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El Interprete Digital

Música en Egipto en la última década: entre huir y asestar con las autoridades

Por Ahmed Naji para The Tahrir Institute for Middle East Policy

Camión del ejército y soldados en la plaza Tahrir, El Cairo. [Ramy Raoof]/Creative Commons]

Comencé mi carrera en el periodismo hace 17 años. En una serie de incidentes no planeados, terminé cubriendo actividades musicales y la escena de la música contemporánea como mi enfoque principal. 

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En un mundo anterior a 2011, había bastantes regulaciones y limitaciones que controlaban la producción musical en Egipto, entre tres círculos adyacentes no entrelazados: 

El primer círculo es la producción musical oficial. Este círculo incluye la producción financiada por el gobierno o compañías gigantes egipcias o árabes que pueden operar en esta área, como Rotana y Al-Mamlakah, con sede en Arabia Saudita, o Mazzika and Free Music, con sede en Egipto. Este género musical ‘lucrativo’ con fines comerciales es el más cercano a la música pop y, a veces, puede incluir reordenamientos de música clásica como los conciertos de Om Kolthoum y otras canciones inspiradas en la tradición y el patrimonio árabe. Combinada con la música de los nombres más populares como Amr Diab, Nancy Ajram, Mohammad Abdo o incluso Samira Said, esta música ocupa la mayor parte del mercado musical.

El segundo círculo engloba un pequeño número de instituciones culturales financiadas por la comunidad o por la Unión Europea. Estas instituciones, a su vez, financian la producción musical de algunos artistas experimentales o ‘clandestinos’. La cuota de mercado de esta música es bastante pequeña y la única forma de escucharla es asistiendo a las actuaciones de estos cantantes en pequeños teatros. Si bien estas canciones no suelen transmitirse por radio o televisión, son las más cercanas a la cultura egipcia de clase media. Ejemplos de esta música ‘clandestina’,  bandas como Cairokee, Fareeq West Al Balad y Yaseen Hamdan.

El tercer círculo, que es el más extendido de todos y el menos financiado, es el canto ‘shaab’”. Este género no encontró hogar en teatros públicos o privados; más bien, los cantantes de shaabi cantaban a menudo en bodas y teatros callejeros. Y a pesar de la popularidad de sus canciones, no se transmitieron por televisión, sino que estaban ampliamente disponibles en casetes baratos grabados en estudios modestos. Esta música era de fácil acceso en todas partes.

Entonces, sucedió la Revolución del 25 de enero. En ese momento, las plazas públicas de todo el país se convirtieron en un crisol de estos tres círculos de música —lugares donde se instalaron altavoces en cada rincón y donde se invitó a cantar por los altavoces a todo tipo de artistas y cantantes. Mientras caminaba por la plaza Tahrir, seguí notando que las clásicas canciones nacionalistas antiguas de los años sesenta volvían a la vida. Pronto, cantantes ‘clandestinos’ invadieron las plazas e inmediatamente comenzaron a producir canciones que adoptaron la retórica de la Revolución. Mientras tanto, los cantantes pop se mostraron reacios a participar, mientras algunos ya estaban involucrados en respaldar a Mubarak y atacar la Revolución.

Recuerdo muy bien la semana anterior al 11 de febrero. En ese momento, visité la Plaza Tahrir y descubrí que esta nueva canción no identificada se cantaba en todas partes. Más tarde llegó a ser conocida como la canción “mahraganat” “Ya Husni Seebna Haram Aleik” (Husni, por favor déjanos tranquilos). (N.d.T.: la palabra árabe mahraganat denomina el género musical que combina la música popular shaabi y música electrónica). 

Después de que Mubarak dimitió y durante las celebraciones callejeras, vi círculos de jóvenes bailando esta canción. La música no se parecía a ninguna música que hubiera escuchado nunca, y el estilo de baile no se parecía a nada que hubiera visto en mi vida. Mahraganat nació dentro de la Revolución de enero como un subproducto del espíritu y la energía desbordante de la Revolución. Hoy, sin embargo, las patrullas de la policía persiguen a los cantantes de mahraganat, con el apoyo del Sindicato de Músicos.

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La Revolución de Enero socavó las viejas reglas de la producción musical en Egipto: la música comercial y con fines de lucro que siempre había dominado el mercado fue completamente destruida con la caída de Mubarak. Las masas continuaron maldiciendo a los cantantes de este género por su apoyo a Mubarak, y su música cargada de sexualidad y emoción parecía distante de los verdaderos sentimientos de la gente en ese momento. En su reemplazo, la música ‘clandestina’ creció y se elevó por algunas razones. En primer lugar, la Unión Europea y las organizaciones occidentales aumentaron su financiación para estas instituciones.

