Las 13 crisis que enfrenta Irán

Por Mohammad Hossein Ziya para Middle East Institute

Torre Azadi, Teherán. [Hooperag / Creative Commons]

Ebrahim Raisi es el octavo Presidente de Irán y asume el cargo en un momento en que la República Islámica se enfrenta a una serie de importantes crisis potenciales. Durante las próximas décadas, estas crisis podrían tener consecuencias que no solo afectarán al propio Irán, sino que también pueden repercutir en toda la región. El presente artículo abordará las 13 crisis que enfrenta el Gobierno de Raisi y la sociedad iraní en su conjunto.

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Un chiísmo extremo

La comunidad religiosa en Irán consta de dos sectores diferentes y desiguales. El primero es el ‘islam político’, dirigido por el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, y el segundo es el ‘islam religioso y tradicional’, dirigido por los grandes ayatolás como Vahid Jorasani y Seyyed Sadegh Shirazi. El islam político busca construir sobre el islam tradicional para implementar la noción de la ‘gran civilización islámica’. Su misión es fortalecer el pensamiento chií y difundirlo a los países de todo el mundo, por ejemplo, a través de diversas ceremonias y festivales chiíes. Esto incluye los preparativos del Gobierno iraní para que millones de iraníes marchen en Irak durante Arbaen, que conmemora el martirio del tercer imán chií en Karbala. El refuerzo y desarrollo por parte de Irán de esta ceremonia en Irak es una forma de proyectar poder sobre Arabia Saudí, que alberga la peregrinación anual del Hajj.

Existe una amplia evidencia, incluido cierto extremismo en las ceremonias chiíes en Irán, de que la religión misma se está volviendo más radical en la República Islámica. Aunque la ideología extremista chií está lejos del pensamiento extremista sunita (en términos de actos terroristas y suicidas), la fusión del islam político con el islam tradicional podría conducir al surgimiento de una nueva generación de chiíes que carecen de ‘líneas rojas’ claras para justificar sus especulaciones, porque los líderes del islam tradicional consideran la ‘yihad’ como el primer medio para difundir sus ideologías y lograr sus objetivos. Por lo tanto, este camino probablemente conducirá a la provocación, la violencia religiosa y una mayor tensión entre las comunidades chií y suní en Irán. 

Restricciones al acceso y control de la información

A medida que aumentaron las protestas en Irán, el Gobierno restringió repetidamente o cerró por completo los sistemas de comunicación móvil, incluidos los teléfonos móviles, los mensajes de texto e Internet. La primera experiencia de un apagón total de internet en Irán fue luego de las protestas a nivel nacional en noviembre de 2019, lo que causó una enorme sorpresa para los ciudadanos y la economía en general. El clima altamente restringido y militarizado en todo el país, junto con el aumento de las protestas internas, por un lado, y el apoyo de países como China y Rusia para restringir el internet global, por el otro, plantea preocupaciones sobre el cierre del espacio de información pública en Irán. Además, la aprobación de leyes restrictivas en el Parlamento iraní es una grave amenaza para la libertad de expresión en general. Sin embargo, esta no es la primera vez que esto sucede. En los primeros años después de la Revolución de 1979 y en otras ocasiones, la sociedad iraní tenía restricciones y prohibiciones similares en cosas como reproductores de video VHS y antenas parabólicas y receptores, aunque las prohibiciones gubernamentales y el castigo finalmente se desvanecieron a medida que estos elementos se generalizaron. 

Con el apoyo del Parlamento iraní, el gabinete de Raisi busca lanzar una intranet doméstica para que puedan tener más control sobre las aplicaciones de comunicación y redes sociales como Telegram, WhatsApp e Instagram. El único rayo de esperanza para el pueblo iraní sería que el proyecto de internet por satélite de SpaceX, StarLink, pueda sortear el régimen de censura de internet del país.

