Lo que revela un celular y su trípode: un Estado en crisis

Por Oğuz Alyanak y Ümit Kurtpara para Jadaliyya

Cañón de agua utilizado en İstiklâl Caddesi cerca de la plaza Taksim – Parque Gezi, Estambul. [Alan Hilditch / Creative Commons]

Millones de personas ocuparon las calles en las protestas del Parque Gezi de 2013 y una intrincada red de infiltrados, conocido como FETÖ, no lograron derribar el gobierno en el intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016. ¿Podrían un trípode y un teléfono celular derrocarlo? Para el jefe de la mafia turca, Sedat Peker, la respuesta es un rotundo sí.

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Desde principios de mayo, Peker estuvo subiendo videos en YouTube de una hora en turco y compartiéndolos en su cuenta de Twitter, dando golpes a los políticos del AKP y a su séquito, entre ellos a destacados periodistas y empresarios, revelando sus sucios secretos. Graba los videos usando un teléfono celular y un trípode desde una habitación en su refugio actual en Dubai. En la actualidad, cada vídeo tiene millones de visitas.

“¿Quién más que yo, un hombre sucio que participó de actos deshonestos para este gobierno, para conocer estos secretos”, pregunta Peker. Sentado detrás de una mesa llena de libros, papeles e insignias —que cambia en cada video para enviar un mensaje encubierto a sus espectadores— Peker parece y suena frustrado. “Me prometieron un regreso”, arremete, pero la promesa hecha por el Ministro del Interior de Turquía, Süleyman Soylu, aparentemente no se cumplió. A cambio, tomó represalias empañando los nombres que considera responsables de esta traición. Estos nombres incluyen políticos, periodistas y empresarios.

Sin embargo, la represalia de Peker implica más que una batalla entre un jefe de la mafia y sus malhechores. Va más allá de la enemistad personal, porque las personas a las que ataca por su nombre traicionaron al pueblo turco, al Presidente turco y, sobre todo, al Estado turco. Es en esta santísima trinidad en la que nos gustaría centrarnos para este artículo, porque creemos es la clave para desentrañar la lógica de Peker detrás de los videos.

Peker valora el arte de gobernar; encuentra en el pueblo, el líder y el Estado su santísima trinidad. Para él, lo que importa es la perpetuación de una tradición estatal de siglos que se remonta a una época muy anterior a la fundación de la República en 1923, —que para Peker, es un ‘evento’ clave y necesario para salvar esta tradición, como es evidente en sus referencias a Mustafa Kemal Atatürk—, y que encuentra sus raíces en el profeta Muhammad y sus compañeros. Sus puntos de vista sobre el Estado son similares a los que se encuentran en Muqaddimah de Khaldun. Para Khaldun, un Estado fuerte es clave para el gobierno exitoso del gobernante, que a su vez depende de la cohesión social para evitar la caída de un imperio. Peker teme la caída de uno de los pilares de su imperio Turanista, Turquía, porque ve en la actualidad una batalla por el poder, que ve como perjudicial para la cohesión entre las personas y entre las instituciones estatales. Lo que le importa es la perpetuación del Estado y no la lucha política por ocupar escaños. El que es poderoso es el Estado, no los políticos. Si bien es difícil concluir si Peker leyó el propio Muqaddimah —aunque creemos firmemente que debe haberlo hecho, especialmente durante sus muchos años en la cárcel, dados sus guiños ocasionales a otras obras filosóficas esenciales en sus videos—, su énfasis en el arte de gobernar no se queda corto en una tradición de siglos que fue subrayada audazmente por varios filósofos fundamentales (cf. Maquiavelo).

Peker teme la pérdida del honor en el arte de gobernar por parte de burócratas vergonzosos, como Süleyman Soylu, el Ministro del Interior de Turquía, o Mehmet Agarel ex Ministro del Interior, así como empresarios y periodistas oportunistas, que se benefician del actual estado de crisis. Peker asume el deber de advertir a Erdogan y al pueblo turco de la crisis que se avecina y se encuentra en el lugar de un revolucionario, aunque ciertamente no del tipo que hubiéramos deseado obtener. ‘Revolucionario’, porque habla con el pueblo y para la gente, para ampararlos, y para proteger al mismo Estado que estaba destinado a resguardarlos en primer lugar. Por esta razón, Peker cree que la tradición estatal debería triunfar sobre las pequeñas estratagemas de poder entre los burócratas y otros actores. Por eso, en sus videos, muestra a sus espectadores lo que significan estas maniobras: una lucha de poder en curso entre los primeros ministros del AKP y su séquito para asegurar posiciones en la aparentemente inminente Turquía posterior a Erdoğan, y lo más importante, la del escaño más preciado del estado turco, la Presidencia. Peker expone hechos, —de reuniones entre políticos, periodistas y empresarios, de planes para desviar dinero de armamentos y drogas, y de planes de asesinato, algunos de los cuales él mismo orquestó— y pide a los abogados estatales y periodistas que sigan sus pistas, aunque sabiendo que en la Turquía actual, pocos tendrán el coraje de hacerlo.

