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El Interprete Digital

Discursos de odios, redes sociales y violencia política en Irak

Por Joey Shea y Ruba Al Hassani para The Tahrir Institute for Middle East Policy (TIMEP)

Protestas en las calles de Bagdad (Mohammed Saadawi/Creative Commons)

Con más de la mitad de la población iraquí activa en las redes sociales, la tecnología es un sitio importante para la construcción de comunidades y la movilización política, en particular tras la ‘Revolución de Octubre’ que estalló en 2019. Plataformas como Facebook y Twitter actúan en paralelo a la sociedad civil sobre el terreno y brindan un espacio seguro para ventilar las quejas sobre el crecimiento de la corrupción política. A pesar de unir a las personas, el anonimato de Internet permite la deshumanización del ‘otro’. Los grupos políticos y las milicias utilizan los medios iraquíes para propagar discursos de odio, dominar coercitivamente la discusión pública y silenciar las voces populares.

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Desde 2003, los partidos políticos y los grupos armados difunden una retórica etno-sectaria divisiva en las noticias y las redes sociales. Al Qaeda, las milicias y la élite política prosperaron con esta división. Al igual que Al Qaeda, el grupo Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) también utilizó las redes sociales para declarar como apóstatas a otros mediante el uso del lenguaje takfiri (N.d.T.: práctica de excomulgar a otras personas por considerarlas ‘falsas musulmanas’), perpetuar divisiones étnicas y reclutar combatientes. Desde que Irak liberó sus territorios del control del EIIL, los grupos milicianos híbridos y no estatales que emergieron de la guerra, instrumentalizaron las redes sociales para atacar a la oposición. Durante el año pasado, estos grupos se dirigieron especialmente contra activistas, manifestantes y periodistas involucrados en los levantamientos de octubre.

Ecosistema de la información e impactos

Cada vez más envalentonados desde la derrota del EIIL en Irak, los ejércitos de trolls en línea se deshicieron del anonimato de Internet. Las milicias que emergieron de la guerra crearon sus propias páginas de Facebook y cuentas de Twitter, publicaron abiertamente sus objetivos y alardearon de sus ataques. Los políticos y los líderes de las milicias, tratan de desacreditar el movimiento de protesta alegando que sus organizadores son agentes extranjeros, financiados por Estados Unidos, y ‘bromistas’ empeñados en la destrucción, una referencia a la película estadounidense “Joker” de 2019.

Las milicias desarrollaron una marca y mensajes unificados en una amplia gama de plataformas de redes sociales. La retórica más extrema e incendiaria está reservada principalmente para Telegram. Las milicias en línea redirigen intencionalmente el tráfico de las principales plataformas como Facebook y Twitter a través de enlaces a sus canales de Telegram. Sabereen News, afiliado a las milicias vinculadas a Irán, es un difusor excepcionalmente prolífico de amenazas e incitación a la violencia. Este canal de Telegram, a menudo publica fotos de personas con sus nombres y ubicaciones, utilizando un lenguaje descarado -“tú eres el próximo” y “cuidado”-, para fomentar el el vigilantismo parapolicial.

En YouTube, en particular, se encuentran innumerables videos que comparten los nombres y fotos de activistas. Los montajes de video dramáticos acusan a quienes son expuestos de ser sionistas y espías estadounidenses. Las listas de blancos específicos, también se difunden a través de memes en Facebook, Twitter y Telegram. Estas imágenes denuncian a quienes aparecen en las listas como financiados por los enemigos políticos – en concreto, Estados Unidos y Occidente – y de actuar como agentes de los mismos. A veces, las milicias publican los números de teléfono personales y las direcciones de sus ‘enemigos’, invitando a sus seguidores a encontrarlos.

El impacto de estas listas negras es inmenso. Los iraquíes incluidos en ellas se ven inmediatamente obligados a esconderse, terminar con su presencia en las redes sociales y abandonar sus hogares, a menudo sin tener otro lugar adonde ir. Esta itinerancia e inseguridad forzadas tienen graves impactos en la salud mental y el bienestar. Muchas personas nunca se vuelven a sentir seguras en sus hogares y huyen hacia un futuro incierto en el extranjero.

