Las Divas del Mundo Árabe

Por Olivia Snaije para New Lines Magazine

Umm Kulthum: Una voz como Egipto DVD [Shannon Patrick / Creative Commons]

Cómo la largamente esperada exhibición en el Institut du Monde Arabe celebra la vida de las cantantes feministas de principios del siglo XX 

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Imagínense entrar en un espacio de exhibición oscuro donde se proyecta una película en blanco y negro de tamaño real sobre paneles de tela, que te transportará a El Cairo en la década de 1930: Los tranvías circulan por calles concurridas donde mujeres y hombres visten trajes orientales y occidentales. Pintadas de rojo carmesí, las salas contiguas están dedicadas a las primeras feministas egipcias. Un gramófono acústico de 78 rpm reproduce un disco de canciones de Munira al Mahdiyya, una de las pocas mujeres que produjo una grabación comercial antes de la Primera Guerra Mundial. Un piso más arriba, abriendo las cortinas de terciopelo rojo, ingresas a un extraordinario mundo de cine y música; uno que desempeñó un rol importante en la vida cultural del gran Medio Oriente desde la década de 1920 hasta la de 1970. 

Esta es la exhibición tan esperada sobre las divas árabes en el Institut du Monde Arabe (IMA) en París que se realizará de mayo a septiembre. En ella, se celebran las vidas de las feministas árabes que surgieron a principios del siglo XX y las artistas femeninas del cine y la música en Egipto durante lo que se conoce como la edad de oro del cine del país, desde la década de 1940 hasta finales de la década de 1960.

Al mismo tiempo, “Midnight in Cairo: The Female Stars of Egypt’s Roaring ’20s”, (Medianoche en El Cairo: las estrellas femeninas de los locos años 20 de Egipto) un libro de Raphael Cormack, un académico especializado en teatro egipcio, acaba de lanzarse en el Reino Unido y Egipto (fue lanzado en los EE.UU. en marzo). En él, analiza los temas que incluyen el valor intrínseco de lo femenino, feminismo, glamour, estrellato, empoderamiento y una efervescencia de la creatividad artística e intelectual. Sin duda, estos temas rara vez se incluyen en las representaciones del mundo árabe actual.

Sin embargo, este mundo ciertamente existió, y en los últimos 30 años hubo un aumento constante en las producciones culturales inspiradas en la edad de oro de Egipto. Sin mencionar más recientemente una serie de nostálgicos sitios de redes sociales dedicados a fotografías del mundo árabe durante este período.

Tomemos como ejemplo al fotógrafo egipcio Youssef Nabil, quien comenzó su carrera haciendo retratos en impresiones en gelatina de plata, coloreadas a mano, inspiradas en el cine egipcio de las décadas de 1950 y 1960 que amaba cuando era niño. O Yasmine Hamdan de origen libanes comenzó a cantar en árabe después de escuchar una canción de la princesa, cantante, actriz y espía drusa, Asmahan  — de soltera Amal al Atrash — que saltó al estrellato en Egipto en las décadas de 1930 y 1940. Cuando Hamdan todavía formaba parte del dúo de trip hop Soap Kills, reinterpretó “Ya Habibi Taala” de Asmahan en 1999 y luego, adaptó una serie de clásicos árabes, en particular en su álbum de 2013 “Ya Nass” (Hola a todos), reelaborando la estructura y la melodía de las canciones. Ella misma comentó que sintió que estas canciones fueron escritas para ella; que eran modernas y elocuentes, y que se obsesionó con ellas.

De hecho, “Obsesión” parece ser el tema recurrente aquí, y un punto que la artista y autora libanesa Lamia Ziadé utiliza para describir su período de investigación de cinco años antes de la publicación en 2015 de su libro ilustrado de 576 páginas “Ô nuit, Ô mes yeux, ” (Oh noche, Oh mis ojos) que cubre 70 años de historia a través de la vida de los cantantes Asmahan, Umm Kulthum y Fairuz. Al igual que Hamdan, Ziadé comenzó con Asmahan, queriendo contar la historia de la seductora estrella que se ahogó en el Nilo en un accidente automovilístico a los 27 años, en circunstancias misteriosas. “Poco a poco descubrí las décadas de los 20 y 30 y nombres que no conocía; feministas, cantantes, y a medida que avanzaba en mi investigación me obsesioné por completo y quería descubrir más y compartir más”, añadió Ziadé a New Lines.