Sedat Peker: una breve biografía

Esta pieza no está escrita con la intención de glorificar a un jefe de la mafia y mucho menos uno que represente valores que no podemos respetar. Incluso, mientras usamos la palabra ‘revolucionario’, nos damos cuenta de que esta figura, un jefe de la mafia, muestra rasgos que dejarían a muchos de nosotros asqueados. Creemos que Peker fue la última persona en la tierra en traer el tipo de cambio que muchos turcos anhelaron durante mucho tiempo. Peker es un irredentista. Es un estatista etno-nacionalista. Para él, todos los actos —judiciales o extrajudiciales— hechos para la perpetuidad del Estado son actos honorables. Los valores a los que se adhiere —una ideología nacionalista turca conocida como turanismo que intenta unir al mundo turco a expensas de todas las minorías— no es algo a lo que nosotros adherimos.

Su pasado es quizás el que más habla para afirmar este punto. Peker, de 49 años, fue durante mucho tiempo una figura cuya marca era visible debajo de cada piedra tallada en la historia política reciente de Turquía. Se declaró culpable de varios cargos, fue encarcelado y estuvo prófugo en numerosas ocasiones. En 1997 fue acusado de formar parte del crimen organizado, por lo que primero fue absuelto y luego condenado, y que lo llevó a su primer vuelo a Rumania. A su regreso en 1998,  tuvo otro juicio y cumplió casi nueve meses en la cárcel. Luego vino la condena de 2005 por delincuencia organizada, lo que le llevó a un arresto de larga duración, que luego se amplió debido a su implicancia con una organización clandestina, Ergenekon. Sin embargo, en 2014 su tiempo en la cárcel se redujo, y con los juicios de Ergenekon anulados, lo dejaron en libertad. Tras su liberación, para sorpresa de muchos, elogió al propio Erdoğan, que no logró evitar sus muchos años en la cárcel y a quien consideró una figura que acercaría a Turquía a sus ideales turanistas. Desde entonces, Peker fue un firme defensor de Erdogan, incluso amenazando de muerte a los críticos del Presidente. Peker declaró que se bañaría en la sangre de los firmantes de la petición Académicos por la Paz, y que  haría que sus hombres ahorquen en sus celdas a los presuntos autores del intento de golpe de estado del 15 de julio. Aunque enfrentó un juicio por estas declaraciones, fue absuelto bajo la cláusula de “libertad de expresión”. Luego desapareció misteriosamente en 2020, lo que hoy sabemos fue otro escape, primero a los Balcanes, luego a Marruecos, y finalmente a los Emiratos Árabes Unidos, lo que nos trae al día de hoy.

Las dos facciones en guerra: una batalla en curso por la Turquía posterior a Erdoğan

Turquía bajo el acervo de la UE, que le exige una serie de reformas a cambio de la pertenencia, lleva mucho tiempo en la lucha contra las organizaciones clandestinas que trabajan en el país. Si bien muchos mafiosos como Sedat Peker y Alaattin Çakıcı fueron encarcelados, también fueron utilizados activamente en variados aspectos —incluso cuando estaban en la cárcel— para cumplir ciertos fines. Uno de ellos fue asegurar posiciones en una toma de poder en curso dentro del AKP, especialmente entre dos facciones poderosas. La primera facción, incluye nombres como el suegro de Erdoğan, el ex Ministro de Finanzas ahora desaparecido en acción Berat Albayrak, quien fue hasta hace poco el CEO de Çalık Holding, que cuenta con ocho mil millones de dólares en activos; y “los pelikanistas”, que incluye al hermano mayor del magnate de los medios de Albayrak, Serhat Albayrak, quien dirige el poderoso Turkuvaz Media Group y está a cargo de varias estaciones de televisión, periódicos y revistas, y periodistas que trabajan para Turkuvaz. El segundo, incluye nombres como el actual Ministro del Interior de Turquía, Süleyman Soylu; el jefe del pequeño socio de coalición del gobierno (Partido del Movimiento Nacionalista), Devlet Bahçeli, cuyos partidarios aparentemente se infiltraron en el aparato estatal que quedó vacante por los inspirados en FETÖ que huyeron a lo largo de los años, incluida la inteligencia nacional, la policía, el poder judicial, y el ejército, y que, según relatos periodísticos recientes, juega un rol mucho más influyente que el previamente concebido en la configuración de la política del AKP; Mehmet Ağar el exministro del Interior de Turquía, y su hijo, Tolga Ağar; y el jefe de la mafia Alaattin Çakıcı, quien recientemente salió de la cárcel después de que se le redujera la sentencia. 

