La crisis afgana y las posiciones europeas

Por Mahmoud Fazeli para Strategic Council On Foreign Relations

Parlamento de la Unión Europea. [Adamblang/Creative Commons]

La invasión de Afganistán dirigida por la OTAN, que comenzó después del atentado del 9/11 con el pretexto de ‘’guerra contra el terrorismo’’, dos décadas después de la misión, el rápido avance de los talibanes ha provocado varios países, incluidos miembros de la OTAN, se apresuran a retirar sus delegaciones diplomáticas, personal y ciudadanos del territorio de ese país. Las tropas occidentales estacionadas en Afganistán han entrenado al ejército afgano durante años, pero el entrenamiento no ha sido suficiente, y la razón por la que el ejército afgano no ha defendido la capital contra los talibanes sigue sin estar clara. El presidente del Consejo de Europa no considera que la situación en Afganistán sea un relato exitoso para la comunidad internacional y está considerando cómo la UE puede utilizar su influencia en las relaciones internacionales para defender sus intereses.

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En los últimos años, la UE patrocinó algunos proyectos sociales y económicos en Afganistán y, como el mayor donante extranjero del mundo, ha concedido más de 4.000.000 de euros a desde 2002, tras la invasión estadounidense. El Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, prevé que, a la luz de los acontecimientos en Afganistán, Asia Central se convertirá en una región más importante y estratégica para la UE, y que estos países asiáticos deberían enfocarse en el contacto diplomático con la UE.

Cree que los acontecimientos en Afganistán demuestran que Europa necesita desarrollar sus capacidades militares independientemente de los Estados Unidos. La UE debe organizarse para hacer frente al mundo tal como es, y no como lo sueña. Entre sus propuestas figura dotar a la UE de 50.000 efectivos para hacer frente a crisis similares a la crisis afgana. Prácticamente, se queja de que Europa sólo actúa en momentos de crisis, y por eso es hora de que la Unión se dote de fuerza militar para poder luchar si es necesario.

La evidencia muestra que la UE está buscando un marco para dar a sus 27 miembros más poder diplomático y militar, y para seguir desarrollando lo que el presidente francés Macron llama ‘’autonomía estratégica’’. Desde el punto de vista de Borrell, esa autonomía estratégica debe incluir la formación de una fuerza reactiva conjunta capaz de despliegue. Predice que Irak y la costa africana serán los centros de futuras crisis.

Francia, que persigue el objetivo de luchar contra el terrorismo, tiene la intención de lanzar una iniciativa europea destinada a ‘’la acción prematura y la protección del continente contra las grandes oleadas de inmigrantes ilegales que promuevan cualquier forma de tráfico’’. París considera que Afganistán no debería volver a ser un ‘refugio seguro para el terrorismo’. Las medidas de Francia son una lucha activa contra el fenómeno terrorista en todas sus formas. Así mismo París apoyó y respaldó la intervención militar en Afganistán desde 2001 a 2014.

París concluye que la intervención militar no busca reemplazar la soberanía sobre el pueblo e imponer la democracia extranjera, sino defender la estabilidad y la seguridad internacionales. Francia no tiene planes de reconocer a los talibanes y espera que los mismos cumplan sus promesas de formar un gobierno que sea ‘’inclusivo y respetuoso de los derechos y libertades de todos los estratos de la sociedad afgana’’. Este ha sido un principio fundamental de la política exterior de Francia, que se ha perseguido en Afganistán. Cada año, Francia acepta a miles de afganos que huyen de la persecución y la guerra, y continúa con esta política. Según una encuesta realizada en Francia, el 54% de la población está de acuerdo con la aceptación de los refugiados afganos, mientras el 91% de la facción de extrema derecha está en desacuerdo con la aceptación de los refugiados.

El Primer Ministro británico, Boris Johnson, afirmó al margen de una reunión virtual del G7 que la principal condición del acuerdo del G7 era que los militantes talibanes, incluso después de la fecha límite del 31 de agosto, permitieran a los afganos que desearan abandonar el país cruzar la frontera de forma segura. Aunque Gran Bretaña insistió repetidamente en retirar sus tropas de Afganistán, las críticas han aumentado respecto a la débil predicción de la rápida victoria de los talibanes y el retiro de tropas. Johnson, por su parte, afirma que Gran Bretaña no le está dando la espalda a Afganistán.

