La OPEP+ y el rol de Irán

Por Nikolay Kozhanov para Middle East Institute

Oficinas Centrales de la OPEP. [Alex.Ch/Creative Commons]

En vísperas de la reunión OPEP+ (Organización de Países Exportadores de Petróleo) de julio de 2021, se esperaba que la amenaza inminente del regreso de Irán al mercado petrolero obligaría al cartel a reconsiderar sus planes. Estos tenían que ver con el aumento de la producción para reducir los volúmenes que se llevarían al mercado en la segunda mitad del año.

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También preocupaba que el ‘factor iraní’ desatara un nuevo conflicto entre Arabia Saudita, que podría usar la amenaza de los barriles adicionales de Teherán para justificar la moderación en el crecimiento de la producción por parte de la OPEP+, y Rusia, cuyo liderazgo va en aumento.

En cambio, estalló una nueva crisis en los Emiratos Árabes Unidos. El gobierno se negó a apoyar la idea de extender el acuerdo actual sobre restricciones de producción hasta finales de 2022, así como a aprobar el aumento gradual en 2 millones de barriles diarios (mbpd) para el cierre del año.

Curiosamente, el factor iraní resultó ser algo irrelevante para la disputa. El liderazgo de los Emiratos estaba simplemente frustrado por el hecho de que otros miembros de la organización habían ignorado su abierta insatisfacción con la distribución de las cuotas de producción.

El espectro del petróleo iraní

Desde la elección de Joe Biden como presidente de los EEUU, y el comienzo de las negociaciones de Viena sobre la restauración del acuerdo Nuclear con Irán (2015), conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), Teherán estuvo en el centro de la escena en muchas ocasiones. La discusión sobre el futuro del mercado petrolero no fue una excepción, analizándose varios factores:

  • La errónea expectativa de la comunidad internacional de que el JCPOA se restablecería a fines de mayo o mediados de junio. Esto resultaría en el levantamiento del embargo petrolero y la liberación de varios millones de barriles al mercado.
  • Las especulaciones de los funcionarios iraníes y la comunidad de expertos sobre la disposición del país para aumentar la producción de 2,45 mbpd (en mayo de 2021) a 3,8 mbpd (nivel previo a las sanciones) o incluso superar este nivel en un máximo de 90 días.
  • La información controvertida sobre las grandes reservas petroleras acumuladas por los iraníes en instalaciones: hasta 54 millones de barriles, incluidos 20 millones en los depósitos aduaneros chinos, y hasta 65-75 millones en camiones cisterna que Teherán está listo para llevar al mercado si se levantaran las restricciones.
  • Recuerda que la retirada de Irán del mercado petrolero, bajo la presión de las sanciones, aumentó parcialmente la eficacia del mecanismo de cuotas utilizado por la OPEP+ en 2018-19. Esto implica que el posterior regreso de Teherán también podría socavarlo.

Todo esto creó el mito de que el levantamiento del embargo petrolero conduciría a un exceso inmediato de la disponibilidad de recursos. Como consecuencia, implicaría una caída de los precios y una mayor volatilidad del mercado. Sin embargo, el peligro de una ‘lluvia de crudo iraní’, podría ser exagerada.

¿Es tan importante el factor iraní?

En primer lugar, las negociaciones en Viena demostraron que no hay razón para esperar que se levante el embargo del petróleo en el corto plazo. Tanto el lado estadounidense como el iraní quisieran conseguir un acuerdo nuclear que satisficiera al máximo tanto a la élite política como a sus electores. Para lograrlo, están dispuestos a dedicar todo el tiempo que sea necesario, buscando un término medio entre ideas claramente diferentes sobre el “JCPOA ideal”.

Al mismo tiempo, permanece abierta la pregunta sobre qué tan rápido la industria iraní podría aumentar el nivel de producción después de la firma de un nuevo acuerdo. Es importante tener en cuenta la calidad del equipo persa y su alto grado de desgaste. Asimismo considerar el hecho de que durante las últimas décadas el envejecimiento y la disminución natural de la producción de los principales campos fueron los desafíos más grandes para la industria local.

