Egipto abre ronda de conversaciones con el FMI para solicitar un nuevo préstamo

Por Aida Salem, Beesan Kassab and Daniel O’Connell para Mada Masr


Kristalina Georgieva, Directora Gerente del FMI, en un discurso en Washington en 2019. [Banco Mundial/ Creative Commons]

Egipto inició conversaciones con el Fondo Monetario Internacional durante los últimos meses para estudiar la posibilidad de obtener un nuevo préstamo, según relatan dos funcionarios y un exfuncionario del gobierno, un diplomático foráneo que trabaja en El Cairo y una figura destacada en uno de los gremios financieros de Egipto. Este último habló por separado con Mada Masr bajo condición de anonimato en las últimas dos semanas.

[Se prohíbe expresamente la reproducción total o parcial, por cualquier medio, del contenido de esta web sin autorización expresa y por escrito de El Intérprete Digital]

Las anteriores fuentes indicaron que la decisión de Egipto para solicitar formalmente dicho préstamo depende de la seguridad financiera que puedan brindar otros recursos prestatarios de los que el país ha creado dependencia en los últimos años, como por ejemplo el mercado de bonos (o mercado de deuda), el capital de sus aliados del Golfo y la venta de activos que son administrados por el fondo soberano de riqueza de Egipto.

Desde el punto de vista del gobierno egipcio, un préstamo del FMI constituye no solo una aprobación simbólica o un “voto de confianza” del desempeño económico, sino acceso a financiación de bajo interés del Fondo en relación con el mercado de bonos.

Las conversaciones se desarrollan de cara a varios desafíos que enfrenta la economía egipcia. Por un lado, la necesidad de financiamiento del gobierno para garantizar el pago de sus deudas va en aumento, especialmente por la reducida inversión extranjera directa y los aminorados ingresos de las exportaciones. Por otro lado, existen diferentes retos a la espera de las fuentes de deuda habituales. Algunos, a causa de los cambios económicos globales y, otros, por las complejas relaciones regionales.

Como lo muestran los últimos años, Egipto depende de la financiación extranjera. De acuerdo a los reportes del Banco Central, la deuda externa egipcia alcanzó USD 137.900 millones al cierre de junio de 2021 (un aumento de 14.400 millones en comparación con el mismo mes de 2020). Este valor no representa todas las formas de deuda externa, porque las cifras oficiales excluyen los bonos locales vendidos a ciudadanos extranjeros.

Estas deudas son diversas. Algunos provienen en forma de préstamos de organismos crediticios internacionales, siendo el FMI el más importante de ellos.

Egipto recibió dos préstamos del Fondo en los últimos seis años. El primero sucedió en 2016, cuando el Servicio Ampliado de Fondos (SAF) del organismo entregó al país la suma de 12 mil millones de dólares. El programa SAF está diseñado para ayudar a los países que enfrentan “graves problemas en sus balanzas de pagos a mediano plazo por debilidades estructurales que requieren tiempo para ser resueltas”. Los principales beneficios para los países que necesitan financiamiento son el monto del préstamo y la duración del período de reembolso, que puede extenderse hasta 10 años, además de que no está vinculado a ciertos proyectos sino que puede entrar en el presupuesto general.

A medida que la economía mundial entraba en una fuerte recesión en medio de la pandemia de COVID-19, Egipto volvió a tocar las puertas del FMI en 2020, solicitando un total de USD 5.200 millones a través del Acuerdo de Derechos de Giro (ADG): mecanismo usado en tiempos de “crisis económica” cuando los países “necesitan financiamiento para superar sus problemas de balanza de pagos”. Por lo tanto, los préstamos se conceden por un período de tiempo más corto que los del SAF y, por lo tanto, el reembolso no debe superar los 5 años.

Si bien las fuentes de Mada Masr difieren en el valor del préstamo que Egipto discute con el organismo  financiero internacional, hay un consenso en dos factores. El primero es el tipo de préstamo. Según un destacado funcionario de una de las instituciones monetarias más prestigiosas de Egipto, el Fondo rechazó la solicitud del país por un nuevo préstamo bajo los términos del programa SAF, ya que la economía egipcia no enfrenta una crisis importante o una situación excepcional. Por lo tanto, el mecanismo del FMI que se discute actualmente es la ADG, al igual que con el préstamo de 2020.

El segundo factor son las condiciones que tendrá que cumplir Egipto para adquirir el préstamo. Según la misma fuente mencionada anteriormente, el FMI dejó saber su frustración frente a la disminución de las inversiones privadas y la falta de respuesta del gobierno a las solicitudes de este organismo financiero relativas al enmendamiento de la ley de competencia.

