Fuerzas de ‘izquierda’ entre la supervivencia y la búsqueda de un papel relevante en la política palestina

Por Hamada Jaber para Palestinian Center for Policy and Survey Research

Bandera de Palestina. [Andrew E. Larsen/Creative Commons]

El decreto presidencial emitido a mediados de enero, es el primer paso práctico para la celebración de comicios generales, empezando por las elecciones al Consejo Legislativo de la Autoridad Palestina, el 22 de mayo. Independientemente de la seriedad y la posibilidad de celebrar las terceras elecciones legislativas palestinas, que se retrasaron o que se hicieron retrasar durante más de diez años, las fuerzas de la izquierda deben prepararse para estas elecciones y decidir lo que quieren: ¿es la mera supervivencia, o trabajar, a pesar de su tamaño relativamente pequeño, para ser una tercera fuerza real en el sistema político palestino?

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Este documento pretende debatir las opciones actuales de la izquierda para abordar la cuestión de las elecciones legislativas. Cubre tres opciones: que las fuerzas de izquierda se presenten a las próximas elecciones dentro de una lista nacional conjunta con componentes de la Organización para la Liberación de Palestina (con o sin Hamas), como una lista de izquierda unificada, o con listas de izquierda individuales. Este artículo destaca algunas de las ventajas e inconvenientes de estas opciones. Termina con una propuesta de movilización global y unificada de las fuerzas de la izquierda palestina.

Antecedentes

Si se celebran nuevas elecciones legislativas el próximo mes de mayo, serán las terceras elecciones en 27 años desde la creación del aparato de la Autoridad Palestina, tras las de 1996 y 2006. Estas votaciones se harán mediante un sistema diferente a los anteriores, un sistema de representación proporcional completa. El 61% de los entrevistados en la encuesta de opinión pública nº 77 del Centro Palestino de Investigación de Políticas y Encuestas afirma que votará, si participan todas las fuerzas políticas. La Lista de Cambio y Reforma de Hamás obtendría un 34%, Fatah, un 38%, y todas las demás listas que habían participado en las elecciones de 2006 obtendrían un 8% en total, mientras que un 20% aún no decidió a quién votará. Los resultados indican que 3 bloques — incluidas dos listas electorales, que representan a 4 partidos/facciones —  que superaron el umbral electoral en las elecciones legislativas de 2006, no podrán hacerlo si las votaciones legislativas se celebran hoy, teniendo en cuenta un margen de error de +/- 3% y la transformación del sistema electoral en uno de plena representación proporcional.

Como demuestran los resultados del mencionado sondeo, los partidos y frentes de la llamada izquierda palestina pueden perder la mitad de los escaños que obtuvieron colectivamente en las elecciones legislativas de 2006, que fueron sólo 9 de los 132. Esta pérdida prevista es resultado del fracaso de estos partidos y frentes a la hora de mantener sus principios y objetivos y aplicar sus programas. A pesar de ser conscientes de ello, y de su intento de formar un organismo que exprese un mínimo de unidad como tercera fuerza, como la Unión Nacional Democrática que surgió entre septiembre de 2018 y enero de 2019, los cálculos basados en intereses estrechos de los líderes de estos partidos y frentes, les hicieron perder otra oportunidad para protegerse de la extinción y evitar su salida de la escena política palestina. La experiencia de la Lista Alternativa en las elecciones de 2006, formada por la coalición del Frente Democrático, el Partido Popular y la Unión Democrática Palestina (FIDA), no fue un experimento exitoso en términos de conseguir el voto de las masas, ya que se trató de una coalición temporal que terminó con el anuncio de los resultados, obteniendo sólo dos escaños.

Las fuerzas de izquierda deben darse cuenta de que el acercamiento y el acuerdo entre Hamás y Fatah expresan la profundidad de la crisis que atraviesan los dos movimientos en la Franja de Gaza y Cisjordania, y no una supuesta unidad necesaria para hacer frente a los retos a los que se enfrentan los palestinos. Esto puede ser una oportunidad para que terceras o nuevas fuerzas se presenten como alternativas. La profundidad de la crisis de Hamás puede evidenciarse en su aprobación del proyecto del movimiento Fatah que se basa en la solución de un Estado palestino según las fronteras de 1967, en un momento en el que muchos dirigentes del propio movimiento Fatah creen que esta solución se tornó imposible hace tiempo. Asimismo, el lema de Hamás de la resistencia armada, pasó de ser una estrategia a una mera táctica. Esto se evidencia en el apoyo de Hamás, y luego en su control, a las Marchas del Retorno que comenzaron en marzo de 2018, así como en el hecho de que el último enfrentamiento armado real con Israel fue en 2014, y en las diversas disputas entre Hamás y la Yihad Islámica por el control y el calendario del uso de las armas.