Reconociendo el fracaso de la política occidental en exportar sus valores a Afganistán y la incapacidad de retirar del país a todos los aliados locales de las instituciones militares y otras instituciones alemanas, Merkel en el parlamento alemán consideró que esos costosos veinte años, llenos de víctimas, también estuvieron acompañados de logros importantes y reconoce que Alemania y sus aliados, incluidos los Estados Unidos, han socavado el dominio de los talibanes sobre Afganistán. Sin embargo, Alemania no toma un camino separado y su misión termina con la retirada de los Estados Unidos de ese país. Merkel ha pedido conversaciones con los islamistas talibanes durante algún tiempo luego de la retirada de las tropas internacionales de Afganistán, y espera que el pueblo afgano resista la represión de los talibanes y las violaciones de los derechos humanos.

El Parlamento Federal alemán celebró una reunión en presencia del Canciller y los ministros de Relaciones Exteriores, Interior, Defensa y un grupo de representantes militares para examinar los acontecimientos en Afganistán, se trató de una de las tensas sesiones del Parlamento. El Ministro de Asuntos Exteriores alemán, Heiko Maas, quien aún es criticado por las políticas alemanas llevadas a cabo en Afganistán y a quién algunos partidos de la oposición le están pidiendo su renuncia, ha admitido que se ha hecho una evaluación inexacta del rápido avance de los talibanes.

El gobierno de coalición de Merkel al no predecir la caída de Kabul por los talibanes e ignorar las alertas tempranas sobre la evacuación de miles de trabajadores afganos locales y sus familias, así como activistas de derechos humanos y políticos con estrechos vínculos con el gobierno de Berlín, es aún fuertemente criticado. La oposición parlamentaria acusa al gobierno de fracaso y falta de planificación. Alemania tiene previsto aceptar a 5.000 soldados afganos locales, incluidos políticos, maestros, médicos y activistas de derechos humanos.

Italia es uno de los países miembros de la UE que participó en la guerra en Afganistán y en los últimos 20 años ha perdido 54 soldados, además de 700 heridos. Italia considera que el equilibrio que ha logrado no es sólo una evaluación de la guerra en Afganistán, sino de los últimos 20 años y del papel que Occidente ha desempeñado en todo el mundo. La visión de futuro de Italia para Afganistán consiste en defender los derechos fundamentales, los derechos de la mujer y apoyar a todos los que han sido víctimas en detrimento de esos derechos en ese país.

Grecia, que hasta ahora ha concedido asilo a 40.000 afganos y no quiere aceptar más migrantes procedentes de Afganistán, está tratando de no convertirse en una ‘’puerta de entrada para las oleadas de migración irregular a Europa’’. Como país de acogida de 5.000.000 de refugiados, Turquía considera que Europa tiene un importante papel que desempeñar en la solución de la cuestión de la inmigración ilegal afgana, y que la misma debe abordarse rápidamente antes de que se convierta en una crisis. La negativa de la UE a cumplir las expectativas de Turquía de actualizar los términos del acuerdo del 18 de marzo (pago de 6.000.000 de euros a Turquía por la presencia de refugiados sirios en ese país) tiene un impacto perjudicial en la capacidad de cooperar en materia de migración. Erdogan siempre ha utilizado a los solicitantes de asilo como palanca en las negociaciones con la Unión Europea, y se quejó ante los países occidentales respecto a que Turquía ya no puede soportar el peso de los solicitantes de asilo.

La UE se enfrentó a una avalancha de inmigrantes en los últimos años, convirtiéndose en el mayor desafío de seguridad de Europa. Según las estadísticas publicadas en la Unión Europea, desde 2015, unos 570.000 ciudadanos afganos han solicitado asilo en países europeos. Dado el dominio de los talibanes sobre Afganistán, el aumento de esas demandas no es inesperado, lo que plantea retos sociales y de seguridad para toda Europa. Esto ha llevado a algunos países europeos a revisar sus leyes de asilo e inmigración. La UE está tratando de aumentar el volumen del comercio con los países asiáticos, y la ubicación geográfica de Afganistán podría desempeñar un papel importante en la nueva política europea hacia Asia Central.

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Mahmoud Fazeli es analista en Asuntos Internacionales.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por SCFR el 05 de septiembre de 2021.