La Universidad Boğaziçi se resiste al control autoritario de la academia turca

Por Ayça Alemdaroğlu y Elif Babül para Middle East Research and Information Project (MERIP)

Entrada del Castillo, Universidad Bogazici. [UI International Programs/Creative Commons]

Turquía inició el 2021 con protestas ante un nuevo asalto autoritario a las instituciones académicas. El 1 de enero de 2021, el Presidente Recep Tayyip Erdoğan, anunció el nombramiento de Melih Bulu como Rector de la Universidad Boğaziçi —una de las instituciones de educación superior más respetadas en Turquía— .

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Pocos días después, miles de estudiantes se concentraron frente a la universidad para repudiar la decisión verticalista de Erdoğan, destinada a controlar una de las pocas universidades que hasta el momento habían logrado mantener un mínimo de autonomía institucional y de libertad académica. Los estudiantes fueron recibidos en la puerta de la universidad por el cerco de la policía antidisturbios que bloqueó el ingreso al predio. La trascendencia del nombramiento realizado por el Presidente —y el fortalecimiento del Estado policial para respaldar sus decisiones unilaterales—, quedó plasmada de forma simbólica en las imágenes compartidas a través de las redes sociales, donde se pueden ver  las puertas de la universidad esposadas.

En las horas y días siguientes, la policía detuvo a decenas de estudiantes realizando redadas de madrugada y a altas horas de la noche en sus domicilios, a veces incluso rompiendo las paredes de las casas. El intendente de Estambul prohibió todas las reuniones, manifestaciones y marchas en el lado europeo de la ciudad donde se encuentra la Universidad Boğaziçi, y utilizó la pandemia como excusa para evitar más protestas. Junto con sus compañeros de otras universidades, los estudiantes de Boğaziçi tomaron los transbordadores para cruzar el Bósforo hacia el lado asiático de la ciudad y continuaron expresando su oposición. Entre otras cosas, pidieron la renuncia de Bulu, la liberación inmediata de los estudiantes detenidos y elecciones democráticas y transparentes para elegir un nuevo rector de la universidad. El cuerpo docente se unió a las protestas poniéndose de pie todos los días de espaldas a la oficina del rector. Mientras tanto, los estudiantes continuaron expresando su frustración de forma creativa. Por ejemplo, bailaron al ritmo de la canción “Master of Puppets” de Metallica frente a la oficina de Bulu —en referencia a su declaración sobre su amor por la banda­­— mientras pedían por su renuncia. Además, organizaron una olla popular de halwa (N.d.T.: un postre dulce típico de la cocina turca) que normalmente se sirve en los funerales, para marcar simbólicamente la muerte del rectorado, y luego practicaron yoga juntos. También, organizaron una exhibición de arte con representaciones satíricas de Bulu y del gobierno.

Mientras la policía continuaba con los arrestos e iniciaba el procesamiento penal de estudiantes, Erdoğan defendió la legalidad del nombramiento de Bulu y destacó los méritos del nuevo rector. También, describió a los manifestantes como un grupo ingenuo movilizado por provocadores vinculados a organizaciones terroristas. ‘Terrorismo’, como un término flexible, práctico y de uso frecuente en la Turquía de Erdoğan, se empleó una vez más para atacar al cuerpo de estudiantes, profesores y sus aliados en la lucha por una universidad democrática. Los expertos progubernamentales atacaron a la Universidad Boğaziçi al caracterizarla como una institución elitista y sugerir que es cualquier cosa menos democrática, dando vuelta las declaraciones realizadas por sus estudiantes y profesores.

