Una oración palestina en Ramadán

Por Ramzy Baroud para Mondoweiss

Estudiantes refugiados en Ramallah, Palestina [Abel CAINE/Creative Commons]

Los casos de COVID-19 en Palestina, especialmente en Gaza, alcanzaron niveles récord este mes, en gran parte, debido a la llegada de una variante de coronavirus altamente contagiosa identificada por primera vez en el Reino Unido.

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Gaza siempre fue vulnerable a las pandemias. Bajo un hermético bloqueo desde 2006, la Franja densamente poblada carece de servicios básicos como agua potable, electricidad u hospitales equipados. Por lo tanto, mucho antes de que el coronavirus devastara muchas partes del mundo, los palestinos en Gaza estaban muriendo como resultado de enfermedades fácilmente tratables como la disentería, la salmonelosis y la fiebre tifoidea.

Está de más decir que los pacientes con cáncer en Gaza tienen pocas posibilidades de luchar contra la enfermedad ya que se deja a la sitiada Franja sin los medicamentos que salvan vidas. Sin embargo, muchos pacientes palestinos con cáncer siguen aferrándose a la esperanza de que las autoridades militares de Israel les permitan acceder a los hospitales palestinos de Cisjordania que están mejor equipados. Lamentablemente, muy a menudo, la muerte llega antes que el tan esperado permiso israelí.

La tragedia en Gaza —de hecho, en toda la Palestina ocupada— es larga y dolorosa. No obstante, no debería clasificarse como otra ocasión triste que invoca mucha desesperación, pero escasa acción. De hecho, la lucha de los palestinos es una parte integral de una lucha más amplia por los derechos humanos fundamentales que se puede ver en todo Medio Oriente, que, según un informe reciente de Carnegie Corporation, es una de las regiones económicamente más desiguales del mundo.

Desde Libia hasta Siria, ambas claramente devastadas por la guerra, pasando por Yemen, Irak, Somalia, Sudán, Afganistán, en gran parte mundo árabe y musulmán la doble tragedia de la guerra y la miseria es un recordatorio mordaz del precio que paga la población por frívolas luchas de poder que no producen nada más que más incertidumbre y no consiguen más que más odio.

Una vez más, el mes sagrado de Ramadán visita la ummah musulmana cuando sus tragedias aún supuran: nuevos conflictos, guerras inconclusas, un número de muertos en constante crecimiento y un flujo interminable de refugiados. Lamentablemente, ni siquiera el Ramadán, un mes asociado con la paz, la misericordia y la unidad, es suficiente para provocar momentos de tranquilidad, aunque fugaces, o un respiro del hambre y la guerra para numerosas comunidades musulmanas de todo el mundo.

En Palestina, la ocupación israelí a menudo toma giros aún más siniestros durante este mes para agravar intencionalmente el sufrimiento que sienten los palestinos. Además del aumento de los ataques de los colonos israelíes contra los palestinos, la policía israelí ‘resquebrajó las puertas y cortó los cables de los altavoces’ de los minaretes de la mezquita y ‘acosó a los empleados del Waqf ’ en el segundo día del Ramadán, según un portavoz del Ministro de Asuntos Exteriores de Jordania (N.d.T.: la palabra árabe Waqf designa típicamente edificios con una función de obras de utilidad pública o caritativa). Los eventos coincidieron con las celebraciones del Día de la Independencia de Israel cerca de la Plaza del Muro Occidental debajo de la mezquita. Jordania, que es el administrador de la mezquita, envió una carta a Israel condenando a la Policía e instándole a respetar los acuerdos establecidos.

Israel comprende plenamente la conexión espiritual que los palestinos, ya sean musulmanes o cristianos, tienen con sus símbolos religiosos. Para los musulmanes, esta relación se acentúa aún más durante el sagrado mes de Ramadán. Cortar esta conexión equivale a romper el espíritu colectivo del pueblo palestino.

Estos son sólo algunos ejemplos de una tragedia multifacética y profundamente arraigada que siente la mayoría de los palestinos. Numerosas historias análogas, aunque de diferentes contextos políticos y espaciales, se comunican todos los días desde todo el mundo musulmán. Sin embargo, no existe una discusión significativa de una rectificación colectiva, de una estrategia, de una respuesta reflexiva.

El propósito de Ramadán es el de ser una época en la que los musulmanes se unan sobre la base de un criterio totalmente diferente: donde las diferencias políticas e ideológicas desaparecen en favor de la unidad espiritual que se expresa en el ayuno, la oración, la caridad y la bondad. Desafortunadamente, lo que estamos presenciando no es el Ramadán como se ambicionaba, sino disímiles manifestaciones del mes sagrado, cada una de las cuales atiende a una idiosincrasia diferente, una expresión dolorosa pero verdadera de la desunión y la desigualdad que afligen a la ummah.

Está el Ramadán de riqueza ilimitada, comidas después del iftar bien preparadas, junto con entretenimiento interminable y barato (N.d.T.: la palabra árabe iftar designa a la comida nocturna con la que se rompe el ayuno diario). En este Ramadán, a menudo se ofrecen tópicos sobre la caridad y los pobres, pero se ofrece poco. 

También está el Ramadán de Palestina, Sudán, Yemen, de los campos de refugiados sirios y de las pequeñas lanchas que salpican el Mediterráneo, que transportan a miles de familias desesperadas que albergan poco más que la esperanza en un futuro mejor detrás de algún horizonte. Para ellos, el Ramadán es una corriente de oraciones para que el mundo, especialmente sus hermanos musulmanes, puedan acudir en su ayuda. Para ellos, existe poco entretenimiento por la falta de electricidad y no hay fiestas masivas después del iftar porque no existe dinero.

Dua’ significa una oración de súplica en árabe. Para los oprimidos, dua es el último recurso; a veces, es incluso un arma contra la opresión en todas sus formas. Es por eso que a menudo vemos a musulmanes afligidos levantar sus palmas abiertas hacia el cielo cada vez que les sobreviene una tragedia. Ramadán es el mes en el que los pobres, los indigentes y los oprimidos levantan las manos al cielo suplicando a Dios en varios acentos e idiomas que escuche sus oraciones.

Se tranquilizan con hadices (dichos del profeta Muhammad) como este: «Las súplicas realizadas por tres personas nunca se rechazan: una persona que ayune hasta que rompa su vigilia, un gobernante justo y la súplica del oprimido hacia Alá que es elevado por encima de las nubes, las puertas del cielo se abren para él, y el Señor dice: Con mis fuerzas, te ayudaré a su debido tiempo».

Nunca hubo un momento más crítico para que la ummah trabaje unida, para curar sus heridas colectivas, para cuidar a sus pobres, para abrazar a sus refugiados y para luchar por sus oprimidos. Muchas comunidades musulmanas de todo el mundo están sufriendo y su dolor es intolerable. Quizás este Ramadán pueda servir como la oportunidad para que finalmente se promulgue la justicia social y para que los oprimidos sean escuchados, y que, así, su himno de tormento y esperanza se eleve por encima de las nubes.

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Ramzy Baroud tiene un Ph.D. en Estudios Palestina de la Universidad de Exeter. Actualmente es investigador senior no residente en el Centro para el Islam y Asuntos Globales de la Universidad Zaim de Estambul. 

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Mondoweiss el 23 de abril de 2021.