Dinamarca está revocando los permisos de residencia a los solicitantes de asilo sirios y esto no salió de la nada

Por Alice Al Maleh para Syria Untold

Control de policía danesa. [Simon Wedege Petersen/Creative Commons]

Deberíamos estar decepcionados, pero no sorprendidos. En primer lugar, resulta que la decisión de revocar los permisos de residencia tiene menos que ver con la cuestión de si Damasco es seguro y más con la cuestión de cómo se define la ‘seguridad’ en primer lugar. 

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Desde que se le concedió asilo a Aya Abu-Daher en Dinamarca en 2015, hizo todo lo que se esperaba de ella y mucho más: aprendió el idioma, hizo muchos amigos daneses y estaba a solo tres meses de graduarse de la escuela secundaria, con el objetivo de ir a la universidad.

Cuando se supo que a la estudiante de 19 años se le había negado una extensión de su permiso de residencia, se inició una protesta pública. Sus compañeros escribieron una carta abierta al Ministro de Inmigración y el director de su escuela apareció junto a ella en la televisión nacional para defender su derecho a permanecer en Dinamarca. Pronto, la historia de Aya fue seguida por las de Faeza, Akram, Ghalia, Heba y muchas otras más, lo que generó titulares internacionales. Dinamarca se había convertido en el primer país europeo en revocar los permisos de residencia a los sirios, a pesar de las advertencias de la ONU, la UE y Amnistía Internacional.

¿Pero cómo llegamos aquí? La breve, y  la respuesta más común, es que las autoridades danesas publicaron un informe en 2019 en el que consideraban que la ciudad de Damasco era lo suficientemente ‘segura’ para que los sirios regresen, si no son perseguidos personalmente por el régimen de Assad. Sobre la base de las conclusiones de este informe, el Servicio de Inmigración de Dinamarca revocó los permisos de residencia de al menos 94 sirios de Damasco y de la gobernación de Damasco Rural circundante. Algunos todavía están esperando el resultado de sus apelaciones, mientras que al menos 34 ya recibieron sus rechazos finales. Se espera que al menos 500 casos de sirios de estas áreas sean reevaluados este año. Por más impactante que pueda parecer la política de Dinamarca, no surge de la nada. Más bien, la decisión de revocar los permisos de residencia es el resultado de más de seis años de políticas de asilo cada vez más restrictivas que erosionaron, lenta pero seguramente, los derechos de las personas a las que se les otorga protección en Dinamarca.

Para llegar al centro de este problema, debemos remontarnos más allá del informe de 2019, remontándonos a 2014, antes de la llamada ‘crisis de refugiados’ de Europa cuando ésta se encontraba en su apogeo. Tras observar un aumento de los solicitantes de asilo de Siria, el ex gobierno socialdemócrata propuso la adopción de un ‘estatus de protección temporal’, también conocido como artículo 7.3 de la Ley de extranjería de Dinamarca.

Adoptado por el parlamento danés en 2015, este tipo de estatus se otorga a las personas cuya necesidad de protección internacional deriva de una ‘situación particularmente grave’ en su país de origen. Hasta que se introdujo este tipo de estatus, esas personas habían sido elegibles para el estatus de protección regular (estatus 7.2), que en ese momento brindaba cinco años de protección a la par con la protección otorgada a las personas en riesgo de persecución personal (estatus 7.1). El objetivo de introducir el estatus 7.3 era facilitar el envío de estas personas de regreso lo antes posible cuando la guerra terminara. Por esta razón, sólo se otorga una vez al año. El mensaje fue claro: los sirios que huyen de la ‘situación general’ no deben contar con un futuro duradero en Dinamarca. Este es el tipo de protección que Aya Abu-Daher y muchos de los otros sirios recientemente rechazados tuvieron.

En la actualidad, lo que quizás sea aún más crucial para la decisión de revocar los permisos de residencia de los sirios originarios de Damasco, son los comentarios escritos que acompañaron a la ley de 2015. Tomando nota de una sentencia de 2011 del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, presenta  observaciones que establecen que un permiso de residencia basado en la situación general en el país de origen puede ser revocado si la situación ha mejorado—aunque la situación “siga siendo grave, frágil e impredecible”. Resulta que la decisión de revocar los permisos de residencia tiene menos que ver con la cuestión de si Damasco es seguro y más con la cuestión de cómo se define la ‘seguridad’.  Y ahí lo tenemos: la barra de las autoridades danesas es simplemente mucho más baja que la de todos los demás en lo que respecta al regreso de los refugiados.