Cormack, actualmente investigador visitante en la Universidad de Columbia, estuvo en el Cairo en 2010, investigando para su doctorado en teatro egipcio y encontró cientos de fuentes en revistas de entretenimiento de principios del siglo XX. Esto le reveló una época en la que “sucedían cosas increíbles en los teatros y cabarets del centro y luego en el cine”, comentaba Cormack.

Fueron las historias de las mujeres las que le llamaron la atención. La madre de Cormack Mary Beard es una investigadora del mundo clásico británica, cuyo manifiesto feminista, “Mujeres y poder”, explora las luchas de mujeres poderosas a lo largo de la historia. Encontró algunos libros en árabe y francés sobre estos temas, pero ningún libro reciente en inglés  — la biografía autorizada de Virginia Danielson sobre Umm Kulthum sólo se publicó en 1997, mientras que “Cine popular egipcio: género, clase y nación” de Viola Shafik fue publicada en 2007.

De ahí que, “traté de entrelazar todas estas historias y describir cómo habría sido (o algo parecido) estar en el Cairo durante las décadas del 20 y 30. Quería contar una historia diferente de Egipto en comparación con la que nos muestran en las librerías occidentales y una historia diferente del feminismo egipcio”, añadía Cormack sobre su libro que se publicará en marzo en el Middle East Institute.

Es más, los años posteriores a la Primera Guerra Mundial en Egipto estuvieron marcados por la revuelta contra el dominio colonial británico, y en 1919 las mujeres egipcias salieron a las calles junto a los hombres, lideradas por Huda Shaarawi, (criada en el harén de su familia de clase alta). Ella se convirtió en una de las principales feministas del país durante las próximas décadas. Eran tiempos embriagadores en Egipto — el control otomano de la región había terminado, y había un creciente sentimiento de orgullo entre los egipcios tras su independencia de los británicos, incluso si todavía tenían una presencia notoria en suelo egipcio. Una segunda Nahda o renacimiento, estaba en flor. Como describe Cormack en su libro, las feministas egipcias de principios del siglo XX que se mencionan con más frecuencia son Shaarawi, Nabawiyya Musa, May Ziadeh y Ceza Nabarawi, la mayoría de las cuales provenían de entornos de clase media y alta. Pero Cormack nos comenta, “fuera de este mundo, se estaba escribiendo otra historia del feminismo egipcio en los escenarios de los clubes nocturnos, teatros y cabarets de El Cairo”.

Estas mujeres habían crecido muy a menudo en la pobreza, con poca educación y no eran consideradas respetables por una sociedad conservadora. Sin embargo, la cantante y actriz al Mahdiyya dirigió su propia compañía teatral durante varios años antes de que se fundara la Unión Feminista Egipcia en 1923. Las que tuvieron la suerte de forjarse un lugar en una sociedad tradicional formaron parte de esta cultura egipcia emergente y “lograron una independencia personal y financiera significativa”.

Por ejemplo, Rose al Youssef, que parece haber llegado a Alejandría cuando era una niña, sin un centavo y sin familia, tuvo éxito en dos mundos — primero como estrella de vodevil y luego como editora cuando fundó una revista política en 1925, con una página muy seguida que cubría chismes de entretenimiento. (N.d.T.: vodevil fue un género de teatro de variedades que existió en los Estados Unidos principalmente entre los años 1880 y la década de 1930).

Es un pasado que mucha gente en Occidente no conoce, e “incluso los árabes lo olvidaron; personalmente quería conjurar este mundo mágico, preservándolo en las páginas de su libro, en contraste con los tiempos implacablemente difíciles que atraviesa la región hoy”, añadía Ziadé. 

Las curadoras de la exhibición en IMA, Hanna Boghanim y Elodie Bouffard, describen a estas divas en el catálogo de la exhibición no sólo como artistas brillantes que superaron las limitaciones de las sociedades patriarcales, sino también como mujeres “quienes todavía son reconocidas hoy como la base de una cultura árabe común”.

En la última parte de “Midnight in Cairo” (Medianoche en el Cairo), conocemos los detalles sobre la realización de “Laila” de 1927, la primera película egipcia producida, nada menos por una mujer, y su actriz protagonista, Aziza Amir, quien hizo variadas producciones. Cormack también describe el ascenso de la estrella del cine Bahiga Hafez en la década de 1930, quien fue bastante inusual porque provenía de una familia adinerada. Cuando fue entrevistada para la revista feminista en francés establecida por Shaarawi, L’Égyptienne, su respuesta a la pregunta de por qué se convirtió en actriz, fue su “deseo de romper estas pesadas cadenas que nos impiden a mí y a cualquier otra mujer egipcia educada mostrarle al mundo que no son menos capaces o productivas que las mujeres occidentales. Soy partidaria de la libertad de las mujeres […] para hacer un trabajo honesto en lugar de pasar […] todo el tiempo encarcelada en la casa”.