Otros expertos indicaron que el organismo podría exigir nuevas medidas de austeridad, como quitas de subsidios. Pero la fuente del grupo financiero dice que Egipto no necesitaría que el FMI impulse tales medidas porque el país es “más real que el rey cuando se trata de austeridad”. La dirección egipcia para levantar los subsidios está de todas maneras en curso.

Según todas las fuentes consultadas, la condición más importante es que Egipto debe dejar de elevar el precio de su moneda (Libra egipcia) en el mercado de divisas. A pesar de la liberalización del tipo de cambio como parte de un programa de ajuste estructural de 2016, el banco central fijó de facto el valor de la libra en EGP 15,7 por USD 1. Para lograr esta estabilidad, el banco central recluta a bancos comerciales locales para que suministren cualquier moneda fuerte adicional que el mercado pueda necesitar. Según las fuentes, la disminución esperada en el valor de la libra frente al dólar no superará el 5 por ciento.

Disminuir el valor de la libra, como explica el economista político Wael Gamal, representaría un desafío para el gobierno, que estaría tratando de permitir que la libra alcance un valor que satisfaga las demandas del FMI sin causar daño al nivel de vida en Egipto, algo que pretende la política de protección de la libra.

En el último préstamo que recibió Egipto a mediados de 2020, los funcionarios del FMI señalaron la cantidad de riesgos que podría enfrentar el país. El fondo basó su evaluación en que la actividad económica local e internacional volvería a la normalidad a finales de 2020.

“Sin embargo, un impacto más severo o prolongado en la actividad económica y una recuperación retrasada podrían agravar aún más las finanzas públicas, lo que resultaría en mayores necesidades de financiamiento, incremento de la deuda pública y riesgos para la sostenibilidad de la deuda”, según el informe del FMI. “Además, un mayor endurecimiento de las condiciones financieras mundiales podría ejercer presión sobre los flujos de capital y los costos de endeudamiento del gobierno”.

Las “condiciones financieras globales” se refieren principalmente al mercado de bonos, a través del cual el gobierno vende a comerciantes extranjeros títulos o valores gubernamentales de deuda, a cambio de un retorno con intereses en la fecha de vencimiento del bono. La ventaja del mercado de bonos para el gobierno egipcio es que no hay requisitos sobre la forma en que se debe gastar el préstamo ni tampoco si se adhiere (o no) al plan de reforma económica. Desde la perspectiva del comprador de bonos, lo único que importa es el interés sobre el préstamo que se obtendrá al vencimiento del bono y la capacidad de Egipto para comprometerse a pagar sus deudas e intereses a tiempo.

Sin embargo, este año hay nuevos riesgos que amenazan el mercado egipcio de bonos. El primero es la expectativa de que las economías desarrolladas, particularmente EEUU, aumenten las tasas de interés en un intento por frenar la creciente inflación. Con el aumento en las tasas de interés de EEUU, los instrumentos de deuda estadounidenses podrían volverse muy atractivos para comerciantes extranjeros ya que este país es el punto de referencia del sistema monetario mundial. Así las cosas, los compradores de bonos asumen allí muchos menos riesgos que invirtiendo en Egipto. Esto podría causar que los comerciantes de deuda retiren sus inversiones de Egipto y las transfieran a mercados más seguros. Si bien algunos creen en que Egipto podría hacer frente a la tormenta, fue señalado como uno de los cuatro países emergentes más vulnerables a esta fuga de capitales extranjeros, según Bloomberg.

Los riesgos que se asumen en este mercado difieren según el tipo de bonos. Egipto utiliza principalmente dos tipos. El primero se emite en libras egipcias (EGP) y el segundo en monedas extranjeras (particularmente el dólar estadounidense). Lo que aplica para ambos tipos es que los comerciantes de bonos extranjeros reciben sus pagos en la fecha de vencimiento del bono en moneda extranjera. Y en ambos casos, Egipto tiene que proporcionar altas tasas de interés para atraer compradores.

Los bonos negociados con EGP son importantes para el mercado local. El comerciante interesado en comprarlos debe adquirirlos con libras egipcias. Esto crea una demanda global de libras egipcias y contribuye a mantener su poder de compra, especialmente si están fallando otros canales (como la inversión extranjera directa o las exportaciones).

Como resultado, Egipto acepta ofrecer altas tasas de interés sobre la devolución del pago de estos bonos. Este año, se espera que la rentabilidad de los bonos en libras egipcias alcance el 17 % (frente al 13 % del año pasado), la tasa de interés más alta del mundo según premoniciones de Bloomberg.

La situación de los bonos vendidos en dólares estadounidenses es diferente. La tasa de interés tiene que seguir en gran medida las decisiones del Banco de la Reserva Federal de EEUU pues es el líder crediticio mundial y, por tanto, quien moldea la política monetaria global. Y al igual que el primer tipo, Egipto ha tenido que establecer un interés más alto que el promedio mundial para atraer a los comerciantes de bonos.