El ataque que intentó deslegitimar y difamar las protestas estudiantiles alcanzó un nuevo pico cuando el Club de Estudios Islámicos de la Universidad de Boğaziçi (BİSAK por su sigla en turco) publicó en Twitter una foto del arte estudiantil presentado en la exposición organizada durante la protesta. La misma fue caracterizada como un insulto a los valores religiosos y sagrados. El artefacto en cuestión representaba a la Gran Mezquita de La Meca adornada con banderas de arco iris, y reemplazó a la Kaaba con la mítica figura de Shahmarán de una mitad mujer mitad serpiente; una imagen subversiva que el artista-estudiante utilizó para cuestionar la legitimidad religiosa que subyace a gran parte de la misoginia y homofobia. La noticia fue recogida por los medios oficialistas y Bulu condenó rápidamente la imagen en Twitter. Como era de esperarse, este tropo religioso populista logró movilizar a un amplio arco de personalidades. El Presidente de Asuntos Religiosos condenó a los estudiantes por atacar a los valores sagrados musulmanes. El Ministro del Interior denunció a los estudiantes como “pervertidos LGBT”, e inició una investigación criminal que desembocó en la detención de cuatro estudiantes bajo la acusación de insultar los valores religiosos sostenidos. Por su parte, Boğaziçi cerró el club de estudiantes LGBTI+. Incluso, el portavoz de la principal fuerza política opositora,  el Partido Republicano del Pueblo (CHP, por su sigla en turco) reprendió a los manifestantes por el presunto insulto. La extraña similitud de este incidente con otros escándalos fabricados —como la paliza pública a una mujer que llevaba un pañuelo en la cabeza y el consumo de alcohol en una mezquita, que circularon para desacreditar las protestas de Gezi en 2013— no escapó a la atención de los comentaristas. Las protestas tanto dentro como fuera del campus resultaron en el arresto violento de cientos de otros estudiantes. Mientras Bulu luchaba por obtener suficiente apoyo de la facultad para armar una administración, un decreto presidencial publicado en la medianoche del 5 de febrero estableció dos nuevas facultades en Boğaziçi. Todo esto con la intención de nombrar profesores oficialistas y así copar el cuerpo docente de la universidad.

Esta última intromisión en Boğaziçi es parte de una larga historia de control gubernamental de la educación superior en Turquía. También refleja la estrategia de Erdoğan para poner a las instituciones autónomas de su lado y reprimir la disidencia, al mismo tiempo que promueve el deseo del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, por su sigla en turco): la hegemonía cultural cultivando “jóvenes locales y nacionales” incondicionalmente piadosos y políticamente obedientes pero altamente educados. De hecho, Erdoğan criticó a las instituciones educativas por producir “alienación de los valores e intereses nacionales”, particularmente desde las protestas en el Parque Gezi de 2013, y lideró una sorprendente expansión de las escuelas secundarias religiosas en las últimas dos décadas. Tomar el control de universidades como Boğaziçi es el último movimiento para realinear a los  restantes reductos semiautónomos con la agenda gubernamental y de convertirlos en subordinados a los intereses nacionales, según la definición del régimen.

Control estatal de la academia 

La base legal para el nombramiento de Bulu como nuevo rector de Boğaziçi radica en un decreto ejecutivo (KHK/676) emitido durante el estado de emergencia que se declaró tras el intento de golpe de 2016. El estado de emergencia —extendido seis veces entre 2016 y 2018— otorgó a Erdoğan poderes legislativos a fin de controlar el Poder Judicial, las agencias de seguridad, el aparato de defensa nacional, a los funcionarios de gobierno y a las instituciones educativas, entre otras áreas. El artículo 85 del decreto cambió la Ley de Educación Superior (No. 2547, art. 13) para cancelar las elecciones de rectores en las universidades públicas y, en cambio, otorgar al Presidente y al Consejo de Educación Superior (YÖK, por su sigla en turco) plena autoridad para realizar nombramientos. El nuevo reglamento permite a YÖK decidir sobre el grupo de candidatos de acuerdo con sus propios criterios y sin consultar con las universidades en cuestión. Otro decreto ejecutivo emitido en 2018, eliminó el único requisito general: haber trabajado como profesor titular en cualquier universidad durante al menos tres años. Este cambio provocó una importante disminución de las calificaciones académicas de los rectores recién nombrados. Una investigación realizada en 2019 muestra que de los 196 rectores designados, 68 no cuentan con publicaciones internacionales y 71 nunca fueron citados en una publicación académica. De hecho, solo 49 rectores realizaron más de una publicación o fueron citados más de una vez.

