Cómo se cubre a los cristianos de Tierra Santa y cuáles son sus implicancias

Por Amahl Bishara para Middle East Research and Information Project

Iglesia de la Natividad y cristianos Palestinos en Belén en la víspera de Navidad de 2006. [Creative Commons]

Cada año, alrededor de Navidad y Pascua, se lleva a cabo una especie de meta-ritual en el que los periodistas estadounidenses describen cómo se celebran estas fiestas en ‘Tierra Santa’. Es una historia de larga duración, nunca exenta de política. 

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En 1923, por ejemplo, el New York Times publicó una argumentación binaria clásica orientalista de aquí y allá, nosotros y ellos. La Pascua en Jerusalén fue un “frenesí de devoción”, “una liberación anual de toda la comunidad, algo de lo que usted y yo no tenemos ni idea en Nueva York. En algún momento entre los siglos durante los cuales nuestros antepasados se movieron hacia el oeste desde Medio Oriente, perdimos ese regalo y nunca lo recuperamos”. [1]

En las últimas décadas, la historia se acerco más a la política cotidiana del conflicto israelí-palestino. En Navidad de 1995, Belén estuvo por primera vez bajo el control de la Autoridad Palestina. El New York Times informó que Yasser Arafat asistió a la misa de Nochebuena para hacer una declaración que señaló la importancia del cristianismo en la cultura palestina. “Oramos juntos y trabajamos juntos por la paz, por la que nuestro profeta Jesucristo trabajó y luchó (…) Esta noche, musulmanes, cristianos y judíos celebrarán en la tierra de la paz”. [2] Unos años más tarde, la historia fue que la peregrinación Arafat, que para entonces era anual, se había reducido. Quizás presagiando el confinamiento en el que el presidente de la Autoridad Palestina pasaría sus últimos años, en 2001 las autoridades israelíes prohibieron a Arafat viajar de Ramallah a Belén. Supuestamente, comprobaron su presencia tanto en un autobús lleno de frailes franciscanos, como en el baúl del auto del patriarca latino de Jerusalén Michel Sabbah. [3]

Las narraciones navideñas actualmente resaltan el enorme muro de hormigón que rodea gran parte de la ciudad de Belén. En 2005, Joel Greenberg del Chicago Tribune señaló que la finalización de una sección de la barrera de separación de Israel separaba a la ciudad de la vecina Jerusalén. “La ciudad palestina venerada por los cristianos como el lugar de nacimiento de Jesús se está preparando para celebrar la Navidad detrás de un muro”, escribió Greenberg. [4] Los artículos a menudo enfatizan el impacto comercial del muro, que, junto con otras formas de cierre impuestas por Israel, restringe el flujo de turistas que visitan la ciudad y los disuade de pasar la noche allí. El alcalde de Belén, Victor Batarseh, declaró al Christian Science Monitor: “Esta es una guerra económica contra la ciudad”. [5] Estas notas también se centran en la población cristiana palestina en general.

Los cristianos de varias denominaciones —Ortodoxos, católicos y protestantes— constituyen menos del 2% de la población palestina de Cisjordania y Gaza, y alrededor del 8% de los ciudadanos palestinos de Israel. En total, los cristianos comprenden alrededor del 2% de la población israelí. Estos números están disminuyendo rápidamente, ya que los palestinos cristianos emigran bajo las presiones extraordinarias de 46 años de vida bajo ocupación militar en Cisjordania y Gaza, y 65 años de marginación política y discriminación en Israel.

Debido a que los cristianos tienen redes de familiares de larga data en lugares como Chile y Estados Unidos, la emigración es mucho más fácil para ellos que para los palestinos musulmanes. Para los defensores de los derechos de los palestinos, la partida de los cristianos es una ilustración desgarradora de la apremiante situación palestina en general. Por lo tanto, puede parecer algo obvio y positivo cuando los medios de comunicación estadounidenses presentan la historia de los palestinos cristianos, como cuando el programa de noticias insignia de CBS “60 Minutes” emitió “Cristianos de Tierra Santa” durante la temporada de Pascua de 2012 . Juan Cole elogió el informe al escribir que solo el hecho de revelar que “existen cristianos palestinos” es revolver las suposiciones que a muchos en Israel les gustaría que los estadounidenses hicieran sobre los palestinos:

