Irán, Israel y Turquía llenaron el vacío de poder producido por las Revueltas Árabes

Por Stasa Salacanin para The New Arab

Plaza Tahrir el 15 de julio de 2011. [Ahmed Abd El Fattah/Creative Commons]

Hace diez años, un incendio de revoluciones populares conocido como la Primavera Árabe se extendió por Medio Oriente, cambiando irreversiblemente la región. Las revueltas derrocaron a dictadores aparentemente intocables al tiempo que despertaron nuevas esperanzas dentro de las sociedades árabes.

[Se prohíbe expresamente la reproducción total o parcial, por cualquier medio, del contenido de esta web sin autorización expresa y por escrito de El Intérprete Digital]

Con la excepción de Túnez, la Primavera Árabe no trajo aparejados los cambios exigidos por la oleada de protestas en 2011, sino que se produjeron reformas principalmente cosméticas, si es que las hubo, y surgieron nuevos sistemas autoritarios y prolongadas guerras civiles.

Una década después de las revoluciones, el papel de las potencias occidentales y no árabes en la región cambió drásticamente a medida que se transformó el mapa geopolítico de Medio Oriente, con potencias tradicionales como Siria, Egipto, Libia e Irak, que fueron perdiendo su relevancia. Por el contrario, otras potencias no árabes como Turquía, Irán e Israel emergieron como nuevos centros regionales de influencia.

Erosión de la influencia estadounidense

Los despertares populares en la región coincidieron con el declive gradual del papel de Washington como hegemonía regional absoluta. Algunos analistas argumentan que la Primavera Árabe representó un punto de inflexión para las naciones del Golfo, que comenzaron a darse cuenta de que no podían esperar el apoyo activo de Washington, especialmente después de la inacción de Estados Unidos durante las protestas de 2011 que sacudieron a Bahréin y Omán, y que finalmente fueron reprimidas con ayuda de Arabia Saudí. 

Nir Boms, investigador del Centro Moshe Dayan de la Universidad de Tel Aviv y del Centro Internacional para la Lucha contra el Terrorismo en Hertzliya, dice que el debilitamiento de la presencia estadounidense ayudó a la formación de un nuevo eje regional y empujó a algunos aliados regionales a unirse para enfrentar estas nuevas amenazas emergentes. “Esto, eventualmente, resultó en movimientos significativos como los Acuerdos de Abraham“, dijo.

Sin embargo, otros analistas, como Gabriel Glickman, miembro asociado del Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos de la Universidad Bar-Ilan, esperan que Estados Unidos tenga un interés más limitado en la región en el futuro, donde se centrará en esfuerzos prácticos, como la recopilación de inteligencia y la lucha contra el terrorismo, en lugar de los grandiosos objetivos de reconstruir países o extender la democracia. Esta versión de Washington en Medio Oriente podría restaurar parte de su influencia.

Irán

Irán, junto con otras potencias regionales como los Estados del Golfo, Israel y Turquía, ciertamente continuará dando forma a los eventos en la región. De hecho, la rivalidad entre el Golfo e Irán ya impulsó cambios fundamentales en los últimos años, incluidos los diversos acuerdos de normalización entre Israel y las monarquías del Golfo.

Sin embargo, los logros de Irán durante la Primavera Árabe tendieron a ser de corta duración, según Trita Parsi, Vicepresidenta Ejecutiva del Instituto Quincy para el Arte de Gobernar Responsablemente.

La caída del régimen de Mubarak en Egipto fue bien recibida en Teherán, pero el ascenso de Abdelfatah Al Sisi volvió a hacer que los lazos se tensaran. El Cairo se volvió aún más dependiente de Arabia Saudí en los últimos años, mientras que la propia influencia de Irán disminuyó significativamente.

En Yemen, mientras tanto, Irán no se benefició de su participación en la guerra, sino que elevó el costo para Arabia Saudí por haber iniciado el conflicto mortal. Al mismo tiempo, la posición de Irán en el mundo árabe recibió una paliza significativa debido a su apoyo al régimen de Asad en Siria, dijo Parsi a The New Arab.

