La renovada crisis del pan en el Líbano: entre un grano de esperanza y el pan del abandono

Por Christina Cavalcanti para The Public Source

Líbano: las mujeres conservan la tradición como vía de empoderamiento. [Galería ONU Mujeres / Creatives Commons]

En un patrón demasiado conocido en el país con enormes problemas de liquidez, mientras millones de personas luchan para hacer frente a los problemas económicos que se agravaron desde finales de 2019, donde el gobierno sigue respondiendo con rápidas, pero inadecuadas soluciones para calmar el pánico. Primero fueron los ahorros de la gente en el banco, luego el combustible y las medicinas, y ahora los alimentos. 

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Los libaneses tienen hambre de pan. Desde hace semanas, hacen fila ante las panaderías de todo el país, bajo el abrasador calor del verano, temiendo la escasez y esperando poder comprar pan árabe, un alimento tan básico que todo el mundo podía permitírselo. 

En un patrón demasiado conocido en el país con enormes problemas de liquidez, mientras millones de personas luchan para hacer frente a los problemas económicos que se agravaron desde finales de 2019, donde el gobierno sigue respondiendo con rápidas, pero inadecuadas soluciones para calmar el pánico. Primero fueron los ahorros de la gente en el banco, luego el combustible y las medicinas, y ahora los alimentos. 

Conjuntamente, los sucesivos gobiernos libaneses podrían haber evitado la crisis del pan. En cambio, a lo largo de los años, descuidaron la producción local y las descentralizadas instalaciones de almacenamiento, cultivando una precaria situación en la que cualquier inadvertido acontecimiento podría convertirse en una crisis.

Vulnerabilidad y crisis alimentaria en el Líbano 

Líbano importa aproximadamente el 80% de su trigo de Ucrania, país devastado por la guerra, y el resto procede de Rusia, Moldavia y Rumanía, y un mínimo porcentaje lo produce localmente, y no se utiliza en el país.

Amin Salam, Ministro de Economía, en un esfuerzo por encontrar otros proveedores, se encontraba en conversaciones con Estados Unidos, Argentina, Canadá, India y Alemania. Pero que las opciones son limitadas debido a los altos costes de envío y a los largos plazos de entrega, en una entrevista a The Public Source el 24 de junio.

No obstante, incluso antes de la invasión rusa de Ucrania, el fuerte aumento mundial de los precios de los productos alimentarios básicos, como el trigo y el aceite, debido a los serio problemas en las cadenas de suministros, ya estaba comprimiendo la economía libanesa, que depende de estas claves importaciones.

Antes de junio de 2020, los molineros de pan solían cambiar sus libras libanesas por dólares estadounidenses en el Banco Central, que les entregaba las divisas al tipo de cambio fijo de 1.500 liras. Esto producto de que los precios del pan eran estables y asequibles.

Pero como la libra libanesa perdió más del 90% de su valor frente al dólar, y en medio de la disminución de las reservas de divisas en el Banco Central, el Líbano ya no puede permitirse mantener su costoso programa de subvenciones para la importación de productos primarios. Que su mejor momento costaba unos 6.000 millones de dólares anuales, incluido el trigo, que según Salam cuesta 25 millones de dólares de media al mes o unos 300 millones anuales.

Sin embargo, desde junio de 2020 el Ministerio de Economía subió gradualmente el precio del pan. En la actualidad, un fardo de 875 gramos del alimento básico de origen local cuesta unas 16.000 liras libanesas, lo que en la práctica supone un aumento de más del 1.000% en los últimos dos años.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU estima que el precio de una cesta de alimentos básicos era de unas 844.000 liras libanesas en junio, habiéndose proyectado casi un 1.500% desde octubre de 2019, dejando al país con una de las tasas de inflación alimentaria más altas del mundo. 

Es más, ya en 2021 con más de tres cuartas partes de la población libanesa viviendo en la pobreza, la mitad de los refugiados sirios actuales y algo menos la mitad de los libaneses sufrían “inseguridad alimentaria”.

Cuando los importadores de grano de Líbano anunciaron en abril que no tenían capitales para importar trigo subvencionado, la gente asaltó las panaderías más cercanas temiendo la escasez de pan. En respuesta, el gobierno desembolsó créditos a los importadores, pero sólo lo suficiente para unas pocas semanas de trigo. En los últimos meses, los importadores estuvieron restableciendo su suministro con una frecuencia de hasta una semana, comentó Salam a The Public Source.

