Tamer Nafar: El padrino del hip hop palestino

Por el Editor para Institute for Middle East Understanding

Tamer Nafar, rapero palestino. [glichfield / Creative Commons]

“Un siclo, un sueño y un diccionario” (N.d.t: siclo es la unidad monetaria de Israel). Eso es todo lo que tenía Tamer Nafar cuando empezó. Ahora es uno de los músicos palestinos más importantes, el padrino de la escena del hip hop árabe, actor, guionista y (según él mismo admite) “simplemente un tipo genial”.

Nacido y criado en Lydd, la vida de Tamer fue moldeada por la ciudad. En Lydd las tasas de criminalidad son altas y las crueles manos de la violencia y la pobreza tocan a todos los residentes palestinos de una forma u otra. Los barrios palestino-árabes son descuidados por Israel, abandonados para que se las arreglen por sí mismos, y en ese duro ambiente, Tamer encontró consuelo en la música. “Lydd fue la razón por la que estoy enamorado del hip hop. Mientras Lydd se convertía en el mercado de drogas más grande de Medio Oriente, mientras la brutalidad policial y el crimen aumentaban, perdí muchos amigos. Eso me hizo cambiar al hip hop, me llevó a ese lado de la música que no había explorado antes”, dice.

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Aunque su inglés no era el mejor, Tamer conectó con las imágenes que el hip hop presentaba. “Lo que estaba viendo en esos videos musicales se parecía a mi barrio. El video Holler If Ya Hear Me (Gritá si me escuchás) de 2Pac, por ejemplo: comienza con la policía llevando a un joven negro al auto y él está esposado. Simplemente se parecía a mi barrio — las sirenas, los niños arrestados. No sabía de qué estaba hablando, no podía entender la letra todavía, pero podía imaginarlo. Me conectó con mi realidad; me ayudó a expresar mi propia vida y lo que estaba sucediendo. Tenía los sentimientos, la ira y las emociones antes, pero a través del hip hop, comencé a encontrar los verbos”, agrega.

Tamer consiguió un diccionario y empezó a traducir la letra que estaba escuchando. “Quizás el ochenta por ciento de las palabras no las pude encontrar porque eran jerga, pero llegué allí. Me enseñé a mí mismo”, cuenta. Comenzó a escribir sus propias letras en inglés, expresando sus experiencias personales a través del rap, haciendo lo que nadie a su alrededor estaba haciendo. Al principio, el proceso fue difícil. “Esto fue en el ’98. Traté de encontrar productores, pero todos eran productores de bodas. No había bases fácilmente accesibles como lo son hoy. Simplemente no existía la base para hacer música hip hop, así que fue muy, muy, muy difícil”, señala. Así que Tamer improvisó: descargó las versiones instrumentales de canciones famosas y empezó a rapear sobre ellas. “Mis primeros sencillos fueron todos cantados sobre ritmos conocidos; no fue hasta alrededor de 1999, 2000 que comencé a encontrar productores y a hacer mis propios ritmos”, relata.

Fue por esa época cuando Tamer descubrió cuánto estaba creciendo la escena del hip hop israelí. “Era alternativo, y ellos estaban produciendo sus propias cosas y haciendo furor. Me sorprendió que la escena estuviera tan desarrollada”, destaca. En poco tiempo, Tamer comenzó a trabajar en raps en árabe, creando un nuevo género. Fue esa innovación, esos raps árabes, lo que lo convirtió en la estrella que es hoy.

Aunque había entrado en la escena del hip hop y crecido bajo las duras condiciones del apartheid israelí, Tamer no se propuso ser político cuando comenzó a hacer música. “Para mí, en mis inicios, yo estaba muy ‘al carajo con la policía’, más centrado en Lydd que en Palestina. Buscaba ser artista, no buscaba una identidad en ese entonces. No fue hasta más tarde, después de que comenzara la Segunda Intifada, que comencé a hablar específicamente sobre ser palestino. Al principio, estaba feliz de estar en una habitación con luces y un buen micrófono”, explica. Cuando estalló la intifada y los palestinos fueron abiertamente asesinados, Tamer fue a un espectáculo en Tel Aviv y dejó que sus sentimientos se expresaran a través de una canción titulada Innocent Criminals (Criminales inocentes). La reacción del club fue menos que entusiasmada. “Se descontroló allí, la gente empezó a pelear. Fue entonces cuando me di cuenta: está bien que sea amable y un jardinero o un mecánico o el tipo que entrega hummus, pero si me detengo y digo: ‘El jardín en el que estoy trabajando, era de mi abuelo’, entonces estas personas ya no serían mis amigas. Esa noche me dio la sensación de que quería ser más político”, dice. La canción que cantó, y la atención que ella recibió, trajo cierta atención y responsabilidad a Tamer. “La gente empezó a invitarme a eventos políticos y yo empecé a participar en ese lado de las cosas. La vida es un proceso”, cuenta.

