Del Consejo Nacional a la Coalición Nacional: ¿La oposición política de Siria se convirtió en una carga para la revolución?

Por Walid Al Nofal para Syria Direct

Presidente de Siria Bashar Al Assad. [Kremlin.ru / Wikimedia Commons]

Paralelamente a la lucha contra el régimen de Bashar Al Asad, los sirios están inmersos en una batalla continua desde marzo de 2011 para crear organismos políticos influyentes que representen a los revolucionarios.

Sin embargo, las relaciones entre los bloques políticos, las asambleas y las plataformas posteriores a la revolución se caracterizaron por conflictos internos que reflejan la polarización regional e internacional. 

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Un nacimiento tambaleante

Cuando las protestas se extendieron en la primavera de 2011, había “una necesidad imperiosa de que la movilización popular se tradujera en política. Todos los que salieron a manifestarse tenían el deseo de que las voces que pedían la libertad y la salvación de la tiranía estuvieran representadas políticamente”, dijo Yahya Al Aridi, portavoz de la Comisión de Negociación Siria (CNS), a Syria Direct.

El 30 de junio de 2011 —tres meses después del inicio de los estallidos sociales— un grupo de partidos y figuras políticas anunciaron en Damasco la formación del Comité de Coordinación Nacional para el Cambio Democrático (CCN), una alianza política que reunía a lo que finalmente se denominó la ‘oposición interna.’

El 16 de julio se celebró en Estambul, Turquía, una reunión conocida posteriormente como la Conferencia de Salvación Nacional. A ella asistieron diferentes organismos del espectro opositor sirio, incluido el CCN, para formar un Consejo de Salvación Nacional que debatiría la era posterior al régimen de Asad. 

En octubre de 2011, un grupo de entidades y figuras de la oposición anunció la formación del Consejo Nacional Sirio (CNS), el primer órgano político que representaba a la revolución en el país y en el extranjero. Sin embargo, el CNS no se unió al nuevo órgano dirigido por Burhan Ghalioun debido a las posiciones divergentes entre los dos bloques en varias cuestiones, especialmente sobre la oposición militar y el apoyo exterior. 

En consecuencia, los signos de una división en dos grupos de la oposición, uno interno y otro externo, comenzaron a aparecer clara y abiertamente. Esta división se vería reforzada posteriormente por una segunda versión de la Conferencia de Salvación Nacional convocada en Damasco el 23 de septiembre de 2012. Al celebrarse con el beneplácito de Rusia, Irán y el régimen, la conferencia fue rechazada por la mayoría de los componentes de la ‘oposición externa’ y el Ejército Sirio Libre (ESL), aunque su declaración final adoptó las demandas de la revolución, incluido el cambio del régimen de Asad.

Semanas antes, el 30 de junio de 2012, las Naciones Unidas emitieron el Comunicado de Ginebra en el que se trazaba una solución política para Siria. Conocido como el plan Annan, en honor al entonces enviado de la ONU a Siria, Kofi Annan, el plan incluía seis disposiciones, en particular, poner fin a la militarización de la crisis, resolver la cuestión políticamente mediante el diálogo y las negociaciones únicamente y formar un gobierno de transición. Se esperaba que la solución requiriera un año completo. 

Sin embargo, debido a los conflictos y las deserciones en las filas del CNS, Qatar, en presencia de diplomáticos árabes y occidentales, patrocinó la formación de una nueva coalición política, la Coalición Nacional para las Fuerzas Revolucionarias y de Oposición, el 11 de noviembre de 2012. Aun así, el CCN no se unió al nuevo organismo político ampliado. 

La Coalición entró en años de negociaciones inútiles con el régimen. A finales de 2015, 17 países, la Unión Europea y la ONU adoptaron el Comunicado de Viena que exigía: “garantizar el acceso de las organizaciones humanitarias a todas las regiones sirias, afirmar la necesidad de derrotar al llamado Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) y formar un gobierno de transición creíble, inclusivo y no sectario, siempre que su formación fuera seguida de la redacción de una nueva constitución y la posterior celebración de elecciones”. 

Tras la reunión de Viena ”’se encargó a Jordania que definiera a determinadas fuerzas como (grupos) terroristas”, mientras que “Arabia Saudí debía reunir a la oposición y crear un órgano específico que participara en el proceso de negociaciones para aplicar la resolución 2254”, que había sido adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU el 18 de diciembre de 2015, basándose en los comunicados de Ginebra y Viena, añadió Aridi.

