Los árabes desde Alejandro Magno hasta las conquistas islámicas: percepciones orientalistas y conflictos contemporáneos

Por Redacción para Jadaliyya

En Tierra Santa, Sirios, Idumeos, Árabes, Egipcios y Nubios [Louis Haghe / Creative Commons]

Cuanto más se desarrolla esta historiografía, con sus contradicciones, intrusiones políticas, prejuicios y mecanismos académicos, más claro se vuelve que sin una nueva interpretación más objetiva (y por lo tanto también menos racista) de las fuentes de este período de la historia, una re imaginación de la relación entre los árabes y Occidente permanece fuera de alcance.

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Entrevista a Ayad al Ani, y su última obra The Arabs from Alexander the Great until the Islamic Conquests: Orientalist Perceptions and Contemporary Conflicts, (Los árabes desde Alejandro Magno hasta las conquistas islámicas: percepciones orientalistas y conflictos contemporáneos)

– ¿Qué te hizo escribir este libro?

– Mi objetivo inicial era estudiar el período entre Alejandro Magno y la llegada del Islam. Quería entender el rol que jugaron los árabes en el conflicto entre Roma y Persia, un conflicto fundamental que en muchos sentidos todavía está en curso en la zona que entonces era Oriens, la diócesis romana de Oriente. Para mi asombro, quedó claro que el período en cuestión fue formativo para sentar las bases de las percepciones occidentales actuales de los árabes. También —como era de esperar y no sin relación alguna— la historia de los árabes antes del Islam fue, y todavía parece ser, un campo de erudición exclusivamente occidental. Los historiadores árabes en su mayor parte fueron excluidos de la construcción de esa historia, y sus contribuciones fueron descartadas como sesgadas y poco científicas. Esta regulación sutil, a veces no tan sutil, puede explicarse en el contexto de mil años de historia que, paradójicamente, no encaja fácilmente en el paradigma antagónico del ‘choque de culturas’.

Sin embargo, existen fuentes que permiten una visión alternativa: que los árabes no eran un grupo oscuro que entró repentinamente en la historia con un libro religioso compuesto en un lenguaje y una escritura inexplicablemente sofisticados, sino que puede ser considerado como una ‘Kulturnation’ mucho antes del Islam. (N.d.T.: la palabra de origen alemán Kulturnation expresa, un nacionalismo cultural en donde el nacionalismo se define por una cultura compartida y un idioma común, en lugar de los conceptos de ascendencia o etnia en común).

Según este punto de vista, los árabes tuvieron contacto y conocimiento con el monoteísmo durante siglos y estaban profundamente arraigados en el mundo helenístico y romano como ciudadanos, científicos, senadores, césares, guerreros, santos y papas- mientras se aferraban a su identidad semítica subyacente. Este punto de vista difícilmente puede conciliarse con la percepción de los árabes como los ‘Otros’. Su aceptación se vio obstaculizada por el hecho de que las narrativas dominantes del período generalmente fueron deconstruyendo a los árabes antes del Islam en varias civilizaciones distintas sin el concepto de su propia ‘arabidad’, donde todos hablan diferentes idiomas y sin un papel significativo en el Imperio Romano de Oriente. Desde este punto de vista, su éxito casi simultáneo contra Roma y Persia sigue siendo en gran parte misterioso. Como concluyó Philip Hitti: “¿Quiénes estaban viviendo en ese periodo podrían haber adivinado que tal suceso estaba dentro del ámbito de las posibilidades?”.

Cuanto más se despliega esta historiografía, con sus contradicciones, intrusiones políticas, sesgos y mecanismos académicos, más claro se vuelve que sin una nueva y más objetiva (y por lo tanto también menos racista) fuentes de este período de la historia, una re imaginación de la relación entre los árabes y Occidente permanece fuera de alcance. Los árabes seguirán siendo descritos como antagonistas periféricos inferiores que fueron y están excluidos del núcleo político. Fue esta conclusión la que proporcionó el ímpetu para escribir la versión original en alemán del libro, en medio de la crisis de los refugiados, y ahora la edición internacional actualizada y mejorada en tiempos de graves trastornos en la región.

– ¿Qué temas, problemas y literatura en particular aborda el libro?