Pero incluso con sus incursiones en la política, la música de Tamer existe en una variedad de temas y tópicos, que van desde el amor hasta la pobreza. Su trabajo no se limita a los confines de la ocupación, aunque como palestino, a menudo se lo reduce únicamente a su identidad como víctima del apartheid. “El mensaje que estoy recibiendo artísticamente es que solo existo por la ocupación. No. No es que nosotros, como palestinos, necesitemos la ocupación para nuestro impulso. En realidad es todo lo contrario, la ocupación simplemente nos impide ser más grandes, internacionalizarnos. La ocupación nunca será mi motivación; no es inspiradora. Existo más allá de Israel torturándome”, expresa. Sus mayores éxitos, dice, no son sus canciones políticas, pero aún así, los medios de comunicación extranjeros se centran en las que sí lo son. Con el surgimiento de nuevos raperos palestinos, esta hiperconcentración en aspectos específicos de la vida palestina puede ser extremadamente limitante.

Como el rapero árabe OG, Tamer vio cómo surgía mucha sangre nueva y se hacía espacio en la escena. Está inspirado por la generación más joven y toda la música nueva que están lanzando. Un joven rapero en particular llamó su atención: el fenómeno viral de Gaza MC Abdul, cuyo acento y fluidez impresionaron a Tamer. “Me enteré de él por primera vez en una publicación de Instagram, y pensé ¿qué? ¿Quién es ese chico? Él era simplemente tan bueno”, comenta. Contactó a MC Abdul, cuyo nombre real es Abdel Rahman Al Shantti, para ofrecerle una canción para una colaboración, y así nació su último éxito, The Beat Never Goes Off (El ritmo nunca se apaga).

La canción tardó un poco en perfeccionarse dado que Tamer estaba escribiendo la letra para que la cantara un niño de 12 años, pero después, Abdel Rahman siguió impresionando. “Me tomó un tiempo descubrir cómo escribir para un niño, pero cuando finalmente le envié la canción, la grabó 30 minutos después y lo hizo mucho mejor que como lo había hecho yo. Su fluidez, su entrega — fue genial”, dice. Cuando fue al estudio, Tamer originalmente buscaba un ritmo más triste y suave, pero simplemente no funcionó. La canción exigía una pista más animada. “Nuestras energías nos obligaron a hacer una canción enérgica. Y ya sabes, estuve presumiendo durante meses, ¡un chico de Lydd y un chico de Gaza hicieron una canción enérgica, no una canción triste!”, exclama. Aunque la canción tiene algo de tristeza — cantar sobre ataques de tanques no es exactamente feliz — también tiene una energía rotunda.

The Beat Never Goes Off se lanzó en septiembre, y las visuales del video musical son sorprendentes. Tamer se encuentra en una ciudad palestina en la ocupada Cisjordania, rapeando frente al muro del apartheid israelí que separa a las familias palestinas unas de otras. MC Abdul, filmado en Gaza, se proyecta en la pared detrás de Tamer. El efecto provoca tanto la unidad del pueblo palestino y su separación y desplazamiento forzados, mientras los dos rapean sobre la ocupación y el inquebrantable espíritu palestino.

Después de décadas en la escena, Tamer sigue encontrando formas nuevas y emocionantes de inspirarse y crear música. ¿Su consejo para los palestinos que intentan lograrlo? “ No lo dudes. No pienses demasiado, solo seguí hasta el final. Vas a cometer errores y, si no lo haces, la gente encontrará errores. Vivimos en un lugar donde se juzga cada movimiento. Eso puede crear un sistema de autocontrol en tu cabeza. No existe algo así como un artista a medio camino, solo seguí hasta el final. Si elegís ser provocativo, no te reprimas; si elegís canciones de boda, sé el mejor en eso. Sé lo que sea que elijas al máximo — eso es algo que necesitaba escuchar cuando estaba empezando”, agregó.

Tamer está trabajando actualmente en nueva música, con su siguiente pista a punto de lanzarse en las próximas semanas. La canción, llamada GoTTer por la jerga colonial británica, es su primera pista de ejercicios. “Es rebotante, áspero y duro — es un nuevo flujo. Me gusta mucho lo que está haciendo la nueva generación. Me inspiró mucho la gente que se inspiró en mí, es como un ciclo”, cuenta. Hasta que salga GoTTer, podés escuchar The Beat Never Goes Off en todas las principales plataformas musicales y ver el video musical aquí.

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N.d.T.: El artículo original fue publicado por Institute for Middle East Understanding el 22 de noviembre de 2021.