“Los israelíes de derecha intentan desplazar, expropiar y borrar a la nación palestina y convencer a los estadounidenses de que los palestinos no existen o, si existen, que son enemigos de Estados Unidos. Cuando el enemigo de Estados Unidos era la Unión Soviética, hicieron comunistas a los palestinos. Cuando el enemigo se convirtió en Al Qaeda, convirtieron a los palestinos en fundamentalistas violentos. Pero si algún porcentaje de palestinos es cristiano, ese hecho altera la propaganda”. [6]

Es cierto que una cobertura como la de “60 Minutes” complica las suposiciones más racistas sobre los palestinos. Y, sin embargo, representar a los palestinos cristianos no es un asunto simple ni sencillo.

Oh pequeña ciudad

Existen dos obras de largo formato que tratan en profundidad a los cristianos palestinos —un artículo de portada de National Geographic de Michael Finkel titulado “Bethlehem 2007 AD” (Belén 2007 d.C) y el informe de “60 Minutes”— difieren mucho en estilo pero exhiben algunas intrigantes similitudes. Uno es un artículo muy descriptivo, acompañado de imágenes que evocan temas de fotografía de viajes y fotoperiodismo, [7] y el otro es un informe de investigación construido a partir de entrevistas. Pero ambas piezas están motivadas por un presunto interés especial cristiano o judeocristiano estadounidense por la experiencia de los cristianos palestinos. El artículo de National Geographic comienza con un eslogan que hace referencia a un villancico popular: “El pequeño pueblo donde nació Jesús es ahora uno de los lugares más polémicos de la tierra”. Asimismo, la narración del corresponsal de “60 Minutes”, Bob Simon, se refiere a Belén como “la pequeña ciudad donde nació Cristo”. En la voz de fondo en su apertura, también anuncia que “Tierra Santa” es “sagrada para la mitad de la humanidad”.

El uso de términos como ‘pueblito’ resulta familiar y se refiere a un paisaje sagrado en el corazón de la fe de muchas personas, pero estas denominaciones y los marcos que las acompañan también pueden borrar un poco de historia. Con alrededor de 70 mil residentes en el área metropolitana, que consta de tres ciudades adyacentes y tres campos de refugiados, Belén no es una gran ciudad. La denominación de ‘pequeño pueblo’, sin embargo, sugiere que no ha cambiado mucho en dos milenios, una noción desmentida por las carreteras congestionadas en las noches de fin de semana, el Hotel Intercontinental de cinco estrellas a un piedrazo de distancia (literalmente) de un campamento de refugiados y la rotonda que lleva el nombre no oficial del presidente de Rusia, Vladimir Putin. 

El artículo de National Geographic reconoce que la conexión entre filisteos y palestinos es solo etimológica, no histórica, pero continúa diciendo, párrafos después: “En la misma región donde los judíos una vez lucharon contra los filisteos, ahora son israelíes contra palestinos. En 3 mil años, el único cambio, al parecer, es de un par de sílabas”. Del mismo modo, Simon introduce su informe —“El cristianismo puede haber nacido en el Medio Oriente, pero los cristianos árabes nunca lo han tenido fácil allí”— ocultando miles de años y una multitud de imperios y Estados. Incluso el término omnipresente ‘Tierra Santa’ deja de lado la geopolítica contemporánea, algo que sugiere que la importancia de este territorio es principalmente religiosa. Al menos igual de importante, el cristianismo que enmarca estos enfoques es un cristianismo angloamericano. Después de todo, “Oh Little Town of Bethlehem” (Oh, pequeño pueblo de Belén), fue escrito por un sacerdote episcopal en Filadelfia a fines del siglo XIX.

