Nuestras narrativas sobre la explosión siria: una primera aproximación

Por Hazem Nahar para Syria Untold

Un ave vuela cerca de una bandera siria izada. [Copepodo/Creative Commons]

Edward Said le dio al término ‘narrativa’ una de sus definiciones más claras: «una versión de la historia».

Una narrativa es, por lo tanto, una gran responsabilidad, que requiere herramientas, tiempo, estándares y un texto abierto sin límites. Este artículo tiene como objetivo ofrecer una aproximación preliminar a las diferentes narrativas que circularon sobre eventos recientes en Siria. También ofrezco mi opinión sobre la ‘explosión’ desde marzo de 2011. Esta pieza implica una exposición analítica que está abierta a la crítica, la revisión y la prueba. Sin embargo, las narraciones históricas deben basarse principalmente en información precisa y oportuna.

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A lo largo de la última década, se desarrollaron muchas narrativas para explicar la explosión de la situación en Siria. Muchos elementos influyeron en estas narrativas.  A pesar de que tuvieron incidencia diferentes factores, y muchos escenarios fueron descartados por razones racionales, acordar una narrativa general y objetiva hoy parece un sueño. Hay grandes discrepancias en las percepciones. La opinión de una persona podría cambiar cada segundo debido a la complejidad de la realidad y su gran interconexión, que va más allá de los intereses individuales de diferentes personas y colectivos.

Las tendencias comunes rigen las narrativas y las lecturas de los eventos actuales y la historia, pero muchas de ellas fracasan cuando se contrastan con hechos intuitivamente conocidos. También fallan en lograr coherencia metodológica o conectar antecedentes con resultados. No dan información adicional para comprender la realidad y predecir pasos y consecuencias futuras.

Construir una narrativa objetiva e interpretar con precisión eventos, tendencias y políticas, requiere una serie de herramientas esenciales, sin las cuales no se puede establecer un enfoque objetivo. De hecho, una mala lectura podría contribuir a narrativas voluntaria o involuntariamente engañosas para el individuo y para otros.

Una solución podría ser que cada individuo presente su propia narrativa, aquella que sea lo más cercana posible a la verdad. Es importante tener en cuenta que lo significativo de una narrativa, al final del día, no está solo en su valor y razonamiento personal. Está en sus interacciones con los acontecimientos en el terreno. Actuales y futuras consecuencias afectan a las narrativas a través de la modificación y la contextualización. La historia en sí misma frecuentemente se reescribe en función de los cambios en las situaciones presentes, el equilibrio de poder y los resultados.

Antes de abordar las narrativas comúnmente compartidas, es importante señalar algunas ideas. Primero, ninguna narrativa podría capturar la realidad completa. Algunos elementos y detalles seguramente seguirán faltando.

En segundo lugar, la narrativa contada durante un evento, especialmente cuando quien la relata es parte del evento, diferirá de la narrativa que uno adoptaría o alcanzaría luego del mismo. La explosión siria no terminó, como para decir que las narrativas no están influenciadas por acontecimientos en curso, ideología, pertenencia o posiciones políticas previas. Sin embargo, comprender esto no debe llevar a la pasividad o a diluir las causas claras, ya que esto nos empuja a un lugar donde no se puede afirmar nada ni adoptar versión alguna de la verdad.

En tercer lugar, las narrativas definitivamente serán influenciadas por el posicionamiento del autor como ganador o perdedor. En 1789, algunos negaron y rechazaron la Revolución Francesa. Si, en ese entonces, la revolución no hubiera ganado, la visión de los negadores habría prevalecido hoy. Algunas narrativas cambian de acuerdo con los movimientos en la balanza de poder en el terreno y las consecuencias. Esto es lo que sucedió en el pasado y aún sucede hoy.

