¿Conseguirá Irán utilizar a Al Qaeda para combatir al Estado Islámico?

Por Fatemeh Aman para The Middle East Institute (MEI)

Hazaras en Behsud. [Nasim Fekrat / Creative Commons]

A medida que el escenario de seguridad en Afganistán se deteriora y los talibán parecen incapaces de derrotar al Estado Islámico del Gran Jorasán (EIGJ) y de proteger a las minorías religiosas, Teherán está intranquilo por el posible estallido de una guerra civil en el país vecino y por las posibilidades de que dicho conflicto se extienda a Irán. En estas circunstancias, es posible que Irán busque medios más eficaces para contrarrestar al EIGJ. 

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Existen contradictorios informes sobre el convenio de Irán con Al Qaeda y otros grupos extremistas suníes. Algunos, incluso afirman que Irán se convirtió en la principal base de operaciones de Al Qaeda. Aunque esto parece incierto, Irán tiene un largo historial de utilizar a un enemigo contra otro. 

En 2015, cuando Teherán llegó a la conclusión de que el anterior gobierno afgano no podía combatir a los militantes del EIGJ, Irán amplió su activo compromiso con los talibán. Con la creciente preocupación por la seguridad a lo largo de la frontera oriental de Irán, Teherán puede tratar de aprovechar las rivalidades entre los grupos extremistas.  Sin embargo, los dirigentes iraníes podrían estar echando en falta un arma más eficaz para luchar contra el EIGJ y otros grupos similares: ganarse los corazones y las mentes de la propia población suní de Irán.

Los vínculos (exagerados) entre Irán y al Qaeda

Algunos funcionarios estadounidenses, entre ellos Mike Pompeo, ex Secretario de Estado, calificaron repetidamente a Irán como un nuevo bastión de Al Qaeda. Al Qaeda “está operando bajo el duro caparazón de la protección del régimen iraní”, sostuvo Pompeo en 2021, calificando a Irán como “un nuevo Afganistán” en referencia al periodo comprendido entre la década de 1990 y 2001, cuando Afganistán acogió a los líderes de Al Qaeda. Por su parte, Irán negó esta acusación, y las afirmaciones de Pompeo no parecen ser coherentes con el juicio de la comunidad de inteligencia en ese momento de que la relación entre Irán y Al Qaeda “no es de colaboración terrorista”.

Irán y los grupos afines a Al Qaeda no tienen ideologías compatibles. El Irán chiíta y las organizaciones suníes wahabíes/salafíes como al Qaeda están implícitamente enfrentados. El líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, llegó a culpar al Reino Unido, a Estados Unidos (EEUU), a Israel y a los países suníes del Golfo de apoyar a estos grupos para luchar contra Irán y el chiísmo.“Pero estos no son los principales enemigos, el principal enemigo es quien los provoca y les da dinero”, sostuvo Jamenei en 2013.

Por otro lado, no existen muchas pruebas que conecten a Irán con los atentados del 11 de septiembre de 2001, como algunos afirmaron. Irán cooperó y prestó una ayuda esencial a EEUU y a las fuerzas de la coalición en relación con Al Qaeda y los talibán. Las relaciones entre Irán y EEUU se exasperaron cuando Irán, a pesar de una genuina cooperación con EEUU, fue calificado, junto con Irak y Corea del Norte, como parte del “Eje del Mal” por el entonces presidente George W. Bush.

Muchos miembros de al Qaeda y sus familias huyeron a Irán tras la caída de los talibán en 2001. Algunos fueron encarcelados y el gobierno iraní negó que existieran miembros de Al Qaeda en Irán durante muchos años. En 2013, cuando la policía canadiense descubrió un complot terrorista y dos sospechosos fueron acusados de haber recibido apoyo de Al Qaeda dentro de Irán, Ali Akbar Salehi, ex Ministro de Asuntos Exteriores, lo calificó como “la afirmación más irrisoria de la historia”. 

El uso de grupos extremistas por parte de Irán

No existen pruebas de que el gobierno iraní apoye directamente a los grupos salafistas. Sin embargo, los activistas kurdos sospechan que estos grupos son tolerados por las autoridades de Teherán. Los activistas kurdos afirman que el gobierno promovió el pensamiento salafista wahabí en el pasado para impedir la expansión de grupos y ONGs kurdos nacionalistas o de izquierda. Los salafíes rechazan cualquier actividad de promoción de la sociedad civil y, en general, combaten a todas las ONG. También están en desacuerdo con cualquier organización o entidad que promueva la estatalidad, lo que les convierte en una herramienta eficaz para combatir a los separatistas y nacionalistas kurdos.