De ahí que, la época dorada de la industria cinematográfica egipcia estuvo íntimamente ligada a la música; las cantantes a menudo se convertían en actrices y los musicales eran una gran parte de la producción. Aspirantes a estrellas del mundo árabe viajaron al cosmopolita Cairo donde adoptaron el dialecto local y probaron suerte. Assia Dagher emigró del Líbano en 1923 y actuó en 20 películas y produjo casi 50. La película de Dagher de 1945 “El-Qalb luh Wahed” (El corazón tiene sus razones), lanzó al estrellato la carrera de la cantante Sabah. La sobrina de Dagher, Mary Queeny, actriz y luego productora, fue una de las primeras mujeres en aparecer en la pantalla sin velo.

Asmahan, que inspiró a tantos artistas contemporáneos sin duda por su talento, belleza y vida privada inconformista, cantó y actuó en películas en las décadas de 1930 y 1940, todo antes de su prematura muerte en 1944. Se dijo que Asmahan fue la única cantante que representó una seria amenaza para el estatus incomparable de Umm Kulthum como ‘la voz de Egipto’. En el momento de su muerte, Asmahan protagonizaba la película ‘Gharam wa intiqam’ (Amor y venganza), que estaba casi terminada; las últimas escenas tuvieron que rodarse sin ella. Varias de las canciones de la película, incluida la mítica ‘Layali el Ouns fi Vienna’ (Noches de amor en Viena) fueron compuestas por su hermano Farid al Atrash, también cantante y actor. En 2019, Yasmina Joumblatt su bisnieta, libanesa suiza, en colaboración con el compositor libanés francés Gabriel Yared, realizó un homenaje a Asmahan en el Festival Beiteddine en el Líbano, donde cantó, entre otros, nueve temas originales de la estrella.

“Amor y venganza” es el nombre que el compositor Wael Koudaih (nombre artístico de Rayess Bek) y la artista visual Randa Mirza (también conocida como La Mirza) adoptaron de la última película de Asmahan para su aclamada actuación de audio y video que se lanzó en 2014, en el que mezclan la música y extractos de películas egipcias de las décadas de 1940 y 1950, dándoles un toque moderno. Mirza, que no había prestado mucha atención a estos clásicos cuando era niña, buscó en los archivos de cine en YouTube para encontrar más de 100 imágenes que podía combinar con la muestra de música de Koudaih. Ella comentó a New Lines que había descubierto “una sensualidad que no conocía. Las mujeres eran fuertes, frívolas y manipuladoras, y al mismo tiempo desempeñaban el rol que se esperaba de ellas”.

Mirza se preguntó sobre esta imagen idealizada de mujeres retratadas como bellas seductoras: “¿Esto es libertad y feminismo?”. Aún así, “incluso si cuestioné este modelo heteronormativo en las películas hechas (en su mayoría) por hombres, me sedujo”.

Al final, “Love and Revenge” se convirtió en un “proyecto alegre e inteligente que te hace sentir y pensar”, agregaba. El dúo comenzó a actuar en 2014 en Egipto, y eventualmente agregó a los músicos Mehdi Haddab y Julien Perraudeau a la producción cuando comenzaron su gira por Europa y Medio Oriente. “Nunca vi despegar un proyecto como este— desde un pequeño pueblo en Noruega hasta los lugares más de moda en París, en todas partes, la gente sacó algo de eso. Los europeos descubrieron un mundo que nunca supieron que existía, y los árabes se aferraron a él porque les recordaba a sus padres y su cultura”, recordaba Mirza.

La increíble sensualidad de estas estrellas, como las bailarinas y actrices Samia Gamal, Tahiyya Carioca, (que se casó 14 veces y fue encarcelada durante tres meses por actividades comunistas) y más tarde, Nadia Gamal sirvieron de inspiración para los artistas de hoy. El artista visual, actor y escritor libanés Nasri Sayegh abrió su cuenta de Instagram en Radio Karantina durante el primer confinamiento por coronavirus, basándose en su hábito de buscar películas antiguas a altas horas de la noche. Desde entonces, creó más de 1.000 collages de vídeo en los que combina de manera brillante una secuencia de baile, por ejemplo, de una película de Nadia Gamal con “Stairway to Heaven” de Led Zeppelin o “Let’s Dance” de Samia Gamal y David Bowie.