El ataque del gobierno a la libertad de expresión, a la libertad académica y a la autonomía universitaria en Turquía ciertamente no comenzó con el gobierno del partido AKP liderado por Erdoğan. La Ley de Educación Superior ­­que estableció al YÖK como un mecanismo central de control sobre las universidades, es un vestigio del régimen militar de la década de 1980 y abolió la relativa autonomía que disfrutaban las instituciones académicas en las décadas de 1960 y 1970. El papel del YÖK está definido por el artículo 131 de la Constitución autoritaria de 1982:

“ (…) planificar, organizar, administrar y supervisar la educación impartida por las instituciones de educación superior, orientar las actividades de enseñanza, educación e investigación científica, asegurar el establecimiento y desarrollo de estas instituciones de conformidad con los objetivos y principios establecidos por la ley, asegurar el uso eficaz de los recursos asignados a las universidades y planificar la formación del profesorado”.

En el momento de su fundación, el Consejo incluía a oficiales militares quienes implementaron un sistema en el cual los rectores de las universidades eran nombrados por el jefe de la junta militar. A principios de la década de 1990, el sistema se relajó parcialmente y permitió a las universidades llevar a cabo sus propias elecciones, para luego presentar una lista de candidatos al YÖK que se ocupaba de examinar, acortar y finalizar la misma, antes de enviarla al Presidente para su decisión. Si bien el Consejo y el Presidente respetaron en gran medida los votos de las universidades, su rol en la selección de los candidatos y la toma de la decisión final no solo llevó a la politización de la oficina del rector, sino que también consolidó el control político sobre las universidades. El esfuerzo del régimen militar por disciplinar a las universidades, encontró expresión a lo largo de los años en el despido inmediato de 90 académicos tras el golpe.

Al llegar al poder en 2002, el AKP prometió poner fin al estricto control estatal sobre las universidades y abolir el YÖK. Aunque puso fin a la tutela militar, el régimen del AKP optó por mantener y cooptar las instituciones estatales heredadas del gobierno militar de 1980 para consolidar su propio poder y reprimir la disidencia. El YÖK jugó un papel fundamental en el avance de la agenda de educación superior propuesta por el AKP. En primer lugar, hizo realidad la promesa de campaña realizada por Erdoğan de abrir una universidad en cada ciudad, en tanto un reflejo de su política de llevar la educación superior a toda la población. La expansión de las universidades públicas fue de la mano de la creciente privatización de la educación superior. Como resultado, el número de universidades en el país aumentó de 76 a 207 entre 2002 y 2020. Sin embargo, la calidad de la educación siguió siendo baja debido a la falta de académicos capacitados y de instalaciones adecuadas. Además, ante la carencia de una planificación adecuada muchos departamentos nuevos se quedaron sin estudiantes. Lo que Erdoğan y su equipo del YÖK olvidaron, es que la educación superior no es como otros servicios públicos; requiere mucho más que la aprobación de contratos públicos o la entrega de incentivos a compinches para la construcción de edificios universitarios. Un nuevo término se volvió popular en Turquía para reflejar el vacío de estas nuevas instituciones: ‘señalización universitaria’.

