El legado colonial nuclear francés en Argelia

Por Malia Bouattia  para The New Arab

In Ekker, región donde se realizaron las detonaciones nucleares francesas. [Wikikorps/Wikimedia Commons]

La reciente declaración del presidente Emmanuel Macron de que se establecerá una comisión de ‘memoria y verdad’ para investigar la historia de la colonización francesa de Argelia dio lugar a una gran discusión pública sobre este sangriento legado. En este contexto, la ausencia de disculpas u ofertas de reparación por parte del Estado francés no pasaron desapercibidas.

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Un área de especial controversia en este proceso son los efectos continuos y perjudiciales de los ensayos nucleares de Francia en Argelia, llevados a cabo a lo largo de la década de 1960. Francia realizó su primera prueba nuclear, conocida como ‘Gerboise Bleue’, en febrero de 1960 en el desierto del Sahara con una bomba atómica que tenía cuatro veces la fuerza de Hiroshima. Se realizaron un total de 17 pruebas; cuatro fueron detonaciones atmosféricas y 13, subterráneas.

Las pruebas nucleares continuaron en la región hasta 1966, cuatro años después de la independencia de Argelia del dominio colonial francés, debido a una cláusula en los Acuerdos de Evian que fueron firmados por el Gobierno Provisional de la República Argelina. Los acuerdos establecieron los parámetros para la independencia de Argelia. La derrotada potencia colonial exigió poder seguir destruyendo el medioambiente de Argelia y envenenando a su pueblo.

En el momento en que se hicieron las pruebas, alrededor de 40 mil personas vivían en el área afectada, por lo que tuvieron un efecto terrible en estas comunidades. Muchos fueron impactados directamente, mientras que otros fueron envenenados con el tiempo debido a la radiación. De hecho, 60 años después de Gerboise Bleue, todavía nacen bebés con enfermedades y malformaciones.

La destrucción causada a la tierra del Sahara y a los animales que allí viven también se suele pasar por alto. La radiación provocó una reducción de la ganadería y de la biodiversidad, así como la desaparición de ciertas aves migratorias y reptiles. Las pruebas incluso hicieron que se produjera el movimiento de dunas de arena.

“Estas pruebas nucleares deben verse en el contexto de una experiencia colonial cruel e inhumana que fue sinónimo de expropiación, genocidio, racismo y pauperización”, explica Hamza Hamouchene, cofundador de Algeria Solidarity Campaign y Environmental Justice North Africa (N.d.T.: Campaña Solidaria por Argelia y Justicia Ambiental en el Norte de África). 

Los desechos nucleares permanecen en la región y el Estado francés se niega a tomar medidas para, literalmente, limpiar su desorden (radiactivo). La Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN) pidió al Gobierno francés que se responsabilice por el daño a largo plazo que causó

En un informe del año pasado, el grupo ganador del Premio Nobel de la Paz destacó: “La mayoría de los residuos se encuentran al aire libre, sin ningún tipo de seguridad y accesibles para la población, lo que genera un alto nivel de inseguridad sanitaria y ambiental”.

Más aún, Argelia todavía está a la espera de que le informen dónde se enterraron los residuos tóxicos, exigencia que también destacó ICAN. Jean-Claude Hervieux, un electricista francés que trabajó en los esfuerzos de pruebas nucleares en Argelia, dijo a DW: “Cuando salimos de Argelia, cavamos grandes agujeros y enterramos todo”.

Además, la duda continúa tapando todos los hechos relacionados con estos y otros crímenes coloniales cometidos por el Estado francés mientras luchaban por mantener el poder sobre Argelia, y luego se negaron incluso a reconocer siquiera este capítulo en la historia del país. Por ejemplo, aún no se devolvieron ni se hicieron públicos importantes archivos pertenecientes a los 132 años de ocupación.

Mustapha Khiati, presidente de la Fundación Nacional para el Progreso de la Salud y el Desarrollo de la Investigación en Argelia, afirma que Francia, en verdad, realizó 57 pruebas nucleares. Además de las 17 pruebas que a menudo se mencionan, otras 35 tuvieron lugar en Hammoudia, en la región de Reganne del Sahara, y cinco experimentos nucleares fueron llevados adelante en In Ecker.

La lista de horrores coloniales vinculados a estas pruebas incluye reunir a los argelinos de campos de reclusión y prisiones y atarlos a pilares para analizar el impacto de las explosiones nucleares en su piel.

Las víctimas de las pruebas nucleares de Francia no se limitaron a los argelinos (entonces y ahora). El Gobierno francés también enfrentó reacciones violentas por parte de exsoldados y colonos involucrados en las pruebas nucleares que se estaban llevando a cabo en Argelia. Los veteranos de la colonización francesa de la Polinesia también sufrieron las consecuencias de participar en estas operaciones con poca o ninguna protección.

La asociación francesa de veteranos de ensayos nucleares Aven, obligó al Estado a reconocer el sufrimiento causado a unos 150 mil militares. A pesar de décadas de negar que las pruebas condujeran a su infertilidad y enfermedades, el Gobierno presentó un proyecto de ley que compensaría a estas víctimas.

Los argelinos, sin embargo, aún no recibieron siquiera un reconocimiento básico por las consecuencias de estos eventos. Según los informes, hasta ahora solo un argelino entre cientos fue indemnizado.

Todo esto aclara aún más por qué Macron decidió no disculparse ni pagar reparaciones por los crímenes coloniales cometidos por su República: no solo las reparaciones serían considerables, sino que involucrarían a generaciones de argelinos que continúan sufriendo las consecuencias del desesperado intento  de Francia por ser reconocida como una potencia mundial líder en la segunda mitad del siglo XX.

Como bien dijo Hamouchene, no es suficiente simplemente “denunciar estos legados coloniales y neocoloniales, y concienciar a las personas cuya salud, cuerpos, tierras y medios de vida fueron sacrificados para acumular riqueza y concentrar el poder (…) tenemos que abordar estos temas a través de una lente de justicia y de formas democráticas y reparadoras (reparaciones morales y materiales)”.

Dado que Macron eligió la ‘verdad’ como tema clave dentro de la comisión sobre la colonización francesa de Argelia, aún está por verse si evitará por completo el reconocimiento de este capítulo oscuro, entre muchos otros.

Sin embargo, no contengamos la respiración. Macron fue siempre táctico en la manera en que abordó la ‘reconciliación’ a la que supuestamente se comprometió con el Estado argelino. Ofrece gestos simbólicos, pero en general irrelevantes, y se asegura de evitar cualquier cosa que pueda afectar el control económico y político de Francia (pasado, presente y futuro) en el norte de África.

Devolver los cráneos de los argelinos asesinados bárbaramente por resistir la colonización francesa no tiene sentido ante el sufrimiento y la muerte continuos de la tierra, las personas y las especies en el desierto del Sahara a manos de los mismos bárbaros. Los franceses no dejaron rastro de su ‘misión civilizadora’, a pesar de sus afirmaciones. Solo muerte y destrucción. Sin reconocimiento y reparación, ese legado seguirá vivo.

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Malia Bouattia es activista, ex presidenta de la Unión Nacional de Estudiantes y cofundadora de la red Estudiantes no sospechosos/Educadores no informantes.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por The New Arab el 12 de febrero de 2021.