El género también juega un papel dominante en el abuso en línea. La difamación se dirige a mujeres mediante la apropiación y distorsión de lemas. Los partidarios de milicias convirtieron el hashtag de tendencia popular #بناتك _ يا _ وطن (‘las hijas de la patria’), lanzado en solidaridad con las marchas de mujeres del 13 de febrero, en #عاهراتك _ يا _ وطن (‘las putas de la patria’). Las milicias también fabricaron acusaciones infundadas en las redes, alegando promiscuidad en las sentadas y en las tiendas de campaña durante las protestas. La difamación sexual tiene consecuencias peligrosas, especialmente para las mujeres y niñas que corren el riesgo de sufrir ‘asesinatos de honor’.

Las amenazas y la incitación en línea, a menudo se manifiestan en violencia física y material. En agosto, una campaña de difamación en redes tuvo como objetivo a periodistas del canal Dijlah TV. Finalmente se transformó en un ataque físico. La campaña se produjo después de que el canal de televisión transmitió un programa musical durante la Ashura, una fecha solemne de luto y conmemoración para los chiítas.

Si bien muchos iraquíes condenaron pacíficamente la insensible transmisión del programa, las milicias instigaron a una reacción violenta en línea y alentaron la violencia contra la estación de televisión y sus periodistas. Los nombres y fotos de los trabajadores del canal se publicaron en Facebook y Telegram, llamando a la violencia contra ellos. Incluso, después de que varios periodistas renunciaron públicamente y se escondieron, las amenazas continuaron. Tuvieron como objetivo a Zaid Al Fatlawi y Karrar Al Asaf, ambos periodistas del canal. Mientras que Asaf recibió amenazas de muerte en las redes, tres milicianos intentaron llevar a cabo un ataque contra Fatlawi en la oficina de Dijlah TV. Él no estaba allí en ese momento.

El 31 de agosto, manifestantes enojados atacaron e incendiaron las oficinas de Dijlah TV. Los periodistas en ese entonces afiliados a la estación de televisión, creían que los manifestantes fueron alentados por una retórica falaz y violenta repetida en las redes sociales. Ciertamente, puede leerse en las publicaciones en redes sociales: “Se convirtió en un deber para todo iraquí honorable demoler los edificios del canal Dijlah y quemar todas sus cámaras”. Otros acusaron a Dijlah TV de ser un “canal terrorista”.

Tampoco los partidos políticos, que a menudo participan en el abuso contra activistas, manifestantes y periodistas, están a salvo de tal incitación directa en línea. El 16 de octubre, Raba Allah, un grupo que algunos expertos creen que está afiliado a Kataib Hezbollah, publicó una foto en su página de Facebook que mostraba una fila de encendedores con un mensaje que decía: “Todos los hermanos deben prepararse para manifestarse frente a la sede del Partido Democrático del Kurdistán (PDK), ubicada en la calle Karrada 52 cerca de la Plaza de la Indagación, mañana sábado 17/10/2020 a las diez de la mañana”.

Publicación en Facebook de Raba Allah del 16 de octubre en la que pide manifestaciones en la sede del KDP.

El 17 de octubre, los afiliados de Raba Allah asaltaron e incendiaron la sede del PDK en Bagdad, además de quemar las banderas kurdas. El hecho recibió la condena de muchos iraquíes. Más tarde ese mismo día, el grupo de Facebook Raba Allah publicó una imagen de un hombre tachando el nombre del PDK. Además ‘canal Dijlah’ y ‘la embajada estadounidense’ aparecían previamente tachados. ‘Canal Alhurra’ aparece a continuación en la lista. Posteriormente, la página de Facebook publicó imágenes y videos de la sede del PDK en llamas.

Estas publicaciones permanecen en Facebook junto con otro contenido perturbador del grupo. Entre ellas se encuentran las recientes amenazas contra Deutsche Welle (DW), la emisora estatal alemana. La primera amenaza contra DW, publicada el 17 de noviembre, muestra una imagen similar de un hombre cruzando líneas rojas sobre los nombres de canales de televisión y partidos políticos. Los ‘objetivos anteriores’ – el PDK, Dijlah TV y la embajada de Estados Unidos – están tachados a su izquierda. A la derecha, los ‘próximos objetivos’ incluyen ‘Canal DW’, que se ve tachado. El texto dice: “Pronto escribiremos el nombre de Raba Allah en tu pared”, acompañado por un emoji de fuego.