El extraordinario aumento del acceso a las universidades se produjo en el contexto del descenso gradual de Turquía desde la democracia electoral al autoritarismo electoral. Los líderes autoritarios tienden a obstruir el acceso a la universidad del grueso de la población por temor a que la educación superior pueda socavar al régimen a través del fomento del pensamiento crítico y la disidencia política. La estructura existente del YÖK demostró ser útil para resolver exactamente este problema al asegurar que la democratización del acceso no signifique democratización dentro de las instituciones. Gracias a los rectores obedientes designados por el Presidente, tanto los estudiantes como el profesorado, fueron controlados mediante el uso de sanciones disciplinarias a actividades que en un país democrático estarían protegidas por las normas de libertad de expresión y libertad académica. En el contexto del estado de emergencia tras el intento de golpe de 2016, las universidades se convirtieron en el objetivo principal de la caza de brujas del régimen. Muchas fueron clausuradas para castigar a sus fundadores por sus afiliaciones políticas, lo cual causó un gran daño a los estudiantes y a los académicos que trabajan en esas instituciones. Además, miles de docentes fueron destituidos de sus cargos, enfrentaron procesos penales y, en algunos casos, tuvieron penas de prisión por causas relacionadas con el terrorismo, por ejemplo, los miembros de Académicos por la Paz que firmaron una petición crítica de la política de militarización en las regiones kurdas. [1] El resultado más espantoso del ataque del AKP a las universidades son las decenas de miles de estudiantes encarcelados actualmente en Turquía. Los informes indican que los estudiantes encarcelados son objeto de graves violaciones a los derechos humanos, requisas al desnudo y restricciones arbitrarias al derecho a la educación, impuestas por los carcelarios.

La lucha por Boğaziçi

Si bien Boğaziçi es una de las muchas instituciones sujetas a la atmósfera restrictiva que caracteriza a la educación superior en Turquía, la universidad también tiene una historia y una reputación distintivas. Fundada en 1863 como Robert College, Boğaziçi fue la primera universidad estadounidense establecida fuera de Estados Unidos de América (EEUU). Durante más de 100 años, la institución sirvió como un espacio de enseñanza superior en inglés para hombres y atrajo principalmente a los jóvenes de la minoría cristiana otomana, así como también a los extranjeros que vivían en Estambul. Después del establecimiento de la República Turca en 1923, el Colegio adoptó un modelo educativo estrictamente laico de acuerdo con los principios republicanos. En 1971, su Junta de Síndicos aprobó una resolución que transfiere todos sus terrenos, edificios, instalaciones y personal al gobierno turco para establecer Boğaziçi como una universidad pública. Actualmente es considerada una de las universidades más prestigiosas del país y es conocida por su rigor académico, así como por su cultura estudiantil diversa, vibrante y comprometida. El idioma de la educación en Boğaziçi sigue siendo el inglés y la facultad está compuesta por académicos de alto perfil con doctorados obtenidos en las mejores instituciones de Europa y EEUU. Además, los estudiantes son seleccionados entre aquellos candidatos que obtienen las mejores calificaciones en el examen de ingreso a la educación superior a nivel nacional. La universidad atrae candidatos de todo el país, lo cual generó un campus diverso en términos étnicos, religiosos y de clase, así como de diferentes afiliaciones políticas.

La reacción negativa a la designación de Bulu se debe a las preocupaciones sobre su incompatibilidad con los altos estándares académicos de la Universidad Boğaziçi, así como a la naturaleza partidista y antidemocrática de su nombramiento. Bulu es un afiliado del partido AKP desde hace mucho tiempo, fundó una rama del partido en el distrito Sariyer de Estambul en 2002 y se presentó como candidato en las elecciones de 2015. Antes de su nombramiento en Boğaziçi, trabajó como rector en las universidades de İstinye y Haliç, instituciones privadas con credenciales académicas inferiores. Además, la tesis de maestría y la disertación de doctorado de Bulu, las cuales completó en Boğaziçi, están llenas de párrafos copiados y pegados de otros textos académicos lo cual genera dudas sobre su credibilidad como académico. Bulu negó las acusaciones y alegó que si bien no usó comillas en algunas partes de su trabajo, sí citó las fuentes en su bibliografía siendo que las reglas de citación eran diferentes en ese momento. Finalmente, el hecho de que Bulu nunca trabajó en Boğaziçi antes de su nombramiento se planteó como otra evidencia más sobre la falta de calificaciones para el cargo.