Por otra parte, la crisis del movimiento Fatah parece ser más profunda y compleja, llevándolo al borde de la fragmentación tras su estrepitoso fracaso, durante más de un cuarto de siglo, en la concreción de su programa basado en la solución de dos Estados, así como en la construcción de instituciones capaces de formar el núcleo del proyecto estatal. Los eslóganes de «internacionalización» y «cambio de mandato de la AP» no sólo cayeron, sino que generaron los resultados opuestos: una normalización árabe-israelí que colocó a Fatah y a sus dirigentes en un punto de maniobra limitada y sumisión, o una revolución para la que ya no está capacitado. El llamado a una estrategia de resistencia popular adoptado por todas las facciones de la OLP, así como por Hamás y la Yihad Islámica, en la reunión de los secretarios generales del 3 de septiembre de 2020, celebrada supuestamente para hacer frente al Acuerdo del Siglo y a la ola de normalización árabe-israelí, demostró ser mera palabrería. Pasaron más de seis meses desde la primera declaración de la pretendida dirección de la Resistencia Popular, sin que se haya emitido una segunda. Esto evidencia una deficiencia en la caracterización de la época, del programa y de las herramientas adecuadas. Como resultado, el llamado a la resistencia popular no recibió ninguna respuesta por parte del público. Cabe señalar que, según el Centro Palestino de Investigación de Políticas y Encuestas, el apoyo palestino a la solución de dos Estados disminuyó del 55% en 2011 al 39% en 2020, a pesar del respaldo que tiene de todos los partidos y movimientos palestinos — incluido Hamás, y sin objeción de la Yihad Islámica —. Además, el 62% de la población cree que esta solución ya no es práctica. El apoyo a la solución de un Estado en la Palestina histórica, con igualdad de derechos para todos sus ciudadanos, aumentó del 27% en 2011 al 37% en 2020, a pesar de que ningún partido o movimiento palestino haya adoptado esta solución.

La díada Hamás-Fatah, basada en contingencias e intereses partidistas, que olvidó o ignora sus funciones como movimiento de liberación nacional, no es una división real basada en las creencias de las masas que los apoyan. Pero seguirá siéndolo en ausencia de una tercera fuerza real. Los palestinos de hoy están sedientos de un partido o un movimiento capaz de movilizar sus energías y esperanzas, que se dirija a sus mentes y presente una visión y un programa revolucionarios y realistas.

Opciones y una ventana de oportunidad

Según los resultados de la citada encuesta, el porcentaje de los que no participarán en las elecciones (39%) sumado al de los que aún no decidieron a quién votarán — 20% del 61% que dijo que participará — asciende al 51% de todos los palestinos con derecho a voto. Por tanto, existe una posibilidad real de que un nuevo partido, facción o movimiento convenza al 39% de participar. Se cree que la razón principal de la falta de voluntad de participar, entre una gran parte de esas personas, es su falta de confianza en los partidos y movimientos existentes, y también, quizás, porque no están convencidos de sus programas. A su vez, existe la posibilidad de llegar al 20% de los que piensan participar en las elecciones, pero que aún no decidieron a quién votarán — el 12% del total de los que pueden votar — . Incluso, existe la oportunidad de competir por los votos de quienes ya decidieron a quién elegirán, si el nuevo partido o movimiento es capaz de presentar un programa nuevo, diferente y quizás más evolucionado en cuanto a su naturaleza y herramientas. Así, el porcentaje de los que pueden ser persuadidos puede alcanzar a más del 50% de todos los palestinos con derecho a voto. En otras palabras, si un nuevo partido o movimiento es capaz de convencer sólo al 25% de todos los palestinos con derecho a voto, este partido superará a Fatah y a Hamás y se convertirá en la mayor fuerza del Consejo Legislativo.

La izquierda palestina tiene tres opciones. La primera es mantener una presencia simbólica en el sistema político. La segunda es tratar de ejercer un papel influyente, creando una izquierda unificada. Sin embargo, esta opción depende de que Fatah y Hamás no creen una lista conjunta propia. Por último, existe una opción en la que la izquierda se arriesga a aumentar su debilidad, y posiblemente a desaparecer por completo de la escena política, en forma de listas individuales de partidos de izquierda.