– El libro cubre desde el surgimiento de una esfera árabe de política, cultura, religión y lenguaje antes del Islam. La presencia de árabes romanos y foederati viviendo en algunos de los centros metropolitanos más importantes de la antigüedad tardía sentó las bases para las conquistas islámicas de estas áreas; sin ellos, el imperio árabe nunca habría sido factible. Para describir estos grupos, el libro también se centra en los problemas asociados con la definición del término ‘árabe’ y el concepto de cultura, idioma y escritura ‘árabe’ antes del Islam. Muchas fuentes occidentales etiquetan la etnia de estos grupos de manera diferente; los dialectos locales del árabe se tratan como idiomas separados y se oscurecen las raíces étnicas de muchos Rhomaioi árabes. Aquellos que intentan argumentar que había una esfera árabe integrada antes del Islam se topan con la narrativa predominante de las etnias y los idiomas semíticos, en lugar de árabes. Sin embargo, la existencia de una Kulturnation árabe antes del Islam explica con creces la integración ‘fácil’ de Roman Oriens en el imperio islámico y arroja una luz fascinante sobre ‘Oriente y Roma’: el resplandor de mil años de historia común que duró siglos después de la caída de Roma en el este.

Cuando investigamos por qué se minimizo la importancia de la esfera árabe antes del Islam, surgen dos razones principales. Primero, la pérdida del corazón cristiano en Oriens fue profundamente traumática para el cristianismo, que necesitaba ser refundado como religión occidental. Para que esto tuviera éxito, sus conexiones con Oriente tuvieron que ser descuidadas o ignoradas, y los árabes tuvieron que ser reformulados como el ‘Otro’, una etnia inferior que conquistó el Oriente romano. ‘Por sigilo y engaño’ (Kaegi) contra un imperio superior y más sofisticado. En segundo lugar, esta perspectiva, basada en el miedo y la arrogancia, tiene claros matices racistas. El cristianismo, como concepto ahora principalmente occidental, fue asimilado con el ‘espíritu europeo’, creando un papel peculiar para la ciencia: donde el espíritu europeo “somete al mundo exterior a sus propósitos con una energía que le ha asegurado el dominio del mundo”. (Hegel) Sorprendentemente, a pesar de estos poderosos mecanismos, muchos académicos occidentales mantuvieron una visión más integradora de la historia de la región hasta la Gran Guerra, que culminó con los intentos alemanes de unir fuerzas con el Islam y fomentar una Jihad contra los británicos. En un extraño giro,  después de la Gran Guerra, surgió la idea de que la degeneración de Europa estaba relacionada de alguna manera con los efectos de la invasión islámica en el siglo VII, que sustituyó “la rugosidad franca por el antiguo brillo mediterráneo”. (Fowden)  Entonces, se podría culpar al Islam y a los árabes por destruir el antiguo orden. Y, por extensión, también podrían ser considerados responsables de la matanza y la guerra en la propia Europa, absolviendo la culpa a las potencias occidentales.

Estas son las perspectivas y temas que el libro busca abordar: una combinación de análisis histórico y reflexiones políticas que vinculan este período lejano a nuestro pensamiento actual.

– ¿Cómo se relaciona este libro con tu trabajo anterior o se aparta de él?

– En muchos de mis trabajos, me enfoco en el cambio institucional. Pero esta es la primera vez que utilizó el análisis histórico para comprender el marco político, cultural y religioso que dirige tales transiciones. Para hacerlo, tuve que ‘recapitular’ el análisis histórico hasta cierto punto, de modo que el lector pueda captar el significado de los eventos y procesos discutidos. También tuve que evaluar diferentes interpretaciones históricas y conceptos lingüísticos tanto desde dentro de la comunidad histórica dominante como desde fuera de ella, lo que siempre es un riesgo. Escribir un libro político sobre historia es un desafío y una lección de humildad en el sentido de que se deben evaluar las interpretaciones históricas, donde se deben presentar otras nuevas, lo que traspasa las fronteras académicas. Esto es aún más cierto cuando se consideran también las intenciones políticas y los antecedentes de los propios historiadores. Vi esto como un desafío, pero se puede decir que, un estudio como este, solo puede ser escrito por un no historiador. Debo admitir que a veces me frustraba la excesiva confianza en mí mismo de algunas de las interpretaciones históricas tradicionales con las que estaba tratando. Y me impresionaron y a veces me inquietaron las fuerzas invisibles que impiden que surjan puntos de vista alternativos, incluso cuando las narrativas actuales son claramente insatisfactorias. Nunca he experimentado esto en ninguno de mis otros trabajos.

– ¿Quién esperas que lea este libro y qué tipo de impacto te gustaría que tuviera?

