Los problemas internos de Etiopía pueden internacionalizarse

Por Mirette F. Mabrouk para Middle East Institute

Una conversación con Abiy Ahmed, Primer Ministro de Etiopía. [World Economic Forum/Creative Commons]

En Egipto, Etiopía y Sudán, la cobertura de las negociaciones en torno a la Gran Represa del Renacimiento Etíope (GERD, por su sigla en inglés) tendió a protagonizar consistentemente las noticias durante los últimos años. Sin embargo, los eventos de las últimas semanas empujaron las conversaciones sobre la GERD a un costado.

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El 4 de noviembre de 2020, las fuerzas del Gobierno federal de Etiopía comenzaron a atacar la región de Tigray, una de las 10 regiones semiautónomas del país, después de que el Primer Ministro Abiy Ahmed acusara al Frente de Liberación Popular de Tigray (FLPT) de haber atacado una base federal. Las relaciones ya habían ido desintegrándose después de que Abiy cancelara las elecciones, debido al COVID-19, que habrían marcado el final de su mandato. Si bien la mayoría de las minorías étnicas de Etiopía se sintieron ofendidas, el FLPT dio un paso más al celebrar sus propias elecciones, cuyos resultados fueron declarados nulos y sin valor por el Gobierno federal. Si bien no fue posible verificar la afirmación sobre el ataque, no hay dudas sobre lo que hizo el FLPT a continuación.

El FLPT procedió a tomar la sede del Comando Norte del Ejército Federal, ubicada cerca de su propia base, y encarceló a los soldados que no se unieron a ellos. Si bien los tigrayanos constituyen solo el 6% de la población de Etiopía, el FLPT pudo gobernar Etiopía con mano de hierro durante 20 años antes de quedar fuera del poder cuando Abiy asumió el cargo.

Desde la toma de posesión de la base militar, la situación en Etiopía amenaza con empezar a descontrolarse. Abiy calificó el conflicto como «una operación de aplicación de la ley nacional» y se negó a entablar negociaciones con el FLPT. Su liderazgo está siendo presuntamente perseguido: el ex Ministro de Relaciones Exteriores, Seyoum Mesfin, fue asesinado la semana pasada en un tiroteo según el gobierno. Sin embargo, hay informes (acompañados de fotografías del muerto con una herida de bala en la frente) de que fue ejecutado sumariamente. No ayudó que la «operación de aplicación de la Ley nacional» esté siendo ayudada por tropas eritreas. Eritrea tiene su propia historia amarga con el Tigray: ya hubo informes de refugiados eritreos que huyeron a Etiopía y se vieron obligados a cruzar la frontera hacia un futuro incierto. La participación de las tropas eritreas, aunque negada por Adis Abeba y Asmara, está aumentando gradualmente el potencial de conflicto regional.

La portavoz de Abiy, Billene Seyoum, emitió un comunicado que decía: «Hace un mes que el gobierno está comprometido en una misión de estabilización mientras continúa llevando ante la Justicia». Sin embargo, ya pasaron aproximadamente 11 semanas y el costo está aumentando, existen acusaciones de abusos contra los derechos humanos, el Gobierno federal mantiene en gran parte a los trabajadores humanitarios fuera del área, pero aquellos a los que se les ha permitido la entrada describieron abusos (como campamentos de refugiados saqueados y quemados) y un escenario de hambruna masiva potencialmente desastrosa.

Hay pocas señales de que la política interna de Etiopía, una mezcla embriagadora y contrastante de nacionalismo y agresiones étnicas, se esté aplacando. La violencia es un signo de fisuras domésticas, más que de la fuerza del Gobierno federal o del propio Abiy. Los acontecimientos recientes podrían dificultar aún más mantener el mosaico de alianzas necesarias para mantenerse en la cima, luego de que el Tribunal Superior Federal del país desestimara la mayoría de los cargos contra los líderes del Congreso Federalista Oromo, Jawar Mohammed y Bekele Gerba. La política etíope es muy complicada, incluso las etnias tienen sus propias facciones. En este caso, es probable que este resultado frustre al Partido Demócrata Oromo, tradicionalmente partidarios de Abiy, algo que puede afectar sus posibilidades en las próximas elecciones de verano.

