La organización laboral palestina bajo el COVID-19

Por Nidal Ghaben para Jadaliyya

Activistas palestinos [Glovovisión/Creative Commons]

La siguiente entrevista presenta a Nidal Ghaben, Director Ejecutivo de la Asociación de Desarrollo de los Trabajadores (Amel). Amel es una de las principales organizaciones de investigación y defensa laboral en la Franja de Gaza y su junta directiva está conformada por activistas laborales, académicos y juristas. Abdulrahman Abu Nahel entrevistó a Ghaben el 1 de diciembre de 2020 como parte del trabajo de campo del proyecto «El trabajo en Palestina y COVID-19» financiado por Rosa Luxemburg Stiftung (Oficina Regional en Palestina y Jordania) y dirigido por Riya Al Sanah, Rafeef Ziadah y Adam Hanieh. La entrevista fue abreviada y editada del árabe original.

[Se prohíbe expresamente la reproducción total o parcial, por cualquier medio, del contenido de esta web sin autorización expresa y por escrito de El Intérprete Digital]

¿Puede hablarnos sobre la situación de los trabajadores y el rol de los sindicatos en la Franja de Gaza antes del COVID-19?

Las condiciones de los trabajadores son catastróficas desde el 2000 — el comienzo de la segunda Intifada — y continúan deteriorándose. Las tasas de desempleo aumentaron enormemente. Teníamos alrededor de 130 mil trabajadores activos dentro de Israel antes de la Intifada, y la mayoría quedó desempleada luego del cierre de nuestras fronteras y el asedio de trece años que desde entonces afecta todos los aspectos de la vida en Gaza. El control de Israel del movimiento de personas y mercancías, nos separa del resto del mundo. Estamos asediados por aire, mar y tierra, con nuestras vidas atadas a las instrucciones de un soldado, un oficial o un coordinador de asuntos civiles. Enfrentamos tres guerras que devastaron sistemáticamente nuestra economía. Durante la guerra de 2014, por ejemplo, se destruyeron alrededor de 1.200 instalaciones económicas y comerciales y se despidió a unos 30.000 trabajadores.

Es muy importante situar la situación actual en Gaza en el contexto de estas múltiples crisis preexistentes relacionadas con la ocupación. Todo esto es anterior a la pandemia y se agravó. El último informe de la Oficina Central de Estadísticas de Palestina (PCBS, por su sigla en inglés) indica un 52% de desempleo en la Franja de Gaza. Tenemos un 69% de desempleo entre los jóvenes, especialmente los graduados universitarios, sean hombres o mujeres. Tenemos de diecisiete a dieciocho mil graduados anualmente de universidades en la Franja de Gaza, que en su mayoría se unen al ejército de desempleados porque el mercado laboral palestino no tiene la capacidad de absorberlos. En el mejor de los casos, se crean cinco mil puestos de trabajo anualmente en los mercados laborales regulares e irregulares, lo que significa que la mayoría no son estables o no tienen contratos laborales fijos. Incluso, los números de PCBS solo cuentan para aquellos que estuvieron desempleados por un período de tres o cuatro meses, lo que excluye a aquellos que tienen trabajo intermitente.

El asedio y las numerosas guerras afectaron gravemente al sector agrícola palestino. En 1994, la agricultura representó 13% del PIB, pero cayó al 3,4% en 2017. En el mismo período de tiempo, el sector industrial disminuyó en un 5%. Estos fueron los sectores económicos más importantes de la Franja de Gaza en términos de empleo y capacidad para absorber mano de obra. Siete mil trabajadores de la pesca también perdieron sus trabajos debido a las restricciones impuestas por Israel, que limitan las áreas de pesca a menos de 6 millas. En resumen, ha habido una erosión estructural a largo plazo de la base productiva de la economía palestina durante casi dos decenios. Todo esto colocó a Gaza en una situación muy precaria antes de la pandemia.

Usted señaló que las altas tasas de desempleo que a menudo escuchamos no siempre reflejan la realidad. A la luz de lo que dijo sobre la economía palestina y el desempleo, ¿cómo afectó la pandemia de COVID-19 a los trabajadores en Palestina y la Franja de Gaza específicamente?