En segundo lugar, el dominio público estaba abierto y listo para este tipo de música. En lugar de limitarse a pequeños teatros, las actividades musicales se extendieron por todas partes y cada mes se ofrecían una serie de conciertos de ‘Al Fan Midan’ (El arte en la plaza) en diferentes plazas públicas, donde se construiría un escenario y los cantantes ‘clandestinos’ vendrían a cantar en conciertos abiertos de forma gratuita.

Sin embargo, el canto shaabi experimentó una transformación más violenta cuando una nueva ola musical comenzó a crecer en los barrios marginados de las afueras de El Cairo, desplazando así las tradiciones más antiguas de la música popular. La música de boda popular que dependía de una banda y un cantante fue reemplazada por un DJ y un niño que sintetizaba música con una computadora —acompañado de un cantar a un ritmo rápido y violento en un estilo que mezcla el rap con la música tradicional egipcia de bodas.

El instrumento principal en la música mahraganat es la computadora, siendo el teclado las cuerdas figurativas. En lugar de imitar la música electrónica occidentalizada, sintetiza ritmos y golpes orientales en sus melodías. En 2012, escuchamos declaraciones de cantantes de mahraganat como “Somos la música de la calle”. En entrevistas separadas con el artista al-Sadat en ese momento, solía decir “Somos la voz de los desfavorecidos, de los barrios desfavorecidos”. Este discurso parecía estar en armonía con el calor del momento revolucionario mientras las masas cantaban canciones festivas contra el gobierno militar y lloraban a los mártires de las masacres.

Con la llegada de los Hermanos Musulmanes al poder, la escena musical egipcia fue testigo de un estado de miedo e inquietud, con la amenaza de nuevas restricciones. Cuando Abdel Fattah el-Sisi comenzó a cultivar públicamente su imagen como entonces Ministro de Defensa, tuvo un grupo de cantantes y artistas que lo acompañan a donde vaya en una exhibición no tan común, ya sea para explotar su fama o para aparecer como el guardián de la identidad, el arte y la cultura egipcia. Mientras las calles se llenaban de manifestaciones contra los Hermanos Musulmanes y Mohammad Morsi en 2013, se transmitieron por televisión imágenes de el-Sisi inspeccionando una unidad militar, acompañado de cantantes como Muhammad Fuad, Hani Shakir y otros nombres más antiguos del círculo de la música comercial.

Cuando el-Sisi llegó al poder, el estado buscó controlar de inmediato el discurso de los medios desde todos los ángulos. El control de la escena musical fue, por lo tanto, un objetivo principal y se hizo gradualmente a través de algunos procedimientos y pasos legales y de seguridad directos e indirectos.

Esto se hizo primero prohibiendo ‘al Fan Midan’ y obligando a cualquier lugar que pretendiera albergar un evento musical a obtener una serie de autorizaciones y permisos, comenzando con el departamento de bomberos y terminando en el Departamento de Seguridad Nacional. Esa presión empujó a varias organizaciones de artistas, como ‘al Mawrid al Thaqafi’, que dirigía el Teatro al Juneina, a abandonar Egipto y reanudar su trabajo en el Líbano y Jordania. La música ‘clandestina’ enfrentó sucesivos golpes al ser afrontada como una extensión de la Revolución de Enero. Esta situación presionó a varios cantantes y músicos de este género a dejar Egipto después de haber sido directamente amenazados por su música. Los ejemplos incluyen Ramy Essam, Hamza Namira y Abdullah Miniawy —todas voces destacadas en el mundo posterior al 25 de enero y que, por sus canciones y afiliaciones políticas, fueron amenazadas y se exiliaron.

Aquellos que no pudieron viajar por varias razones dejaron de cantar, como Aly Talibab. Por otro lado, quienes continuaron cantando se vieron obligados a veces a renunciar a sus viejas canciones y rehacer sus personajes artísticos de acuerdo con los censores estatales – como Abou que solía cantar a los rebeldes en la plaza Tahrir y luego se convirtió en el cantante ‘oficial’ de los millonarios de el Gouna.

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Cuando El Sisi asumió el cargo y se aprobó la Constitución de 2014, se promulgaron algunas modificaciones en la Ley de Sindicatos de Artes, en base a las cuales cambiaron muchas regulaciones que controlan el trabajo de estas instituciones. El entonces ministro de Justicia Ahmed el-Zend otorgó poderes de investigación judicial al presidente del Sindicato de Músicos, quien a su vez lanzó la guerra contra todo lo nuevo en la escena musical.