Sobre la base de las alegaciones de Peker, se cristaliza la siguiente imagen: las dos facciones estuvieron en guerra por los escaños y el poder en previsión de la terminación de la presidencia de Erdogan. Mientras Peker centra sus represalias en Soylu, a quien considera una desgracia, sus ejemplos revelan esquemas de corrupción y otras prácticas ilegales, como los asesinatos de periodistas en Turquía y Chipre, en los que ambas facciones jugaron un rol. Las revelaciones incluyen la participación de Mehmet Ağar y su hijo en la malversación de activos —un puerto deportivo en Bodrum valorado en miles de millones de dólares— de un empresario azerí en Turquía; la violación y asesinato de una periodista por parte del hijo de Agar que en los registros policiales fue identificado como suicidio; el obsequio de drones por parte del Estado turco para capturar a Peker durante su huida a Marruecos; la participación de Soylu en el asesinato de un jefe de policía en Silivri que en los registros policiales también se identificó como suicidio; el allanamiento de las oficinas de uno de los periódicos de mayor circulación en Turquía, Hürriyet que Peker afirma haber orquestado a pedido del AKP interno; el uso de dinero estatal por parte de Soylu para ganancias personales, la coerción de los burócratas por parte de Soylu para entregar obras públicas favorables y acuerdos de construcción a su séquito; la protección policial ofrecida a Peker por el AKP tras sus amenazas a los signatarios de la Academia por la Paz; y el uso de ciertos puertos, barcos y yates, propiedad de burócratas del AKP, para distribuir toneladas de cocaína enviadas desde Colombia y Venezuela. Al final de cada acusación, Peker se dirige a los fiscales de distrito y a los periodistas y les exige que sigan sus pistas rastreando las señales de los teléfonos celulares, aunque sabiendo que, en el mejor de los casos, será una ilusión para los medios de comunicación y el poder judicial del país. Dado que argumenta, fueron puestos en peligro durante mucho tiempo por los miembros de las dos facciones en guerra.

Es más, la guerra estuvo aconteciendo durante algún tiempo y se remonta a la renuncia del ex Primer Ministro Davutoğlu en 2016 que, según Peker, fue forzada por Albayrak a la renuncia de Soylu en 2020 que también fue forzada por Albayrak, pero luego revocada por Erdoğan y a la renuncia de Albayrak a su cargo como Ministro de Finanzas a fines de 2020, orquestada por Soylu y sus seguidores. Esto nos lleva al presente y a la posible renuncia de Soylu frente a acusaciones de corrupción y vínculos con el hampa.

Sin embargo, ¿dónde está el poderoso Erdogan en todo esto?

Podría preguntarse dónde se encuentra el presidente Erdogan en esta ecuación y si, incluso después de las acusaciones de Peker, continuaría apoyando a Soylu. Hacerlo daría un mensaje claro de que esta ronda de la batalla la ganaría la facción Soylu/Bahçeli. Además, daría un mensaje claro sobre cómo sería una Turquía posterior a Erdogan, donde Soylu y Bahçeli fomentarán aún más su poder. Sin embargo, si Erdogan decide despedir a Soylu, sería una clara victoria para Albayrak, lo que conduciría a más fricciones entre el AKP y el Partido del Movimiento Nacionalista.