De hecho, el ‘puntaje’ total de Irán en la última década en términos de beneficios y la expansión de su influencia en la región podría describirse como mixto en el mejor de los casos, según Boms. Por un lado, Irán logró proyectar poder, mantener la fuerza en Yemen, demostrar poderes de representación significativos y ayudar a Asad a ganar la brutal guerra en Siria. No obstante, por otro lado, sufrió un creciente aislamiento, descontento, devastación financiera y pérdida de prestigio al presenciar el sabotaje de su programa nuclear una y otra vez.

Si bien las fuertes sanciones no pudieron cambiar las ambiciones y el comportamiento regional de Irán, es cuestionable hasta qué punto Teherán logró modificar el equilibrio del poder regional para promover sus propios intereses. Así y todo, el país persa desarrolló efectivas fuerzas de misiles y capacidades de guerra híbrida.

Sus intervenciones en Líbano, Irak y Siria (y en Yemen a través de sus representantes) le dieron una influencia considerable, pero es discutible cuáles son los verdaderos beneficios estratégicos del compromiso iraní en la región, excepto militarmente y con modestos logros políticos. Dado que casi todos los países en los que Irán tiene influencia podrían caer en la categoría de ‘Estado fallido’, está claro que el compromiso de Teherán no puede traer ningún beneficio económico significativo a la República Islámica, que enfrenta dificultades económicas propias.

Según Parsi, la participación de Irán en los conflictos regionales no fue impulsada por un cálculo económico, sino más bien por una estrategia de seguridad. “Desde un punto de vista económico, es difícil ver que una sola intervención extranjera de cualquier Estado haya sido económicamente beneficiosa”, dijo.

Además, el Gobierno enfrenta crecientes problemas internos como resultado de décadas de políticas económicas deficientes, agravadas por el impacto de las sanciones estadounidenses, el COVID 19 y la caída del precio del petróleo. Si bien Irán fue siempre el maestro de la guerra asimétrica, es posible que la influencia del país persa en la región se deteriore en el futuro debido a los problemas acumulados.

Boms dice que la república islámica fue atacada en varios frentes y que, a pesar de su motivación, enfrentará muchas limitaciones. “Hasta ahora, Irán todavía se está enfocando en proyectar y construir su poder, pero ya tuvo que recortar presupuestos y, como resultado, limitó el uso de algunos de sus poderes”, agregó.

No obstante, en opinión de Parsi, la política de tratar de contener a Irán fue y es un fracaso significativo ya que la influencia de Teherán y el programa nuclear crecieron en las últimas dos décadas pese a las sanciones.

Turquía

Turquía inicialmente dio la bienvenida a los levantamientos democráticos contra los regímenes árabes autoritarios. Fue la única potencia que tuvo canales de comunicación abiertos con los nuevos movimientos revolucionarios y gobiernos de transición en toda la región.

El Dr. Selçuk Çolakoğlu, Director del Centro Turco de Estudios de Asia Pacífico, señaló que Turquía fue un modelo al comienzo de la Primavera Árabe con su vibrante economía en desarrollo y estructuras democráticas pluralistas. El poder blando de Turquía era dominante en todo el mundo árabe sin asumir ningún coste político o estratégico. Algunos movimientos de la Primavera Árabe dijeron abiertamente que Turquía representaba un modelo a emular y esto mejoró significativamente la imagen del país.

Çolakoğlu explicó que aunque la política exterior kemalista tradicional de Turquía rechazó cualquier apego religioso, el gobernante Partido Justicia y Desarrollo (AKP) forjó una alianza ideológica con la red de los Hermanos Musulmanes en Medio Oriente y quiere actuar como líder en el mundo islámico.

Sin embargo, la decisión del gobierno del AKP de utilizar el poder duro (militar) de Turquía en los conflictos árabes minó drásticamente la capacidad turca para el poder blando. Además, Ankara acogió a cuatro millones de refugiados sirios desde el comienzo de la Primavera Árabe, y la falta de estabilidad política y económica dentro del país, según Çolakoğlu, probablemente disminuirá pronto la capacidad internacional de Turquía. “Como potencia media que apenas tiene el 1% del PIB mundial, Turquía no puede sostener sus políticas unilaterales de poder duro (militar) en la región”, dijo a The New Arab.

