Los Acuerdos de Abraham aíslan a los palestinos y consolidan el régimen de apartheid de Israel

Epígrafe: Expresidente Trump en el Museo de Israel. Jerusalén 23 de mayo de 2017 [Flickr, CC by 2.0.]

Los llamados Acuerdos de Abraham son acuerdos de armas y negocios de la administración Trump con regímenes árabes autoritarios que socavan el supuesto compromiso de Estados Unidos (EEUU) con los derechos humanos y, al mismo tiempo, marginan aún más al pueblo palestino en su lucha por la libertad, la justicia y la igualdad. Los acuerdos son en realidad ‘quid pro quos’ para estos países que reciben el codiciado apoyo diplomático y militar de EEUU. Los acuerdos que socavan los derechos humanos no pueden traer la paz.

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Asunto

El Congreso está apoyando la política de la administración Trump de promover los lazos bilaterales y multilaterales entre Israel y los Estados árabes mediante la financiación de 250 millones de dólares para intercambios entre personas, la formación de un comité del Congreso para promover estas relaciones, y la consideración de legislación para aprovechar la presión de EEUU en los foros internacionales para promover estos lazos.

Aunque los defensores de estos acuerdos celebran la profundización de las relaciones bilaterales y multilaterales entre israelíes y árabes, olvidan mencionar los diseños y resultados extremadamente problemáticos de los Acuerdos de Abraham. Estos incluyen la política fallida de la administración Trump en intentar coaccionar a los palestinos para que renuncien a sus derechos políticos a cambio de incentivos económicos; una política exitosa de aislamiento diplomático del pueblo palestino permitiendo que Israel consolide y profundice su gobierno de apartheid; y la conclusión de acuerdos comerciales indecorosos con regímenes árabes autoritarios que socavaron a los activistas de derechos humanos en la región, profundizaron potencialmente la complicidad de EEUU en la comisión de crímenes de guerra, socavaron las aspiraciones de libertad y autodeterminación, y complicaron las tenues transiciones a la democracia.

Por supuesto, todo el mundo quiere la paz en Medio Oriente. Sin embargo, la paz debe basarse en la justicia y en el cumplimiento de los derechos del pueblo palestino a la libertad y la autodeterminación, negados desde hace tiempo. Las políticas de la administración Trump diseñadas para eludir los derechos de los palestinos, consolidar el régimen de apartheid de Israel y fortalecer los gobiernos autoritarios en la región no traerán la paz, sino todo lo contrario. 

Antes de que los miembros del Congreso tomen más medidas para reafirmar estos acuerdos antidemocráticos y contrarios a los derechos humanos de la administración Trump, deberían dejar de considerar los Acuerdos de Abraham como un bien absoluto, tomando mayor conciencia de los aspectos más ominosos de los mismos.

Antecedentes

Los Acuerdos de Abraham se derivan de políticas fallidas de la administración Trump

Los Acuerdos de Abraham tienen su origen en una política fallida de la administración Trump al intentar coaccionar a los palestinos para que renuncien a sus derechos políticos a cambio de fastuosos incentivos económicos. Esta estrategia fue ideada por el ex asesor y yerno de Trump, Jared Kushner, quien se basó en una errónea creencia sionista de más de un siglo de antigüedad, según la cual el pueblo palestino aceptaría su subordinación si se le proporcionaba un desarrollo económico suficiente.

Esta mentalidad colonialista sustentó la llamada conferencia de Kushner “Paz para la Prosperidad”, celebrada en Baréin en junio de 2019. Kushner declaró que “Durante mucho tiempo el pueblo palestino estuvo atrapado en marcos ineficientes del pasado”, una aparente referencia a su búsqueda de libertad y autodeterminación. En lugar de apoyar los derechos políticos inalienables del pueblo palestino, los materiales promocionales de la administración Trump de Paz para la Prosperidad estaban repletos de palabras de moda de la escuela de negocios, prometiendo “liberar el potencial económico palestino” y “crear un nuevo modelo de crecimiento económico e inversión”, mientras que permanecen sin hablar de sus derechos políticos. A cambio de una inversión prometida de 50.000 millones de dólares, se esperaba que los palestinos renunciaran a sus derechos y se conformaran con una mejora económica bajo la dominación perpetua de Israel. No es de extrañar que los palestinos boicotearan la conferencia de Bahrein.