Hasta hace poco, Erdogan se mantuvo en silencio, probablemente observando cómo se desarrollarían los eventos. Esta es una práctica no demasiado ajena a él, ya que en el pasado dejó que los acontecimientos sucedieran hasta entrar en escena para luego hacer intervenciones de gran alcance —como reemplazar a miembros clave de su gabinete de la noche a la mañana—. Sin embargo, según lo que revela Peker, es discutible si Erdogan todavía tiene el mismo poder o los medios para desatarlo sobre otros. A partir de la semana pasada, el Presidente turco finalmente comentó sobre la crisis que se desarrolla, aunque sólo brevemente, y compartió su apoyo con Soylu. Su comentario se produjo como continuación de la muestra de apoyo de Bahçeli a Soylu, donde Bahçeli había apuntado a Peker a través de sus comentarios: “Nadie puede ponerle una correa al Ministro del Interior de Turquía”. No podemos decir si el respaldo de Erdogan importará dada la gravedad de las acusaciones de Peker contra Soylu. Pero una cosa está clara, especialmente dado el momento de su muestra de apoyo: Erdogan no puede arriesgarse a perder a Bahçeli, ya sea por los votos que trae el miembro minoritario de la coalición, el Partido de Acción Nacionalista de Bahçeli, o por algo más oscuro, como una cinta de casette que revela más ilegalidad y corrupción por parte de Erdogan y aquellos que están cerca de él. Quizás esto sea algo que el mismo Peker revelará en otro video en las próximas semanas.

Jugando con la Raison D’Etat/Devletin Bekası: Un Estado en Crisis

Una forma de leer lo que presenciamos en Turquía es la de una crisis política, donde diferentes actores se involucran en un tira y afloja por los escaños en la aparentemente cercana Turquía posterior a Erdogan. Pero -y aquí es donde entra la lectura de Peker de la actualidad- este tira y afloja es perjudicial no sólo para un único actor, como Erdogan. Las advertencias de Peker al Presidente no son sólo una mera muestra de afecto. Insinúan una crisis mucho más profunda, una crisis que afecta no sólo a cualquier asiento particular en el poder, sino a la tradición estatal más grande y más sagrada. Esta es una crisis del Estado, cuya sola presencia, como hemos argumentado anteriormente en este texto, es esencial para Peker para la perpetuación del Imperio/Turan como proyecto. “El Estado tiene honor”, ​​argumenta Peker en uno de sus videos, y continúa: “Es posible que hayas perturbado su honor, pero ni siquiera consideres jugar con su racionalidad. En el momento en que lo hagas, todos estaremos condenados”. Los videos de Peker son un llamado a las armas, donde invita a todos y todas a sumarse a esta batalla librada contra la racionalidad del Estado. Pide a la oposición, a los medios de comunicación y al público que actúen, aunque reconociendo que la mayoría de estos actores carecen de los dientes para morder o de la voluntad de sacrificarse.

Turquía se enfrenta a su caída, no solo en asuntos relacionados con la economía, con los que el país está luchando mucho antes de que Peker capturara el centro de atención, pero también en asuntos relacionados con el arte de gobernar, una tradición que supera los predicamentos actuales y altera la perpetuidad del Estado, o el frecuentemente citado ‘devletin bekası’ (la raison d’état), o santidad atribuida al Estado, en turco. Y es Peker quien hace el sacrificio al revelar sucios secretos, incluido el suyo propio. Es una pena que Turquía necesite el sacrificio de Peker. Es una pena que sea un líder de la mafia, uno de los miembros más extrajudiciales de la sociedad, que exige justicia en nombre del público y de la oposición. Lo que la oposición no pudo hacer en Turquía durante más de quince años, Peker parece poder hacerlo con un trípode y un teléfono celular, que es para advertirnos, en términos claros, de la misma caída que es inminente. Qué vergüenza que necesitemos un líder de la mafia para enseñar ética y buena conducta a los muchos aparatos del Estado, el legislativo, el poder judicial, los medios de comunicación y el público, entre otros.

Ámalo u ódialo. Las palabras de Peker importan, incluso para los críticos más acérrimos de Erdogan, incluidos muchos académicos como nosotros. Puede que no sea el revolucionario que esperábamos, pero lamentablemente es lo que tenemos.

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Oğuz Alyanak es investigador postdoctoral en la Universidad Técnica de Berlín. Formado como antropólogo cultural (PhD, WUSTL 2019), actualmente está trabajando en una etnografía de trabajadores de plataforma en Berlín como parte del Fairwork Project. 

Ümit Kurt es Polonsky Fellow en el Van Leer Jerusalem Institute. Kurt es el autor de “Los armenios de Aintab: Economía del genocidio en una provincia otomana” (Harvard University Press, 2021).

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Jadaliyya el 4 de junio de 2021.