Las sanciones impuestas ralentizaron significativamente la implementación de medidas —incluidos los programas mejorados de recuperación petrolero— para hacer frente a la caída de la producción, mientras que las que aún se están implementando no mostrarán resultados antes de 2023.

En consecuencia, las estimaciones de algunos expertos de que Irán es capaz de alcanzar una producción de más de 4 mbpd en un período de 1 a 3 meses parece inverosímil. No hay razón para no creer las estimaciones de la Agencia Internacional de Energía, confirmadas por especialistas independientes, de que Irán tardará un año en lograr esos niveles.

En segundo lugar, existen dudas sobre el volumen de exportación adicional que representaría Irán. En teoría, un aumento en la producción a 3,8 mbpd podría ayudar a Teherán a impulsar el comercio de los 0,8 mbpd actuales a 2,5 mbpd (es decir, 1,7 mbpd). Sin embargo, estas estimaciones se basan en los resultados del período 2015-2018. No toman en cuenta el crecimiento del consumo interno (debido al desarrollo de la industria petroquímica), ni consideran los volúmenes reales que ya suministra a China, y posiblemente, a India, eludiendo las sanciones.

Por lo tanto, teniendo en cuenta la información sobre el crecimiento de las exportaciones de petróleo “gris” iraní a Asia durante la primavera de 2021, los volúmenes actuales de las ventas podrían alcanzar 1-1,2 mbpd. Esto reduciría el potencial de crecimiento a aproximadamente 1,3-1,5 mbpd (suponiendo que la producción total sea de 3,8 mbpd), que no es un volumen tan grande.

En tercer lugar, es obvio que Estados Unidos no levantará todas las sanciones impuestas contra Irán. Esto significa que Teherán puede seguir teniendo problemas con el acceso al sistema financiero internacional, así como a los servicios de seguros y fletes marítimos, manteniendo su imagen de país tóxico para hacer negocios. Como consecuencia, llevará más tiempo de lo habitual restaurar las conexiones perdidas con los consumidores y desarrollar nuevas redes comerciales. 

El regreso de Irán al mercado petrolero, incluida la venta de sus reservas acumuladas, será lento. En otras palabras, no se espera una “lluvia de crudo” inmediata.

En cuarto lugar, los pronósticos positivos actuales de recuperación económica mundial predicen el crecimiento de la demanda de petróleo (incluido el regreso a los niveles anteriores al COVID para 2023) que probablemente contrarrestará la inestabilidad de precios causada por el regreso de Teherán.

En mayo de 2021, el mercado ya tenía un déficit de al menos 1 mbpd que se supone que crecerá si la OPEP + no toma ninguna medida. Además, desde una perspectiva a largo plazo, no todos los miembros de la OPEP + (por ejemplo, Angola, Argelia y Nigeria) pueden volver al nivel de producción de octubre de 2018 tomado como línea de base para las cuotas actuales, dejando espacio adicional para Irán.

Finalmente, no todos los miembros de la OPEP+ ven el regreso de Irán como un desastre. Varios países, en primer lugar Rusia, temen sobrecalentar el mercado y su posible desestabilización si los precios actuales continúan subiendo acompañados de un modesto aumento de la oferta. Sin embargo, por varias razones, no quieren entrar en conflicto con Arabia Saudita que está presionando para que aumenten los precios del petróleo.

En estas circunstancias, el regreso de Irán se considera una panacea segura que, al menos temporalmente, puede evitar que el mercado se sobrecaliente sin dar lugar a una lucha activa por las cuotas de producción.