Una mezcla de contradicciones

En diciembre de 2015, Arabia Saudí patrocinó la Reunión Ampliada de Riad I para la oposición Siria. En ella participaron entidades militares y políticas de la oposición, incluidos miembros del CCN. Las partes alcanzaron un documento político y una visión unificada para el proceso de resolución. 

El 10 de diciembre se constituyó oficialmente el Alto Comité de Negociaciones de Siria como referencia para la delegación que dialoga con el régimen. Está compuesto por 32 miembros: nueve de la Coalición Nacional de Fuerzas Revolucionarias y de Oposición, diez de facciones armadas de la oposición, cinco del CCN y ocho independientes. 

Seis días más tarde, el Consejo de Seguridad adoptó la Resolución 2254 en la que pedía a la ONU que reuniera a la oposición y al régimen en negociaciones formales, a principios de enero de 2016. 

Anteriormente, se habían formado dos plataformas en El Cairo y Moscú, en 2014. Pero muchas otras entidades de la oposición acusaron a ambas plataformas de favorecer a Rusia y al régimen de Asad y de tener planteamientos divergentes de las prioridades del Alto Comité de Negociaciones de Siria. Sin embargo, Rusia invocó repetidamente la existencia de “dos oposiciones”, llamando a la unificación de las filas de la oposición siria para completar el proceso político y alcanzar una solución definitiva al conflicto. 

Además de una agenda saudí, estos llamamientos llevaron a organizar una segunda reunión de la oposición en Riad para formar una delegación unificada para la próxima reunión de Ginebra VIII. 

Riad II se celebró el 22 de noviembre de 2017 en medio de un ambiente tenso, que incluyó la dimisión colectiva de los miembros del Alto Comité de Negociaciones de Siria. Mientras que decenas de figuras políticas boicotearon la reunión, la plataforma de Moscú se retiró de las sesiones debido a lo que su jefe, Qadri Jamil, describió como “el fracaso del comité preparatorio (de la reunión) para alcanzar un consenso sobre una visión común para la delegación negociadora única.” 

Sin embargo, la reunión dio lugar a una nueva versión ampliada del Alto Comité de Negociaciones de Siria —conocido también como Comité de Negociaciones de Siria—, compuesto por 50 miembros: 10 de la Coalición Nacional para las Fuerzas Revolucionarias y de Oposición, seis del CCN, cuatro de la plataforma de El Cairo, cuatro de la plataforma de Moscú, diez de facciones militares y 16 independientes. 

“Debido a la presión de Rusia, que habló continuamente de múltiples oposiciones y de la necesidad de ampliarla, las plataformas de El Cairo y Moscú entraron en el Comité de Negociaciones de Siria”, dijo Aridi. Los “esfuerzos rusos son claros: Rusia quiere destruir la credibilidad de la oposición como sea”, añadió.

Moscú lidera el proceso político

Ante la incapacidad de la ONU para lograr resultados en el proceso de negociación, Rusia inició una movilización política coincidiendo con su intervención militar en apoyo del régimen. El 23 de enero de 2017 se celebró la primera ronda de conversaciones de Astana bajo los auspicios de Rusia, Irán y Turquía, conocidos como los ‘Estados garantes.’ La declaración final hizo hincapié en una solución política al conflicto sirio, en que las negociaciones entre la oposición y el régimen fueran indirectas y en que la oposición moderada se separara de Hayat Tahrir Al Sham. Los tres Estados garantes también acordaron establecer un mecanismo trilateral para supervisar el alto el fuego en Siria. 

A pesar de la insistencia de la oposición siria en que la ONU patrocine una solución política basada en los comunicados de Ginebra y Viena y en la resolución 2254, la vía de Astana constituyó una vía independiente para una solución política en Siria. Moscú escogió puntos concretos de la resolución del Consejo de Seguridad y de los comunicados anteriores, especialmente los relacionados con la situación humanitaria y las operaciones militares, y trabajó sobre ellos en unas negociaciones ‘controvertidas’ que sólo sirvieron para lograr los intereses de Rusia y del régimen de Asad.

El objetivo de Rusia, según Aridi, era sistemáticamente “vaciar las decisiones internacionales creando diferentes vías políticas, como la de Astana, relacionada con las cuestiones militares y humanitarias que forman parte de la Resolución 2254”. Pero “al final, no fue más que un intento de desviar la vía política de su curso principal en Ginebra: lograr el proceso de transición y encontrar una solución política” expresó.

