El desafío y la oportunidad del boicot en las tierras ocupadas de Palestina

Por Amal Nazzal para Mondoweiss

Muro en la Franja de Gaza [Muros en Palestina / Creative Commons]

Si bien existe un amplio apoyo a las demandas políticas del movimiento BDS en toda Palestina, todavía se debate la posibilidad de un boicot a los productos israelíes. 

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La campaña de la Semana Económica Nacional Palestina (NEW), llamada “Compre en su Ciudad Natal”, se lanzó a raíz del último levantamiento palestino. A través de conferencias, visitas a mercados de agricultores y ventas de calcomanías y carteles que promueven el boicot a Israel, NEW tuvo como objetivo aumentar la conciencia de los palestinos sobre cómo las políticas económicas fortalecen los sistemas coloniales y la importancia del boicot para resistir y corroer estas estructuras.

Este movimiento pidió a los palestinos que boicotearan los productos israelíes y promovió la importancia de sustituirlos por alternativas palestinas, en aras del empoderamiento y la creación de capacidad local.

Las campañas de boicot económico en Palestina siguen modelos más antiguos de manifestación, los cuales fueron utilizados en diferentes causas a nivel mundial. Tampoco es un enfoque nuevo para los propios palestinos, ya que lo adoptaron durante mucho tiempo como un medio popular de resistencia, comenzando durante la lucha frente al colonialismo británico y los planes de ocupación sionista en la década de 1920.

El exministro de Finanzas de Israel y su actual primer Ministro Suplente, Yair Lapid, compartieron su temor a la amenaza de las campañas de boicot a la economía israelí cuando dijeron que “es más vulnerable que su seguridad nacional”.

En este sentido, las campañas de BDS ya causaron grandes pérdidas a la economía de Israel al alentar a las principales empresas internacionales a desinvertir. Según un informe de la ONU, las campañas fueron en parte responsables de la reducción del 46% de las inversiones extranjeras directas en 2014. 

El Instituto RAND también estimó que la continuación de las campañas de boicot de BDS conduciría a una pérdida de 1% a 2% de la producción local israelí, lo cual, equivale a USD 28.000-56.000 millones en los próximos 10 años.

Si bien el boicot es un modelo exitoso que se utilizó en Palestina durante años e incluso logró extenderse a los partidarios internacionales que quieren desafiar las políticas de ocupación, no se puede negar que, según los desafíos únicos de los palestinos, es el más difícil llevar adelante boicots económicos dentro de la tierra ocupada.

Todos los palestinos, en Gaza y Cisjordania y dentro de las tierras ocupadas en 1948, comparten el mismo desdén por Israel y están de acuerdo en la necesidad de resistir todas las políticas coloniales de apartheid y colonos para su liberación y hacer realidad el derecho palestino de regresar a sus tierras. Sin embargo, el boicot económico como medio de resistencia todavía se resiste.

Las campañas de boicot en Palestina siempre tuvieron que enfrentarse a voces desmoralizadoras que afirman su ineficiencia dentro de la tierra ocupada. Si bien el debate sobre el boicot económico es legítimo debido al hecho de que la lucha palestina por la liberación es multifacética, y los ciudadanos siempre tuvieron diferentes puntos de vista sobre el logro de la libertad, también debe entenderse que, al igual que la búsqueda de las naciones colonizadas, el camino palestino de la emancipación es un proyecto educativo permanente y de larga data.

A los palestinos les lleva tiempo estudiar y comprender a su ocupante y desmantelar sus variadas estrategias de ocupación. Una de estas se centra en que Israel “controle” la psique colonizada para que pueda afirmar el dominio y mantener la superioridad. Esto es descripto por Frantz Fanon, Yukio Tsuda, Marcelo Dascal y otros estudiosos como “colonizar la mente” o “colonizar la conciencia”, y explicaría el origen de estas voces desalentadoras sobre la eficacia del boicot económico como medio de liberación.