Este plan constituyó la base de la ampliamente criticada publicación de enero del 2020 por parte de la administración Trump, de su llamada ‘visión’ política y económica de la Paz para la Prosperidad para las relaciones palestino-israelíes. Tal como sostuvo el CRS, el plan habría respaldado la anexión por parte de Israel del 30 por ciento de Cisjordania, incluidos casi todos los asentamientos israelíes y el valle del Jordán; los palestinos no podrían ejercer la soberanía sobre ninguna parte de su capital, Jerusalén, excepto en las zonas situadas dentro de sus límites municipales ampliados que están aisladas del resto de la ciudad por el muro ilegal de Israel; Por otro lado Israel mantendría un grado de “control de seguridad” sobre la totalidad de Cisjordania; a los refugiados palestinos se les negarían sus derechos internacionales a la repatriación, y un Estado palestino truncado sería condicionado e implementado sólo después de que se cumpliera una larga lista de exigencias israelíes. El plan de Trump era un fracaso.

Los Acuerdos de Abraham son negocios y acuerdos de armas con regímenes autoritarios

El ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu creía que el plan de la administración Trump le permitía anexionar tierras palestinas antes incluso de iniciar las negociaciones. Mientras la administración Trump estaba dividida internamente sobre el plan de Netanyahu de anexionar parte de Cisjordania, fueron los Emiratos Árabes Unidos (EAU) los que propusieron establecer relaciones diplomáticas con Israel a cambio de que este país congelara temporalmente sus planes de anexión ‘de iure’; sin embargo, la anexión de facto, a través de la continua colonización israelí y el despojo palestino, continuó sin cesar, e incluso se intensificó.

Según Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Derechos Humanos (Human Rights Watch), los EAU y las fuerzas bajo su control fueron cómplices en la comisión de posibles crímenes de guerra en Yemen, incluyendo ataques aéreos ilegales contra objetivos civiles, detenciones arbitrarias, desapariciones y torturas. Los EAU fueron recompensados por la administración Trump por iniciar los llamados Acuerdos de Abraham mediante la firma de un acuerdo de armas de 23.000 millones de dólares en su último día completo en el cargo, que incluye “50 cazas F-35A valuados en 10.400 millones de dólares, 18 drones MQ-9B valuados en 2.970 millones de dólares y diversas municiones valuadas en 10.000 millones de dólares.” Si se entregan, estas armas implicarán aún más a EEUU en la comisión de posibles crímenes de guerra en Yemen.

Baréin fue el segundo país que aceptó mantener relaciones diplomáticas con Israel. Aunque no parece haber recibido nada tangible de EEUU a cambio, el establecimiento de los lazos bareiníes-israelíes desempeñaron sin duda un papel indirecto a la hora de amortiguar la preocupación de EEUU por su atroz historial de derechos humanos en el país. Los EAU, Baréin e Israel firmaron sus acuerdos en la Casa Blanca en septiembre de 2020.

Sudán e Israel acordaron provisionalmente algún tipo de lazos diplomáticos en octubre del 2020, aunque el alcance del acuerdo no está claro y aún no se formalizó. Como resultado de estos pasos iniciales, la administración Trump retiró a Sudán de la lista de países que apoyan el terrorismo, eliminando las sanciones y abriendo oportunidades de comercio e inversión para el país. Aunque la inclusión de Sudán en la lista era un anacronismo que se remonta a la residencia de Osama Bin Laden en el país en la década de 1990, su eliminación, sólo tras acordar con Israel, arroja luz sobre la naturaleza politizada de esta lista. Además, la administración Trump abogó por el acuerdo con el ala militar del consejo de transición, pasando por alto lo que debería ser una decisión civil, introduciendo así un elemento de tensión añadido a lo que ya era una transición a la democracia tenue e irregular.