Semanas después de la primera ronda de conversaciones de Astana, Ginebra IV tuvo lugar en marzo de 2017 y fue testigo del primer anuncio oficial del Comité Constitucional. El entonces enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, anunció que se habían alcanzado cuatro “cestas” para una solución definitiva del conflicto sirio: establecer un gobierno creíble y no sectario, iniciar el proceso de redacción de una nueva constitución, debatir la celebración de elecciones libres y justas y discutir una estrategia antiterrorista. 

Este anuncio fue un punto de partida para que Rusia continuara su camino político en Siria. Con la cuarta ronda de conversaciones de Astana, celebrada el 3 de mayo del mismo año, Rusia anunció tres zonas de desescalada en las áreas controladas por la oposición siria. Una cuarta zona similar en el sur de Siria surgió en virtud de un acuerdo independiente entre Estados Unidos y Rusia en julio de 2017. Sin embargo, las delegaciones de la oposición que participaban en las conversaciones suspendieron su participación el primer día y se retiraron durante el anuncio de la declaración final a modo de protesta por haber invitado a Irán a firmar la declaración. 

El 30 de enero de 2018, Rusia ideó una nueva vía basada en las conversaciones de Astana. Conocidas como la Conferencia de Sochi, la Conferencia del Pueblo Sirio y el Diálogo Nacional, las conversaciones reunieron, según Rusia, a representantes de diferentes sectas, etnias, nacionalidades y representantes del régimen y de la oposición. 

Los participantes acordaron 12 puntos para alcanzar una solución política a la crisis siria. Uno de ellos fue la formación de un comité constitucional compuesto por el gobierno y la oposición para la reforma constitucional según la Resolución 2254 del Consejo de Seguridad. 

Tras meses de desacuerdos y discusiones auspiciadas por Rusia y el enviado especial a Siria, Geir Pedersen, sobre un mecanismo para formar un Comité Constitucional, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, anunció el 23 de septiembre de 2019 que las partes sirias habían acordado formarlo. Desde entonces, los trabajos del Comité no alcanzaron ningún resultado. 

El engaño ruso

Los objetivos declarados del establecimiento de las cuatro zonas de desescalada eran limitar los enfrentamientos militares entre las fuerzas de la oposición y el régimen, prestar ayuda a los civiles, rehabilitar las infraestructuras y crear condiciones propicias para el regreso de los refugiados y desplazados a sus zonas, con la intención de alcanzar finalmente una solución política duradera.  

Pero en la decimotercera ronda de las Conversaciones de Astana, en agosto de 2019, las fuerzas gubernamentales y sus milicias aliadas controlaban tres de las zonas de desescalada, mientras que las condiciones humanitarias y de seguridad empeoraban en la última zona, en el noroeste de Siria, a la que se desplazaron por la fuerza cientos de miles de personas tras huir de las otras zonas de desescalada. 

Esto explica los objetivos reales de la ‘desescalada’, que Rusia inventó al recoger parte de la Resolución 2254, “convirtiendo el alto el fuego en las llamadas zonas de desescalada, a las que luego volvió y carcomió”, según Aridi. Rusia aplicó el mismo escenario en el plano político. 

A pesar de que el Secretario General de la ONU celebró el anuncio de la formación del Comité Constitucional en septiembre de 2019, el trabajo del Comité no indica que sea un paso fundamental para resolver la crisis siria. Desde el inicio de sus reuniones, el 30 de octubre de 2019, la brecha entre las delegaciones del régimen y de la oposición no hizo  más que aumentar. 

La idea del Comité Constitucional se propuso por primera vez en Astana y, según Aridi, “las facciones rechazaron la propuesta oficial en aquel momento”. Más tarde, con la celebración de la Conferencia del Pueblo Sirio en Sochi, Putin volvió a insistir en la idea, incluida en la declaración final de la conferencia. 

El Comité de Negociaciones Sirio, en un intento de volver a poner las cosas en el tejado de la ONU, “retiró la carta que Rusia quería conservar para sí, que es el Comité Constitucional, y la puso bajo los auspicios de las Naciones Unidas. Esto enfureció mucho a Rusia” dijo  Aridi y añadió que “en la práctica, Rusia no es menos que el régimen al obstruir el trabajo del Comité”. 