En respuesta a las críticas, Bulu argumentó que a pesar de que no obtuvo su título universitario en Boğaziçi —fue a la Universidad Técnica del Medio Oriente en Ankara, otra prestigiosa universidad pública de lengua inglesa—, ni enseñó allí como profesor de tiempo completo, de hecho, no es ajeno a la ‘cultura Boğaziçi’. En su primera comunicación con la comunidad de la universidad, Bulu declaró que estaba emocionado de “regresar a casa” donde pasó los mejores ocho años de su vida durante sus estudios de posgrado. Contrariamente a su deseo de presentarse a sí mismo como un conocedor, el discurso de Bulu a la comunidad Boğaziçi, en el cual hizo referencias a las experiencias populares de los estudiantes, provocó una reacción de protesta ya que se consideró una prueba más de su comprensión superficial del carácter único de la universidad. Estudiantes y profesores respondieron que no son las tranquilas actividades estudiantiles a las que Bulu hizo referencia las que hacen de Boğaziçi la universidad que es hoy. Más bien, lo son la cultura democrática, la libertad académica, las prácticas académicas basadas en el mérito y la tradición administrativa transparente, y todo esto es lo que pone en peligro su nombramiento.

Las protestas contra el nombramiento de Bulu y las preocupaciones por su falta de calificaciones provocaron acusaciones de elitismo. Un miembro vocal de un medio de comunicación pro-Erdoğan tuiteó que, como ella misma se graduó de Boğaziçi, esperaba “objeciones arrogantes” contra el nombramiento de Bulu. “Boğaziçi no sólo pertenece a los elitistas sino a la nación”, escribió. [2] Además de caracterizar a las protestas como “los dolores de parto de una transformación en curso”, la comunicadora pidió a los aliados que “demolieran la oligarquía de Boğaziçi” mientras la universidad “se limpia de la influencia estadounidense”. [3] Contrariamente a la descripción realizada por los medios de comunicación pro-AKP, donde se referían a Boğaziçi como una institución antimusulmana y una torre de marfil, en realidad, ésta fue una de las pocas instituciones de educación superior en Turquía donde el derecho a la educación de los estudiantes con velo, tuvo un fuerte apoyo tanto entre los estudiantes como entre los profesores mientras que la prohibición del velo todavía estaba en vigor.

Por ejemplo, en 2008, el campus fue uno de los terrenos organizativos de la iniciativa Cuidarnos unas a otras (Birbirimize Sahip Çıkıyoruz); una plataforma de mujeres diversas que se opone a la prohibición del velo y otras formas patriarcales de gobernanza sobre los cuerpos de las mujeres. Algunos de los partidarios del gobierno más comprometidos que actualmente demonizan las protestas de Boğaziçi participaron en esta iniciativa. De forma similar a lo sucedido en 2008, los manifestantes actuales también incluyen a los estudiantes piadosos con velo que fueron denunciados en los medios progubernamentales como “un grupo de estudiantes religiosos Boğaziçi que se dejaron llevar por mantras liberales en lugar de una perspectiva islámica”. [4]