También está relacionado con el sentimiento de deficiencia e inferioridad que tienen algunos palestinos al observar las capacidades de Israel, y su sentimiento de que el conocimiento, el comercio, los productos y los sistemas de Israel son mejores que cualquier cosa que puedan encontrar en Palestina.

Por lo tanto, este artículo busca deconstruir y refutar las cinco afirmaciones desmoralizadoras más difundidas sobre el boicot, basándonos en estadísticas y datos concretos.

  1. Los Productos Israelíes son de Mayor Calidad que los Palestinos

En primer lugar, es crucial analizar los productos israelíes dentro del contexto colonial. Estos se producen en tierras palestinas y las ganancias se invierten en proyectos de construcción de asentamientos, desarrollo de infraestructura y judaización en el estado de ocupación.

Además, muchas empresas apoyan directamente a la estructura militar israelí bajo el pretexto de la “responsabilidad social”. “Tnuva”, la compañía láctea, proporciona a las unidades del ejército sus productos y establece centros de capacitación para ellos. Adoptó las unidades Egoz y Yael IDF en 1995 y suministró las necesidades de la unidad Shaldag- fuerza aérea- en 2013. Estas y una docena de otras participaciones resaltan cómo la economía de Israel es parte integral del proyecto de colonialismo.

Independientemente de este contexto esencial, considerar que la calidad de los productos israelíes es mejor que la palestina también puede ser refutada por los informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). 

Según la OCDE, Israel obtuvo las tasas más altas de químicos y pesticidas tóxicos en sus productos agrícolas entre 2008 y 2010. Anualmente, se venden alrededor de 7000 libras de 670 pesticidas diferentes para preservar y almacenar usos de rendimiento, o para detergentes. 

Israel también rocía alrededor de 3,5kg de pesticidas tóxicos en cada dunum agrícola. Estos valores superan a Suecia, cuyo consumo de pesticidas se considera el menor del mundo (0,04kg por dunum), alrededor de 88 veces, lo que deja a sus productos agrícolas como los más peligrosos entre los países occidentales.

Esta información destaca el hecho de que, en lugar de proporcionar a sus clientes productos saludables y de buena calidad, las ganancias son la máxima prioridad de Israel.

Los consumidores que probaron el mismo producto en los mercados palestino e israelí señalaron la diferencia, siendo el primero de menor calidad. Un empleado palestino de una empresa israelí notó la existencia de una línea de producción diferenciada que no está sujeta a vigilancia sanitaria.

Otro trabajador de la fábrica “Elite” compartió que los productos que no corresponden a los estándares de seguridad, salud, sabor, distribución y comercialización se exportan a los mercados palestinos en lugar de desecharse.

Mahmoud Kheil, propietario de una de las granjas de hongos palestinas que Israel obligó a cerrar en 2016 debido a su competencia, señaló que Israel vende sus productos de baja calidad a los palestinos al mismo precio que los de alta calidad. En este sentido, lo que le sucedió a un niño palestino de Jerusalén al beber leche “materna” israelí en 2009, confirma los datos antes mencionados.

Después de sentir dolor en el estómago y realizarse un examen médico, parecía que la leche estaba contaminada con una concentración más alta de coniformes que alcanzaba los 3000ml en lugar de cero. Posteriormente, uno de los agentes de “Materna” aclaró que esta leche solo se vende en los mercados palestinos.

También vale la pena mencionar que el producto palestino a veces se considera de menor calidad que su competidor israelí, incluso antes de probarlo. Para deconstruir estos estereotipos, es necesario comprender que este sentimiento que tienen a veces los palestinos es causado por la mentalidad colonial de ocupación que lo obliga a verse a sí mismo como incompetente o internamente derrotado. 

Además, dejando a un lado toda la evidencia antes mencionada, es importante comprender que no se trata solo de una competencia libre y justa en calidad y sabor con los productos israelíes, incluso si son realmente imbatibles. Es más bien una cuestión de boicot que se basa en la comprensión de que la economía de Israel es un elemento esencial del sistema colonial y de ocupación. 