Posible desbordamiento regional

Si bien la situación interna parece lo suficientemente preocupante, la posibilidad de que el conflicto se extienda más allá de las fronteras lo es aún más. La Organización de las Naciones Unidas estima que hasta el momento más de 58 mil refugiados cruzaron la frontera hacia Sudán, un país que se enfrenta a su propia transición frágil y que ya alberga a más de un millón de refugiados y dos millones de desplazados internos. Para complicar aún más las cosas, hubo escaramuzas fronterizas entre las fuerzas etíopes y sudanesas por la disputada región de Fashqa, que se encuentra en el lado sudanés de la demarcación fronteriza, pero que hace décadas es cultivada por agricultores etíopes. Tras la muerte de un soldado sudanés, presuntamente baleado por las fuerzas etíopes, Sudán intensificó sus demandas de devolución de la región. El 31 de diciembre, las tropas sudanesas la «volvieron a tomar» Este hecho fue seguido 12 días después por un anuncio sudanés de que cinco mujeres y un niño habían sido asesinados por la milicia etíope y un día después, por un anuncio de que un avión etíope había entrado en el espacio aéreo sudanés.

Las relaciones entre Adis Abeba y Jartum son actualmente complicadas. En teoría Sudán podría permitir que los soldados del FLPT crucen sus fronteras y darles acceso al único canal de alimentos y suministros, una moneda de cambio potencial con Etiopía. Sin embargo, Etiopía podría fácilmente alentar a los grupos rebeldes sudaneses, algo que amenazaría la seguridad y la estabilidad de Sudán.

Añadiendo otra onda de posible propagación regional, vale relatar que Sudán se acercó a Egipto en busca de «apoyo». El Cairo necesita mantener cerca a Jartum, no solo por el problema de la GERD. A pesar de la desintegración de las relaciones durante el gobierno del ex Presidente Omar Al Bashir, los dos países estuvieron trabajando para aumentar la cooperación técnica, de desarrollo y, recientemente, militar. Se estima que hay 3,5 millones de sudaneses en Egipto. El 14 de enero, una delegación sudanesa de alto rango voló a Egipto para reunirse con el Presidente egipcio, Abdelfatah Al Sisi, y el Director de los Servicios Generales de Inteligencia, Abbas Kamel, para discutir la situación fronteriza. La delegación incluía al homólogo de Kamel, el General de división Gamal Abdel Hamid, el General de división Shams Eddin Kabashy, miembro del Consejo Soberano, y el Ministro de Cultura y Medios de Comunicación, Faysal Mohamed Saleh.

Desde entonces, Abiy ha acusado a «terceros», sin nombrar a Egipto, de provocar problemas.

Incluso antes de estos acontecimientos, la situación aparentemente había sido lo suficientemente grave como para sacar a Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la cerca. La Agencia de Noticias Sudanesa informó a mediados de enero que EAU estaba considerando una iniciativa y una mediación para romper el estancamiento de la GERD. Sin embargo, Abu Dhabi no se pronunció aún.

Podría decirse que la política exterior de Estados Unidos tarda en darse cuenta del impacto de los desarrollos geoestratégicos en el Cuerno de África y de la importancia de la estabilidad económica y política en la región. El Golfo, por el contrario, está directamente en sintonía con este equilibrio. Abiy recibió el Premio Nobel de la Paz en 2018 por poner fin a un conflicto con Eritrea a través de un tratado que tanto Arabia Saudí como EAU habían ayudado a negociar. Por otro lado, la última década vio una afluencia de inversiones del Golfo en la región (EAU invirtió más de 3 mil millones de dólares solo en Etiopía). Según un estudio del Instituto Holandés Clingendael, entre 2000 y 2017, los países del Golfo invirtieron más de 13 mil millones de dólares en países del Cuerno de África, como parte de un esfuerzo más amplio de divulgación de su política exterior. Las consideraciones son innumerables: seguridad alimentaria, acceso a los puertos y, sobre todo, el hecho de que la estabilidad y el desarrollo económicos y políticos en el Cuerno están estrechamente relacionados con los intereses geopolíticos más amplios del Golfo.

Como resultado, Emiratos Árabes Unidos, como árbitro potencial, tiene más posibilidades de éxito que la mayoría. Tiene buenas relaciones con todas las partes interesadas y tiene caballos en todas las carreras. Sin embargo, en última instancia, las soluciones dependerán de la capacidad del liderazgo etíope para navegar por sus problemas políticos internos y presentar soluciones que sean aceptables para una audiencia lo más amplia posible, antes de que pueda mirar hacia afuera. Si bien sigue siendo un grito de guerra nacional, la GERD convirtió en parte de un problema más amplio, un conflicto regional potencialmente calamitoso, que debe evitarse a toda costa.

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Mirette F. Mabrouk Mirette F. Mabrouk es Miembro Asociado y Directora del Programa de MEI en Egipto.

N.d.T: El artículo original fue publicado por Middle East Institute el 27 de enero de 2021.