Zeina el Khatib, analista de seguridad alimentaria, explicó que el Líbano no se encuentra en una posición lo suficientemente firme como para resistir las perturbaciones del mercado, debido a su “política de importación a medida de lo que se necesita” para el trigo, junto con la crisis económica. 

También conocida como “gestión de inventarios justo a tiempo”, la política de “importar según las necesidades del caso” significa que la administración, las empresas y los gobiernos importarán el producto justo para cumplir con los pedidos en cuanto los necesite para reducir los costes de almacén e inventario y, en última instancia, ahorrar dinero.

Zeina el Khatib comentó que, “el problema de esta política es que nos deja muy vulnerables a las crisis del mercado, sin reservas a las que recurrir, un almacenamiento adecuado y una planificación de contingencia podrían haber suavizado el golpe”, declaró a The Public Source.

Lo que revelaron los silos del puerto de Beirut 

La explosión del puerto de Beirut del 4 de agosto de 2020 demolió los principales silos de grano del Líbano, el principal espacio de almacenamiento de las reservas nacionales de grano del país. Raoul Nehme, el entonces Ministro de Economía, comentó al día siguiente que al país le quedaba menos de un mes de reservas de grano, y subrayó que el reto inmediato del gobierno era encontrar instalaciones de almacenamiento alternativas. 

Sin embargo, el Dr. Mohammad Abiad, presidente del Comité Científico de Granos del Ministerio de Economía en el Puerto, los silos sólo contenían 45.000 toneladas de grano en el momento de la explosión, incluyendo 15.000 toneladas de trigo, muy por debajo de su capacidad de 120.000 toneladas de grano, es decir sólo ocho días y medio de consumo de trigo del Líbano.

Abiad explicó que la ausencia de cantidades aceptables de reserva se debía a que los silos se estaban vaciando para su uso. Los molinos del sector privado habían alquilado espacio de almacenamiento en los silos del puerto de Beirut para tener acceso inmediato a sus existencias de trigo y utilizarlas regularmente.

Los silos del puerto, el mayor espacio de almacenamiento del Líbano y la mejor oportunidad del país de contar con una reserva estratégica de grano, ya no se estaban utilizando para almacenar grano para emergencias.

El caso de los almacenes vacíos

Abbas Al Hajj Hassan, Ministro de Agricultura, informó al Comité Ministerial de Seguridad Alimentaria del ‘descubrimiento’ de ocho almacenes gubernamentales vacíos de 10 metros de altura en la Bekaa, junto en marzo de 2022, mientras Rusia profundiza en su invasión de Ucrania y los precios mundiales del trigo se disparaban.

Los almacenes se encuentran en la localidad de Tal al Amara, en las instalaciones del Instituto Libanés de Investigación Agrícola (ILIA), que pertenece al Ministerio de Agricultura.

Es más, Michel Afram, el director general del ILIA, declaró a Sawt Beirut International (SBI) que llevaba años implorando al gobierno que utilizara estos almacenes, incluso tras la explosión del puerto de Beirut, todo esto el 16 de marzo de 2022. 

Hasta ese entonces, el público sólo había oído hablar de los pequeños almacenes existentes cerca de los puertos de Trípoli y Saida, y en otras ciudades portuarias, todo ello en el contexto de diferentes actores del gobierno, entre ellos Nehme, que insistían en que el país tenía un problema de almacenamiento.

Según Afram, el Ministerio de Agricultura construyó los almacenes en 2012 para guardar el trigo comprado a los agricultores locales, como parte de un programa de subvenciones para apoyar la agricultura local. No obstante, Afram dice que los almacenes estuvieron vacíos desde que el gobierno dejó de permitir a ILIA comprar trigo local. Es decir, el gobierno puso fin a los subsidios al trigo local en 2019, al tiempo que introdujo un plan para reforzar los subsidios a la importación, incluyendo el trigo. Aunque, The Public Source no pudo comunicarse con Afram para obtener comentarios al respecto.

Hussein al Hajj Hassan, diputado y ex ministro de Agricultura, confirmó públicamente que había almacenes de ILIA en Tal al Amara, así como en otras zonas como Kafardan en Baalbek, pero que estos últimos estaban en mantenimiento, en una entrevista con Al Manar en abril.