Ankara mantuvo una amistad con Doha, así como pequeñas extensiones de tierra e influencia en el norte de Siria y el norte de Irak, e influencia sobre la administración del Gobierno de Acuerdo Nacional con sede en Trípoli. Pero Turquía también perdió, en gran medida, a Arabia Saudita y Egipto como mercados vitales para los fabricantes turcos.

Si bien Ankara se está comportando actualmente como un hegemón regional en ascenso, Çolakoğlu sostiene que el gobernante AKP se enfrenta a una presión creciente de la oposición y de la mayor parte de la opinión pública con respecto a sus políticas pro Hermanos Musulmanes. Según Çolakoğlu, existe una fuerte demanda para la restauración de la política exterior turca y el fin de las estrategias motivadas ideológica y religiosamente en Medio Oriente.

Israel

Durante el transcurso de la Primavera Árabe, Israel estuvo políticamente aislado de la región. Hasta los recientes acuerdos de normalización con Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, su relevancia solo se basaba en la supremacía militar sobre sus vecinos, en lugar de la capacidad de proyectar el poder blando y moldear proactivamente las tendencias de la región en un sentido político o económico. Sin embargo, en un futuro próximo, esto puede cambiar significativamente.

“Israel está preparado para tener una influencia significativa en los próximos años. Netanyahu, a pesar de todas sus fallas, posicionó astutamente a Israel como una nación indispensable”, afirmó Glickman, especialmente después de que el Primer Ministro israelí dirigiera al Congreso de Estados Unidos en 2015. En aquel entonces, envió un mensaje claro de que Israel estaba decidido a detener el programa nuclear de Irán a toda costa, incluso en detrimento de las relaciones con Estados Unidos.

Este también fue un punto de inflexión en sus relaciones con las monarquías del Golfo, que se dieron cuenta de que Israel era un aliado confiable en su lucha contra Irán.

Aunque es demasiado pronto para especular si está surgiendo una nueva alianza árabe-israelí y si este ‘eje’ desarrollará puntos de vista comunes sobre una gama más amplia de temas en lugar de simplemente percibir a Irán como la principal amenaza a la seguridad, Boms cree que los acuerdos recientes abrieron un camino de integración para Israel en la región que podría incluir la economía, el turismo, el comercio, la colaboración en materia de seguridad y la cultura.

Sin embargo, el papel de Israel en los conflictos regionales durante la Primavera Árabe, como en Siria, y el hecho de que apuntaló alianzas con regímenes autoritarios, indican que tales alianzas funcionan mejor para sus intereses que para las democracias árabes.

En opinión de Parsi, el Estado hebreo se benefició del creciente caos en la región y del colapso de cualquier cosa que se pareciera a una coalición árabe contra su ocupación de Palestina. “Israel se aprovechó de la debilidad de los dictadores árabes para llegar a un acuerdo con ellos en el que Israel los defenderá en Washington contra las presiones de Estados Unidos sobre los derechos humanos y otras cuestiones, y ayudará a garantizar su reinado continuo, a cambio de su apoyo (y en el caso de Emiratos Árabes Unidos, financiación) de la ocupación de Palestina“, dijo a The New Arab.

Medio Oriente, por lo tanto, podría convertirse en un polígono para tres ejes de poder emergentes: el eje chií liderado por Irán, el eje Golfo-Israelí y la alianza liderada por Turquía. Tampoco es inconcebible que Ankara pueda, de alguna manera, apoyar a la coalición iraní, ya que hubo acercamientos entre Turquía e Irán que va en contra de las afirmaciones convencionales de un conflicto regional insuperable.

Sin embargo, los tres ejes rivales emergentes en la región no necesariamente sirven a los intereses a largo plazo de Turquía, sostiene Çolakoğlu, sino que Ankara idealmente apuntaría a ser un facilitador del diálogo entre el eje liderado por Irán y el eje Golfo-Israelí en lugar de crear un eje rival propio.

[Se prohíbe expresamente la reproducción total o parcial, por cualquier medio, del contenido de esta web sin autorización expresa y por escrito de El Intérprete Digital]

Stasa Salacanin es periodista independiente que ha escrito extensamente sobre asuntos de Medio Oriente, relaciones comerciales y políticas, Siria, Yemen, terrorismo y defensa.

N.d.T: El artículo original fue publicado por The New Arab el 05 de enero de 2021.