Sin embargo, en un truco familiar al género periodístico, se hace que lo específico parezca universal. Es implícito pero cierto que la razón por la que la audiencia de “60 Minutes” presumiblemente se preocupa de que Tierra Santa sea “sagrada para la mitad de la humanidad” es que gran parte de la audiencia es parte de esa mitad. El cristianismo palestino visto a través de la lente del cristianismo estadounidense se convierte en algo global. Algunos líderes cristianos palestinos están felices de participar en este marco que posiciona a su comunidad como el corazón de algo mucho más grande. Como Mitri Raheb, un ministro luterano, dijo a “60 Minutes”: “El cristianismo tiene en la parte espalda un sello que dice: ‘Hecho en Palestina’”. Y aún hay afirmaciones más importantes. El artículo de National Geographic termina citando a Batarseh, quien proclama: “Es fácil pensar en Belén como el centro del mundo. Este no puede ser un lugar donde la calma nunca exista. Si el mundo va a tener paz alguna vez, tiene que empezar aquí”.

Si bien este lenguaje puede tener un atractivo poético, universalizar la historia de los cristianos palestinos puede eludir la especificidad de los argumentos locales a favor de la justicia y puede excluir muchas experiencias palestinas. Existen otras formas en que los cristianos palestinos expresaron los valores cristianos y contaron sus historias sagradas que abarcan una multiplicidad de experiencias palestinas. La organización cristiana palestina Sabeel, por ejemplo, organiza un recorrido que superpone la geografía sagrada de la Vía Dolorosa —las 14 estaciones de la cruz— con una geografía contemporánea de despojo y violencia. El recorrido y su folleto de adoración complementario, según el sitio web de Sabeel, buscan vincular “los eventos originales del Viernes Santo con el sufrimiento continuo de las personas ocupadas que viven en esa tierra hoy”. El gesto remite a los principios universales de justicia e inclusión al combinar sitios tradicionalmente religiosos con lugares seculares de una manera que es resonante y transformadora para los cristianos de muchos orígenes.

Política exterior

Las historias sobre los cristianos palestinos se entremezclan con otra narrativa que demanda universalidad: la de la “guerra contra el terror”. Es la naturaleza de un programa de televisión como “60 Minutes” empalmar entrevistas a varias personas, conectándolas con voces de fondo, como si todas ellas se comunicaran. En el siguiente pasaje, el embajador israelí en Estados Unidos, Michael Oren, parece estar conversando con Zahi Khouri, un empresario palestino, y Ari Shavit, corresponsal veterano del periódico israelí Haaretz. Oren comienza con una explicación de por qué Israel construyó el muro, que se extiende hacia el este desde la “terminal fronteriza” en la carretera Jerusalén-Belén hasta un puesto de control del Ejército en otra arteria norte-sur en Cisjordania, creando una sensación de cerco:

—Oren: Tenemos que proteger nuestro —nuestro— nuestro país. Pero a veces tenés que hacer lo que tenés que hacer para sobrevivir.

—Simon (voz de fondo): Para los cristianos palestinos, la supervivencia de su cultura está en peligro. En ciudades como Belén, que solían ser claramente cristianas, los musulmanes ahora son una clara y creciente mayoría. El velo está reemplazando a la cruz. Pero dentro de Israel, en ciudades cristianas como Nazaret, los árabes son ciudadanos israelíes y, según el embajador Oren, están prosperando. La razón por la que los cristianos abandonan Cisjordania, dice, es el extremismo islámico.

—Oren: Creo que el mayor problema en Cisjordania, como en otras partes de Medio Oriente, es que las comunidades cristianas viven bajo presión.

—Simon: ¿Y esta coerción proviene de los musulmanes, no de la ocupación de Israel?

—Oren: Creo que la mayor coacción proviene de eso.

—Khouri: Gran punto de venta. Fácil de vender al público estadounidense.

—Simon (voz de fondo): Zahi Khouri es un empresario palestino. Es propietario de la franquicia de Coca-Cola en Cisjordania.

—Khouri: Te diré que no conozco a nadie —y probablemente tengo 12.000 clientes aquí y nunca escuché eso— que alguien se vaya debido a una persecución islámica.

—Simon (voz de fondo): Ari Shavit, uno de los columnistas más respetados de Israel, cree que los cristianos se convirtieron en un daño colateral.