Narrativas de la élite y narrativas del pueblo

La opinión pública no es el único determinante de la política. Los políticos e intelectuales podrían estar enormemente en desacuerdo sobre la narrativa de una persona promedio, que a menudo se ve influenciada, naturalmente, por las preocupaciones de este último sobre los problemas sin resolver que los afectan directamente.

Mientras tanto, la élite política e intelectual vincula el momento actual a la escena estratégica, y el presente, a la historia. Conecta intereses individuales temporales con el interés nacional mayor. Así es como debería ser.

¿Cuál es el uso de políticos e intelectuales si solo están allí para repetir las consignas de las personas sin modificación, desarrollo o contextualización? La mayoría de las personas alababan a Bouazizi al principio, pero algunos pronto comenzaron a maldecir su nombre, lo que solo significaba que habían llegado a un callejón sin salida. Algunos solían glorificar a figuras de la oposición siria, pero luego comenzaron a burlarse de ellas. La revolución respetaba profundamente a los defectores del ejército sirio al principio, pero rápidamente empezó a verlos como productos de la escolarización y educación del régimen sirio.

En Siria, nos enfrentamos a un gran problema a ese nivel. Algunos políticos e intelectuales cayeron en la trampa de ser influenciados por la narrativa de la persona promedio, repitiendola o implementándola. Otros adoptaron narrativas que se beneficiaron de sentimientos, instintos y aspiraciones temporales de las personas.

Cuando las narrativas de la élite política e intelectual se vuelven exactamente las mismas a las de la persona promedio, hay un signo preocupante. Un número de escenarios populares e irracionales se extendió entre el pueblo sirio o se filtró en él a través del régimen, otros países, canales satelitales o agencias de inteligencia. Junto con otros factores, a saber, la violencia del régimen sirio, estas narraciones crearon muchos desarrollos y transformaciones que afectaron la escena general siria y la llevaron a su estado actual.

Narrativas subjetivas o faltantes

Muchas narrativas comunes y sus antecedentes se pueden presentar brevemente. Cada una de ellas, no obstante, requiere una investigación rigurosa para verificar datos y compararla con los hechos y la evidencia. También es necesario criticar y deconstruir la narrativa misma para revelar sus lagunas, contradicciones y dicotomías.

En mi opinión, la narrativa del régimen no podría justificarse lógicamente. El régimen insiste en que lo que sucedió en Siria fue una conspiración extranjera imperialista, sionista y regresiva, con la intención de debilitar el eje de resistencia. Aún así, algunas personas adoptaron y creyeron esta narrativa. Uno no puede afirmar que todos aquellos que apoyaron la narrativa del régimen lo hicieron por ganancias personales o consideraciones sectarias, porque algunos realmente actuaron de acuerdo con sus creencias, mientras que otros simplemente adoptaron esta narrativa por diferentes motivos.

Algunas narrativas fueron diseñadas y puestas en circulación por razones populistas. Esas narrativas pronto se volvieron efectivas y fueron sostenidas en reuniones de simpatizantes que las adoptaron y defendieron. Por ejemplo, en el primer mes de la revolución, el régimen advirtió contra una amenaza de islamización y sectarismo. El régimen utilizó esta narrativa antes de que hubiera signo alguno de tal desarrollo, y lo justificó. El régimen decía que sabía más sobre la sociedad siria y la falta de cohesión y poder político efectivo que sufre. El régimen también sabe lo que produjo en más de medio siglo de dominación política. En segundo lugar, hubo una experiencia siria similar en la década de 1980, y otras experiencias en países vecinos que hacen a esta narrativa más creíble y, en última instancia, cierta. En tercer lugar, la falta de cohesión nacional pintó una imagen sombría para las minorías a nivel local y en el extranjero, lo que ayudó al régimen a juntar apoyo a nivel local y aliviar una potencial presión internacional.