1: Lista nacional conjunta

Con referencia a los resultados del diálogo entre Hamás y Fatah, en particular, y otras facciones en general, el último de los cuales se celebró en El Cairo los días 8 y 9 de febrero, parece que la idea de presentarse a las próximas elecciones legislativas con una lista conjunta que incluya a Hamás, Fatah y las restantes facciones de la OLP está siendo seriamente considerada por los órganos oficiales de las primeras dos organizaciones.

Es posible que Fatah desee, a través de esta lista conjunta, proteger al movimiento de la casi segura fragmentación de sus filas, restringiendo la capacidad de sus líderes prominentes de formar listas electorales por fuera de su lista oficial — la lista del Presidente —. Los resultados de una encuesta pública realizada por el Centro Palestino de Investigación de Políticas y Encuestas el pasado mes de diciembre indicaron que, si el líder de Fatah, Marwan Barghouti, formara una lista al margen de la lista oficial de Fatah, su lista obtendría el 25% de los votos, frente al 19% de la lista oficial. Del mismo modo, si Mohammed Dahlan formara una lista al margen de la lista oficial de Fatah, su lista obtendría el 7% de los votos, frente al 27% de la lista oficial. En ambos casos, la lista ‘oficial’ de Fatah perdería frente a Hamás, que recibiría alrededor del 33% de los votos. En cuanto a Hamás, es posible que se haya sometido a la idea de compartir el poder y las cuotas, ya que no fue fiel a los votos emitidos por la mayoría en las últimas elecciones legislativas. Quizás Hamás vea en la lista conjunta una oportunidad para el inicio de su adhesión y representación efectiva en las instituciones de la OLP, y una oportunidad para librarse de las cargas de la gobernanza en Gaza, así como una oportunidad para su reconocimiento por parte de la comunidad internacional, que saboteó el gobierno formado por Hamás después de que ganara la mayoría de los escaños en el Consejo Legislativo en 2006.

En cuanto a las fuerzas de la izquierda (Frente Popular, Frente Democrático, Iniciativa Nacional, Partido Popular y la  Unión Democrática – FIDA), parecen ser impotentes, viendo en la lista nacional conjunta un salvavidas para su supervivencia simbólica en la escena política, tras el fracaso acumulado de su actuación y la disolución de la mayoría de sus cuadros y bases populares. Existe el riesgo de que la mayoría de ellos no pueda alcanzar el umbral, y por lo tanto caiga fuera de la escena política, si se presentan a las próximas elecciones legislativas individualmente. Si las fuerzas de la izquierda palestina quieren preservar su actual existencia simbólica y prescindir de la ambición de una fuerza alternativa o influyente, deben unirse a la lista conjunta con Fatah y Hamás si se acuerda dicha lista, o una con Fatah y todas las facciones de la OLP. Una de las ventajas de esta opción es que es fácil de publicitar como una opción de unificación requerida por las condiciones actuales, para mantener a las fuerzas de la izquierda en la escena política y darles la oportunidad de intentar modificar su situación. También, se espera que los movimientos de Fatah y Hamás contribuyan a la mayor parte del coste de la campaña electoral de esta lista conjunta, aliviando así a la izquierda de unos costes financieros muy necesarios. Sin embargo, uno de los inconvenientes de esta opción es que mantiene a estas fuerzas sin efecto y bajo la influencia de los dos partidos principales, ya que no se espera que Hamás y Fatah acepten dar a estas fuerzas un peso mayor de la que consiguieron en conjunto en las elecciones de 2006. Su presencia e influencia en un probable gobierno de unidad nacional después de las elecciones, sería limitada ya que la colusión entre Hamás y Fatah puede eliminar la necesidad de la segunda de apaciguar a estas facciones dándoles carteras ministeriales, como ocurrió en el pasado. Esta opción también niega a la izquierda toda diferenciación — si es que la hay — respecto a sus programas.

2: Lista de Izquierda Unida

Hay una gran oportunidad para las terceras fuerzas existentes o para los nuevos poderes, especialmente si se basan en un nuevo liderazgo joven que no haya sido manchado por la corrupción de la Autoridad y las facciones que la constituyen.. Esto debe considerarse como un llamado a todos los hombres y mujeres jóvenes de la izquierda palestina, en particular, y a todos los jóvenes de Palestina, en general — que, en el grupo de edad de 18 a 39 años, representan más del 60% de las personas con derecho a voto y, para más de la mitad de los votantes, será la primera vez en su vida que lo puedan hacer, al estar en el grupo de edad de 18 a 32 años — para confiar en sí mismos y no dudar en presentar visiones y programas de lucha nuevos y emancipadores que se dirijan a las mentes de las masas, no en el pragmatismo derrotista o el militarismo destructivo, sino en la creencia de que la voluntad y la unidad de las masas, que confían en su dirección, es capaz de obrar milagros.