En el pasado, cuando existía una mayor percepción de amenaza de ataques militares estadounidenses a través de las fronteras orientales u occidentales de Irán, el apoyo del gobierno a los salafistas parecía tener como objetivo permitirles luchar contra EEUU debido a su fuerte sentimiento antinorteamericano. ¿Qué otra cosa explicaría el trato extremadamente duro que reciben los presos provenientes de la izquierda y los separatistas kurdos en comparación con los salafistas wahabíes? Se preguntan los activistas kurdos. 

La cuestión de la presencia salafí en Irán se debatió más ampliamente después de que el 8 de junio de 2017 se produjeron dos atentados terroristas simultáneos en Teherán contra el edificio del Parlamento iraní y el mausoleo del fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruhollah Jomeini. Los atentados, en los que murieron 17 civiles, fueron perpetrados por Daesh. 

Afganistán: El talón de Aquiles de Irán

La preocupación por la seguridad de su frontera oriental se convirtió en la prioridad número uno de Irán, especialmente desde la toma de Kabul por los talibán en agosto de 2021.

A principios de 2015, Teherán trabajó seriamente para mejorar su relación con los talibán   tras convencerse de que el entonces gobierno afgano no era lo suficientemente fuerte como para derrotar al EIGJ. Al tiempo que exhibía su compromiso con los talibán como un intento de facilitar el diálogo intra-afgano ーes decir, las negociaciones entre los talibán y el gobierno afganoー los líderes iraníes también intentaron acrecentar su influencia dentro del grupo. Aunque Irán tuvo cierto éxito, no podrá competir con los partidarios tradicionales de los talibán, como Pakistán, Arabia Saudí, los EAU (Emiratos Árabes Unidos) o incluso Turquía o Qatar.

Irán puede tener algunos aliados dentro de los talibán, pero no conoce la estructura del grupo y tiene poca influencia sobre sus líderes, muchos de los cuales incluso tienen vínculos con los rivales regionales de Irán. La toma de posesión de los talibán en Afganistán fue, quizás, uno de los retos recientes más importantes para la seguridad iraní. A Irán le preocupa el regreso al poder de un régimen que se negó a ser inclusivo en cualquier sentido. Asimismo, a los dirigentes iraníes les preocupa el trato que los talibán dan a las minorías religiosas y étnicas, además de su inacción a la hora de proteger a estas comunidades. Los informes indican que desde que los talibán llegaron al poder en agosto de 2021, al menos 13 atentados contra los hazaras por parte del EIGJ dejaron a su paso decenas de muertos y cientos de heridos. El atentado suicida del 21 de abril en la mezquita de Seh Dokan, en Mazar e Sharif, una de las mezquitas chiíes más importantes del país, dejó 31 muertos y 87 heridos, y es uno de los ejemplos. A Teherán también le preocupa el desinterés de los talibán por sus prioridades en materia de seguridad, tales como la seguridad fronteriza, el contrabando y los refugiados.

Los funcionarios iraníes tuvieron que explicar a la opinión pública por qué adoptaron un tono tan amistoso hacia un régimen con el que casi entraron en guerra hace dos décadas. Los medios de comunicación iraníes de la ‘línea dura’ presentaron una imagen amistosa hacia los talibán. “Los talibán que conocemos hoy son diferentes de los que conocimos en el pasado y de los talibán que decapitaban a la gente”, escribió el periódico Kayhan en un editorial el 21 de junio de 2021.  Hubo protestas en Irán pidiendo al gobierno que apoyara a Ahmad Massoud, líder del Frente Nacional de Resistencia de Afganistán e hijo del fallecido líder de la Alianza del Norte, Ahmad Shah Massoud.

La confusión sobre la posición oficial de Irán hacia el nuevo régimen talibán era tan intensa que el general Esmail Qaani, comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), celebró una reunión a puertas cerradas con miembros del Parlamento el 7 de septiembre de 2021. Explicó la política del CGRI en Afganistán y descartó las especulaciones de que Irán estaba confundido sobre cómo tratar a los talibanes. Irán “conoce bien los problemas de Afganistán […] y no es que la República Islámica de Irán se viera sorprendida por los acontecimientos”, dijo Qaani a los diputados.