Otra narrativa ve la explosión de la situación siria como una revolución de la mayoría suní contra el liderazgo alauí, en un intento por establecer un Estado islámico. Esta narrativa tampoco se sostiene a la luz de las muchas escenas y experiencias del primer año, los eslogans presentados o la diversidad de grupos presente en ese momento. Ni se mantiene en pie cuando uno hace la cuenta de los musulmanes suníes que apoyaron el régimen por diferentes motivos y de aquellos que no se preocuparon por los eventos en conjunto.

Hay narrativas que se basaron en una perspectiva o posición sectaria en la lectura de la escena política. Por ejemplo, algunas narrativas comunes se basaron en una justificación sectaria para explicar los eventos a través de las políticas y prácticas de Irán, Hezbolá, Arabia Saudí, Qatar, Turquía y otros países. Las narrativas se superponen de ciertas formas con el trasfondo sectario del orador y el sujeto que se interpreta. Son confusas y no conducen a ninguna lectura o comprensión objetiva de la política en juego. Diferentes países y fuerzas podrían usar la narrativa sectaria para desviar la atención, juntar apoyo y reunir ejércitos. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no hay un vínculo con las religiones o las sectas. Las diferentes narrativas ideológicas todavía están presentes en los abordajes de la cuestión siria.

La ideología y sus preconceptos a menudo se apoderan de las mentes y los corazones de las personas, y se interponen en el camino de que ofrezcan una narrativa objetiva de la realidad. Su principal preocupación es demostrar que la realidad y los acontecimientos van en línea con principios ideológicos y que siempre tuvieron razón. Hay ilimitados ejemplos de este tipo de narrativa y análisis. A algunos comunistas árabes, por ejemplo, les resulta difícil entender el papel ruso, que entra en conflicto con las aspiraciones de las personas en la región. Al mismo tiempo, los nacionalistas kurdos sólo pueden abordar las políticas turcas con hostilidad y sospecha. En cuanto a los nacionalistas árabes, sus narraciones se divergieron con el Egipto de Abdel Náser.

Algunas narrativas se construyeron en torno a las declaraciones en los medios de comunicación de los tomadores de decisiones y el monitoreo de los medios de fuentes específicas, no exhaustivas, sesgadas o deshonestas transmitidas a través de los canales satelitales.

Las narrativas basadas en los derechos también estuvieron presentes, y sus lecturas partían de un ángulo de los derechos humanos, no desde el ángulo de los intereses políticos y el equilibrio de poder. Esta visión considera que los derechos son el motor de la realidad y la fuente de las políticas. La narrativa basada en los derechos, por lo tanto, opera con la certeza de que la justicia y los derechos prevalecen ante la opresión, y construyó mapas de ruta que se separan de la realidad en el terreno y sus desarrollos.

También hay narrativas personales que leen la realidad basada en objetivos e intereses individuales. Estas lecturas imponen esperanzas e intereses personales a la realidad. Ésta, se convierte en un factor de esperanzas personales, caprichos y consideraciones. Una forma de análisis comienza con la comprensión de incidentes y la realidad a partir de una posición política específica sin una distinción clara entre la posición y el análisis. La posición, por lo tanto, enmascara el análisis. Por ejemplo, un partidario del régimen leería la escena siria de manera diferente en comparación con un partidario de la oposición. Esto calificaría como una lectura personal, que no puede evaluar la realidad o los eventos por fuera de la posición política personal del espectador.

Otras narrativas entienden los vínculos entre las naciones como simples y lineales, y dividen a los países y fuerzas en ejes fijos. Algunas naciones son vistas como enemigos absolutos, otros como amigos absolutos, y dentro de cada eje, los lazos se ven como unidireccionales e inmutables. Desde esta perspectiva, los incidentes en el terreno fueron explicados en función de y las narraciones basadas en esta simplificación engañosa. Un ejemplo es el supuesto de que Rusia, Irán y el régimen sirio están perfectamente alineados. Mientras tanto, la realidad muestra la presencia de contradicciones ideológicas, económicas y políticas complejas entre los diferentes aliados, que se suman a los puntos de acuerdo.