Las fuerzas de la izquierda deben darse cuenta de que sus votantes ya no aceptan ninguna excusa para que siga existiendo este número de partidos y frentes de izquierda ineficaces, y especialmente que las razones clave del fracaso de todos los intentos de unificación de las fuerzas de izquierda son consideradas por muchos como debidas a razones e intereses de dirigentes particulares de esos partidos y frentes. Además, no hay ninguna razón programática o ideológica que impida esta unidad. Así, una de las ventajas de la opción de una lista de izquierda unida es que puede devolver algo de la confianza perdida en los partidos y frentes de la izquierda palestina. Se hicieron varios intentos para lograr este resultado. Hay que aprovechar estos esfuerzos para conseguirlo en un plazo breve — antes de que finalice el periodo de presentación de candidaturas el 31 de marzo — . Además, esta opción duplica las posibilidades de que esta lista obtenga un número de escaños que le permitan construir una alianza con Fatah o Hamás, si ambos partidos se presentan a las elecciones por separado y ninguno obtiene la mayoría en el Consejo Legislativo. Sin embargo, uno de los inconvenientes de esta opción es que, si Hamás y Fatah se alían antes o después de las elecciones, estas fuerzas seguirán siendo débiles. Incluso, si estas fuerzas duplican su número de escaños en comparación con las elecciones de 2006, no podrán alcanzar el nivel de una fuerza efectiva si no valoran adecuadamente las condiciones del país y ofrecen programas que traten el malestar de nuestro sistema político, al tiempo que aborden las razones de sus propios fracasos anteriores, incluida la incapacidad para hacer surgir nuevos líderes. Las fuerzas de izquierda lo harán mejor si se alían con fuerzas sociales y figuras independientes afines a su ideología y con presencia en la base, como los como el movimiento Wa’ad (promesa) por la patria, la justicia y la democracia, que anunció su formación en una conferencia de prensa el 27 de febrero de 2021 en Ramallah. El movimiento declaró que no es «un bloque electoral, sino que apoyará las listas que se consideren cercanas a los temas y principios que defiende el movimiento». Está claro que la mayoría de los iniciadores de este movimiento son miembros y cuadros con antecedentes de izquierda. Debemos tener en cuenta que la izquierda actual no está comprometida con las necesidades y preocupaciones de los ciudadanos y, por tanto, su capacidad para descifrar adecuadamente la escena pública se ve obstaculizada.  Hay que recordar el movimiento popular para derribar la ley de la Seguridad Social en 2018/2019, que fue una de las razones más importantes que llevaron al derrocamiento del anterior gobierno. La mayoría de las fuerzas de izquierda apoyaron o no se opusieron a la mencionada ley. Más bien, la dirección empujó a los líderes de izquierda a la vanguardia para defender esa ley y tratar de convencer a las masas de su valor. Finalmente, el movimiento obligó al presidente de la AP a abandonar la ley y detener su aplicación.

3: Listas individuales de izquierda

En caso de que no se logren las opciones anteriores, y dado que no hubo ningún cambio en la mayoría o totalidad de los máximos responsables de las fuerzas de la izquierda desde las elecciones de 2006, estas fuerzas pueden optar por presentarse a las próximas elecciones en listas separadas o en coaliciones similares a la de Badil (alternativa) que se presentó en las anteriores elecciones. Una de las ventajas de esta opción es que da a las fuerzas de la izquierda la oportunidad de presentar sus propios programas y visiones puras, sin tener que comprometerse. También les da un mayor margen de libertad y maniobra para posibles coaliciones después de las elecciones. Una o varias de estas fuerzas pueden obtener un número de escaños que obligue a Fatah o a Hamás a buscar su participación en el próximo gobierno, ya que no es probable que ni Fatah ni Hamás obtengan una mayoría que les permita formar un gobierno por sí solos. Un inconveniente de esta opción es que algunas fuerzas se arriesgarían a no cumplir la condición del umbral, aumentando así su debilidad y pudiendo desvanecerse, con la excepción del Frente Popular, que probablemente cree que conserva su presencia y su base de popularidad para poder superar el umbral. Sin embargo, esto no bastará para convertirlo en una fuerza influyente. Asimismo, las campañas electorales individuales de cada lista multiplicarán las exigencias y agotarán los recursos financieros de las fuerzas que los necesitan con urgencia. La falta de recursos financieros de la izquierda fue el precio que pagó por someterse a los dictados de la dirección de la OLP, que le negó el derecho a su legítima participación en el Fondo Nacional, permitiendo a Fatah y a su presidente acaparar estos recursos y chantajearlos en más de una ocasión. Bajo esta opción, las facciones de izquierda se verán obligadas a comprometer aún más sus principios después de las elecciones.