– En general, creo que el libro debería ser relevante para cualquiera que esté interesado en las relaciones occidentales-árabes. Curiosamente, esa relación todavía está determinada, perseguida y sostenida por aspectos del período de la historia que se cubre en este estudio. La ciencia también juega un papel importante en la contribución de imágenes, percepciones y sesgos a esta relación. Los estudiantes del Medio Oriente también podrían obtener información sobre cómo la llegada del Islam se vio afectada por las realidades culturales, religiosas y políticas del Oriente romano. Los historiadores pueden apreciar algunas perspectivas, conceptos (es decir, el papel del imaginario) e interpretaciones alternativas que incluyen voces árabes. Mis esperanzas y deseos para el impacto del libro son dobles: primero, una mejor apreciación de cómo el período bajo investigación todavía da forma a nuestras realidades políticas; en segundo lugar, una mejor consideración de cómo la escritura histórica convencional de este período se ve afectada y moldeada por estos eventos e influye en las percepciones de los árabes y su relación con Occidente.

– ¿En qué otros proyectos estás trabajando ahora?

– Junto con Carsten Siebert de la Academia Barenboim-Said, estoy trabajando actualmente en un proyecto para ayudar a las instituciones culturales árabes a digitalizar sus artefactos e investigaciones. Esta plataforma conectará a los museos de la región, lo que permitirá el intercambio de experiencia y ayudará a construir una base de datos de bienes y etiquetas culturales. Las instituciones también podrán cargar sus activos digitales en la plataforma, que luego podría funcionar como una especie de Wiki cultural árabe que permita a cualquiera acceder a sus artefactos e investigaciones sin restricciones.

Extracto del libro (de «Los árabes desaparecidos antes del Islam: más allá del orientalismo. Prefacio a la edición internacional», págs. VII-XI)

Este no es un libro de historia convencional. Es más bien un estudio de la sociología de la escritura histórica sobre un período que, aunque bastante distante en el tiempo (330 a.C. a 670 d.C.), todavía influye en el discurso político sobre el mundo árabe, y especialmente en la relación entre Occidente y Oriente Medio. Este libro se centra en el enigma de la desaparición de los árabes de la historia antes del Islam, su repentina aparición detrás de las banderas del Profeta, y el efecto poderoso y traumático que ha tenido esta aparición en la historia mundial en la relación entre los árabes y Occidente.

Aunque la narrativa histórica occidental dominante no ve a los árabes antes del Islam como una fuerza política o cultural, ni siquiera como miembros de una unidad cultural definida, los historiadores árabes y las fuentes occidentales más tradicionales permiten una imagen bastante diferente una vez se eliminan las etiquetas engañosas u oscuras. En este estudio, Arabia y los árabes aparecen como una región y un pueblo que disfrutó de una considerable cohesión lingüística, cultural, religiosa y política siglos antes del Islam. La aparición del Profeta fue, desde esta perspectiva, la culminación de un proceso histórico que ya llevaba mucho tiempo en marcha – quizás retrasado por la interferencia romana en Oriente y el establecimiento de la diócesis romana de Oriens, pero también reforzado por la cultura helenística-romana y el pensamiento religioso. En este escenario, el surgimiento del Islam no es de ninguna manera sorprendente ni necesita explicación como una falsificación retrospectiva, como diría la escuela revisionista.

Descubrir este proceso histórico implica responder a dos preguntas: ¿cuál fue la historia de los árabes preislámicos bajo sus gobernantes helenísticos y romanos, y por qué ha desaparecido esa historia?

Existe evidencia de que los árabes, bajo diferentes nombres y etiquetas (semitas, sarracenos, barbaroi, indignae…), eran de hecho una especie de unión consolidada con una conciencia cultural compartida, aunque, por supuesto, no en la forma de una nación árabe en el sentido moderno. La situación era quizás similar a la de las tribus germánicas, que no se habrían descrito a sí mismas como ‘germánicas’, aunque eran conscientes de sus características compartidas, y también fueron claras para los romanos que lucharon y colonizaron. Aunque pueda parecer sorprendente en el contexto de las actitudes contemporáneas hacia el Medio Oriente, esta Kulturnación árabe estuvo estrechamente integrada política y culturalmente en el mundo helenístico-romano. Es más – contrariamente a la opinión prevaleciente actual – los propios griegos eran muy conscientes de que una parte considerable de su propia cultura se había originado en el Medio Oriente y África. Las regiones griega y árabe no eran polos antagónicos, sino esferas que se influían mutuamente – como cabría esperar de los sistemas culturales que habían estado interactuando durante muchos siglos. Esto nos permite dejar atrás la idea de ‘Oriente o Roma’, la creencia de que Roma y Oriente eran elementos de diferentes sistemas históricos. En cambio, podemos mostrar que tal creencia es el resultado de las circunstancias políticas y culturales actuales que se proyectan hacia el pasado.