En varias narrativas se evocaron otras experiencias de la historia o los tiempos modernos, y se pegaron a otro contexto, el nuestro propio, sin profundidad de análisis y contextualización. Esas narrativas no tenían en cuenta la experiencia actual, los detalles, las condiciones, el tiempo o los actores en juego.

Por ejemplo, los miembros de la oposición siria copiaron las percepciones de la experiencia libia. Construyeron una narrativa y apiñaron a los sirios y la realidad siria en ella. Hicieron predicciones basadas en lo que sucedió en Libia desde la intervención militar hasta los órganos políticos que la acompañaron, como la creación de un Consejo Nacional de Transición. Esta narrativa pronto se volvió válida, dadas las fuerzas y personalidades que la adoptaron y recayeron en ella.

Finalmente, surgió una narrativa económica a través de algunos investigadores. Vieron que la explosión siria resultó de un problema social y un desequilibrio en la división de la riqueza. Fue, por lo tanto, el resultado de la liberalización de la economía, lo que trajo mayores tasas de pobreza y el empobrecimiento de áreas rurales. Esas áreas finalmente se rebelaron.

Este análisis es correcto y útil, pero no explica la explosión total del contexto sirio. De hecho, la recesión económica no fue el factor determinante, porque la economía siria siempre estuvo en crisis. Una explosión no pudo haber ocurrido sin que la revolución ocurriera en Túnez y Egipto, por un lado, y el degradante tratamiento de los sirios en Daraa y otras regiones, por el otro. Los incidentes de asesinato, arresto y tortura a manos de oficiales de seguridad agravaron la situación. Uno no puede decir que la revolución sólo pudiera ser observada en las zonas rurales. De hecho, todas las ciudades sirias atestiguaron protestas, excepto los centros de Damasco y Alepo, en parte porque ambos centros estaban atrapados por el régimen. También hubo fronteras invisibles rigiendo las realidades sociales, arquitectónicas y mundanas que separan la ciudad y el campo en la mayoría de las regiones sirias.

Mi propia narrativa

En la sección anterior, usé el término ‘explosión siria’ porque estaba tratando de mantener mi narrativa separada al discutir a los demás. La explosión en Siria comenzó con protestas pacíficas. El régimen se basó en políticas de violencia, asesinato, detención, tortura y degradación, empujando a todas las ciudades a rebelarse. Muchos elementos de la sociedad siria participaron en la revolución y fueron civilizados al expresar demandas con dimensiones nacionales.

Ningún partido o estado podía negar la validez y la legitimidad de las demandas que los manifestantes pedían en marzo de 2011. Sería difícil probar que esas protestas no eran generalmente pacíficas en el primer año. Es igualmente difícil negar la naturaleza de las demandas en ese entonces, que se basaron en sirios unidos por la libertad y la dignidad. Los eslogans pedían una transición de un país dirigido por una familia a un país que perteneciera a todos los sirios, con un cambio democrático de poder y una distribución justa de la riqueza. A lo largo de 2011, esta fue la imagen dominante.

Posteriormente, nuevos factores y cambios graduales llevaron a giros predecibles, con el aumento de la violencia del régimen en el centro. La comunidad internacional, mientras tanto, dudó en dar cualquier paso. En cambio, adoptó la posición de observador, para mantener sus propios intereses o evitar posibles repercusiones, dadas las debilidades políticas de la oposición. La lucha cambió gradualmente, y las nuevas fuerzas aparecieron y explotaron la división vertical en la sociedad siria. Intervenciones regionales e internacionales invirtieron en esta división y en los mismos partidos.

La actual situación siria tiene un poco de todo. Es una revolución transformada en una guerra civil con notas de una crisis y una extensión de una lucha regional e internacional en el territorio sirio. La realidad está entrelazada y es altamente compleja. La peor parte es que, hoy, en lugar de sirios presentándose a sí mismos como sirios, ante todo, fueron absorbidos por la lucha étnica y sectaria junto con milicias de otros países que luchan en su propia tierra.

