Rechazar la amnesia imperial en la guerra contra el terrorismo

Por Darryl Li para Middle East Research and Information Project (MERIP)

Cerrar Guantánamo, Casa Blanca. [Daniel Lobo / Creative Commons]

La cobertura de MERIP de la Guerra Global contra el Terror resultante contrarresta la amnesia deliberada del nacionalismo estadounidense con una rigurosa insistencia en iluminar las continuidades históricas de la violencia imperial.

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En una editorial de la publicación de invierno de 2001, los editores de MERIP, Chris Toensing y Elliott Colla, insistieron: “los secuestros y los asesinatos en masa del 11 de septiembre fueron horribles y trascendentales, pero el mundo no cambió de repente en esa mañana cristalina”. MERIP argumentó proféticamente que el horrible espectáculo del país más rico del mundo bombardeando Afganistán —uno de los más pobres— no pudo ocultar la máxima futilidad de los esfuerzos imperiales de Washington en ese país y en otros lugares.

La cobertura de MERIP de la Guerra Global contra el Terror resultante contrarresta la amnesia deliberada del nacionalismo estadounidense con una rigurosa insistencia en iluminar las continuidades históricas de la violencia imperial. El legendario pensador anticolonial Eqbal Ahmad allanó el camino cuando Middle East Report publicó su ensayo “Comprehending Terror” (La Comprensión del terror) en 1986. En el se exponen las ideas que darían forma a su polémica de 1998, “Terrorism: Theirs and Ours” (Terrorismo: vuestro y nuestro), que pronunció poco antes de su fallecimiento y que circuló ampliamente después de los acontecimientos del 11 de septiembre. Ahmad, un viejo amigo y partidario de MERIP, ayudó a dar forma a las perpetuas críticas de izquierda a la etiqueta de “terrorismo”: su propensión a cerrar la investigación razonada, su incitación a la indignación moral selectiva y la ofuscación de formas mucho más consecuentes de violencia estatal.

Durante las últimas dos décadas, MERIP siguió de cerca la violencia en forma de metástasis de la Guerra contra el Terrorismo. Los resúmenes magistrales proporcionados en las notas editoriales de Chris Toensing siguen siendo valiosos estudios de sus respectivos momentos históricos. Otros aspectos destacados incluyen los escritos germinales de Laleh Khalili sobre la contrainsurgencia y guerra con drones (prefigurando su histórico volumen Time in the Shadows) (El Tiempo en las sombras). La cobertura de Steve Niva de la evolución de las Fuerzas de Operaciones Especiales de EE.UU. y sus redes de caza humana que se volvieron “cada vez más autónomas y parecidas a máquinas”; Rochelle Davis sobre la militarización de la cultura y la infatigable cobertura de Lisa Hajjar de las prácticas de tortura y detención extraterritoriales estadounidenses, especialmente en la Bahía de Guantánamo, Cuba y Bagram, Afganistán. MERIP también prestó mucha atención a las tensas complicidades que unen a Estados Unidos y sus estados clientes, como Egipto y Pakistán. El ensayo de 2004 de Scott Cutler Shershow y Scott Michaelsen sobre “The Guantánamo Black Hole” (El agujero negro de Guantánamo) quien esbozó algunos parámetros teóricos en torno a la soberanía y la excepción legal que se convertirían en un elemento básico del comentario de la izquierda en la era posterior al 11 de septiembre.

Al mismo tiempo, la cobertura de la Guerra contra el Terror de MERIP se mantiene fiel a las raíces de la publicación en la economía política. Destacan aquí el cuidadoso rastreo de Khalid Mustafa Medani de las muy difamadas redes de transferencia de dinero hawala entre África Oriental y el Golfo y la exposición de Ian Urbina sobre el rol del trabajo penitenciario en el complejo industrial militar de EE. UU. Estos trabajos allanaron el camino para mi propio estudio de la confianza de Washington en —y abuso de— la fuerza laboral migrante apuntalando su presencia militar en la región.

Gracias a su atención a la política de la impugnación, MERIP también presentó una cobertura inusualmente reflexiva de las formaciones de la yihad que atraerán tanta notoriedad, así como una cobertura general superficial. La conversación de Hisham Mubarak en 1996 con un líder del Gamaa Islamiyya en Egipto, que luego fue secuestrado por la CIA, sigue siendo una fuente primaria importante para comprender la escena de la yihad transnacional en esos años. Más recientemente, la entrevista de Andy Clarno con el bloguero de “Mosul Eye” Omar Mohammed ofrece un relato claro de la vida en Mosul bajo el autoproclamado Estado Islámico.

En el primer número del MERIP después de los ataques del 11 de septiembre, Salwa Ismail y Khaled Abou El Fadl proporcionaron astutos comentarios para fundamentar el análisis político de los movimientos islamistas en relación con las tradiciones doctrinales. Y los lectores serían negligentes al descuidar el libro de 1997 de Charles Hirschkind “¿Qué es el Islam político?” Continuando con esta tradición, mi artículo de 2011 sobre los “combatientes extranjeros” árabesque participaron en la jihad en Afganistán intentó proporcionar una descripción general de este diverso movimiento transregional y sus legados mixtos —de los cuales Al Qaeda era sólo uno.

Por último, el MERIP participó activamente en los debates sobre las políticas de representación, especialmente con una profunda base en las realidades materiales. Entregando críticas incisivas de los efectos de la Guerra contra el Terror en la cultura popular, desde el análisis de Jamil Khader de la serie de televisión de Ramadán hasta la disección reciente de una comedia de situación sobre un soldado estadounidense y su intérprete afgano por Wazhmah Osman, Helena Zeweri y Seelai Karzai. Hisham Aïdi examinó cómo la Guerra contra el Terror modificó los discursos en torno a la racialización en formas que prefiguran los debates contemporáneos. Sumado, a Lara Deeb y Jessica Winegar  quienes trazaron cómo estos eventos dieron forma a toda una generación de antropólogos del Medio Oriente en la academia estadounidense. También hubo intentos de deconstruir industrias de especialización, incluida la evisceración por Arbella Bet Shlimon del saqueo de documentos de Irak por parte del New York Times, Wisam Alshaibi sobre la explotación de los archivos estatales iraquíes por parte de la Administración Bush y mi propio estudio de las locuras del “yihadismo” como categoría analítica, muy en deuda con el ensayo de Eqbal Ahmad mencionado anteriormente.

El número de Middle East Report que incluía el artículo de 1986 de Ahmad también incluía comentarios que hizo con motivo del decimoquinto aniversario del MERIP. No solo elogió las posturas del colectivo editorial, sino que señaló que “se unió al futuro”. Para Ahmad, fue el compromiso de MERIP de apoyar la pedagogía crítica lo que se destacó, “una continuidad inspiradora aquí de generaciones de intelecto activista”. Yo y muchos otros en las generaciones que siguieron a estos comentarios hemos encontrado en MERIP un archivo de conocimiento e inspiración. El acto de recordar —de forjar la memoria en comunidad— es siempre necesario para contrarrestar la amnesia que trabaja constantemente para hacer benigna la violencia imperial, que incluso hoy busca borrar la Guerra contra el Terror del mismo modo que borró los horrores que la precedieron y la habilitaron.

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Darryl Li es profesor asistente de antropología y miembro asociado de la facultad de derecho de la Universidad de Chicago y autor de The Universal Enemy: Jihad, Empire, and the Challenge of Solidarity. Fue editor de Middle East Report de 2011 a 2016.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Middle East Research and Information Project (MERIP) el 7 de septiembre de 2021.