—Shavit: Creo que esta es una tierra que vio en el último siglo una lucha terrible entre el judaísmo político y el islam político en diferentes variaciones.

—Simón: ¿Y los cristianos están siendo apretujados en el medio por judíos y musulmanes?

—Shavit: Por supuesto.

En este fragmento, Oren alinea implícitamente los intereses de los cristianos palestinos y el Estado israelí. Israel, afirma, enfrenta una amenaza existencial de los bombardeos palestinos y, por lo tanto, Israel necesita construir el muro. Los cristianos palestinos también están amenazados por los musulmanes, por lo que deben emigrar. En estas narrativas sionistas, la violencia palestina no está motivada por el nacionalismo o la voluntad de resistir la colonización y la ocupación militar, sino por un problema cultural atribuido a la religión musulmana o la sociedad musulmana. Simon quien no hace comentarios sobre esta afirmación, se dirige a un cristiano palestino rico para disputarla. La perspectiva de Khouri se apoya implícitamente en todo el documental, con la presentación de material visual sobre el muro, el régimen de aislamiento y las presiones económicas en Cisjordania. Simon luego presenta rápidamente a Shavit. Shavit no está de acuerdo con Oren, pero traslada la historia de los cristianos palestinos al marco de la guerra contra el terrorismo con su sugerencia de que están atrapados entre el “judaísmo político” y el “Islam político”. Si bien, como señala Cole, comparar el sionismo con los movimientos en el mundo musulmán desafía “un principio clave de la propaganda del Likud” [8], esta lente religiosa también oscurece las cuestiones del nacionalismo y el colonialismo. Pero, más importante todavía, coloca a los cristianos palestinos fuera de la política.

Si bien los cristianos occidentales a menudo se ven a sí mismos estando como fuera y por encima del conflicto israelí-palestino, esta lógica en efecto coloca a los cristianos palestinos fuera y por debajo de el, en lugar de reconocer que son una parte integral de la sociedad palestina, en términos de sus contribuciones políticas, sus producciones culturales y su lugar en la cultura palestina en un sentido histórico mucho más profundo.

Un argumento relacionado sugiere que los cristianos palestinos son una fuerza moderadora en la sociedad palestina. En un material complementario al informe de “60 Minutes”, el productor, Harry Radcliffe, comenta que la sociedad palestina se volverá “más dura, más brutal de lo que ya es” si los cristianos se van. Según el artículo de National Geographic, algunos líderes cristianos palestinos “se ven a sí mismos, alternativamente, como amortiguadores o como bolsas de boxeo de doble cara”. Si bien muchos palestinos celebran la diversidad, las suposiciones orientalistas e islamófobas que se esparcen hacen posible que muchos estadounidenses interpreten las declaraciones anteriores como un contraste entre el cristianismo ‘moderado’ con el islam ‘extremista’. En algunos casos, entonces, las declaraciones sobre los cristianos palestinos que se sienten atrapados entre dos lados tienen diferentes significados entre la sociedad palestina y en los Estados Unidos. Si, en cambio, las narrativas articularan una apreciación palestina de la diversidad que sea multidimensional —tanto de religiosidad como de religión, de lugar de origen, de clase— se podrían evitar estos malentendidos.

Después de todo, no todos los cristianos palestinos piensan en sí mismos principalmente en términos de identidad religiosa, y cuando lo hacen, su afiliación con los coptos, católicos romanos, ortodoxos griegos, luteranos, cuáqueros, u otra iglesia puede ser tan importante como el hecho de que son cristianos. Además, tanto para los palestinos como para los estadounidenses, las afiliaciones religiosas atraviesan otras formas de identificación, como palestinos, árabes o antiguos habitantes de Belén, Ramallah o Nazaret; como ciudadanos israelíes, portadores de pasaportes de la Autoridad Palestina o sujetos de ocupación militar. Este punto aparece en algunas partes de estos reportajes, como cuando discuten cómo la experiencia de los cristianos palestinos es similar a la de otros palestinos, pero vale la pena subrayarlo.

