desapareció) (Seagull Books, 2018), contiene un vívido relato del desplazamiento palestino. Yahya y Zakariyya, los personajes principales, entran en un ciclo que parece interminable, “caminando a lo largo del día, sin meta ni idea, solo para seguir adelante”. ¿Existe una contradicción entre la permanencia del desplazamiento y la voluntad de regresar?

“No quedó nada más que caminar. Todo lo demás se perdió. La oración del amanecer que precedió en los viñedos de Beit Jala señaló la necesidad de emprender el viaje, una necesidad para asegurar que el lugar permaneciera aunque todo a su alrededor estuviera cambiando. Unía el pasado y el presente, la memoria personal y los recuerdos del lugar, en capas densas y secuenciales”, expresó Zaqtan.

“Para el protagonista, tanto el lugar como la presencia están entrelazados. Es la memoria la que impulsa el regreso al lugar. ¿Estamos hablando de una contradicción? Es posible, pero la única manera de descubrir eso es caminar, regresar”, agregó el autor.

La pérdida se contrarresta con el regreso. En la literatura palestina, el regreso no es sólo simbólico, sino también una afirmación de resurgimiento, además de proporcionar el vínculo con la memoria. La ruptura sufrida por los palestinos generó pérdidas en varios niveles, incluyendo las narrativas palestinas.

“Las narraciones orales mantuvieron su relevancia de una generación a otra. La poesía fue la forma anterior que prevaleció con una presencia fuerte y directa desde la Nakba, expresando la identidad palestina, la nostalgia, además de transmitir la realidad y el renacimiento a través del lenguaje simbólico”,  relata Zaqtan.

“Tuve suerte de nacer en esta cultura; mi padre, Kalil Zaqtan, también era poeta y yo tuve la oportunidad de sumergirme en su biblioteca. Los poetas eran cercanos a los líderes revolucionarios palestinos venerados en los campos de refugiados. Esa generación merecía ser conocida como la de los ‘poetas de al Nakba‘. Una década después de la Nakba, fue Ghassan Kanafani quien revolucionó la literatura a través de la prosa en la década de 1960 “.

Zaqtan apunta hacia las tendencias actuales en la preservación de la memoria palestina a través de la literatura, señalando que los escritores palestinos y árabes están contribuyendo colectivamente a la preservación de estas narrativas.

“Hay muchos nombres en la escena ahora y esfuerzos para documentar la historia oral de la Nakba mediante la recopilación de testimonios y narraciones. Las organizaciones de la sociedad civil son parte de esta tarea, y también está la investigación realizada por los propios escritores”, explicó Zaqtan.

La brecha entre la memoria y su pérdida aún existe, aunque se está achicando. Entre los escritores árabes notables que han contribuido a la preservación de la memoria palestina a través de la literatura se encuentran Elias Khoury, autor de Bab al Shams (Puerta del sol) y la difunta escritora egipcia Radwa Ashour, autora de The Woman From Tantoura (La mujer de Tantoura).

A la luz de estos esfuerzos, ¿cuál fue entonces el mayor obstáculo para la preservación de las narrativas palestinas? “El hecho es que los políticos estropearon la narrativa palestina con su filosofía oportunista y su naturaleza comprometida”, afirma sin rodeos Zaqtan.

“A pesar de los esfuerzos colectivos para preservar la memoria palestina de la Nakba, la literatura todavía se enfrenta a una tarea monumental para completar la documentación de las narraciones palestinas”.

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Ramona Wadi es Bachiller en Administración Social por la Universidad de Malta, periodista independiente y analista política. Se especializa en la lucha por la memoria histórica y colectiva en Palestina, Chile y América Latina en general.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por The New Arab el 15 de mayo de 2020.