Intranquilidad por la infiltración terrorista

La posición oficial de Irán hacia el nuevo régimen afgano fue muy cautelosa, con la intención de no irritar a los nuevos gobernantes y, al mismo tiempo, evitar una avalancha de refugiados en el país. Por ejemplo, cientos de miembros del ejército afgano que huyeron a Irán tras la toma del poder por los talibanes fueron deportados. Sin embargo, Irán no pudo evitar esa avalancha de refugiados, que no sólo procedían de provincias vecinas con lazos culturales y lingüísticos, como Herat, sino de todas partes de Afganistán. El número era tan grande que las autoridades tuvieron que contratar a traductores pastunes para comunicarse con los refugiados.

Los refugiados afganos, sin ninguna documentación, fueron uno de los retos más importantes de Irán desde la toma del poder por parte de los talibán. No existen campamentos de migrantes en Irán como en otros países, por ejemplo como los campamentos de sirios en Turquía. El duro trato que reciben los migrantes y el complicado proceso de registro animan con frecuencia a los refugiados a saltarse el registro con el objetivo de pasar por Irán hacia un tercer país. En consecuencia, es posible que muchas personas hayan entrado a Irán sin registros adecuados ni ningún tipo de control. De ahí que, a las autoridades iraníes les preocupa que este grupo pueda incluir a potenciales terroristas. Sumado, a que se produjeron incidentes, como el ataque con cuchillo a tres clérigos iraníes en Mashhad en mayo, que se describió como un “ataque terrorista cometido por simpatizantes takfiríes y salafíes”.

Los retos de Irán en su relación con los talibán

El principal desafío de Irán en su relación con el nuevo gobierno afgano liderado por los talibán parece residir en el ámbito de la seguridad fronteriza. Los enfrentamientos a lo largo de la frontera entre Irán y Afganistán son cada vez más frecuentes desde la toma de posesión de los talibán, incluyendo recientes escaramuzas en la región fronteriza de la provincia de Nimroz en Afganistán y Hirmand en Irán. Uno de los enfrentamientos fue tan intenso que los residentes de la región abandonaron sus hogares por miedo a la escalada de violencia. Cada país culpó al otro del episodio. Los funcionarios iraníes se mostraron conciliadores respecto a estos incidentes, argumentando que los talibán son “nuevos en la normativa fronteriza” y “desconocen los principios y leyes internacionales”. Del mismo modo, los talibanes calificaron los incidentes fronterizos como “malentendidos”.

Existe la preocupación de que los talibán puedan malinterpretar el exceso de paciencia iraní como debilidad. Algunos, como Mohsen Roohi-Sefat, ex jefe adjunto del Ministerio de Asuntos Exteriores para estudios políticos e internacionales, advierten que los “países antiiraníes” podrían utilizar su influencia dentro de los talibanes para perjudicar a Irán. 

Conclusión

La seguridad fronteriza parece ser el mayor punto débil de Irán en lo que respecta a Afganistán. La amenaza del EIGJ o de grupos similares hicieron que Irán se encuentre más vulnerable que nunca, y esta preocupación podría llevar a Irán a buscar nuevas alianzas. La amarga lección que Teherán debería extraer de sus anteriores intentos de utilizar a un grupo extremista contra otro, es que esta táctica nunca produce resultados positivos. La historia, incluida la de Daesh, que surgió de los restos de Al Qaeda en Irak, demostró que estos grupos suelen evolucionar y volverse más peligrosos con el paso del tiempo.

El gobierno iraní puso todo su empeño en derrotar a los grupos militantes suníes por medios militares, descuidando la importante tarea de ganarse los corazones y las mentes de la población suní de Irán. La discriminación y el duro trato de Teherán hacia las minorías religiosas iraníes resultaron contraproducentes. Estas políticas alinearon a esas poblaciones y, en el proceso, crearon un caldo de cultivo para el extremismo violento. La República Islámica podría tener más éxito en su lucha contra los grupos extremistas suníes si intentara ganarse la confianza de los suníes iraníes y les proporcionará libertad religiosa.

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Fatemeh Aman es investigadora no residente del Instituto de Medio Oriente. Lleva más de 20 años escribiendo sobre asuntos iraníes, afganos y de MENA en general.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Middle East Institute el 23 de septiembre de 2022.