Mayor militarización del sistema

En los años transcurridos desde la guerra Irán-Irak, las fuerzas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) se trasladaron a la esfera política de Irán. Tanto es así que cuatro de los siete candidatos en las elecciones presidenciales iraníes de 2005 (incluido Mahmoud Ahmadinejad) habían servido en el CGRI. Actualmente, 24 miembros del Parlamento (incluido el Presidente, Mohammad Baqer Qalibaf) son excomandantes de alto rango del CGRI y la Basij. Esto excluye a las personas que tienen membresía simple o que colaboran con el CGRI. En la esfera económica, el CGRI utiliza su influencia para tomar el control de muchos proyectos de petróleo, gas, petroquímicos y megaproyectos de desarrollo en Irán después de que Estados Unidos volviera a imponer sanciones. Casi un tercio de los ministros y diputados del gabinete de Raisi tienen un historial de membresía y mando en el CGRI. Algunos expertos creen que la unificación de toda la estructura política de Irán, incluidos el Gobierno y el Parlamento, bajo la línea dura cercana al CGRI y el líder supremo puede en realidad facilitar la búsqueda del desarrollo. En ausencia de rivalidades políticas y sabotajes, dicen los defensores de esta línea de pensamiento, se prestará más atención al desarrollo. Pero la experiencia previa con una estructura política uniforme bajo el Gobierno de Ahmadinejad sugiere lo contrario. Como sucedió entonces, la situación puede conducir una vez más a un aumento de la corrupción, la oposición y las tensiones dentro del grupo, y el uso de la riqueza y las rentas del poder en beneficio de las instituciones, los individuos y las organizaciones religiosas y de seguridad militar.

Crecimiento vegetativo 

Debido tanto a las sanciones generalizadas como a la falta de una inversión adecuada por parte de los Gobiernos durante los últimos 40 años, la infraestructura de Irán está experimentando una crisis: es escasa, está subdesarrollada, y está en decadencia. En los últimos meses, Irán, que disfruta de grandes reservas de petróleo y gas y abundante luz solar para las energías renovables, enfrenta una grave escasez de agua y electricidad para uso doméstico e industrial. Si bien el país persa tiene el potencial para una población más grande, su infraestructura subdesarrollada, junto con la sequía, la pobreza y otras crisis, dejó a la actual población enfrentando dificultades y falta de recursos. Actualmente, 19 millones de los 85 millones de habitantes del país residen en la periferia de las ciudades y alrededor de 9 millones son analfabetos. No obstante, el líder iraní emitió una orden que prohíbe cualquier política de control de la población e insta a los iraníes a trabajar para aumentar la población a 150 millones (casi el doble del tamaño actual).

Sequía y migración forzada

Debido a la severa explotación de los recursos hídricos subterráneos y al cambio climático, partes de Irán serán inhabitables e imposibles de cultivar en los próximos años. El asunto del acceso al agua está ligado al sustento de muchos miembros de las clases bajas de la sociedad iraní. Según un informe de 2015 del Centro de Investigaciones Parlamentarias de Irán, dos tercios del país se convirtieron en un desierto a medida que la sequía se extendió por esas regiones. Al mismo tiempo, los esfuerzos para abordar este problema mediante proyectos de transferencia de agua a gran escala desde las provincias ricas en agua del país, como Juzestán, a las provincias pobres en agua, provocó protestas y conflictos étnicos. Esto incluye, más recientemente, las protestas de julio de 2021 en Juzestán, donde las fuerzas de seguridad asesinaron a 15 manifestantes. Si esta tendencia continúa, podría conducir a una mayor tasa de migración rural a las ciudades y a la periferización, una crisis que afectará a los estratos más bajos de la sociedad.

Sanciones

La economía iraní está en quiebra debido a las extensas sanciones impuestas por Estados Unidos. El Centro de Investigación Parlamentaria de Irán enumeró los impactos causados ​​por las sanciones actuales en la economía de Irán en 12 puntos:

1.     La imposibilidad de emitir garantías bancarias y transferir dinero al exterior.

2.     La negativa a abrir cartas de crédito para empresas e individuos iraníes.

3.     La imposibilidad de expedir visados ​​a operadores económicos en muchos países.

4.     La suspensión de contratos de transferencia de tecnología con destacadas empresas europeas y asiáticas.

5.     La no recepción de ingresos de las exportaciones de electricidad de Irán.

6.     Produjo que la industria del abastecimiento de combustible fuera antieconómica debido a la falta de cobertura de seguro.

7.     Quedaron grandes contratos sin resolver, como los de la empresa energética francesa Total.

8.     La restricción total a la exportación de petróleo, incluso productos derivados del petróleo, como gasolina.

9.     Debilitó la calificación crediticia de Irán según la evaluación de instituciones internacionales.

10.  La interrupción de la explotación de líneas de crédito e inversiones extranjeras por parte de Irán.

11.  La retirada de empresas internacionales del mercado iraní y el cese de la cooperación con socios nacionales.

12.  Cese de la compra de aviones acordada bajo el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) con el regreso de las sanciones estadounidenses.

Las tasas de crecimiento económico de Irán en 2018 y 2019 fueron negativas, con un -6% y -6,8%, respectivamente. Además, la tasa de desempleo estaba por encima del 11%. En 2020, sin embargo, existió una tasa de crecimiento positiva del 3,6%. No obstante, si Estados Unidos no regresa al PAIC, el Gobierno de Raisi probablemente enfrentará un déficit presupuestario e inflación. La devaluación de la moneda y el aumento de la inflación durante el último mes fue la primera reacción del mercado al nuevo Gobierno.