¿Qué hacer?

Para ser una tercera fuerza eficaz, hoy en día las facciones de la izquierda deben redoblar sus esfuerzos, no sólo para mantener una presencia en la escena política palestina, como en la primera y segunda opción, sino para contribuir a determinar la próxima dirección interna palestina y el futuro rumbo de la relación con Israel. La izquierda y otros frentes de terceros partidos de la OLP, junto con los nuevos partidos emergentes que deseen ser una tercera fuerza alternativa o influyente, deben revisar y estudiar las causas de la crisis del ‘proyecto nacional’ y la realidad y el futuro de la OLP y su programa de liberación. Los partidos y frentes de la tercera fuerza deben también estudiar las causas del fracaso de las estrategias mencionadas y reconsiderar la lectura y caracterización del statu quo para poder aportar programas y herramientas reales, alejados de los eslóganes. Para ello es necesario revisar los pilares del statu quo y la forma de abordarlos. Por ejemplo, muchos líderes de estos partidos y frentes describen la situación que existe entre el río y el mar como una realidad de un Estado, gobernado por Israel como ‘un sistema de apartheid’. Esto es cierto, pero ¿cómo se puede presentar esta realidad al mundo para acabar con ella, dada la existencia continuada del aparato de la AP? A este respecto, hay que recordar que la mayoría de la población palestina (55%) considera que la existencia continuada de la AP es una carga para ella y para su causa.

Las fuerzas de la izquierda que deseen convertirse en una tercera fuerza alternativa e influyente deben introducir un cambio drástico que devuelva la confianza de sus cuadros y bases populares en ellas. Deben dar pasos rápidos y prácticos, por ejemplo eligiendo o seleccionando un comité de unidad y elecciones, desde fuera de los órganos de dirección de cada frente/partido, porque estos órganos demostraron que son parte del problema y no pueden ser parte de la solución. La ciudadanía está deseando ver caras nuevas y jóvenes. Los miembros de estos comités pueden ser todos candidatos a las próximas elecciones legislativas en una lista de izquierda unida. Estos comités deberían reunirse durante varios días para elegir un comité de dirección de 21 miembros de entre ellos — debería llamarse Comité Superior de Unidad — , con un representante, como mínimo, de cada partido/frente. Este comité debería tomar sus decisiones por mayoría absoluta (50%+1), para preparar el programa electoral y todo lo relacionado con la campaña electoral, y sus decisiones deberían ser vinculantes para los partidos y frentes participantes.

Entre las desventajas de esta propuesta está la falta de tiempo — antes de que finalice el periodo de candidatura el 31 de marzo—. Además, no parece que haya una voluntad real entre los líderes de las fuerzas de renunciar a los privilegios de los que gozan actualmente, sino que probablemente tratarán de mantenerlos. Por otro lado, una de las ventajas de esta propuesta es que puede ser capaz de restaurar la confianza y las energías de todos los cuadros y bases de las fuerzas de izquierda, e incluso puede representar un avance, capaz de atraer a amplios grupos de la sociedad, como se mencionó anteriormente. Esta propuesta, si se adopta, hace más probable que la izquierda esté mejor preparada para comprender la naturaleza del statu quo y presentar un programa político que supere los desafíos que llevaron al fracaso de las estrategias y consignas anteriores. Si esto ocurre, las fuerzas de izquierda, con esta nueva realidad, tendrán una presencia fuerte e influyente en el sistema político, tanto si forman parte del gobierno como de la oposición.

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Hamada Jaber tiene un máster en Estudios de Mantenimiento de la Paz y Seguridad por la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Roma Tre, Italia, 2011. Es también un militante político y cofundador y miembro voluntario del consejo de administración de One State Foundation (OSF).

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Palestinian Center for Policy and Survey Research el 1 de marzo de 2021.