¿Puede el nuevo gabinete sacar al Líbano de su crisis?

Por Marwan Asmar para Al Bawaba

Consecuencias de las explosiones de Beirut en 2020. [Freimut Bahlo/Creative Commons]

Por fin, el Líbano puede respirar o sus ciudadanos deberían poder respirar pronto, o por lo menos lo suficiente. Realmente, este es el resultado final, de ahora en adelante debería ser una curva ascendente y si bien hay optimismo, también hay mucha cautela.

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Beirut podrá respirar pronto gracias a la formación de un nuevo gobierno, tras 13 meses de bloqueo y dilación entre el palacio presidencial de Michel Aoun y los tres candidatos designados a primeros ministros para ser electos y formar un gobierno, con dos de ellos fracasando estrepitosamente. El tercero, Najeeb Mikat, finalmente logró armar un gabinete de 24 miembros justo en el último minuto con Aoun persuadido para que dijera que sí, inmediatamente después de una enorme presión ejercida por los franceses y estadounidenses.

Este es sólo el comienzo del camino, pero lo que realmente significa es que el Líbano finalmente puede seguir adelante y solicitar la ayuda de los franceses y los europeos. Con ello, se podrá negociar el paquete de rescate que se espera del Fondo Monetario Internacional para salvar al país. Los políticos y funcionarios internacionales retuvieron la ayuda durante la mayor parte de los 13 meses desde que el último gobierno, el de Hassan Diab, renunció después de la explosión del puerto de Beirut en agosto pasado. La explosión mató a más de 210 personas, desplazó a 7000 ciudadanos y causó daños colaterales por millones de dólares.

Diab, con razón, permaneció como Primer Ministro interino con las manos atadas hasta que se eligiera un nuevo gobierno. Esta situación estaba bajo la discreción de Aoun que quería un “tercer bloqueo” en cualquier gabinete, lo que significó un estancamiento continuo y exacerbó la actual crisis fiscal y económica libanesa que comenzó en 2019. Sumado a la presión occidental que se negó a prestar ayuda a menos que los políticos libaneses pusieran el país en orden. Por lo tanto, se produjeron muchos movimientos políticos en ambos lados, pero esto se convirtió en la situación del huevo y la gallina o del carro y el caballo. ¿Qué viene primero?

Todavía son los primeros días con el vapor rodante del gobierno agitándose antes de despegar.

El Primer Ministro Mikati, multimillonario y empresario, es el tercer mandatario designado en menos de un año en el contexto de una abismal montaña rusa de recesión económica y crisis producto del COVID-19 que puso al país de rodillas. Saad Al Hariri pasó nueve meses tratando de formar un gobierno, pero Aoun lo frustró constantemente porque básicamente quería que un tercio del gabinete estuviera compuesto por hombres del ‘sí’ que le dieran el control final del proceso. Antes de eso, Mustapha Adib, un diplomático libanés convertido en hombre de negocios afincado en Alemania, fue el encargado de formar gobierno justo después de la explosión, pero no duró ni un mes y dimitió, evidentemente, por considerar que la política libanesa estaba demasiado caliente.

Mientras tanto, la economía se fue por el desagüe, el dólar comenzó a cotizar a 19.000 liras, lo que significó que las importaciones se volvieran prohibitivamente caras, y el país empezó a quedarse sin bienes básicos, medicinas y combustible amenazando con cerrar hospitales, panaderías y toda conexión de internet con la electricidad completamente errática en la ciudad. Los alimentos y otros productos que existían pasaron a estar ciertamente fuera del alcance de los libaneses, el 80% de los cuales rozó el umbral de la pobreza. 

La gota que colmó el vaso fue cuando Mikati declaró a la prensa que no tenían moneda extranjera para comprar en el exterior; una declaración aleccionadora que prácticamente le hizo llorar cuando contó la historia de la madre que no podía comprar ni siquiera un paquete de aspirinas Panadol.

Pero los políticos no escucharon la furiosa calle que desde hace mucho tiempo protesta contra Aoun, y subieron el volumen de la radio a pesar de las interminables reuniones con los primeros designados. Gracias a Dios, ahora existe agua debajo del puente. Nadie está muy seguro de por qué Aoun finalmente aceptó un acuerdo político ya que Mikati dice que no obtuvo el “tercio de bloqueo”. Quizás fue la presión exterior de los estadounidenses y franceses, aunque ya se dice que los saudíes no están contentos con algunos de los ministros del nuevo gabinete, pero sin duda Riad será persuadido suavemente para que se alinee.

Mientras tanto, la presión mermó de alguna manera, aunque los críticos locales en el Líbano ya están dando la voz de alarma y diciendo que el gabinete es de las mismas facciones políticas, lo que honestamente podría ser así, debido a la naturaleza del sistema confesional que opera en el país a lo largo de las sectas cristiana, sunita y chiíta. Uno de los problemas del Líbano es que el ‘botín’ se reparte entre los políticos según estas líneas confesionales.

Sin embargo, el gabinete parece estar resuelto por el momento. Aparte de algunas carteras ministeriales más reveladoras como la de Najla Riachi para Desarrollo y Reformas Administrativas siendo la única mujer en el gobierno, y el reconocido personaje de los medios de comunicación, George Kordashi, para Comunicaciones el gobierno está ocupado principalmente por ‘tecnócratas’. En cierto modo esto es bueno para hacer frente a la crisis financiera que atraviesa el Líbano y, por sobre todo, convencer a los prestamistas externos. Es más, el Líbano se debe tomar en serio la reforma y la apertura en lugar de la corrupción de la que se acusa a sus políticos.

El actual viceprimer ministro, Saadeh Al Shami, era un experto regional del FMI y ex presidente de la Autoridad de Mercados de Capitales del Líbano. El ministro de Finanzas, Youssef Khalil, era el Jefe de Operaciones del Banco Central y es un economista que se incorporó a la institución en 1982, mientras que el ministro de Economía, Amin Salam, es de Harvard Kennedy School y ex presidente de la Cámara de Comercio Nacional Árabe Estadounidense.

Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores, Abdallah Bou Habib, es un economista competente con un doctorado de la Universidad de Venderbilt en Nashville y trabajó con el Banco Mundial. Sus relaciones internacionales son extensas, después de haber ejercido como embajador libanés en Washington entre 1983 y 1990.

En el actual gabinete existen militares, médicos, jueces, un miembro del Consejo Estatal de la Shura, un periodista, un farmacéutico, un dentista y un ingeniero, todos de las mejores universidades, incluido el MIT de los Estados Unidos. Es una especie de mezcolanza de antecedentes profesionales con personas elegidas como expertas en sus campos de investigación. Sin embargo, las críticas provienen de diferentes partidos políticos y de movimientos como Hezbollah, Amal, Movimiento Patriótico Libre, Partido Socialista Progresista y el Partido Democrático Libanés.

Pero qué importa esto, es el Líbano. Al menos, los principales obstáculos para abordar la crisis es que comenzará a moverse, y aunque los cínicos todavía están descontentos, en el Líbano tienes lo que tienes y tratas de vivir con ello. La situación nunca fue tan mala como lo es hoy y si los retoques funcionan, ¿por qué no?. Al menos se puede revertir el colapso.

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Marwan Asmar doctorado en ciencias políticas y editor general de Albawaba.com. Es responsable de artículos en inglés relacionados con la región MENA. Teniendo una larga carrera en periodismo trabajando en Jordania y el Golfo desde 1993.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Albawaba el 12 de septiembre de 2021.