Corrupción económica y administrativa

Transparencia Internacional clasifica a Irán en el puesto 149 de 180 países en términos de corrupción administrativa y económica. La falta de libertad de información en Irán y de poder entre la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales activas en el campo de la lucha contra la corrupción impidieron que el país mejorase sus indicadores de lucha contra la corrupción. 

La incapacidad de los medios de comunicación independientes para revelar la corrupción y la falta de transparencia en la estructura de las empresas estatales y semiestatales, junto con la llamada elusión de sanciones, convirtieron a un pequeño grupo cercano al Gobierno en el principal culpable de los casos de corrupción en Irán. El soborno es algo común en oficinas y bancos, incluso en ciudades pequeñas. 

Raisi ocupó cargos clave en el aparato judicial durante más de 22 años. Durante ese tiempo, su actuación no sugirió que crearía un mecanismo positivo para abordar el tema de la corrupción. Sin embargo, queda por ver si tener un juez como presidente puede mejorar la clasificación de Irán en este frente. Mientras tanto, el líder iraní cree que aunque “hay casos de corrupción, no es sistemático”. Sin embargo, la evidencia y las estadísticas ciertamente sugieren lo contrario —que la corrupción en Irán es, de hecho, sistemática y generalizada.

Durante el tiempo de Ahmadinejad en el cargo, cuando Irán obtenía enormes ingresos petroleros, de lo que surgió un nuevo estrato como resultado de la elusión de las sanciones, de la correduría del petróleo o las rentas, que beneficiaban a los que estaban en el poder. Es por eso que los carteles económicos progubernamentales son ahora acérrimos oponentes al levantamiento de las sanciones. Según un exfuncionario iraní, más de 5 mil hijos de funcionarios iraníes residen solo en Estados Unidos. Esto prueba que la clase dominante tiene más acceso a recursos y oportunidades —algo que se confirma regularmente por las imágenes y videos compartidos en las redes sociales.

Diferencias de clases sociales

Según el Centro de Investigaciones Parlamentarias de Irán, los bancos del país pagan anualmente más de 200 mil millones de tomans (unos 8 mil millones de dólares) en intereses a los depositantes bancarios. Sin embargo, el 85% de estas ganancias las obtiene el 2,5% de los depositantes. Además, según las estadísticas, el 30% de la población de Irán se encuentra por debajo de la “línea de pobreza absoluta” y enfrenta problemas para satisfacer sus necesidades básicas. Además, según los últimos informes no oficiales, “a mediados de 2020, el 78% de los iraníes vivía por debajo del umbral de la pobreza”.

Sin embargo, se pueden encontrar muchas páginas web que muestran la vida de ‘lujo’ de algunos ciudadanos iraníes —muchos de los cuales son familiares y parientes de funcionarios gubernamentales. Actualmente, el precio por metro cuadrado de una casa en el norte de Teherán es de 55 a 120 millones de tomans (entre unos 2 mil y 4 mil dólares), mientras que el salario mínimo para los trabajadores está entre $100 y $150 al mes. Dicho de otra manera, el costo de comprar 1 metro cuadrado de una casa en el norte de Teherán equivale a dos años de ingresos para un trabajador promedio.

El declive de la cultura

Los cambios en el contenido de los libros de texto para islamizar los cursos en escuelas y universidades, la dependencia de la educación religiosa y los niveles reducidos de educación moral basados ​​en la conciencia social causaron preocupación entre los científicos sociales. El Gobierno busca un desarrollo moral de orientación religiosa, mientras que la sociedad se rebela contra la moralidad engendrada por un sistema de Gobierno fracasado y politizado. Esto se debe especialmente a que la clase religiosa gobernante no se ha adherido a sus propias consignas morales y líneas rojas. La pobreza sólo exacerbó este problema. Solamente el año pasado, por ejemplo, más de 2 millones de estudiantes abandonaron la escuela.

Durante los últimos 15 años, una gran parte de la clase intelectual (estudiantes, profesores y élites) se fue Irán —entre 150 mil y 180 mil personas al año. El reducido potencial científico del país y, a la inversa, el fortalecimiento sistemático de seminarios e instituciones religiosas por parte del Gobierno, conducirán a una profunda pobreza cultural y técnica en la sociedad. Esto, junto con la censura y las restricciones impuestas al libre flujo de información e Internet por parte de las autoridades, contribuirá al declive cultural en Irán.