Si bien el boicot económico es una necesidad nacional primaria para que los palestinos debiliten la economía de la ocupación, también es necesario potenciar sus productos nacionales que allanarían el camino para su independencia económica y liberación nacional.

  1. Los boicots individuales no afectarán la economía de Israel 

Es todo lo contrario. Cada participación individual en un boicot marca la diferencia. Muchas campañas nacionales e internacionales demostraron que las acciones individuales acumuladas conducirían a acciones masivas cuantitativas y cualitativas. 

El boicot a los colectivos contra la segregación social en Estados Unidos es un ejemplo a tener en cuenta. Todo comenzó en 1955 cuando Rosa Parks se negó a ceder su asiento a una persona blanca.

Mirando dentro de Palestina, según un Informe de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), entre los años 2013 y 2014 hubo una disminución del 24% en las importaciones palestinas de empresas israelíes gracias a las campañas de boicot.

En su entrevista con Arabia Independent, el coordinador general de BDS, Mahmoud Nawajaa, explicó cómo la persistencia de los consumidores palestinos en boicotear el 10% de su consumo de productos israelíes ahorraría 70.000 oportunidades laborales para sus jóvenes graduados desempleados.

Nawajaa aclara que el mercado palestino en Cisjordania es el segundo mayor consumidor de productos israelíes después del mercado de los Estados Unidos, con valores que ascienden a más de USD 4.400.000.000 anuales. En consecuencia, si los palestinos continuarían boicoteando estos productos, las empresas se verán perjudicadas y obligadas a disminuir su producción. Esto a su vez, permitiría a las fábricas palestinas producir mayores cantidades para cumplir con los requisitos del mercado local.

Se otorgarán oportunidades de trabajo a más palestinos como resultado de la necesidad de producción de más manos, y las fábricas tendrán el desafío de mantener y desarrollar la calidad de sus productos.

  1. Los palestinos no pueden escapar de tratar con las instituciones israelíes

A veces se afirma que el activismo de los palestinos, especialmente, aquellos que tienen ciudadanía israelí dentro de las tierras ocupadas en 1948, es imposible ya que todo está bajo ocupación. ¡Es verdad! Se ve obligados a lidiar con el estado de ocupación y utilizar sus servicios, lo que significa que están sujetos a una especie de normalización forzada. Sin embargo, aquí surge la necesidad de diferenciar normalización forzada y voluntaria.

Por un lado, al igual que cualquier otra nación que estuvo sujeta a sistemas coloniales, los palestinos se ven obligados a tener una relación coercitiva con la ocupación, como usar sus hospitales, universidades y puertos o comerciar con su moneda. Sin embargo, por otro lado, siguen siendo los que toman las decisiones en el caso del consumo de los hogares cuando la alternativa palestina está disponible.

Elegir priorizar el producto israelí cuando existe una versión palestina es lo que se considera una normalización voluntaria de la que los palestinos deben ser conscientes.

Lo que se volvió a demostrar durante el último levantamiento es que un boicot económico podría ser el primer paso hacia la liberación de los palestinos. Mientras Israel ocupa la tierra y su gente, los palestinos todavía pueden decidir y aspirar a la independencia.

  1. Los productos palestinos son caros

En general, es cierto que los productos palestinos son más caros que los competidores israelíes en términos de precios. Sin embargo, es importante considerar esta diferencia de precios como consecuencia del dominio de Tel Aviv y las políticas de monopolio industrial.

Israel tiene como objetivo erosionar el mercado palestino y convertirlo en consumidor-dependiente en lugar de productor-independiente. Las políticas económicas del gobierno israelí adoptan lo que se denomina “economías de escala”. 