Posteriormente, bajo estos poderes judiciales, el presidente del Sindicato de Músicos, o cualquiera que los representara, tenía la autoridad para inspeccionar hoteles y restaurantes y verificar las autorizaciones para cantar o tocar música de cualquier cantante o músico. En este sentido, Hani Shakir y quienes lo rodeaban se convirtieron en una ‘policía de la música y el canto’ que se dirigía principalmente a la música mahraganat con el pretexto de que arruinaba el gusto del público.

Para que alguien se convierta en miembro del Sindicato de Músicos, deberá someterse a una audición ante un comité sindical —uno cuyos gustos se basan en sus tradiciones musicales árabes. Por ejemplo, no reconoce la música rap, hip-hop o mahraganat. En consecuencia, los cantantes de estos géneros enfrentan dificultades para obtener membresías sindicales o permisos para actuar. Algunos cantantes de mahraganat lograron convertirse en miembros del sindicato de músicos registrándose como ‘DJ’ y no como cantantes, mientras que otros trabajan y cantan de manera no oficial e ilícita —los representantes de los sindicatos son susceptibles de recibir sobornos, siempre que no cruce ninguna línea roja en sus elecciones de canciones. A pesar de eso, la música mahraganat siguió creciendo y desarrollándose. Por ejemplo, Hamo Bika, se ubica como uno de los artistas más escuchados, pero tiene prohibido cantar en fiestas públicas o conciertos, por órdenes de Hani Shakir.

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El régimen de al-Sisi tiene un control estricto sobre el mundo de la producción musical. Para poder cantar en Egipto, se necesitaría la autorización y el permiso del Sindicato de Músicos. Además, los temas de las canciones deben ser aprobados previamente y cualquiera que se acerque a cuestiones políticas se marcará y podría conducir a una pena de prisión e incluso a la muerte. El joven director Shadi Habash, fue arrestado con el argumento de que simplemente participó en la filmación de una canción política de Ramy Essam y falleció en prisión. El poeta Galal El-Behairy actualmente cumple una pena de prisión por escribir la canción ‘Balaha’.

Las compañías gigantes de producción musical a las que se les permite operar en Egipto y que hacen las estrellas son financiadas por los países del Golfo o las financiadas y administradas por la inteligencia egipcia, como el Grupo de Medios Egipcios y los Canales DMC. En la mayoría de los casos, estos organismos se encargan de la producción de canciones nacionales y la organización de festivales musicales que acompañan a la inauguración de proyectos de infraestructura de los que al-Sisi se enorgullece. Sin embargo, a pesar de este control del poder en la seguridad y la producción musical, existe una grieta en este muro que podría dar a la música egipcia la oportunidad de florecer y desarrollarse.

Los últimos cinco años en Egipto, por ejemplo, fueron testigos de una mayor popularidad de las plataformas de transmisión de música como Youtube, Spotify y Anghami.

En consecuencia, ahora es posible que cualquier joven egipcio produzca música usando una computadora portátil, grabe en un estudio en casa y cargue canciones en estas plataformas—y tener que cambiar para obtener ingresos basados en flujos. Este nuevo estilo de producción revolucionó la música egipcia, conocida como ‘New Wave’, que mezcla rap y mahraganat con nombres emergentes como Wegz, Marwan Pablo, Abyusif, Sadat, Mostafa 3enba, Double Zuksh, Molotof y Dj Tito.

Todos estos son cantantes y productores de música que eludieron el control de las compañías de música del Golfo y la inteligencia egipcia, y la mayoría de ellos ni siquiera son miembros del Sindicato de Músicos. A pesar de eso, estuvieron a la vanguardia de la escena musical durante el año pasado y su música se convirtió en un elemento básico en el público. También encabezan las listas en línea, y su popularidad e influencia, particularmente en las generaciones emergentes, aumentan constantemente.

La nueva ola de música rap y mahraganat dio nueva vida a la escena musical egipcia. Hasta ahora, el Estado con sus leyes e instituciones no les presta atención. Las plataformas de medios que apoyan al régimen, sin embargo, comenzaron a hablar sobre las fuentes de ingresos de estos jóvenes artistas y las cifras que obtienen a través de la ‘venta de música’ en línea. Tarde o temprano, el gobierno intentará tomar medidas enérgicas en esta escena musical o al menos controlar el dinero que fluye hacia estos músicos a través de plataformas musicales internacionales fuera del control estatal.

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Ahmed Naji es un novelista y periodista afincado en Egipto, que trabaja como editor en el semanario literario Akhbar al-Adab. En 2016, Ahmed fue condenado a 2 años de prisión después de que un lector se quejara de que un extracto publicado en una revista literaria dañaba la moral pública. Su encarcelamiento marca la primera vez en el Egipto moderno que un autor ha sido encarcelado por una obra literaria. Su condena original fue anulada en mayo de 2017.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por The Tahrir Institute for Middle East Policy el 3 de mayo de 2021.