Desde marzo de 2020, los casos de COVID-19 comenzaron a aparecer en Palestina, primero en Cisjordania y luego en la Franja de Gaza. Pero no se trata simplemente de una crisis sanitaria. La serie de medidas preventivas que se adoptaron para frenar la propagación del virus, se convirtieron en una crisis económica general. Cerca de 40.000 establecimientos cerraron en Cisjordania y en Gaza, dejando sin trabajo a unas 105.000 personas. 71.000 en Cisjordania y 34.000 en la Franja de Gaza. Solo alrededor del 26% de los establecimientos comerciales, industriales y económicos siguen funcionando a plena capacidad. La realidad es mucho peor de lo que indican las cifras de desempleo. Las estadísticas de PCBS no tienen en cuenta a los trabajadores del sector informal, los jornaleros y los vendedores ambulantes. Todos estos trabajadores no se calculan como parte de las cifras oficiales.

El Instituto de Investigación de Política Económica de Palestina (MAS, por su sigla en inglés) espera que las tasas de desempleo en Cisjordania aumenten al 35%. En cuanto a la Franja de Gaza, creo que podríamos llegar al 65% o al 70%, considerablemente más que la tasa de desempleo del 52% antes de la pandemia. No hay una estimación exacta, pero está claro que muchos establecimientos en general se vieron afectados, desde hoteles y el turismo hasta la agricultura, la construcción y otros servicios comerciales y administrativos. 

También, hay una disminución en el valor de los salarios que afectó profundamente el nivel de vida. Antes de la pandemia, el trabajador típico en Gaza cobraba una media de entre dos a cinco dólares por día. Estos salarios no cubren adecuadamente las necesidades básicas, y la disminución de los mismos desde la pandemia perturbaron gravemente el tejido social y las relaciones familiares en general.

Hablaremos de este punto importante más adelante. Pero mencionó a  las instituciones. ¿Se ven afectados los ingresos de los empleados de la sociedad civil y de las ONG que, según los datos disponibles, siguen recibiendo sus salarios normalmente?

En la práctica, las instituciones de la sociedad civil operan mayoritariamente en un sistema de empleo temporal, es decir, con proyectos de duración determinada que se financian externamente. Dependen de proyectos financiados desde el exterior por instituciones internacionales. La duración máxima de estos proyectos no suele exceder uno o dos años. Las instituciones de la sociedad civil se vieron muy afectadas por la recesión económica general que siguió a la pandemia. Algunos se estuvieron obligados a cerrar y despedir a un gran número de sus empleados, lo que aumentó los niveles de desempleo. 

La financiación para instituciones de la sociedad civil de la Unión Europea (UE) y de donantes internacionales disminuyó en un 70%. Hay dos razones para esto: primero, algunas instituciones internacionales comenzaron a operar directamente en los territorios palestinos, reemplazando a las instituciones de la sociedad civil palestina. En segundo lugar, las prioridades de financiación se trasladaron a otros países, como Irak, Yemen y Líbano. Incluso las Naciones Unidas (ONU) redujo significativamente su presupuesto para Palestina.

A la luz de la crisis de las condiciones laborales, el desempleo, el sector informal, etc ¿Vio algún cambio, o nuevas iniciativas entre los sindicatos o entre los trabajadores?

Desafortunadamente, los sindicatos se volvieron, en gran medida, ineficaces. No hay campañas sustanciales al servicio de los trabajadores y protegiendo sus derechos. Esto se debe a que no tenemos un sindicato independiente. Los sindicatos oficiales trabajan al lado o bajo el paraguas de la autoridad gobernante, ya sea en Gaza o Cisjordania. En gran medida, son leales a sus propios partidos y facciones dentro de la Autoridad Palestina (AP). Por ejemplo, la mayoría de los empleados o líderes sindicales son empleados de la Autoridad Palestina, lo que significa que trabajan según los dictados del Ministerio de Trabajo o, incluso según los servicios de seguridad. Entonces, ¿cómo se puede pedir a los líderes sindicales que defiendan los derechos de los trabajadores de la Autoridad Palestina mientras son esencialmente empleados de la misma autoridad?