Nos enfrentamos hoy con un fracaso general: el fracaso de las fuerzas de la revolución, el fracaso de la oposición política, el fracaso del sistema y el fracaso de las grandes potencias regionales para producir una solución que acompañe a los sirios en un Estado nacional, democrático, moderno, seguro y estable. La explosión continúa, y uno no puede negar la posibilidad de su evolución en el futuro hacia un final claro y definitivo. Tal conclusión pondría el pasado detrás de nosotros y abriría la posibilidad de construir una esfera pública siria que aislaría a los actores actuales y construiría un estado democrático. Cuando eso suceda, la explosión siria pasaría a la historia como una revolución progresiva. Cualquier otra cosa sería el inicio de la desintegración de Siria y los sirios.

Cuando algunos preguntan si lo que sucedió fue una revolución, a menudo se compara con un telón de fondo de una evaluación positivista y moral de la definición de una revolución. Luego, las acciones se abordan desde un ángulo estrictamente moral que solo ve los errores de la revolución. Esto conduce a una negación del significado positivo de la revolución siria y su reducción a sus equivocaciones.

Este enfoque es incorrecto. Los errores de cualquier revolución no resultan exclusivamente de las equivocaciones de sus miembros, también reflejan la naturaleza del sistema contra el que la revolución se está rebelando. Mientras más brutal es el sistema, mayores son los errores de los que se rebelan contra él. Al ser el actor más fuerte del terreno, el régimen dicta en gran medida las reglas del juego.

La gran narrativa deseable: la narrativa nacional.

La narrativa deseable es la que no se produce por nuestras opiniones personales o nuestro sesgo político. Más bien, es la narrativa que se rige por la lógica de la historia, su enfoque racional y una visión de los desarrollos, cambios y resultados. A la historia no le importan nuestras narrativas personales. Podría aceptarlas al principio, pero siempre las remodela hasta que están más cerca de la objetividad y cumplen con las leyes que gobiernan y controlan.

El problema hoy se agrava debido a la ausencia de una narrativa nacional. Esto no significa que estemos apuntando a una sola narrativa para resumir los acontecimientos sirios. Estamos, en cambio, apuntando a una narrativa que se desarrolle en un entorno democrático de recuperación. Sería probablemente una síntesis o una revisión de todas las narrativas, sus interacciones y la deconstrucción de algunas de ellas. Sería una narrativa que se haya desarrollado intencional y gradualmente a través del diálogo. Tal narrativa podría construir conciencia colectiva y la historia de un pueblo.

Una narrativa nacional de la explosión siria y sus consecuencias no puede desarrollarse sin un Estado nacional, democrático y un ambiente pacífico y seguro. Con tal narrativa, estaríamos mirando a una Siria culturalmente nueva, ya que cada narrativa incluye una visión de sí mismo y del otro. Los sirios se verían a sí mismos como un pueblo y una nación en el futuro, y expresarían su visión de sus alrededores y su posicionamiento global.

Hoy, muchas personas dudan de ideas, objetivos y grandes narrativas porque el conocimiento radica en la información producida por la tecnología, no las narrativas. Se basa en un enfoque pragmático que no necesita grandes objetivos para establecer legitimidad y credibilidad. En este sistema, las pequeñas narrativas enmascararían la narrativa mayor. Esto podría haber sido cierto en un mundo que ya ha producido sus grandes narrativas, pero para nosotros, construir una gran narrativa podría ayudarnos a continuar afirmando nuestro destino y la existencia en el presente y el futuro.

Este artículo es parte de una serie limitada que marca una década desde el inicio de la revolución siria. Leé esta pieza, originalmente escrita en árabe, aquí.

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Hazem Nahar es un escritor e investigador sirio dedicado a asuntos políticos y culturales.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Syria Untold el 22 de marzo de 2021.