Pero Sayegh también une Occidente con Oriente con Cyd Charisse, actriz y bailarina de Hollywood de las décadas de 1940 y 1950, y el grupo folclórico del Alto Egipto, Músicos del Nilo. “Es una obsesión y el placer de compartir un momento en que los cuerpos se expresan de manera diferente y había más espacio para la discusión; me refugio en esta belleza de nuestra región, este continente que es nuestro mundo árabe, y un pozo de imaginería cuando el cuerpo se desinhibía. […] Me estoy refugiando en el callejón sin salida en el que estamos. Cuando busco estas imágenes es un acto político aleatorio, es una forma de decir que estamos aquí”, comentaba a New Lines.

Las dos divas cuyas voces parecen ir más allá de la sexualidad, alcanzando un estatus icónico cuasi-religioso son la gran Umm Kulthum y más tarde, el ‘alma’ de la libanesa Fairuz.

Un personaje de la novela de la autora libanesa Hoda Barakat, “Los discípulos de la pasión”, traducido por Marilyn Booth, describe la voz de Umm Kulthum como “salada y dulce — una voz asexual, pero también bisexual. Las letras de sus canciones están en una voz masculina pero que abarca lo femenino. […] las mujeres la escuchan como hombre, y los hombres la escuchan como mujer”.

La cantidad de documentales, películas y proyectos de arte que Umm Kulthum y su voz inspiraron son suficientes para hacer que uno pierda la cabeza; por no hablar de la mercancía como paños de cocina, tazas o bolsos estampados con su imagen. Pero tanto Umm Kulthum como Fairuz también eran mujeres políticamente comprometidas. La primera fervientemente nacionalista, y a menudo acusada de ser una portavoz de Gamal Abdel Nasser. Sin duda, ella encarnó el panarabismo. La última, creó conciencia sobre la causa palestina y respaldó a los grupos árabes de izquierda mientras intentaba unir a todos los libaneses durante la guerra civil.

La exhibición en IMA pone de relieve a varias mujeres que no son tan recordadas como Umm Kulthum, Laila Mourad, la amada estrella de los musicales egipcios que era judía, o Warda que nació en París de padres argelinos y comenzó a cantar en el cabaret de sus padres, el Tam Tam, en el Barrio Latino.

En “Ô nuit, Ô mes yeux” (Oh noche, Oh mis ojos), desde la Guerra de los Seis Días de 1967 hasta la década de 1980, Ziadé termina su libro con los dibujos en color más apagados y los rostros a menudo quedan sin rasgos. Comentó que esta elección buscó indicar un mundo que desapareció; un lugar donde el cosmopolitismo era una realidad y donde la ideología secular era plausible. “Esta no tiene por qué ser la historia de una edad de oro perdida”, escribe Cormack en su libro, subrayando que la vida en esos días definitivamente no era fácil para las mujeres que “enfrentaron menosprecio, prejuicio, incluso violencia, y fueron sexualizados por hombres que querían poseer o vigilar sus cuerpos. Para la mayoría de las personas, especialmente las mujeres, la edad de oro de El Cairo no fue una utopía”. Sin embargo, prosigue, “tras la revolución de 1919, Egipto ofreció algo intangible pero vital: posibilidad. […] existía un espacio para que las mujeres hicieran oír su voz. Algunas triunfaron, otras fracasaron. […] pero todas navegaban por un mundo nuevo. Ese sentido de posibilidad es lo que hace que este período sea tan convincente”. Francia estaba en medio de la guerra de Argelia por la independencia, y Warda y su familia, aunque de nacionalidad francesa, fueron expulsados ​​del país. Warda se convirtió en una estrella en la década de 1960 en El Cairo y viajó de un lado a otro entre Egipto, Argelia y, finalmente, a Francia, para dar conciertos.

Este sentido de posibilidad, continuó hasta fines de la década de 1960, cuando la política en la región comenzó a estar impulsada por las sectas religiosas y la etnicidad y la mayoría de los países sufrieron pérdidas terribles a causa de las guerras, ya sea autoinfligidas o afligidas por otros. Pero también es concebible que esta ‘edad de oro’, tan evidente en las actuaciones alegres y poderosas de estas divas árabes, también pueda ofrecer esperanza, dado que, las narrativas del pasado pueden proporcionar recursos para imaginar el futuro. En una entrevista sobre su libro con el diario libanés en francés L’Orient-Le Jour en 2015, Ziadé dijo: “Era una forma de decirme a mí misma que sí existía antes, tal vez pueda volver a existir”.

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Olivia Snaije es autora, periodista y editora y escribe sobre traducción, literatura, novelas gráficas, Medio Oriente y multiculturalismo.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por New Lines Magazine el 27 de marzo de 2022.