Los círculos progubernamentales acusaron repetidas veces a Boğaziçi de elitismo y alienación de los valores e intereses nacionales. En 2018, Erdoğan se unió a la asamblea general de la Asociación Reunión de la Universidad Boğaziçi (BURA, por su sigla en turco) —una organización de exalumnos conservadora creada en 2003— e instó a la comunidad a adoptar una posición “local y nacional” para contrarrestar a quienes actúan “contra su Estado y los valores de su propia gente”. Sus sentimientos fueron compartidos por el presidente de BURA, así como por un representante estudiantil, ambos quienes compartieron su visión de Boğaziçi como una institución educativa donde están representados los “componentes primarios” de la sociedad, en contraposición a “un oasis rodeado por muros de elitismo”. [5] Más tarde ese mismo año, un grupo de estudiantes protestó por las acciones de los jóvenes miembros del BİSAK que instalaron una mesa en el campus para distribuir dulces turcos y así celebrar la incursión militar del gobierno en la ciudad de Afrin, bajo control kurdo en el norte de Siria. Erdoğan retó públicamente a los manifestantes: “Esos comunistas, terroristas y traidores intentaron destruir la mesa de la juventud nacional piadosa, local. No les daremos el derecho a estudiar en la universidad”. [6] Tras su declaración, 21 estudiantes fueron detenidos.

Jóvenes piadosos, locales y nacionales

La promoción de la “juventud piadosa, local y nacional” es parte de la agenda de Erdoğan desde principios de la década de 2010. Las protestas de Gezi en 2013 dieron un sentido de urgencia, porque le demostraron a Erdoğan que la mayoría de la juventud del país no sólo no vota por él, sino que además puede provocar su destitución; tal cual sucedió con otros líderes autoritarios en Túnez y Egipto. A partir de entonces, moldear una juventud políticamente obediente, moderna y piadosa, educada y respetuosa de los valores nacionales se convirtió en un objetivo primordial para el gobierno. Erdoğan repitió su anhelo de una juventud con “fe en su corazón, el Corán y una computadora en la mano, la ciencia en la mente y un llamado a Dios” a lo largo de los años, en oposición a la juventud kurda disidente o a los jóvenes involucrados en las protestas de Gezi. [7]

Además de ser una parte esencial para lograr la hegemonía cultural ansiada por el Presidente, la juventud piadosa y moderna es también el motor de su agenda desarrollista neoliberal y nacionalista. Las prioridades del tipo de educación que podría generar dicha juventud son evidentes en la visión de Melih Bulu para Boğaziçi. Específicamente, la misma incluye renovar la colaboración de la universidad con los sectores público y privado, mejorar su integración con “el ecosistema empresarial turco” y rediseñar los espacios universitarios para aumentar la “innovación”. Es un modelo de educación que enfatiza la innovación tecnológica, la integración del mercado y el espíritu empresarial para promover los intereses nacionales, según la definición del gobierno. En este modelo particular de universidad, la producción de conocimiento se valora sólo si cumple con las prioridades gubernamentales. El pensamiento crítico y el cuestionamiento, especialmente con respecto a los intereses nacionales declarados, no son bienvenidos o, incluso, están directamente criminalizados.

En el día 36 de las protestas de Boğaziçi, Erdoğan subió al escenario para presentar el programa espacial turco para la próxima década que incluye llegar a la luna en 2023 —el año del centenario de la fundación de la República Turca—. Otras misiones incluyen el envío de astronautas turcos al espacio, la construcción de un puerto espacial y el desarrollo de tecnología satelital y meteorológica. Sin embargo, las docenas de universidades creadas por el gobierno durante las últimas dos décadas, en gran parte provista de personal docente a través de redes de patrocinio, no tienen la capacidad de investigación para lograr la innovación y el conocimiento necesarias. Como señaló acertadamente el profesor de Boğaziçi, Bülent Küçük: “La acumulación de capital intelectual y cultural se logra más lentamente que la acumulación de capital político y financiero”. [8] De ahí, el intento de Erdoğan de hacerse cargo de una institución de investigación establecida como Boğaziçi.