Marruecos e Israel acordaron establecer relaciones diplomáticas formales en diciembre del 2020. Como recompensa, la administración Trump reconoció la anexión y la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. Este burdo quid pro quo socava la autodeterminación de los saharauis (como se conoce al pueblo del Sáhara Occidental) y hace retroceder, quizás de forma irreversible, sus esperanzas de tener un Estado independiente.

Los acuerdos de la administración Trump no sólo profundizan la complicidad de EEUU en la comisión de crímenes de guerra, ignoran las vejaciones a los derechos humanos, complican las transiciones democráticas y socavan la autodeterminación; por su diseño, estos acuerdos también están destinados a aislar políticamente al pueblo palestino de los lazos naturales de solidaridad expresados por los pueblos árabes al concluir acuerdos por encima de sus cabezas entre sus gobiernos no democráticos e Israel.

Este aislamiento del pueblo palestino facilita la profundización del ‘separado y desigual’ régimen de apartheid de Israel. Además, anula las premisas tradicionales de la pacificación árabe-israelí ーa las que Kushner se refirió como “marcos ineficaces del pasado”ー y la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU; a saber que, Israel está obligado a retirarse del territorio palestino ocupado a cambio de relaciones pacíficas. En opinión de la administración Trump, los Acuerdos de Abraham pretenden permitir a Israel tener su pastel y comérselo también; en otras palabras, disfrutar de los beneficios de las relaciones diplomáticas con los gobiernos árabes mientras mantiene su dominio militar sobre los palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza.

El general Miguel Correa, que desempeñó un papel central en las negociaciones que condujeron a los Acuerdos de Abraham, admitió que la intención de los acuerdos es aislar y marginar a los palestinos. “El plan era que si conseguimos que todo el mundo alrededor [de los palestinos] reconozcan a la nación de Israel, ¿dónde quedan los palestinos? Tendrán que venir, porque están en una isla”. Es de suponer que la única manera de que los palestinos salgan de su “isla” sería consintiendo los dictados israelíes.

Respuestas del Congreso a los acuerdos de la administración Trump

A pesar de estas intenciones y resultados nefastos de los llamados Acuerdos de Abraham, muchos miembros del Congreso los apoyaron con entusiasmo sin considerar adecuadamente sus motivos ulteriores. De hecho, muchos congresistas que difícilmente reconocerían como positivo cualquier otro logro de la administración Trump, citan sin embargo los Acuerdos de Abraham como lo único que supuestamente hizo bien. Como demuestra este memorándum, los miembros del Congreso deberían adoptar una visión más crítica antes de presionar sin miramientos con medidas legislativas diseñadas para reforzar y ampliar estos acuerdos de la administración Trump.

En diciembre de 2020, el Congreso aprobó la ley FY2021 ‘Ómnibus’ y de ‘Alivio y respuesta al COVID’, que fue firmada por el presidente Trump (P.L.116-260). En este proyecto de ley se incluye la Ley Nita M. Lowey de Asociación para la Paz en Oriente Medio (MEPPA, por sus siglas en inglés) de 2020, que asignó 250 millones de dólares durante cinco años para “promover la cooperación económica, los programas de construcción de la paz entre personas, y avanzar en la construcción de comunidades compartidas, la coexistencia pacífica, el diálogo y la reconciliación entre israelíes y palestinos”, según la USAID (N.d.T.: Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional). Aunque las versiones de este proyecto de ley habían sido presionadas durante más de una década, el momento de su aprobación final lo vincula inexorablemente a los llamados Acuerdos de Abraham.