Comodín

En general, es poco probable que el regreso de Irán dé lugar a una confusión a largo plazo en el mercado mundial petrolero. El único peligro del factor iraní es su imprevisibilidad. Por el momento, la economía de Teherán es un zombie: no puede desarrollarse de forma activa y sostenible, pero aún así puede garantizar las necesidades básicas del país. En consecuencia, los negociadores persas quieren levantar las sanciones, pero creen que pueden darse el lujo de tomarse su tiempo para alcanzar el mejor acuerdo con Estados Unidos.

La elección en junio de 22021 del conservador Ebrahim Raisi a la presidencia solo exacerbará la lentitud de las negociaciones. Como resultado, es muy probable que se levante las sanciones, pero nadie puede predecir exactamente cuándo ocurrirá. Esto, a su vez, refuerza el factor de incertidumbre en el mercado petrolero.

No solo por Irán

La gestión “inesperada” de los Emiratos en la reciente reunión de la OPEP+ sirvió como recordatorio de lo peligroso que es centrarse en un solo factor que afecta la toma de decisiones del cartel. En lugar de ello, el comportamiento de la organización está determinado por una serie de impulsores, de los cuales, “el factor iraní” es solo uno más.

Además, no siempre es posible tener en cuenta todas las fuerzas impulsoras debido a su diversidad e impacto en constante cambio. En esta ocasión, un factor interno parecía tener la mayor importancia: la OPEP+ está lejos de ser homogénea tanto en términos de las condiciones en las que se ubican los jugadores, como en términos del resultado final que buscan.

El principal beneficiario del aumento de las cuotas de producción de petróleo en mayo-julio de 2021 fue Arabia Saudita, mientras que los Emiratos Árabes Unidos incrementaron la producción sólo marginalmente.

A su vez, la elección de las cuotas de producción de octubre de 2018 durante la reunión de la OPEP+ de abril de 2020 fue por defecto injusta para los Emiratos Árabes Unidos, cuya capacidad se situó en 3,9 mbpd frente a 3,2 mbpd en octubre de 2018. Abu Dhabi como miembro del equipo, aceptó las reglas del juego pero no recibió el beneplácito de los otros miembros. Esta situación generó una nueva bomba de tiempo que explotó en julio de este año.

La importancia de la discordia interna entre la OPEP+ sólo aumentará, dejando de lado el factor Irán. Atormentados por la idea del inminente fin de la era del petróleo, los productores intentarán monetizar sus reservas de la manera más rentable y rápida posible. En este contexto, las cuotas existentes pueden percibirse como un obstáculo significativo (aunque necesario) para lograr este objetivo.

También hay otros factores sistémicos que deben descartarse. Es demasiado pronto para descontar el factor Covid-19, que actualmente se ve ensombrecido por los pronósticos positivos de una recuperación económica mundial. Sin embargo, la aparición de nuevas cepas del Covid-19 y el deterioro de la situación sanitaria en ciertas partes del mundo sugiere que este factor aún puede desempeñar un papel importante en la conformación de la demanda.

Finalmente, a largo plazo, la industria del esquisto de EEUU también podría recuperar su importancia para la OPEP +. En 2021, ya demostraron que pueden generar un flujo de caja libre sostenible, superando así uno de los problemas tradicionales relacionados con el alto nivel de deuda y endeudamiento del que dependen. Esto a su vez, hace que los analistas hablen del inicio de una nueva era de esquisto que podría representar una amenaza para los productos convencionales.

En estas circunstancias, el factor iraní no parece ser el problema clave en el horizonte. Sigue siendo un comodín, pero es una carta que solo se puede jugar una vez y durante un corto período de tiempo.

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Nikolay Kozhanov es Investigador y Profesor Asociado en el Centro de Estudios del Golfo, Universidad de Qatar, y Miembro No Asociado del Programa de Economía y Energía del Middle East Institute. Sus investigaciones se centran en la geopolítica energética del Golfo, política exterior de Rusia en el Medio Oriente e Irán.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Middle East Institute el 6 de julio de 2021.