El sector privado, el Ministerio de Trabajo y la Federación General de Sindicatos de Palestina (PGFTU, por su sigla en inglés) firmaron un acuerdo tripartito para compensar a los trabajadores o pagarles el salario mínimo. Pero este acuerdo nunca se implementó. La PGFTU debería haber presionado al gobierno y al sector privado para compensar a los desempleados debido al COVID-19, pero los sindicatos oficiales no llevaron a cabo tal campaña.

Dado que los sindicatos son parte del problema, en virtud de su vinculación con la AP y sus diversas facciones, ¿existen actividades realizadas por los trabajadores a nivel de comités de empresa, por ejemplo, para defender sus derechos y lograr la solidaridad con otros sectores? 

Históricamente, hubo una serie de iniciativas importantes llevadas a cabo por los sindicatos, por fuera del marco de PGFTU. El Sindicato de Comisiones Obreras, por ejemplo, nació del asedio, tras el cierre del paso de Erez en 2000. En 2002, organizaron marchas y protestas en la Plaza del Soldado Desconocido y frente al Consejo Legislativo, con cuencos y platos vacíos para simbolizar nuestra hambre. Estas protestas obtuvieron algunos logros, entre ellas la exención de las cuotas del servicio médico para los trabajadores, así como el fin de las tarifas de educación básica para nuestros hijos. El sindicato había exigido más, incluido un costo reducido de la electricidad, becas y una mejor cobertura de seguridad social. Sólo se cumplieron algunas de estas demandas.

El declive del Sindicato de Comisiones Obreras merece ser considerado. El movimiento obrero encontró problemas al ingresar al espacio político durante las elecciones al Consejo Legislativo de 2006. La participación política del sindicato provocó una separación entre sus afiliados y dirigentes, debilitando sus reivindicaciones sociales. Los sindicatos más institucionalizados también atacaron al movimiento por su carácter de base.

Hoy necesitamos un movimiento social que luche por los pobres y las causas de los trabajadores, como la Ley de Seguridad Social suspendida. Este proyecto de ley aborda tres rubros: pensiones, seguro médico y seguro de maternidad. Sin embargo, excluye el seguro de desempleo. A pesar de esta limitación, el proyecto de ley cuenta con un amplio apoyo público e institucional. Sin embargo, la Autoridad Palestina no avanzó sobre este tema.

¿Puede hablarnos sobre el fenómeno de los trabajadores en Gaza que se registran como «comerciantes» y en qué se diferencia de Cisjordania?

Sí. Los trabajadores se registran como comerciantes, pero trabajan como jornaleros en Israel y lo hacen de manera informal. Pagan una cuota, pero no están registrados en el Ministerio de Trabajo israelí. Esto significa que no tienen registros ni derechos. Sus salarios pueden ser inferiores al mínimo y no están asegurados. Sus lesiones a menudo se registran como accidentes, en lugar de lesiones laborales. Se supone que los empleadores deben ser multados con 20.000 shekels (6000 dólares aproximadamente) si contratan a alguien con un permiso de comerciante, pero la práctica continúa porque es una fuente de mano de obra barata. Todas las partes hacen la vista gorda. En consecuencia, estos habitantes de Gaza trabajan sin ningún derecho y se jubilan después de años de trabajo sin ningún beneficio. Por supuesto, estos trabajos también tienden a ser muy peligrosos.

¿La pandemia afecta a los sectores laborales de manera diferente, por ejemplo, a los jornaleros no organizados o a las mujeres trabajadoras?

El sector más afectado es el informal: los autónomos, los conductores de autobuses, los vendedores ambulantes, los comerciantes y los minoristas. La recesión económica, también afectó al sector turístico. Los sectores menos afectados son la salud y la educación. En algunos casos, los minoristas más pequeños se beneficiaron cuando pasaron a fabricar máscaras y a vender medicamentos. Estas pequeñas iniciativas ayudaron a emplear a unos pocos, pero los sectores relacionados con los servicios directos, el comercio y la inversión están todos interrumpidos.

La pandemia también afectó a sectores laborales con una alta proporción de trabajadoras. Por ejemplo, todos los jardines de infancia permanecen cerrados. Las mujeres reciben salarios más bajos y trabajan en peores condiciones. En el sector de cuidado de niños, los salarios no superan los quinientos nuevos shekels israelíes (NIS o 155 dólares) mensuales y no incluyen el transporte, que debe ser cubierto por cuenta del trabajador.