Según otros medios de comunicación, los almacenes tienen una superficie total de 10.000 metros cuadrados y pueden albergar hasta 400.000 toneladas de trigo a granel o sin envasar, unas 280.000 toneladas más que los silos de grano del puerto de Beirut y al menos siete veces el consumo medio mensual de trigo del Líbano.

Sin embargo, Geryes Berbari, director general de Cereales y Remolacha Azucarera del Ministerio de Economía, evaluó los almacenes de Tal al Amara en abril y descubrió que sólo pueden contener hasta 66.000 toneladas de grano. Añadiendo que el ministerio tiene un almacén más pequeño en ese mismo pueblo que puede contener hasta unas 16.000 toneladas de grano bien empaquetado, en declaraciones a The Public Source en mayo. 

Según las cifras de Berbari, la capacidad total de almacenamiento de reserva sería de unos 82.000 toneladas, lo que sigue siendo muy superior al consumo medio mensual del Líbano, que es de unas 54.000 toneladas.

Cuando se le preguntó si los silos del gobierno de Tal al Amara se iban a utilizar en el futuro, Berbari manifestó: “No. Quizá en caso de emergencia, en caso de necesidad, los utilizaremos”.

No obstante, en contra de los comentarios de Afram en la entrevista con SBI, Berbari afirmó que los almacenes olvidados son inservibles, a pesar de tener sólo 10 años de antigüedad. Declarando que; “tienen grietas y fugas”. Si el agua se filtra, se infestarán de moho y ratas”.

En respuesta a una solicitud de acceso a la información, la Dirección General de Cereales y Remolacha Azucarera reveló que el Ministerio de Economía alquiló almacenes privados en Bekaa en 2017 y 2018 para almacenar trigo de unas 27.000 toneladas la media. Mientras sus almacenes de enorme capacidad estaban vacíos, sólo unos años después de que fueran construidos, es decir, el gobierno dilapidó el arrendamiento de almacenes privados en la misma zona. 

Berbari advirtió que el gobierno ya no puede permitirse este enfoque. “El alquiler cuesta dinero, y se tiene que pagar el transporte a la Bekaa y de vuelta a Beirut, y no existe ese dinero”.

El poder de los importadores

Karim Merhej, colaborador de The Public Source y miembro no residente del Instituto Tahrir para la Política de Medio Oriente, explica que “en la década de 1990, [los sectores productivos que quedaban] fueron destruidos deliberadamente en favor de los cárteles importadores”.

Los importadores de combustible de Líbano son un ejemplo de esto. Marc Ayoub, investigador de política energética, en la década de 1990 el gobierno libanés dejó de almacenar el combustible en sus propios contenedores, y permitió que los cárteles de importadores de combustible, un puñado de empresas privadas con estrechos vínculos con los partidos sectarios gobernantes en Líbano, lo almacenarán ellos mismos, una práctica que continúa en la actualidad.

Justo antes de la eliminación de las subvenciones a los combustibles en el verano de 2021, los importadores de combustible siguieron comprando combustible en el mercado mundial a la tasa subvencionada. Procedieron a acaparar sus existencias, para venderlas más tarde a un precio más alto, obteniendo un mayor beneficio comercial.

Este año podría darse una situación similar con los importadores de trigo autorizados del país.

El gobierno confió en los molinos del sector privado para el almacenamiento. Berbari, explicó que “los molinos son los que traen el trigo, y lo almacenan en sus molinos para trabajar con él. Una vez que se acabe su suministro, comprarán más, y así sucesivamente […] Así es como lo hemos hecho, ocupándose día tras día y comprando a ese ritmo”.

Salam, ministro de Economía Salam visitó los almacenes de los molinos del sector privado para aclarar sus existencias y saber si estaban acaparando trigo. En abril, expresó que los organismos de seguridad estaban tratando de investigar el contrabando transfronterizo de trigo subvencionado. Reiterando que “existe un mercado negro que coge el trigo subvencionado y lo vende [con enormes beneficio]”, a The Public Source. 

“Le aseguro al pueblo libanés que no existe una crisis”

El gobierno libanés insistió repetidamente en que no existe una crisis de seguridad alimentaria (en una progresión paralela a la negación de la escasez de pasaportes por parte de la Seguridad General).