Al igual que esos acuerdos, el MEPPA se presenta como una alternativa, y no como un complemento, al cumplimiento de los derechos palestinos negados durante tanto tiempo. En otras palabras, se pide a los palestinos que participen en la cooperación económica, en la construcción de la paz, en la coexistencia, en el diálogo y en la reconciliación con los israelíes, mientras que el régimen opresivo de apartheid de Israel permanece intacto. Este es probablemente el primer programa de construcción de la paz financiado por el Congreso que pide a los oprimidos que se reconcilien con su opresor antes de que se deshaga la opresión. En este sentido, esta financiación sólo puede verse como otro intento de EEUU de reconciliar a los palestinos con su opresión.

En enero de 2022, un pequeño grupo bipartidista de senadores y representantes fundó los Caucus de los Acuerdos de Abraham. El objetivo de estos grupos es “incentivar la expansión de los Acuerdos de Abraham”, sin duda a través de acuerdos adicionales con regímenes autoritarios que socavan el supuesto compromiso de EEUU con los derechos humanos. El cónclave guarda un llamativo silencio sobre la autodeterminación palestina, limitándose a prometer que “israelíes y palestinos vivan juntos con libertad, seguridad y prosperidad”, una terminología vacía que no se basa en el derecho internacional.

Es probable que la aprobación de la Ley de Normalización de las Relaciones con Israel (S.1061/H.R.2748) ocupe un lugar destacado en la agenda de los caucus. Además de la naturaleza problemática de la reificación de los tratos de la administración Trump con los regímenes autoritarios, esta legislación es controvertida por razones adicionales, entre las que se encuentran:

– Una declaración política “para oponerse a los esfuerzos de deslegitimación del Estado de Israel”. En otras iniciativas legislativas, esta vaga fraseología se utilizó como lenguaje codificado para proponer la supresión e incluso la criminalización de la libertad de expresión para criticar las políticas israelíes.

– La creación de un requerimiento de información sobre “cómo el gobierno de EEUU aprovechará las líneas de esfuerzo diplomático y los recursos de otras partes interesadas (incluidos los gobiernos extranjeros, los donantes internacionales y las instituciones multilaterales) para fomentar la normalización, el desarrollo económico y la programación entre personas”. ¿Cómo se ejercerá esa influencia? ¿A través del desfinanciamiento de las instituciones multilaterales que EEUU considere que no se ajustan a los planes de promoción de los Acuerdos de Abraham a expensas de los derechos de los palestinos?

– La hipocresía de algunos miembros del Congreso que apoyan la legislación que denuncia las “leyes draconianas contra la normalización” en los países árabes “que castigan a sus ciudadanos por las relaciones interpersonales con los israelíes”, cuando muchos de estos mismos miembros del Congreso apoyaron ávidamente la Ley Antiboicot a Israel, un proyecto de ley al que la ACLU (N.d.T.: Unión Estadounidense por las Libertades Civiles) se opuso porque proponía penas de prisión de 20 años y una multa penal de un millón de dólares para las personas que apoyaran el boicot a los derechos de los palestinos.          

Conclusión

Antes de tomar medidas adicionales para reforzar los tratos de la administración Trump con regímenes autoritarios, los miembros del Congreso deberían adoptar una visión más matizada y crítica de los llamados Acuerdos de Abraham. Los miembros del Congreso que apoyan los derechos humanos deben asegurarse de que entienden claramente cómo estos acuerdos implican a EEUU en la comisión de posibles crímenes de guerra, socavan los compromisos en materia de derechos humanos, niegan la autodeterminación de los pueblos y complican las transiciones democráticas, a la vez que marginan aún más al pueblo palestino y frustran sus dere

chos a la libertad, la justicia y la igualdad, negados durante tanto tiempo.

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Autora desconocida o autor desconocido.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por el Institute for Middle East Understanding (IMEU) el 20 de Enero 2022.