¿Por qué desapareció esta historia? Aunque el período ciertamente no fue una ‘edad oscura’ con fuentes silenciosas y escasos restos arqueológicos, parece haber un deseo de deconstruir el mundo árabe en elementos más pequeños  – culturas, civilizaciones e idiomas locales o regionales –que dificultan la identificación de una esfera árabe más amplia, un área de lengua y cultura árabes compartidas. La victoria árabe sobre Roma y la pérdida del corazón cristiano en Oriente Medio, sellada por las cruzadas infructuosas algunos siglos después, fue una experiencia traumática para Occidente. El cristianismo tuvo que ser reinventado y redefinido como religión occidental. De repente, la experiencia histórica conjunta de Oriente y Occidente, sus raíces comunes e intercambios culturales, se convirtió en una carga. Como mostró Edward Said, los árabes debían ser vistos como diferentes, como un ‘Otro’.

Esto dio lugar a dos reacciones. Primero, los árabes y su larga historia de interacción con el mundo helenístico-romano tuvieron que ser suprimidos. En segundo lugar, el éxito militar de los árabes contra Roma y el cristianismo en el siglo VII tuvo que explicarse como un aprovechamiento oportunista de un ‘momento crítico’. O incluso como resultado de estrategias deshonestas utilizadas contra un poder por lo demás más sofisticado y superior desde el punto de vista cultural y religioso. La integración y participación árabe en el mundo grecorromano no tenía cabida en esta narrativa. Cuando Occidente comenzó a regresar a Oriente en el siglo XVIII, la idea imperialista y colonial fue legitimada por la creencia en la superioridad de la cultura y religión occidentales. Los emperadores, senadores y científicos romanos étnicamente árabes eran una clara contradicción e incluso un impedimento en este contexto, que también vio el surgimiento de un antisemitismo intelectual que reforzó aún más los procesos y actitudes subyacentes.

Por supuesto, la historia no se puede suprimir por completo y quedaron recuerdos. Para fortalecer la idea de la superioridad occidental contra un adversario que alguna vez fue y quizás todavía peligroso. Las imágenes negativas de los árabes preislámicos fueron absorbidas por la narrativa del ‘Choque de culturas’ introducida por el orientalista Bernard Lewis en la década de 1990. Como muestra este libro, estas imágenes negativas son el resultado de un enfoque altamente selectivo de las fuentes históricas que, en realidad, retratan una situación mucho más matizada. Los árabes aparecen en estas fuentes como aliados y ciudadanos romanos, ligados a Roma en una relación difícil y compleja en la que el cristianismo jugó un papel importante. El trabajo pionero de Edwards Said sobre Orientalismo y sus argumentos ahora se pueden actualizar: la representación del árabe como un ‘Otro’ fue un paso necesario en el proceso de silenciar mil años de estrecha interacción entre las culturas árabe y grecorromana. La imagen de los árabes como bárbaros se basa selectivamente en fuentes históricas que han sido despojadas de su contexto, ocultando las circunstancias y actitudes individuales de sus escritores hacia los árabes.

Al menos, este libro debería poner a disposición un tramo fascinante de la historia que parece contradecir los puntos de vista actuales sobre la relación árabe-occidental. ¿Cuáles son estas poderosas fuentes -podríamos preguntarnos- que son capaces de dar forma a narrativas históricas de una manera tan específica y antagónica, a pesar de que las fuentes tradicionales occidentales fueron capaces de admitir otras explicaciones? Si la escritura de la historia depende – incluso de lo que tal vez deseamos o imaginamos  – de la interpretación, la interpretación misma siempre está moldeada por las actitudes, valores y motivos del comentarista. Además, como muestra este libro, las interpretaciones, una vez puestas en marcha, se refuerzan con métodos científicos que deconstruyen el campo en piezas más pequeñas, profundizando en áreas temáticas específicas y descuidando el sistema histórico general y larga duración histórica.

Tales conclusiones pueden hacernos sentir incómodos. Si una parte tan significativa de la historia puede ser tan severamente impugnada e interpretada de tantas formas diferentes; si los propios árabes parecen ser incapaces de recuperar su historia, siendo vistos en su mayor parte como extraños a la comunidad científica occidental, ¿Qué esperanza hay para una relación entre el mundo árabe y Occidente que se base en el aprecio, el reconocimiento y la confianza mutuos?

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N.d.T.: El artículo original fue publicado por Jadaliyya el 23 de julio de 2021.