Mientras que el gobierno intenta limpiar a la academia de los grupos que no cumplen con las normas, a través de investigaciones disciplinarias y procedimientos penales, Turquía se enfrenta simultáneamente a una fuga de cerebros sin precedentes. Las encuestas de opinión pública muestran que una gran mayoría de jóvenes se encuentra desilusionada con la dirección que tomó el país bajo la conducción de Erdoğan. Más de tres de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 29 años desean irse de Turquía en busca de un futuro mejor. Casi la mitad de los encuestados perciben al desempleo como el mayor problema que enfrentan los jóvenes. Al mismo tiempo, más del setenta por ciento cree que el mérito es irrelevante, porque creen que no podrían encontrar trabajo si no tienen amigos empleados por el Estado. Un video reciente realizado por un grupo de estudiantes de Boğaziçi y distribuido en las redes sociales bajo el hashtag # ülkemadınaçoküzgünüm (#Losientomuchopormipaís) evidencia con mayor claridad la frustración de los mejores estudiantes turcos.

La resistencia de los manifestantes de Boğaziçi refleja la ira acumulada por los jóvenes y en contra del gobierno, y trae a la memoria recuerdos de las protestas de Gezi en 2013. Dos décadas de gobierno del AKP causaron un daño sin precedentes a la autonomía y la libertad académica de la educación superior. Sin embargo, el intento del AKP por conquistar una de las instituciones de educación superior más prestigiosas, la cual hasta ahora en gran medida logró retener su autonomía, parece haber cruzado una línea simbólica. Queda por ver si las protestas lograrán deshacerse del peso que el gobierno puso sobre Boğaziçi y abrirán el camino para un esfuerzo aún mayor por establecer la autonomía académica, o si la brutal represión marcará un punto de inflexión en la consolidación de las universidades turcas como herramientas coercitivas y disciplinarias al servicio del gobierno autoritario del AKP. Hasta entonces, el cuerpo de estudiantes y profesores de Boğaziçi, y el creciente apoyo desde dentro y fuera de Turquía continuará repitiendo #WeWillNotLookDown (#NoBajaremosLaMirada).

[Se prohíbe expresamente la reproducción total o parcial, por cualquier medio, del contenido de esta web sin autorización expresa y por escrito de El Intérprete Digital]

Ayça Alemdaroğlu es Doctora en Sociología por la Universidad de Cambridge, y directora asociada del Programa Turquía en el Centro para la Democracia, el Desarrollo y el Estado de Derecho de la Universidad de Stanford y miembro del comité editorial de MERIP.

Elif Babül es Doctora en Antropología por la Universidad Stanford, profesora asociada de antropología en Mount Holyoke College y miembro del comité editorial de MERIP.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por MERIP el 23 de febrero de 2021.

Referencias: 

[1] Muzaffer Kaya, “Turkey’s Purge of Critical Academia”, Middle East Report 288 (otoño de 2018).

[2] @hilal_kaplan, “Bir Boğaziçi mezunu olarak, kerameti kendinden menkul bir kibirle tamaño karşı çıkacaklar olacağını biliyorum ve aldırmadan yolunuza devam etmenizi bekliyorum. Boğaziçi sadece elitistlerin değil, milletindir. Allah muvaffak etsin, Twitter, 3 de enero de 2021.

[3] Hilal Kaplan, “Bogaziçi Amerikan Etkisinden Arınırken”, Sabah, 2 de febrero de 2021.

[4] Ibíd.

[5]14. Olağan Genel Kurulumuz Cumhurbaşkanımız Sayın Recep Tayyip Erdoğan’ın Teşrifleriyle Gerçekleşti,” Boğaziçi Üniversiteliler Derneği (BURA).

[6] Carrie Shawn, “On an Istanbul Campus, Turkish Afrin Delight Leads to Arrests”, Middle East Eye, 30 de marzo de 2018.

[7] @RTErdogan, “Elinde taşla molotof kokteyliyle değil, göğsünde iman, elinde bilgisayar, Kur’an ve zihninde ilimle Hakk’a çağıran bir gençlik var, Twitter, 28 de diciembre de 2012.

[8] Neşe İdil, “El autoritarismo neoliberal en su máxima expresión: los académicos de la Universidad de Boğazici desafían el nombramiento de rector de Erdoğan”, Duvar English, 7 de enero de 2021.