Cargando esa cruz

Al igual que otras coberturas periodísticas de los cristianos palestinos, tanto “Cristianos en Tierra Santa” como “Belén 2007 d. C.” cubren el impacto del muro de separación en Belén, así como el problema más amplio del cierre que afecta a todos los palestinos en Cisjordania y Gaza. El artículo de National Geographic comienza con una clásica historia de llegada:

“No es así como María y José entraron a Belén, pero así es como entrás ahora. Esperas en la pared. Es un muro de hormigón sobrecogedor, de tres pisos de altura, coronado con alambre de púas. De pie junto a él, te sentís como si estuvieras en la base de una represa. Los soldados israelíes armados con rifles de asalto examinan tus papeles. Registran tu vehículo. No se permite la entrada a ningún civil israelí, por orden militar. Y pocos residentes de Belén pueden salir. La razón por la que existe el muro aquí, según el Gobierno israelí, es para mantener a los terroristas alejados de Jerusalén”

Si te permiten la entrada, una puerta corrediza de acero, como la de un vagón, se abre con un chirrido. Los soldados se hacen a un lado y conducís a través del espacio temporal en la pared. Entonces la puerta se desliza nuevamente, chirriando sobre su carril, cerrándose con estruendo. Estás en Belén.

Para los visitantes de Belén —y esta llegada, por supuesto, se registra desde la perspectiva de un visitante más que desde la de un local— el paso a través de la “terminal fronteriza” es a menudo el primer y más poderoso indicio de la violencia de la ocupación militar. De manera similar, el informe “60 Minutes” señala que “para todos los palestinos, el simple hecho de salir de Belén es una lucha” porque para dirigirse al norte deben obtener un permiso de las autoridades militares israelíes y, si tienen la suerte de obtener uno, pasar a través de la terminal, “ya sea para orar, ir al médico, visitar a familiares o trabajar”.

Luego, el reportaje se centra en la historia de la familia Anastas. En el pasado, esta familia cristiana era dueña de una próspera tienda de recuerdos en la calle más concurrida de la ciudad. Hoy, su casa está rodeada en sus tres lados por el muro, pero ellos se esfuerzan por mantener la tienda abierta. De hecho, la habitación de los niños da a una torre de vigilancia del Ejército a unos metros de distancia. Sin embargo, insisten en no querer irse. Como Claire Anastas le dice a Bob Simon: “Tenemos que quedarnos y luchar y luchar. Esa es nuestra cruz”.

¿Qué se gana o se pierde al contar estas historias acerca del muro? —¿el primer encuentro de un occidental y las penurias de una pequeña empresa cristiana palestina?— A pocos minutos a pie de la casa de Anastas se encuentra el campo de refugiados de Aida, una comunidad de más de 4.600 personas rodeadas por sus dos lados por el muro de separación. Casualmente, el campamento es una estación del Vía Crucis Contemporáneo de Sabeel. Últimamente, los residentes emprendieron una campaña de resistencia popular contra la amenazante estructura de hormigón. En un momento, los manifestantes lograron hacer un agujero lo suficientemente grande para que una persona pudiera escalar. Poco después, el Ejército israelí llenó el vacío y lanzó una intensa ola de arrestos que dejó a decenas de personas tras las rejas. Durante las protestas, muchos resultaron heridos, algunos de gravedad, y un niño, de 15 años, Salih al Amarin, falleció. La historia de Aida rara vez se cuenta en los principales medios de comunicación.

Tanto la familia Anastas como el campamento de Aida ofrecen importantes narrativas palestinas de lucha y sufrimiento. Una es la historia de personas de clase media que hablan de tener la opción de irse y la otra, de una comunidad asolada por un desempleo del 43%, que vive con el terror nocturno de las redadas israelíes, sin tener ningún lugar adonde ir. Quizás para los padres estadounidenses que ven “60 Minutes” antes de acostar a sus propios hijos, la historia de la familia cristiana es más ‘próxima’. Una torre de vigilancia militar afuera de la ventana de la habitación de un niño es triste y aterradora, pero las campañas de arresto y los gases lacrimógenos son casi inimaginables.

