Encarcelado, Barghouti tiene la llave del futuro de Fatah

Por Ramzy Baroud para Arab News

Mural de Marwan Barghouti pintado sobre el ‘Muro de Separación’ construido por Israel en los Territorios Ocupados palestinos. [SP Foto/Creative Commons]

Si el líder palestino que se encuentra detenido, Marwan Barghouti, se convierte en presidente de la Autoridad Palestina (AP), el status quo cambiará sustancialmente. Para Israel, así como para el actual presidente de la AP, Mahmoud Abbas, dicho escenario es incluso más peligroso que el de un Hamas fortalecido presentándose a las próximas elecciones parlamentarias palestinas.

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Demoradas por mucho tiempo, las elecciones ahora reprogramadas para el 22 de mayo las parlamentarias y para el 31 de julio la presidencial, no solo representarán un momento decisivo para el fracturado cuerpo político palestino, sino también para Fatah, que dominó la AP desde su creación en 1994. Bajo Abbas, este movimiento que alguna vez fue revolucionario se convirtió en una cáscara vacía de lo que fue. Su único reclamo de legitimidad fue una elección pobremente disputada en enero de 2005 tras la muerte del ex líder de Fatah y presidente de la AP, Yasser Arafat.

Aunque su mandato expiró en enero de 2009, Abbas continuó ‘liderando’ al pueblo palestino desde entonces. La corrupción y el nepotismo aumentaron significativamente durante su mandato y no solo no logró asegurar un Estado palestino independiente, sino que la ocupación militar israelí se profundizó y los asentamientos ilegales crecieron exponencialmente.

Los rivales de Abbas dentro de Fatah fueron marginados, encarcelados o exiliados. Barghouti, una figura mucho más popular en el partido, fue silenciado por Israel tras su encarcelamiento en 2002, cuando un tribunal israelí lo encontró culpable de asesinato. Este arreglo satisfizo a Abbas, quien continuó beneficiándose doblemente: de la popularidad de Barghouti, por un lado, y su ausencia por el otro.

Cuando, en enero de este año, Abbas anunció que se celebrarían tres elecciones sucesivas —parlamentaria, presidencial y del Consejo Nacional Palestino—, no podía anticipar que su decreto, tras negociaciones intensas entre Fatah y Hamas, podría desencadenar potencialmente la implosión de su propio partido.

La rivalidad Fatah-Hamas lleva décadas pero se intensificó en enero de 2006, cuando este último ganó las elecciones legislativas en los Territorios Ocupados. La victoria de Hamas se atribuyó, en parte, a la corrupción de Fatah pero las rivalidades internas también dividieron su voto.

Curiosamente, si bien las debilidades estructurales de Fatah impulsaron en cierta medida la popularidad de Hamas, esta rivalidad mantuvo de alguna manera a Fatah precariamente. El sentimiento anti-Hamas sirvió como un punto de unidad entre las diversas ramas del partido. También usó con generosidad el dinero provisto por países donantes para mantener el disenso al mínimo y, cuando fue necesario, para castigar a quienes se negaron a alinearse con Abbas. Esta estrategia se puso a prueba con éxito en 2011, cuando Mohammed Dahlan, el ‘hombre fuerte’ de Fatah en Gaza antes de 2007, fue destituido del comité central del partido y desterrado de Cisjordania, tal como le ocurrió en Gaza cuatro años antes.

Sin embargo, este paradigma conveniente no pudo sostenerse. Una nueva generación palestina en los Territorios Ocupados no puede relacionarse con Abbas y su vieja guardia. Más bien, está abiertamente insatisfecha con la política regional tribal a través de la cual la AP de Abbas continúa gobernando a la población palestina ocupada y oprimida. Al no poseer estrategias ni respuestas, Abbas se quedó sin salvavidas políticos y con pocos aliados.

Con recursos financieros menguantes y ante el hecho ineludible de que Abbas, de 85 años, debe diseñar una transición dentro del movimiento para evitar su colapso en caso de su muerte, Fatah se vio obligado a lidiar con una realidad desagradable. Sin nuevas elecciones, la AP perdería la poca legitimidad política que tenía para gobernar.

Abbas no estaba preocupado por otro revés como el de 2006, cuando Hamas ganó la mayoría de los escaños del Consejo Legislativo Palestino. Hasta hace poco, la mayoría de las encuestas de opinión señalaban que la lista oficialista de Fatah ganaría por un cómodo margen en mayo y que Abbas sería reelegido Presidente en julio. Con sus poderes intactos, podría expandir su legitimidad al permitir que Hamas y otros ingresen al Consejo Nacional Palestino de la Organización para la Liberación de Palestina, el Parlamento de Palestina en la diáspora. Abbas no solo renovaría la fe en su autoridad, sino que también podría pasar a la historia como el hombre que unió a los palestinos.

No obstante, las cosas no salieron según lo planeado. Esta vez, el problema no vino de Hamas sino del propio Fatah. Aunque Abbas anticipó desafíos internos, la destitución de Dahlan, las repetidas purgas en los influyentes comités del partido y la marginación de cualquier miembro disidente de Fatah a lo largo de los años deben haber infundido al Presidente la confianza para seguir adelante con sus planes.

El primer desafío surgió el 11 de marzo, cuando Nasser Al Qidwa, un ex diplomático muy respetado y sobrino de Arafat, fue expulsado del Comité Central del movimiento por atreverse a desafiar el dominio de Abbas. La semana anterior, Qidwa anunció que se enfrentaría con el Presidente, presentándose una lista electoral separada.

La segunda y mayor sorpresa se produjo el 31 de marzo, apenas una hora antes de la fecha límite de inscripción de la Comisión Electoral Central. La lista de Qidwa se amplió para incluir a los partidarios de Barghouti bajo el liderazgo de su esposa, Fadwa. Las encuestas de opinión sugieren ahora que la lista Barghouti-Qidwa no solo dividirá al movimiento Fatah, sino que en realidad podría ganar más escaños, derrotando tanto a la lista tradicional de Fatah como a Hamas. Si esto sucede, la política palestina se pondría patas arriba.

Además, que el nombre de Marwan Barghouti no esté en la lista mantiene viva la posibilidad de que aún pueda participar en las elecciones presidenciales de julio. Si eso sucede, golpeará y expulsará sin esfuerzo a Abbas.

El presidente de la AP se encuentra ahora en una posición poco envidiable. Cancelar las elecciones conduciría a conflictos, si no a la violencia. Seguir adelante significa la inminente desaparición de Abbas y su pequeña pero poderosa camarilla palestina, beneficiada enormemente del cómodo arreglo político que crearon para sí mismos.

Tal y como están las cosas, la clave del futuro de Fatah la tiene ahora un preso palestino, Barghouti, al que Israel mantiene en gran parte en régimen de aislamiento, desde 2002.

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Ramzy Baroud es Doctor en Filosofía por la Universidad de Exeter, además de ser consultor de medios, autor y columnista. Se desempeñó como editor de varios medios de comunicación, entre los que se encuentran Palestine Chronicle, Middle East Eye, The Brunei Times y Al Jazeera en línea.


N.d.T.: El artículo original fue publicado por Arab News el 5 de abril de 2021.