Al día siguiente, la misma página publicó una imagen de un edificio con el logo de DW en llamas con una silueta de celebración con una sudadera de Raba Allah. La leyenda de la foto dice: “Pronto, su sede estará en llamas”.

Las publicaciones de Raba Allah en Facebook muestran a un hombre tachando DW (izquierda) y amenazando con atacar su sede (derecha).

A pesar de reportar las publicaciones como amenazas violentas, el contenido permanece en línea. Facebook determinó que las publicaciones no violan los estándares de su comunidad.

Si bien el discurso de odio en línea se dirige a periodistas iraquíes, sus principales objetivos fueron manifestantes y activistas. En noviembre de 2020, a miles de seguidores de Muqtada Al Sadr se les dijo que ‘limpiaran’ la Plaza Habbouby en la ciudad de Nasiriyah donde tenía lugar una sentada. El mensaje llegó bajo la dirección de Mohamed Saleh Al Iraqi, el seudónimo con el que opera una cuenta de redes sociales por la cual se difunden las órdenes de Sadr a sus seguidores en redes.

En respuesta a esta orden directa, la milicia de Sadr, Saraya Al Salam, lanzó una campaña de violencia física durante tres días contra manifestantes en Nasiriyah, matando a siete sin recibir respuestas de las fuerzas de seguridad. Tanto Sadr como Saleh publicaron elogios a la violencia, y el primero afirmó que los manifestantes eran agentes extranjeros.

Muhammad Saleh Al Iraqi pide a sus seguidores ‘valientes’ que ‘limpien’ la plaza Habbouby para reanudar la vida normal y defender al Estado.

Al día siguiente, Saleh compartió una publicación en la que repitió los elogios, esta vez culpando a los ‘bromistas’ – un término peyorativo dirigido a los manifestantes – por lo sucedido. Alegó que estos últimos no se apegaban a métodos de protesta pacífica y sólo servían a intereses extranjeros. También los distinguió de los manifestantes pacíficos ‘tishreenis’ o ‘legítimos’ en un esfuerzo por dividir el movimiento de protesta.

Desde entonces, los sadristas continuaron lanzando campañas de odio en línea contra activistas destacados, acusándolos de cometer la misma violencia a la que fueron sometidos. En publicaciones a través de plataformas de redes sociales, los sadristas nombraron directamente a los activistas y compartieron imágenes suyas, amenazándolos y acusándolos falsamente de instigar la violencia y atacar a las fuerzas de seguridad. Mientras continúa el discurso de odio en línea, varios activistas, incluidos abogados y académicos, fueron objeto de amenazas por parte de cuentas anónimas que incitan directamente a la violencia contra ellos.

Publicaciones de los comentarios de Sadr (izquierda) y Al Iraqi (derecha) elogiando la violencia en Habbouby Square.

Una cultura de impunidad

Los activistas iraquíes se quejan de que Facebook, Twitter y YouTube permitieron que la retórica abusiva se propague sin control en sus plataformas. Si bien algunos ejemplos de incitación al odio en las redes sociales iraquíes, utilizan un lenguaje lo suficientemente sutil como para quizás evadir la regulación, muchos otros claramente violan los estándares comunitarios de estas empresas. El volumen de discurso de odio no moderado que se encuentra en las redes sociales iraquíes sugiere que estas gigantescas plataformas simplemente se olvidan de Irak.

Según los informes, Facebook tiene unos 15.000 moderadores en todo el mundo, algunos de los cuales son empleados a tiempo completo mientras que muchos más son trabajadores subcontratados. De estos 15.000 moderadores, es imposible determinar cuántos monitorean las redes iraquíes ya que no hay un desglose a disposición del público de las habilidades lingüísticas de los moderadores de Facebook, y mucho menos información sobre el desglose dialéctico de sus moderadores de contenido árabe. Dado que el discurso de odio es profundamente contextual, su moderación requiere un conocimiento profundo de la dinámica social, económica, política y étnica del país y la región. La estructura única del árabe, con sus muchos dialectos, complica el trabajo de la moderación tanto humana como automatizada. Además de esta falta de transparencia, Facebook no tomó ninguna medida adicional para proteger a sus usuarios iraquíes, a pesar de la explosión de violencia en línea dirigida contra las poblaciones vulnerables del país.