Los cristianos palestinos y la resistencia popular no son temas que se excluyan mutuamente, y este último ocupó un lugar destacado en el extenso artículo de New York Times Magazine sobre la aldea de Nabi Salih en Cisjordania. [9]  Una historia de mediados de mayo en The Guardian sobre los cristianos palestinos de Iqrit, una aldea en el norte de Galilea, cuenta cómo las autoridades israelíes deshabitaron la aldea en noviembre de 1948. Actualmente, los aldeanos originales y sus descendientes, que suman alrededor de 1.500, están esparcidos por todo el norte de Israel mientras las tierras de su aldea están vacías. The Guardian informa que los activistas de Iqrit “volvieron hacia su pasado en un intento por recuperar y reconstruir la aldea”. [10]  La historia es inusual porque señala que los activistas son cristianos palestinos, pero no se obsesiona con este hecho. En cambio, se cita a un activista que llama al grupo “refugiados en nuestro propio país”, con lo que hace referencia a otra categoría importante de la identidad palestina. Además, la historia es poco convencional ya que trata a una comunidad cristiana fuera de la geografía bíblica típica de Tierra Santa y la geografía política gastada de los Territorios Ocupados, para dejar en claro que tanto la comunidad cristiana palestina como el caso palestino se extienden en Israel.

Con importantes excepciones, los corresponsales estadounidenses extranjeros tienden a elegir temas que ya son familiares y que se presume que son importantes para el público estadounidense. ¿Podemos imaginar un tipo diferente de noticias? —nacionales e internacionales— que tomen como punto de partida los preceptos de derechos humanos o que busquen abarcar movimientos populares de diversa índole? En Belén en particular, un enfoque en la historia cristiana y la población de la ciudad necesariamente amplificó algunas voces y acalló a otras. A veces, este lente religioso dio forma a la política sobre el terreno, promoviendo protestas orientadas en torno a los símbolos cristianos que hizo más fácil que una multitud se movilizara para una procesión del Domingo de Ramos que contra el muro en Aida. [11] ¿Qué podemos imaginar sobre una paz que pueda comenzar en el campo de refugiados de Aida o en Iqrit?

El lente religioso

Si bien los líderes cristianos palestinos tienen claro que la emigración se deriva de las presiones del Gobierno israelí, estos reportajes a menudo incluyen reflexiones sobre las tensiones sociales y culturales entre cristianos y musulmanes, una dinámica real en la sociedad palestina, aunque bastante delicada. Como escribe Michael Finkel en National Geographic: “Los cristianos de Belén se sienten cada vez más como forasteros en su propia ciudad. Muchos se visten a la moda occidental actual —jeans ajustados, escotes pronunciados, y joyas deslumbrantes”. El artículo admite que “algunos musulmanes se visten con estilos modernos”, pero sin embargo plantea una dicotomía fundamental entre cristianos, alineados con Occidente y la modernidad, y los musulmanes. La vestimenta de las mujeres es una preocupación en la sociedad palestina, pero no la obsesión que uno podría pensar a partir de la desproporcionada atención occidental al tema. Esta forma abreviada de representar la diferencia pasa por alto las formas en que las tensiones interreligiosas son un fenómeno local con una historia local. Las relaciones cristiano-musulmanas en la sociedad palestina no son un choque entre lo moderno y lo tradicional. Las prohibiciones generalizadas de los matrimonios mixtos, por ejemplo, se mantienen al menos con tanta fuerza en las familias cristianas como en las musulmanas, y no están asociadas con la modernidad occidental. De hecho, las relaciones entre cristianos y musulmanes también varían de un pueblo a otro y de una región a otra.

En Belén, por ejemplo, existen algunas tensiones derivadas del hecho de que los cristianos son residentes a largo plazo, mientras que los musulmanes no solo son recién llegados sino también predominantemente refugiados. En las ciudades gemelas de Ramallah y Al Bira, donde siempre existieron poblaciones de cristianos y musulmanes, las relaciones son bastante diferentes. También es importante observar no solo las relaciones entre cristianos y musulmanes, sino también las discusiones entre los que son más religiosos y los más seculares dentro de cada comunidad religiosa.