Conocimiento a través de la experiencia

En los últimos diez años, “la oposición política siempre intentó desarrollar su actuación política”, según Muhammad Sarmini, director del Centro de Estudios Jusoor, con sede en Turquía. Sin embargo, “el constante retraso en el aprovechamiento de las experiencias fue la característica principal”, ya que “los sirios escucharon a menudo a las élites políticas admitir su falta de experiencia, y que la obtienen trabajando dentro de la oposición política”, dijo a Syria Direct

Aridi lo confirmó y dijo: “La oposición política no es tan experimentada, pero cuenta con miembros claramente identitarios, comprometidos con los derechos de los sirios, y que siguen realmente comprometidos con la defensa de estos derechos”.

Según Sarmini hay que añadir “las disputas internas en las filas de la oposición y su ruptura con el pueblo dentro de Siria”.

Pero aunque la oposición sufre de “debilidad de visión, procesos de exclusión y la mirada de algunos de que la oposición es una nueva pugna o una forma de obtener influencia, así como la codicia de algunas personas”, dijo Aridi, “no se puede culpar totalmente a la oposición”.  Señaló la influencia externa, especialmente “el fuerte compromiso de Rusia e Irán de apoyar al régimen de la tiranía”. Mientras tanto, “los aliados del pueblo sirio que apoyan a la oposición y la revolución no igualaron lo que hicieron los rusos e iraníes en su apoyo al régimen despótico”, declaró.

¿Un peso para la revolución?

La oposición política ocupó el “lugar de portavoz y negociador en nombre de los que se oponen al gobierno de Asad, por lo tanto, se ve en términos de una responsabilidad con respecto a los resultados en esta desafortunada realidad a la que llegó Siria”, dijo Sarmini.

Sin embargo, “tal vez quien acusa a la oposición y la considera un estorbo no pueda aportar nada más en su lugar debido a muchos factores externos e internos, pero esto no la exime de responsabilidad”, sobre todo porque “algunas de las causas de su debilidad e impotencia son autoimpuestas. El silencio y la inacción en una posición de responsabilidad con esta realidad catastrófica son inaceptables. El silencio y la inacción en una posición de responsabilidad con esta realidad catastrófica son inaceptables” agregó.

Además, “la cuestión no está en manos de la oposición ni del régimen”, dijo Aridi, “las dos partes no son las que toman las decisiones”. Explicó que “el régimen fue traicionero hasta el punto de hacer que la cuestión quedara fuera del marco de los sirios, a pesar de que se habla constantemente de que es una cuestión Siria”. 

“Es fácil atacar a la oposición. No es perfecta. Tiene todos los males posibles. Pero en la práctica, hay otras razones para la prolongación de la tragedia” añadió Aridi.

“En un momento dado, antes de Riad II, el Comité de Negociaciones de Siria suspendió las negociaciones. Pero durante más de 15 meses, nadie prestó atención a la cuestión siria. Los rusos e iraníes estaban solos en el territorio. Recuperaron gran parte de la geografía liberada y Alepo cayó. La cuestión está en los individuos. Los individuos pueden ser reemplazados, lo cual es continuamente posible y necesario para que la oposición dé impulso a la gente para encontrar un plan efectivo y lograr los objetivos”, expresó.

Según Sarmini, “los procesos de reforma y desarrollo de la actuación de los negociadores de la oposición seguirán siendo lentos, y su eficacia será limitada a corto plazo”. Pero a largo plazo, “la sustitución de la oposición, la activación de los pasivos entre ella o la ayuda a la actual oposición para que tenga un mejor desempeño depende del grado de seriedad internacional para encontrar una solución política en Siria: la convicción de los países que necesitan permitir la libre acción de los partidos políticos en Siria”.

“Cuando se cumpla con los derechos humanos y el derecho de Siria a regresar a la normalidad tras la aplicación de las resoluciones internacionales y la búsqueda de una solución real y una transición política, el futuro real pertenecerá a la voz de los sirios”, concluyó Aridi. 

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Walid Al Nofal es un periodista de Syria Direct originario de la provincia de Daraa, en el sur de Siria. Trabajó como reportero de campo poco después del inicio de la revolución siria en 2011 hasta que se trasladó a Jordania en 2013. En la actualidad, el trabajo de Walid se centra en documentar las violaciones humanitarias cometidas por diversos actores del conflicto sirio.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Syria Direct el 14 de abril de 2021.