Separatismo y tensiones étnicas y religiosas

Baluchistán en la frontera con Pakistán, las regiones kurdas en el oeste, las áreas ricas en petróleo con una minoría étnica árabe y, más recientemente, las provincias del noroeste (limítrofes con Azerbaiyán y Turquía) son lugares donde operan grupos separatistas y activistas. La demanda de enseñanza de lenguas maternas en escuelas y universidades, la discriminación étnica y religiosa (especialmente entre sunitas), el subdesarrollo (en las provincias de Sistán y Baluchistán, y Kurdistán), la exclusión de la estructura de poder (especialmente entre kurdos y sunitas), la transferencia de recursos (provincia de Juzestán) y la incitación a los países vecinos (Turquía) se encuentran entre las cuestiones que contribuyen a la crisis del separatismo en algunas de las provincias periféricas de Irán. La insatisfacción con las condiciones socioeconómicas fueron amplificando estas demandas.

La cambiante estructura política de Irán

Algunas figuras fundamentalistas en Irán hablaron de cambiar el sistema presidencial por uno parlamentario. El sistema político de Irán durante el liderazgo del ayatolá Ruhollah Jomeini era parlamentario, pero cambió a un sistema presidencial con el cambio en la constitución en 1989. Durante los últimos diez años, la cuestión de la estructura política de Irán se planteó y evaluó repetidamente. Sin embargo, el ayatolá Jamenei dijo en un discurso en 2019 que “los problemas del sistema parlamentario para el país son más que el sistema presidencial”.

La eliminación de las fuerzas reformistas y moderadas del poder llevó a la unificación de la estructura política del país. El surgimiento de las fuerzas militares, de inteligencia y de seguridad colocará el poder político y económico del país en manos de un grupo específico con una ideología particular, que es una de las condiciones previas de una oligarquía.

Pobreza, desempleo y aumento de la delincuencia

Alrededor de un tercio de los iraníes tienen dificultades para satisfacer sus necesidades básicas. Entre los mayores de 15 años, el 9,6% de la población activa está desempleada. Durante la última década quedó claro que existe un vínculo directo entre la situación económica y las tasas de delincuencia. En los últimos 10 años, la tasa de robos cayó solo temporalmente en 2013 (cuando el Gobierno de Ruhani tomó el poder) y en 2016 (justo después de la firma del PAIC), mientras que aumentó en otros años. La tasa de robos aumentó en un 30% en 2018, cuando Estados Unidos se retiró del PAIC. La situación económica actual de Irán sugiere que es probable que las tasas de criminalidad aumenten en el futuro.

Migración

La crisis económica, el cierre de las comunicaciones nacionales y extranjeras, y las sanciones de Estados Unidos llevaron a un aumento en la migración de estudiantes e inversores iraníes a países extranjeros. La inmigración iraní a Turquía se triplicó en los últimos cinco años. En 2019, cerca de 42 mil inmigrantes con ciudadanía iraní entraron en Turquía. Esto resultó en 100 mil millones de dólares en salidas de capital de Irán entre 2017 y 2019. Las estadísticas de los últimos cuatro años muestran que “los iraníes establecieron más de 2.700 empresas en Turquía y compraron más de 13 mil casas y apartamentos” en dicho país.

Una perspectiva crítica

En conjunto, los factores destacados anteriormente sugieren una perspectiva crítica para Irán. Algunos de estos factores, como las sanciones, tienen raíces externas que tienen un impacto significativo en los problemas económicos. No obstante, la mayoría de estas crisis son el resultado de una mala gestión dentro de Irán. La participación de organizaciones militares y de seguridad en los asuntos económicos, la falta de instituciones civiles independientes y poderosas distintas de las políticas, la corrupción sistemática y a gran escala, así como la estructura política de Irán (que está dominada por el Ejército, las organizaciones de inteligencia y una élite clerical) están empujando al país más cerca del colapso social y económico o incluso de la desintegración día a día.

Para escapar de esta crisis inminente, Irán primero necesita que se levanten las sanciones. Varias de las crisis que enfrenta el país tienen su origen en la situación económica, el nivel de pobreza y la falta de recursos adecuados para el desarrollo, la educación y la infraestructura productiva. Estos deben abordarse posteriormente. En la siguiente fase, el país debe desarrollar instituciones civiles robustas, garantizar la libertad de información, llevar a cabo la lucha contra la corrupción e implementar la meritocracia, todo lo cual ayudará a Irán a volver a la senda del desarrollo en las próximas décadas.

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Mohammad Hossein Ziya es un consultor e investigador estratégico involucrado en la investigación política y social, el análisis electoral y las campañas en las redes sociales. Ha sido el editor en jefe de Saham News desde 2010 y es un académico no residente del Programa de Irán de MEI.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Middle East Institute el 16 de septiembre de 2021.