¿Por qué tantos tunecinos celebran la decisión del Presidente Saied?

Por Fadil Aliriza para Middle East Institute

El Presidente tunecino Kais Saied recibe al secretario de defensa estadounidense. [The U.S. Secretary of Defense/Creative Commons]

Los opositores al Presidente tunecino, Kais Saied, y los comentaristas internacionales más familiarizados con Egipto se apresuraron a condenar la situación y la denominaron como un «golpe». Además de la necesidad de evaluar la situación tunecina en sus propios y singulares términos, puede ser útil dejar de lado por el momento la taxonomía legalista y politológica y considerar en cambio por qué muchos en Túnez celebraron las recientes decisiones del Presidente.

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Los manifestantes tunecinos no consiguieron del todo su deseo de un Parlamento disuelto y una nueva revolución, cuando miles de personas salieron a la calle en una docena de ciudades el domingo 25 de julio. Pero el Presidente que congeló el trabajo del Parlamento, levantó la inmunidad parlamentaria de sus miembros y destituyó al Primer Ministro, Hichem Mechichi, complació a los que posteriormente salieron a las calles por la noche para celebrar. El hecho de que tantas personas desafiaran ante el calor sofocante —más de 40 grados centígrados o 104 Fahrenheit—, se enfrentaran a las violentas —y a veces mortales— fuerzas policiales, y desoyeran las restricciones gubernamentales al transporte y a los desplazamientos, son signos de un pueblo al que hace tiempo que se le acabó la paciencia con sus gobernantes.

A principios de julio, un evento de Facebook creado en mayo se reactivó y convocó a una nueva revolución para el 25 de julio de 2021, casualmente la jornada en la que se conmemora el día de la República, cuando se abolió la monarquía en 1957. La fecha fijada ayudó a los disidentes dispares a consolidar sus esfuerzos y a canalizar los agravios de larga data en la protesta pública. Aunque a los opositores al Presidente Saied les preocupa que su nueva concentración de poderes parezca monárquica, a los que celebran en las calles les preocupa menos la concentración de poder que un gobierno que parece haber abandonado a su pueblo. Esto es evidente en la actual crisis sanitaria, en la continua crisis económica y en las crisis de larga duración en áreas que conforman la calidad de vida, como el deterioro de la educación y el transporte, así como la insuficiencia del agua y la destrucción del medio ambiente.

El contexto y desencadenante inmediato de los recientes disturbios son la respuesta a la gestión fallida frente al COVID-19, ya que ninguna de las principales figuras del gobierno parece tratar la catastrófica situación con la urgencia que requiere. En las últimas semanas, Túnez sufrió tasas de mortalidad extremadamente altas relacionadas con el COVID-19 en relación con el tamaño de su población: 205 personas murieron el 15 de julio, la tasa per cápita más alta del mundo ese día. Y, sin embargo, el Primer Ministro Mechichi pasó el fin de semana del 17 al 18 de julio con algunos Ministros junto a la piscina de un hotel de lujo en la ciudad costera de Hammamet. Al parecer, sus Ministros cancelaron reuniones de trabajo para tratar una respuesta al COVID-19, con la excusa de que los protocolos sanitarios les impedían reunirse y en su lugar acudieron al viaje. El grupo de vigilancia de corrupción y la sección tunecina de Transparencia Internacional, iWatch, denunciaron la escapada, y al presidente de esta organización, Achref Aouadi, se le restringió temporalmente su cuenta de Facebook, aparentemente por asistir. El grupo de vigilancia pidió posteriormente la dimisión del Primer Ministro Mechichi, mientras que la corrupción fue una de las principales quejas durante las protestas callejeras de estos meses.

Pero no sólo las imágenes del Primer Ministro descansando en la piscina o jugando al tenis se contrapusieron a las de los hospitales abarrotados, sin oxígeno, con cadáveres abandonados en los pasillos. La escapada al hotel también contrastó con la forma en que muchos tunecinos se veían obligados a pasar sus fines de semana, atrapados en casa debido a las estrictas restricciones de transporte. Mientras que la mayor parte de la actividad económica y laboral continuó los días hábiles, la población fue despojada de sus fines de semana a partir del 10 de julio. En lugar de poder utilizar su tiempo libre para visitar a la familia y a los amigos, encontrar espacios verdes o ir a la playa a refrescarse, muchos estuvieron confinados y sufriendo el calor en sus propios barrios. El encierro inicial de dos fines de semana se extendió a tres, el fin de semana del 24 y 25 de julio, amenazando con convertirse en una característica permanente de la vida en Túnez, similar a los toques de queda nocturnos que se prolongaron durante meses con poco resultado en la lucha contra el COVID-19.

Al mismo tiempo, el gobierno actual aumentó los precios de los principales bienes de consumo y redujo significativamente los subsidios al azúcar, mientras que se negó a controlar los precios de otros bienes. Estas alzas en los precios pueden estar relacionadas con las actuales discusiones del gobierno con el FMI para un nuevo programa de préstamos en forma de pago de los anteriores. Sin embargo, el efecto provocó la disminución del poder adquisitivo de los tunecinos, que vieron un fuerte descenso del valor del dinar en los últimos años, de acuerdo con las condiciones del programa anterior de préstamos. A pesar de no contar con ningún grupo popular identificable que lo apoye, el Primer Ministro Mechichi logró permanecer en el cargo por bastante tiempo y es posible que esta capacidad haya sido clave para concluir un préstamo impopular con el FMI, a principios de otoño.

Algunos trataron de dirigir las protestas y el sentimiento antigubernamental únicamente hacia el partido Ennahdha, quizás salvando de la culpa al resto del sistema estatal o a otras partes del régimen. Es probable que esto haya contribuido a alimentar el vandalismo contra las oficinas del partido en diferentes ciudades, y quizás dio cierta legitimidad a los ojos de algunos, frente a la decisión de las autoridades de cerrar una emisión de la oficina de Al-Jazeera Arabic. Es probable que esto alimente los temores de Ennahdha de enfrentarse a una salida forzada de la escena política o, peor aún, a una represión como la que sufrieron durante décadas bajo los regímenes anteriores a 2011. Sin embargo, hay informes de que las fuerzas de seguridad intervinieron para dispersar a las multitudes anti-Ennahdha que se acercaron a su sede en las primeras horas de la mañana del lunes, lo que sugiere que —por el momento— el aparato estatal no está dispuesto a convertir a Ennahdha en un chivo expiatorio y a sacrificarlo por completo.

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Fadil Aliriza es el fundador y redactor jefe de Meshkal.org, un sitio web de noticias independiente en inglés y árabe que recoge información sobre Túnez, además de ser becario no residente del Programa del Norte de África y el Sahel del MEI. 

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Middle East Institute el 26 de julio de 2021.