Las instituciones estatales iraquíes son también cómplices en censurar sistemáticamente a activistas, manifestantes y periodistas. En octubre de 2019, el gobierno iraquí impuso un apagón completo de Internet para silenciar las protestas y ordenó el cierre de doce medios de comunicación por su cobertura sobre el movimiento de protesta. El Gobierno Regional Kurdo (GRK), también realizó redadas periódicas en las oficinas de Nalia Radio and Television (NRT) y suspendió las transmisiones por su cobertura de las protestas en la región kurda.

El deseo de silenciar las protestas motivó la introducción de una ley que no enfrenta el discurso de odio sino que, en cambio, amenaza la libertad de expresión. Cuando Irak vivió protestas masivas en 2011, el gabinete iraquí propuso al Parlamento un “Proyecto de ley sobre crímenes de tecnología de la información”. Human Rights Watch advirtió que esta legislación puede utilizarse para restringir la libertad de expresión y, como resultado, representa una grave amenaza para periodistas, denunciantes y activistas pacíficos. La ley no fue aprobada, pero el Parlamento iraquí reintrodujo el mismo proyecto en 2019 cuando estallaron las protestas en todo el país. El texto, denominado Proyecto de Ley de Delitos Cibernéticos, no fue votado ese año pero se presentó nuevamente con el mismo nombre en noviembre de 2020. Varios borradores parecen ser un esfuerzo institucional para silenciar la disidencia y restringir la libertad de expresión. HRW , MENA Rights Group y el Institute for War and Peace Reporting los condenaron.

Tras la indignación generalizada, el proyecto de ley se estancó. Al momento de escribir este artículo, hubo intentos de volver a redactar el borrador, pero no fue presentado en el Parlamento para su lectura. Al menos una versión filtrada eliminó la única subsección que anteriormente abordaba la provocación en línea de la violencia etno-sectaria, negando así a las víctimas de discursos de odio y amenazas en redes de disponer de espacios públicos seguros y apoyo legal. El proyecto de ley controla eficazmente el comportamiento en línea, en lugar de proteger las libertades civiles.

Conclusión

Las instituciones estatales iraquíes y las grandes empresas de redes sociales tienen un papel que desempeñar en la lucha contra el discurso de odio en línea y la consiguiente violencia física que se materializa con demasiada frecuencia. La retórica incendiaria promovida por líderes políticos inspira a grupos de milicianos y a otros civiles. Los políticos deben poner fin a su dependencia de las prácticas de exclusión. En cambio, deben escuchar las quejas legítimas de la sociedad civil iraquí para combatir las amenazas y el discurso de odio en las redes. Con la participación y la asistencia de expertos legales y en derechos humanos, el proyecto de ley sobre delitos informáticos podría volver a redactarse para delinear los límites legales al discurso de odio y legislar la protección de los derechos y libertades civiles. Las plataformas de redes sociales, también deben invertir recursos adecuados para moderar el lenguaje violento en las plataformas dirigidas a comunidades vulnerables.

[Se prohíbe expresamente la reproducción total o parcial, por cualquier medio, del contenido de esta web sin autorización expresa y por escrito de El Intérprete Digital]

Joey Shea es Magíster en Ciencia Política por la Universidad de Toronto. También se diplomó en Lengua y Literatura Árabe por el Instituto Francés de Oriente Próximo, con sede en Beirut. Trabajó como investigadora en la Universidad Americana de El Cairo y en la Universidad Americana de Beirut. Actualmente es investigadora no residente en el Middle East Institute, con sede en Washington. 

Ruba Al Hassani es Doctora en Filosofía por la Universidad de York. Integra la Junta Directiva del Centro Canadiense para Víctimas de Violencia. Entre 2013 y 2020 se desempeñó como intérprete en el Proyecto de Asistencia a Refugiados Iraquíes. Contribuye como escritora en el portal Inside Arabia.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por TIMEP el 11 de febrero de 2021.