Un día después de la explosión del puerto de Beirut, Nehme, el entonces ministro de Economía, afirmó que no existía“ninguna crisis de pan o harina” y que el país podía satisfacer sus necesidades de harina “a largo plazo”.

Abbas al-Hajj Hassan, Ministro de Agricultura, insistió; “Actualmente no existe una crisis [de seguridad alimentaria] en Líbano. Se importarán productos del extranjero en ‘cantidades dobles’, promesa que se dio públicamente el 27 de marzo.

De ahí que, Salam manifestó que, “aseguro al pueblo libanés que no existe una crisis […] No existe crisis y no existe ningún levantamiento de subsidios” el 26 de abril. 

Al mismo tiempo, el gobierno está buscando vías para seguir subvencionando el precio del pan, concretamente con un préstamo del Banco Mundial de unos 150 millones de dólares, una cantidad que financiará las importaciones sólo durante seis o nueve meses como máximo, según Salam. 

Aunque el Banco Mundial ya aprobó este préstamo, no está exento de requisitos, entre ellos, la exigencia de informes e investigaciones “para cada pequeña cosa que se haga”, exhaló de forma molesta Berbari.

Asimismo, Berbari también explicó que, aunque el Consejo de Ministros aprobó el préstamo y el gobierno está en la fase final de cerrar el acuerdo, los importadores no pueden recibir nada del dinero sin la aprobación del Parlamento.

Los investigadores advierten que estos arreglos a corto plazo no son una solución sostenible. “En tres años tendremos que empezar a pagar el préstamo con intereses. ¿Cómo vamos a pagarlo? Vamos a tener que pedir otro préstamo para pagar ese préstamo. Y ese es todo el sistema. El sistema de posguerra está construido sobre el endeudamiento”, explica Merhej.

Es más, explica el Khatib, “Líbano lleva mucho tiempo confiando en las soluciones de parche para sus muchas crisis, durante las últimas décadas, los dirigentes de nuestro país se mostraron indiferentes e irresponsables con la seguridad alimentaria al no tener una estrategia concreta”. 

Agregando, el Khatib que “el apoyo a la producción local y a los agricultores es prometedor, muchos de los problemas de seguridad alimentaria del país podrían haberse evitado si la economía se centrara más en la fabricación y la producción agrícola y menos en la banca y el turismo”.

Por otra parte, Salam manifestó el deseo del Comité de Seguridad Alimentaria de apoyar a los agricultores y desarrollar programas de riego para aumentar la producción local de trigo de modo que constituya el 50% del suministro total del Líbano. Pero, aclaró, “según los estudios realizados por el Ministerio de Agricultura, sólo podemos tener un aumento del 10 al 15% cada año”, lo que significa que podría llevar de cinco a seis años alcanzar ese objetivo, en conversaciones con The Public Source

Por tanto, para esto será necesaria una fuerte financiación externa, dado que las maquinarias agrícolas, las semillas y los materiales se importan y se cotizan en dólares estadounidenses. 

En cuanto a los planes de almacenamiento, Salam comentó que el Comité Ministerial de Seguridad Alimentaria espera reconstruir la reserva nacional de grano de Líbano mediante la reconstrucción de los silos del puerto de Beirut y la construcción de dos nuevos lugares de almacenamiento, que costarán unos 100 millones de dólares, creando así reservas para seis meses en cualquier momento. Insistió en que los donantes internacionales están dispuestos a ayudar, aclarando a The Public Source el 24 de junio. 

No obstante, los planes para reconstruir los silos del puerto parecen especialmente improbables, ya que el edificio en ruinas fue testigo de una serie de incendios durante el verano y comenzó a derrumbarse dos años después de la explosión.

Parecería que una opción mucho menos costosa es recurrir a los grandes almacenes del Ministerio de Agricultura en la Bekaa, que son gratuitos. 

Pero como expresó Afram a SBI en marzo, “si es gratis, significa que existe dinero. No existe comisión [que ganar] por esto”.

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Christina Cavalcanti es periodista y posee un magíster en Periodismo Multimedia en la Universidad Americana del Líbano, actualmente es investigadora en The Public Source.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por The Public Source el 4 de agosto de 2022.