Sin embargo, debido a los cambios económicos globales, el interés que Egipto fijó para este tipo de bonos ya no es suficiente. Según el informe de Bloomberg, las transacciones hechas en el mercado egipcio de bonos con USD perdieron un 8% de su rentabilidad el año pasado. Lo que significa, como señala Gamal, que el gobierno egipcio tendrá que reconsiderar la tasa de interés para saciar el apetito de sus compradores.

La otra parte de la deuda de Egipto hace referencia a los depósitos que países del Golfo, especialmente Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, hicieron en el banco central después de 2013. El total de depósitos del Golfo representaron alrededor de USD 15 mil millones (alrededor del 11% de la deuda externa total de Egipto) al final del último año fiscal, siendo USD 5,3 mil millones y USD 5,7 mil millones capitales saudíes y emiratíes, respectivamente, según el informe del banco central. 

Pero las cosas no son tan fáciles como antes. Hace algunos meses, Egipto solicitó a EAU y Arabia Saudita nuevos depósitos, según cuenta una fuente del gobierno que también declaró que Abu Dhabi se negó a ofrecer un nuevo depósito y se conformó con el anterior.

En cuanto a Arabia Saudita, Noaman Khaled, analista económico de Arqaam Capital, explica que Riyadh pidió a Egipto que le devolviera primero USD 3.000 millones de su anterior depósito como condición para que el reino concediera uno nuevo. Egipto cumplió y el pasado octubre, Arabia Saudita aprobó un nuevo depósito al que le incluyó los USD 2,3 mil millones restantes del depósito anterior.

Según esta fuente del gobierno, el presidente Abdel Fattah Al Sisi se embarcó hoy en una visita a Abu Dhabi, la primera de varias visitas a ciudades capitales del Golfo en las próximas semanas, para tratar de asegurar acuerdos de cooperación de inversión financiera directa. Sin embargo, hasta el momento, no se encuentra información clara de estos acuerdos.

Hasta que no se esclarezca el contenido de estos acuerdos, la situación actual no presenta cambios. Y el total de depósitos del Golfo disminuyó en USD 2.200 millones al final del último año fiscal, en comparación con el año anterior.

Para lidiar con esa realidad, el gobierno egipcio necesita liquidez constante en dólares estadounidenses para cubrir las importaciones de alimentos básicos como, por ejemplo, arroz y aceite. Este flujo monetario, también, garantiza la estabilidad de las reservas de los principales alimentos, cuyos precios se disparan en los mercados mundiales por diferentes motivos, incluyendo problemas en las líneas de suministro debido a la pandemia y la vulnerabilidad de los cultivos debido al cambio climático.

Gamal añade que los intereses a pagar de las deudas a corto y largo plazo superan los USD 36 mil millones durante el año fiscal que finaliza en junio de 2022, según datos del banco central. Esto representa cerca de la cuarta parte de la deuda externa total de Egipto y alcanza casi el 90 por ciento de las reservas totales de divisas de Egipto a junio de 2021.

Debido a estas complicaciones, recurrir al FMI por tercera vez en seis años se convierte en una opción tentadora.

Por un lado, Egipto recibiría una suma de dinero con una tasa de interés de entre 1,5 y 2 por ciento, mucho más baja que la que paga en el mercado de bonos. Sin embargo, el nuevo préstamo supera su valor monetario, porque abre la puerta a otras herramientas de préstamo que Egipto necesita. La investigadora Salma Hussein indica en su reporte sobre el estado de la deuda externa egipcia que el FMI ata la capacidad egipcia para pagar sus deudas con su capacidad para obtener préstamos en los mercados financieros mundiales. Por lo tanto, Egipto considera que recibir un préstamo es similar a un “nuevo voto de confianza” en el gobierno egipcio que alentaría “la inversión extranjera en Egipto y la inversión en letras y bonos del Tesoro egipcio”, según la opinión de un ex-funcionario del gobierno que está conectada con los círculos del FMI en Washington DC.

En cualquier caso, el aumento de la deuda externa de Egipto, independientemente de su tipo, encarna un riesgo continuo si llegase a ocurrir una crisis global, la cual afecte el flujo de préstamos o la capacidad de pago de Egipto.

[Se prohíbe expresamente la reproducción total o parcial, por cualquier medio, del contenido de esta web sin autorización expresa y por escrito de El Intérprete Digital]

Aida Salem, Beesan Kassab y Daniel O’Connell son periodistas y recurrentes contribuidores de Mada Masr, sus especialidades son las condiciones económicas y sociales de Egipto.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Mada Masr el 26 de enero de 2022.