Los Estados Árabes y la fallida gestión del Covid-19

Por Marwan Asmar para Al Bawaba

Doctor/Enfermero cargando vacuna. [West Nigel/Creative Commons]

A pesar del impacto catastrófico en la economía mundial y en general, en las personas, urbanización, interacción social y desarrollo, el Covid-19 ha sido particularmente severo en las poblaciones de Medio Oriente y diferentes países del mundo árabe.

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Sus economías tocaron fondo y el desempleo tomó relevancia masiva debido a las incesantes medidas de cierre y los paros intermitentes de negocios, corporaciones públicas y tiendas en toda la región.

El tratamiento del Covid-19 en el mundo árabe se caracterizó por su prudencia. Muchas organizaciones, entre ellas, el Banco Mundial sugirieron que la pandemia que inició en 2019, alcanzando su pico máximo en 2020 y con continuidad en 2021, no representó un período de fácil gestión para Medio Oriente.

De hecho, varios gobiernos regionales no tomaron una actitud proactiva, recibiendo varías críticas sobre el hecho de que no han adoptado políticas de ‘desarrollo económico’ y no presentaron una ‘visión’ para hacer frente a la crisis que la pandemia. Como consecuencia, la región sufrió las repercusiones en una tendencia depresiva sin fin dentro de sus actividades productivas centrales.

Si bien todos los países árabes sufrieron la crisis, Líbano y Túnez fueron los que más se vieron afectados con la línea de pobreza alcanzando el 56% y 21% respectivamente, sectores sanitarios en ruinas como resultado de las diversas cepas del Covid-19 y la mala gestión.

En el caso de Líbano se sumó el agravante de la depreciación de su moneda, lo que hace que en el país sea casi imposible la compra de medicamentos en el extranjero. Mientras que en Jordania, Yemen, Egipto, Sudán, Argelia e Irak, los sectores de menores recursos sufrieron gravemente los efectos de la crisis, llegando a cristalizar en protestas (Sudán, Argelia e Irak).

Es posible que el virus haya estado perpetuando la crisis económica que Sudán intentó resolver en los últimos días del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmando un acuerdo de normalización con Israel a cambio de que Washington cancelara cuantiosas deudas de Jartum.

Actualmente, el mundo árabe está dividido en dos amplios grupos de estados que se ocupan del Covid-19 de manera diferente y en formas alternativas. Están los integrantes del Golfo Árabe más Marruecos que están atendiendo la crisis de forma ‘positiva’ según Ferid Belhaj, vicepresidente del Banco Mundial para Medio Oriente y el Norte de África. Con esa calificación quiere decir que están instituyendo campañas de vacunación masiva como los Emiratos Árabes Unidos, donde el 70% ya tiene las dosis necesarias. Justamente, este tipo de acciones tienen un impacto positivo en la reactivación y reapertura económica.

Del otro lado de la vereda se encuentran los estados que exhibieron lentitud política en el tratamiento de la enfermedad. No hay más determinación para lidiar con la pandemia que las cuarentenas con el resultado final de ampliar la pobreza, desempleo y la falta de voluntad para escuchar a la gente, excepto el uso de mayores aparatos de seguridad.

Es el estado que se fortalece al dictar el cierre, restringir las horas de trabajo y, en general, mantener a raya a la gente. En cuanto a las vacunas, hay problemas y situaciones fortuitas. Este tipo de gestión no está dispuesta a obligar a las personas a vacunarse, aunque esto pueda deberse a la baja disponibilidad de dosis, y tienen que esperar los próximos lotes. A su vez, hay cierta fracción de la población que no quiere ir a los centros de vacunación para recibir el tratamiento, por ende, el Estado y el pueblo quedan encerrados en contradicciones entre ellos.

Hay poca imaginación en algunos países árabes, el énfasis durante los dos últimos años se centró en la “seguridad sanitaria” más que en la protección de la vida, y el Estado no está dispuesto a gastar más de lo necesario. Este estrés significó efectivamente la carencia de herramientas para dar una solución a tiendas, dueños de negocios, restaurantes y cafés que quedaron tambaleándose bajo la tensión económica, llegando a la bancarrota en muchas ocasiones. A su vez, no se pensaron formas innovadoras de reponer a cada uno de estos sectores y hacer que la economía se mueva con el beneficio de que la gente vuelva a trabajar.

Para ser justos, el Covid-19 tomó al mundo de sorpresa. Creó mucho caos en el Estado y lo paralizó para que no tomara medidas significativas y sensatas a largo plazo, además de medidas paliativas que tendían a ser meros contratiempos y, de hecho, empeoraban la situación. Claramente, esta no es la forma de avanzar y mirar hacia el futuro.

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Marwan Asmar es director de Albawaba.com, tiene una amplia experiencia periodística trabajando en Jordania y el Golfo desde 1993. Ph.D en Ciencias Políticas.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Al Bawaba el 19 de julio de 2021.