Según los informes más recientes de PCBS, la proporción de mujeres en la fuerza laboral es sólo del 19,2%, sin embargo, el número de mujeres graduadas universitarias es el mismo que el de hombres graduados. Esto refleja una grave disminución del empleo femenino. Los sectores de la educación, la administración, el turismo y la sociedad civil, tienen las tasas más altas de empleo femenino, pero incluso estos sectores muestran una menor tasa de participación de mujeres que de hombres.

En todos los casos, las mujeres no tienen oportunidades adecuadas en el mercado laboral, lo cual es un defecto estructural. La actitud general de que ‘mi padre va a trabajar y mi madre va a la cocina’ todavía está muy extendida e impacta la vida diaria y las relaciones familiares.

¿Qué tipo de apoyo brindó la Autoridad Palestina durante la pandemia y qué tan efectivo fue?

Como gobierno, la Autoridad Palestina debería apoyar a la sociedad en momentos como estos, pero no brindó ninguna asistencia efectiva, ni a los desempleados ni a los que están trabajando. En la Franja de Gaza, miles de comerciantes quebraron. Miles de cheques rebotaron. Algunas fábricas y empresas se declararon en quiebra. Nuestro gobierno no brindó ningún apoyo adecuado, a pesar de que recaudan nuestros impuestos y que reciben importantes ingresos de estos establecimientos.

Para el nivel actual de trabajadores desempleados, el gobierno sólo nos dio migajas, como un vale o un cupón. Más aún, el proceso de distribución carece de transparencia y equidad. Fuimos testigos de un claro clientelismo, partidismo, faccionalismo y favoritismo regional. Muchos de los pobres de Gaza no recibieron ninguna ayuda financiera o en especie.

Cisjordania tuvo una experiencia similar. Incluso el Fondo Waqfet Ezz falló. Sólo recibió el 10% de la meta y se distribuyó de manera injusta. Los trabajadores recibieron sólo 700 NIS (217 dólares), una suma que apenas puede cubrir los gastos alimenticios de una familia. La Franja de Gaza sólo recibió el 5% del fondo y, al final, la mayor parte del dinero se transfirió al Ministerio de Finanzas y a la autoridad gobernante en Cisjordania. El costo de vida es casi igual entre Gaza y Cisjordania; de hecho, nuestros precios son comparables a los de Israel.

El Banco Mundial también llevó a cabo un proyecto con el Ministerio de Trabajo de la Autoridad Palestina. Este tenía como objetivo proporcionar una indemnización a unos 64.000 trabajadores en los territorios palestinos ocupados. Pero nuevamente hubo discriminación y prejuicios regionales, y sólo 5000 personas en Gaza recibirán una compensación.

Sobre el tema de la discriminación, los sueldos de la Autoridad Palestina difieren entre Gaza y Cisjordania. Un empleado de Gazan PA gana un veinticinco por ciento menos que su contraparte de Cisjordania. Los presos políticos de Gaza liberados, también reciben sólo la mitad del pago de manutención asignado a los cisjordanos. Sin embargo, nuestro presidente nos dice: “Los presos son una línea roja”. Por supuesto, esto tiene un efecto dominó en toda la sociedad. Si alguien sólo recibe una parte de su salario, gastará menos en tiendas y servicios.

La mayoría de los empleados asalariados sufren deudas. Aproximadamente el 80% de los empleados de la Autoridad Palestina piden prestado a los bancos — para solventar la vivienda, sus automóviles y para gastos generales — y sus préstamos se deducen directamente de sus salarios. Con las reducciones salariales inducidas por la pandemia, el salario mensual de un trabajador de la Autoridad Palestina asciende a sólo tres o cuatrocientos NIS (90-120 dólares). ¿Quién puede vivir con una cantidad tan insignificante? ¿Quién puede satisfacer las necesidades de su familia?. El endeudamiento es una razón clave detrás de la destrucción de nuestro tejido social. Afecta a los propietarios de tiendas, comerciantes, etc. La pandemia de COVID-19 acentuó los efectos de la deuda y amplió significativamente las disparidades de clases y las diferencias sociales.

Es muy importante que la gente comprenda estas desigualdades estructurales y la discriminación que enfrentamos en Gaza.

