Todas las personas razonables deben rechazar los crímenes de odio en Cisjordania

Por Yossi Mekelberg para Arab News

Un niño palestino y un soldado israelí frente a la barrera israelí de Cisjordania [Justin Mcintosh / Creative Commons]

El fuerte aumento de los crímenes de odio y la violencia perpetrados por nacionalistas extremistas judíos, muchos de los cuales son residentes de los asentamientos ilegales en la Cisjordania ocupada, no sólo debe ser una ‘fuente de preocupación’ para los funcionarios de defensa, sino que exige una condena abrumadora y, lo que es más importante, una acción urgente y firme para erradicarla.

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No hay nada que pueda justificar la ocupación de tierras ajenas y el sometimiento de su población al dominio arbitrario y a los caprichos de otra nación.

Sin embargo, cuando un grupo procedente de la nación ocupante, y cada vez más numeroso, también recurre a los crímenes de odio contra los ocupados, oprimidos e indefensos, y las autoridades hacen la vista gorda, si es que no apoyan activamente sus acciones, la situación se vuelve más deplorable que las palabras.

Por lo tanto, el fuerte aumento de los crímenes de odio y la violencia perpetrados por nacionalistas extremistas judíos, muchos de los cuales son residentes de los asentamientos ilegales en la Cisjordania ocupada, no sólo debe ser una ‘fuente de preocupación’ para los funcionarios de defensa, como se informó en los medios de comunicación israelíes, sino que exige una condena abrumadora y, lo que es más importante, una acción urgente y firme para erradicarla.

Según el sitio web de noticias israelí Ynet, el Ministerio de Defensa de Israel registró 507 presuntos incidentes de delitos de odio contra palestinos en 2020. Estos delitos iban desde el vandalismo y las agresiones físicas de los colonos a los palestinos hasta el incendio de una escuela en el pueblo de Einabus, cerca de Nablus, y el incendio de una mezquita en Al Bireh, cerca de Ramallah.

La falta de respuestas adecuadas a estos delitos por parte de las fuerzas del orden israelíes está fomentando este vergonzoso fenómeno. Las cifras de los seis primeros meses de este año son aún más preocupantes, ya que se cometieron al menos 416 delitos de odio, el doble que en el mismo periodo de 2020.

Este comportamiento criminal no es aleatorio ni una rareza inexplicable, sino el resultado de la atmósfera y la ideología creadas por más de cinco décadas de ocupación y bloqueo de Israel en Cisjordania y Gaza. Se trata de una innumerable letanía de violaciones diarias de los derechos humanos de los palestinos, que se producen con casi total impunidad.

Sin embargo, entre todas las denuncias que el régimen de ocupación merece con razón, los crímenes de odio cometidos por los colonos y sus cómplices desde dentro de Israel, civiles y soldados, representan uno de los aspectos más feos de lo que está ocurriendo en Cisjordania.

Ante estos crímenes de odio, debería ser un momento de examen de conciencia para el movimiento de colonos y la sociedad israelí en su conjunto. Para aquellos que creen, aunque distorsionadamente, que puede haber algún tipo de coexistencia decente con los palestinos mientras se mantiene la ocupación, no hay otro camino que tomar medidas para erradicar los elementos fascistas y matones que hay entre ellos, incluyendo medidas proactivas para ayudar a las autoridades israelíes a llevar a los culpables de los crímenes de odio ante la justicia.

La situación actual también debería servir de llamada de atención a los colonos más reflexivos para que reconsideren todo el proyecto de asentamientos. Para el resto, es el momento de hacer cuentas y de preguntarse si la aparición de quienes cometen delitos de odio no era inevitable cuando millones de personas están sometidas a los deseos caprichosos de los ocupantes y son consideradas seres inferiores.

Los matones criminales del movimiento Tag Mechir (en español, ‘Etiqueta de precio’) son el producto de una sociedad que, o bien apoya la violencia contra los árabes por el mero hecho de serlo, o bien la contempla con total apatía. En este caso, la apatía es igualmente censurable dada la naturaleza viciosa y la frecuencia de estos actos violentos.

En el pasado, las dos líneas de defensa —indefendibles— para el uso de la fuerza excesiva contra los palestinos eran que son el enemigo y que los dos pueblos están en estado de guerra. Otros alegaban convenientemente que eran ajenos a lo que ocurría al otro lado de la Línea Verde.

Estas excusas no son válidas y resultan aún más patéticas si se tiene en cuenta que es Israel quien utiliza su fuerza militar superior para imponer su voluntad, no los palestinos. Además, si algún israelí quiere saber lo que está ocurriendo en Cisjordania en su nombre, se pueden obtener muchas pruebas, con un solo clic, de las brutalidades cometidas contra civiles palestinos inocentes.

Según un informe meticulosamente documentado de la organización israelí de derechos humanos B’Tselem, por ejemplo, los soldados, junto con los colonos, asaltaron dos pueblos en dos incidentes distintos este año. Hay pruebas en vídeo de colonos armados que lanzan piedras a los residentes locales y a sus casas. En ambos pueblos, los colonos y los soldados también abrieron fuego con munición real, matando a dos residentes e hiriendo a 12.

B’Tselem no pudo verificar si fue un colono o un soldado el responsable de los disparos mortales, pero sin duda no puede ser legal, bajo ninguna circunstancia, que lo que sólo puede describirse como una milicia de colonos se una a las Fuerzas de Defensa israelíes en tales incursiones. Esto pone al ejército en connivencia con un grupo de forajidos que se aferran al programa religioso-mesiánico más extremo de intimidación, y cuyo objetivo es expulsar a los palestinos de sus hogares o someterlos totalmente a la supremacía de los colonos y del Estado judío.

Lo que antes eran incidentes aislados de agresiones físicas y abusos verbales se convirtieron en la norma, junto con pintadas malintencionadas en vehículos y paredes y daños a la propiedad. La época del año ‘favorita’ para los ataques a las granjas y agricultores palestinos es la temporada de recogida de la aceituna, durante la cual se produce un notable aumento de los ataques incendiarios por parte de los colonos y de la violencia contra los palestinos. Se cortan cientos de árboles y se roban muchas aceitunas. En su cobardía, estos vándalos de motivación ideológica también atacan casas y estructuras aisladas, especialmente las que están cerca de los asentamientos y los puestos de avanzada no autorizados.

Si quienes cometen crímenes de odio lo hacen en nombre de algún tipo de ideología, se trata de una ideología de lo más enfermiza. El hecho de que puedan cometer estos actos con total impunidad es una mancha para toda la sociedad israelí y la implica en estos actos despreciables.

Si alguien debería estar al frente de los esfuerzos para oponerse a esta violencia contra personas inocentes, cuyo único ‘crimen’ es que son palestinos, son los israelíes que no comparten esta versión distorsionada de su religión e identidad nacional.

Si las autoridades israelíes no llevan a los criminales ante la justicia, y la sociedad israelí no los repudia, entonces es la comunidad internacional la que debe expresar su preocupación con una voz fuerte y un sentido de propósito.

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Yossi Mekelberg es profesor de relaciones internacionales y miembro asociado del Programa MENA de Chatham House. Es colaborador habitual de medios de comunicación internacionales escritos y electrónicos.

N.d.T.: El artículo original se publicó en Arab News el 24 de octubre de 2021.