Ciertamente, es real que las identidades cristianas palestinas son locales. Sin embargo, también son transnacionales, debido a factores como los emigrantes al extranjero, el turismo cristiano a lugares como Jerusalén y Belén, y la sensación de muchos cristianos palestinos de que son “rocas vivientes”, los cimientos del cristianismo en el lugar donde comenzó. Las identidades cristianas palestinas también están moldeadas por el hecho de que la presencia de cristianos fue durante mucho tiempo fundamental para la identidad nacional palestina. No solo los líderes palestinos, especialmente Arafat, siempre enfatizaron la presencia palestina cristiana, sino que los carteles y otras iconografías nacionales a menudo incluyen imágenes de Jerusalén que muestran tanto mezquitas como iglesias. Por lo tanto, las dimensiones locales, nacionales y transnacionales de las identidades cristianas palestinas son inseparables entre sí, al igual que las identidades religiosas, de clase, nacionales y otras identidades políticas, todas las cuales se cruzan entre sí. 

Cuando las narrativas estadounidenses se centran en los cristianos palestinos principalmente por su carácter cristiano —aunque sea implícitamente a través de una fascinación anticuaria o el apego espiritual a Tierra Santa— pueden dar poca importancia a estas complejidades. Este lente tampoco invita a los cristianos palestinos que eligen no hablar o actuar como cristianos. La geografía sagrada de Israel y los territorios ocupados —centrado, como lo hace, en Jerusalén y Belén, con Nazaret y Galilea ocupando un lugar algo menos importante— se confabula con las políticas acerca de cómo las noticias principales cubren los Estados-naciones para marginar las voces de los ciudadanos palestinos cristianos de Israel.

Pero estos problemas de encuadre e identidad no son específicos de la cobertura estadounidense de los cristianos palestinos. Las noticias estadounidenses cubren el resto del mundo a través del prisma que hace que esa parte del mundo sea interesante para los estadounidenses siguiendo narrativas preexistentes. [12] Esto, en lugar de, por ejemplo, utilizar la legislación de los derechos humanos o los principios humanitarios para guiar una investigación sobre un tema. Sin embargo, las formas generalizadas en que Israel impide la autodeterminación palestina, amenaza vidas y medios de vida, significan que es probable que cualquier cobertura honesta y profunda de los palestinos —sea cual sea su identidad religiosa— arroje luz sobre la violencia y la injusticia del gobierno israelí.

[Se prohíbe expresamente la reproducción total o parcial, por cualquier medio, del contenido de esta web sin autorización expresa y por escrito de El Intérprete Digital]

Amahl Bishara es profesor asociado y jefe de Departamento. Ph.D. en Antropología, Cultura y Medios de Comunicación por la Universidad de Nueva York. 

N.d.T.: El artículo original fue publicado por MERIP el verano 2013.

REFERENCIAS:

[1] New York Times, 1de abril­ de 1923­.

[2] New York Times, 25 de diciembre de 1995­.

[3] New York Times, 25 de diciembre de 2001­.

[4] Chicago Tribune, 21 de diciembre­ de 2005.

[5] Christian Science Monitor, 22 de diciembre de 2005.

[6] Juan Cole, “Top Ten Reasons Israel Tried to Censor Bob Simon’s Report on Palestinian Christians,” Informed Comment, April 25, 2012, http://www.juancole.com/top-tenreasons-israel-tried-to-censor-bob-simons-report-on-palestinian-christians.html.

[7] Michael Finkel, “Bethlehem 2007 AD,” National Geographic (Diciembre 2007).

[8] Cole, op. cit.

[9] Ben Ehrenreich, “Is Where the Third Intifada Will Start?” New York Times Magazine, 15 de marzo de 2013.

[10] The Guardian, 15 de mayo de 2013.

[11] Amahl Bishara, Back Stories: US News Production and Palestinian Politics (Stanford, CA: Stanford University Press, 2013), pp. 167-196­.

[12] See Ulf Hannerz, Foreign News: Exploring the World of Foreign Correspondents (Chicago: University of Chicago Press, 2004).