Cuando una gran empresa tiene un alto volumen de operación y producción, el costo por unidad de producción de la compañía disminuye y crea precios bajos competitivos indiscutibles. Esto conduce a una mayor demanda del producto, precios asequibles y así sucesivamente.

Israel introduce a los palestinos en una cadena de producción que creen que necesitan. De hecho, esta teoría del consumidor no sería aplicable y no generaría ganancias esperadas sin el consumo de los palestinos.

Después de esto, la continuación del sometimiento de los palestinos a la cadena de producción israelí solo dificulta que los productos locales compitan con los precios israelíes y que el mercado prospere y se independice. Solo con apoyo el producto árabe se fortalecerá, la demanda aumentará y los precios comenzarán a disminuir.

Hay alrededor de dos millones de palestinos dentro de las tierras ocupadas en 1948, y más de 350.000 palestinos en Jerusalén, además de la gente en Gaza y Cisjordania, que cambian las reglas del juego. Los palestinos constituyen un poder adquisitivo masivo que podría conducir a una gran pérdida para el mercado israelí y desarrollar la economía árabe.

  1. Mi participación no marcará la diferencia y solo amenazará mi carrera

Israel trató durante mucho tiempo de obligar a los palestinos a esforzarse simplemente por vivir, sobrevivir y olvidarse de su causa nacional de liberación. Los empleados palestinos en todos los sectores israelíes siempre asumen su insignificancia en la economía de Israel y sufrieron continuas amenazas de despido. Sin embargo, los recientes acontecimientos políticos en Palestina demostraron lo contrario, asegurándonos que la mano de obra palestina es la columna vertebral de la economía de Tel Aviv.

La huelga nacional “Dignidad”, en la histórica Palestina el 18 de mayo de 2021, fue la más grande de su tipo desde 1936, y pudo crear una diferencia y dañar la economía de Israel debido a la participación de la mayoría de los trabajadores palestinos en los sectores israelíes. El caso de la construcción es un ejemplo de ellos: el sector está constituido por 241.000 albañiles, entre ellos 60.000-65.000 en Cisjordania y otros 90.000 en las tierras ocupadas, que en conjunto producen alrededor del 66% de la producción nacional de Israel anualmente (alrededor de USD 35.000 del PBI).

Los trabajadores palestinos en la construcción siempre están sujetos a condiciones de trabajo degradantes y se les ofrecen bajos salarios y largas horas, especialmente, en Cisjordania porque no están sujetos a las leyes laborales de Israel.

También siempre tienen que preocuparse de ser fácilmente expulsados ​​y reemplazados por la más mínima cosa, incluida su afiliación nacional y política, que les impide participar en huelgas políticas. Sin embargo, el “Huelgo por la Dignidad” pudo demostrar el poder impresionante que tienen estos trabajadores, cuando todos unidos y comprometidos con el paro nacional. Esta huelga de un día le costó al sector de la construcción una pérdida considerable que se ha estimado en ILS130 mil millones.

La “Huelga por la Dignidad”, organizada popularmente, demostró también que cuando los trabajadores palestinos están unidos y organizados, estos movimientos pueden conducir a una maximización de la perturbación de Israel. As lo confirma lo ocurrido con la arquitecta Aya Baydosi que fue suspendida de su trabajo en un estudio israelí, por su compromiso con la huelga.

Sin embargo, fue contratada por una firma palestina inmediatamente después, lo que creó una alternativa para ella y alentó a otros empleadores a unirse para crear oportunidades para quienes quedaron desempleados después de la huelga.

Como consecuencia, continuar con este apoyo a los trabajadores nos permite esperar en el desmantelamiento de los sistemas israelíes que se basan completamente en la manipulación y explotación de los trabajadores palestinos. Además, creará un mecanismo directo para empoderar a la mano de obra local y construir la autonomía económica.

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Amal Nazzal- Profesora Asistente en la Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Birzeit. PhD, Universidad de Exeter.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Mondoweiss el 6 de julio de 2021.