Usted mencionó que los sectores de educación y salud se vieron menos afectados, pero vemos que los trabajadores en sectores tan vitales están sujetos a un esquema llamado jubilación financiera. ¿Qué significa esto?

La ‘Jubilación financiera’ describe un nuevo esquema implementado durante la pandemia que permite a los trabajadores declarar su jubilación mientras continúan trabajando. Los trabajadores reciben el 70% de sus salarios, continúan trabajando y no acumulan ningún beneficio de pensión por el tiempo restante trabajado. Hay muchos docentes y médicos en esta situación, trabajando y cumpliendo con sus funciones pero sin percibir el salario de jubilación.

Este esquema no se rige por ninguna ley o reglamento. Es simplemente una decisión que se tomó en los niveles más altos de la Autoridad Palestina para ahorrar dinero a expensas de los trabajadores. Esto afecta principalmente a los trabajadores de la educación y la salud y, por supuesto, debe entenderse junto con la discriminación estructural contra Gaza que ya mencioné.

–¿La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Cercano Oriente (UNRWA, por su sigla en inglés) o alguna otra institución internacional brindaron apoyo durante la crisis del COVID-19?

UNRWA apenas cubre los sueldos de sus empleados. Los pagos de sueldos recientes se retrasaron. El Comisionado General de la UNRWA y el Sindicato General de Empleados de la Agencia celebraron recientemente una reunión en la Franja de Gaza, y el sindicato emitió una declaración solicitando un salario completo para sus empleados

En cuanto a los servicios de UNRWA como los de la salud, varios tipos de asistencia en especie y los de empleo para refugiados sufrieron recortes. También se redujo el suministro de medicamentos y sanitarios a las clínicas y centros de salud de Gaza. El trabajo de UNRWA durante la pandemia se limitó a los servicios de emergencia o las enfermedades crónicas. El único avance positivo es que ahora entregan medicamentos para enfermedades crónicas directamente en los hogares.

En su opinión, ¿qué impacto a largo plazo tendrá la pandemia de COVID-19 en la vida social y política en Cisjordania y Gaza?

Su impacto irá más allá de los desafíos sanitarios inmediatos. Crisis como estas sirven para ampliar las desigualdades sociales y económicas preexistentes. Sin duda, esto es lo que estamos viendo que se desarrolla ahora en la Franja de Gaza, donde decenas de miles de personas perdieron sus trabajo, les recortaron sus salarios o ya no tienen oportunidades para el futuro. Para reiterar, las estadísticas oficiales no capturan un estrato muy grande de la población activa, incluidos los jornaleros y los trabajadores eventuales. Estas personas constituyen alrededor del cuarenta por ciento de la fuerza laboral total. Serán los más afectados por la pandemia y los esfuerzos oficiales de ayuda los pasaron por alto. Esta es una crisis mundial y probablemente involucrará una recesión económica mundial muy severa, incluso cuando mejoren las dimensiones de la salud. Esta crisis, más a largo plazo, también afectará a lugares como Gaza de manera muy significativa.

Por otro lado, la política palestina no estaba operando al nivel apropiado, incluso antes de la pandemia. Tenemos una crisis nacional que aflige a todo el movimiento nacional palestino, desde la AP y los partidos políticos hasta los sindicatos y las federaciones. En este contexto, debemos ir más allá del pensamiento individual. En este momento, los sindicatos presentan un plan de acción, luego el gobierno presenta un plan de acción, y luego las instituciones de la sociedad civil establecen un plan de acción, y así sucesivamente. En ausencia de una estrategia colectiva, y en ausencia de un plan estratégico integral e inclusivo, permaneceremos dispersos. Estamos en una situación en la que, como decimos, “cada uno hará su propia parcela”. Esta es una crisis estructural y el COVID-19 no es la causa. Más bien, la pandemia reveló la debilidad, la impotencia y la fragilidad de nuestra lucha nacional, destacando los problemas políticos y organizativos preexistentes, ya sea en Cisjordania o Gaza.

[Se prohíbe expresamente la reproducción total o parcial, por cualquier medio, del contenido de esta web sin autorización expresa y por escrito de El Intérprete Digital]

Nidal Ghaben es Director Ejecutivo de la Asociación de Desarrollo de los Trabajadores.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Jadaliyya el 23 de febrero de 2021.