Por eso, cuando la primera ministra danesa Mette Frederiksen sostiene que las decisiones de revocar los permisos de residencia son ‘lógicas’, en realidad tiene razón. Tienen sentido ‘lógico’ y legal porque se basan en una legislación que desde el principio se elaboró con este mismo propósito en mente. Pero el estatus de protección temporal fue solo el comienzo.

En los años transcurridos desde 2015, el posterior gobierno de derecha continuó en esta línea, implementando una amplia gama de políticas de inmigración restrictivas. Con Inger Støjberg a cargo como Ministra de Inmigración —conocida por sus sentimientos antiinmigrantes e islamofobicos sin filtro— el gobierno restringió el acceso a la reunificación familiar, acortó la duración de los otros permisos de residencia e hizo casi imposible adquirir la residencia permanente, sin importar la ciudadanía. Estos son solo algunos ejemplos.

Estos cambios finalmente se consolidaron en 2019, con la adopción del llamado “cambio de paradigma”: un conjunto de enmiendas a la Ley de Extranjería que renombró la política de asilo danesa reemplazando total y explícitamente el objetivo de integración con un enfoque en la temporalidad y eventual deportación.

Para Aya Abu-Daher y otros, esta política significa que no importa qué tan fluido sea su danés, qué nivel de educación alcancen, cuántos amigos daneses tienen y en cuántas organizaciones de la sociedad civil participan, sus esfuerzos por integrarse en la sociedad danesa no serán recompensados con un permiso de residencia. Si bien la idea de que la protección debe ser temporal puede parecer lógica en el papel, la realidad es diferente. La mayoría de las guerras duran más de un año, o cinco años para el caso. Como consecuencia, el sentido de temporalidad que impregnó todos los aspectos de la política de asilo danesa desde 2015 dejó a las personas con estatus de refugiado en un estado de miedo e incertidumbre constantes sobre su futuro durante un período de tiempo indefinido. Para algunos de mis propios amigos sirios en Dinamarca, las decisiones de revocar los permisos simplemente marcan la culminación de seis años de lenta asfixia y guerra psicológica en ellos. Uno de los elementos centrales de esta política era que las autoridades debían prestar una atención mínima al grado de apego del solicitante a la sociedad danesa al evaluar estos casos.

Y es una guerra que ni siquiera termina con la revocación de sus permisos. Como el resto de la UE, el gobierno danés no cooperará con el régimen de Assad en retornos forzosos en ningún futuro previsible. En cambio, las autoridades se basan en las llamadas ‘medidas de motivación’ para presionar a los sirios para que regresen ‘voluntariamente’. Esto significa que estas personas terminarán varadas en desolados centros de deportación durante años, sino décadas. Atrapado entre un país que los matará si regresan y otro que los matará si se quedan, aunque más lentamente.

Aún así, dentro de la comunidad de sirios y sus afiliados, la creciente sensación de desesperación e ira se mezcla con fugaces destellos de esperanza. Las historias de Aya Abu-Daher y los demás parecen haber funcionado como una llamada de atención. Al desplazarme hacia abajo en mis comentarios de Facebook en los últimos días, ahora veo las fotos de perfil de muchos de mis amigos rodeadas por un marco rojo y azul que dice: “detengan las deportaciones de sirios”. La cantidad de nuevos grupos de Facebook que apoyan a los sirios se disparó, y una petición para una política de asilo más humana pasó de un par de miles de firmas a más de 30.000 en cuestión de semanas. Algo parece haber cambiado, y creo que existe un impulso para hacer retroceder estas políticas en este momento. Pero si queremos cambiar algo, debemos entender que existe mucho más en juego que la simple pregunta de sí Damasco es seguro, o no. Necesitamos entender a qué nos enfrentamos.

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Alice Al Maleh es estudiante de Estudios de Desarrollo Internacional y Cruces Culturales, con sede en Copenhague. Trabajó en proyectos de educación sobre el desplazamiento forzado y los derechos de los refugiados e investigó el desarrollo de las políticas de asilo danesas desde 2015.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Syria Untold el 19 de abril de 2021.