Experiencia teatral emergente siria en Europa

Por Bissane al Sharif para Syria Untold

Teatro romano en la ciudad antigua de Palmira, Siria. [twiga_sala/Creative Commons]

Este ensayo es parte de la serie de Syria Untold sobre teatro sirio. Leé esta pieza en su árabe original aquí.

Desde que estalló la revolución siria en 2011 y la mayoría de los profesionales en el campo cultural, incluidos los dramaturgos, se trasladaron al extranjero, estuve reflexionando sobre dos cuestiones claves. La primera tiene que ver con los cambios que afectaron la experiencia teatral en la diáspora, y si estos cambios impactaron en la forma, el contenido, o ambos. La segunda cuestión está relacionada con qué es realmente nuevo en la experiencia teatral emergente de la diáspora siria. Me hago estas preguntas como trabajador en este campo, como alguien que se especializó en escenografía en Francia, adquirió experiencia en el trabajo teatral en Siria durante los seis años que precedieron a la guerra y continuó su carrera profesional en Europa, tras mi regreso a Francia en 2012.

[Se prohíbe expresamente la reproducción total o parcial, por cualquier medio, del contenido de esta web sin autorización expresa y por escrito de El Intérprete Digital]

Primero, es importante aclarar que es bastante difícil hacer un seguimiento de todo el teatro sirio desde 2011, debido a la diversidad de textos, la multitud de espectáculos y su amplio alcance en varios países alrededor del mundo. Por lo tanto, solo compartiré mis ideas e impresiones personales y expondré brevemente las principales experiencias con los profesionales del teatro sirios, como el director Omar Abou Saada, el dramaturgo Mohammed al Attar al Husseini y el director Wael Ali.

Una tarea difícil

Durante nuestras giras teatrales, una de las tareas difíciles que enfrentamos fue presentar al público extranjero la escena cultural siria antes de la guerra. Generalmente, en la mentalidad europea, la producción cultural siria está vinculada a la guerra y la migración, como si la cultura de la diáspora no tuviera raíces sociales, políticas y artísticas locales.

En el alcance de este artículo, no abordaremos la creación del teatro moderno y la historia de su desarrollo en Siria, pero creo que es necesario recordar los serios esfuerzos para dar forma a la identidad teatral siria, especialmente durante la década anterior a 2011. Aunque las experiencias teatrales no estaban muy extendidas en Siria, creo que algunas de ellas tenían buena calidad artística y trataban de seguir el ritmo de la escena teatral mundial, a pesar de la censura en casa.

Podemos decir que, después de 2011, algunos practicantes del teatro sirio continuaron con sus producciones artísticas en el país, a pesar de las difíciles circunstancias. Otros viviendo en el extranjero, creo que constituían la mayoría de los practicantes de teatro sirios, produjeron su trabajo en sus países de asilo. Estos últimos necesitaban mucho tiempo para adaptarse a sus nuevos entornos. Los realizadores de teatro en el extranjero comenzaron a apreciar métodos de producción con los que no estaban familiarizados. Como resultado, emergieron representaciones teatrales nuevas o diversas.

Al principio, la mayoría de los profesionales del teatro en el extranjero querían usar el arte como testimonio e introducir a los ‘otros’ —o al público occidental— a la realidad siria, lejos de las noticias publicadas por los medios de comunicación internacionales. Presentar a los espectadores la difícil situación siria a través de guiones teatrales fue su método de resistencia y supervivencia. De hecho, el teatro estuvo entre las herramientas clave que documentaron los eventos en Siria.

La evolución del teatro documental

Con los acontecimientos que evolucionaban rápidamente, y frente a la violencia, se desarrolló una forma de teatro documental, y tenía un gran deseo de decir y mostrar las cosas como eran, lo más rápido posible. Por ejemplo, la obra de 2011-2012 ‘¿Podrías por favor mirar a la cámara?’ (Fik Tettala Aal Camera?) del dramaturgo Mohammed Attar y el director Omar Abou Saada es una de las primeras ilustraciones claras del teatro documental. La narrativa simple se basa en historias reales de un grupo de amigos que fueron arrestados al comienzo de la revolución. Hicimos los ensayos en Siria, pero la obra no fue interpretada allí, por supuesto. Se presentó por primera vez en Corea del Sur, luego en el Líbano. Después del espectáculo en Beirut, la mayoría de nosotros empezamos a movernos uno por uno.

La obra de Wael Ali de 2014 ‘No me acuerdo’ (Ma Aam Etzakar) es otro ejemplo de teatro documental. El guión es un diálogo entre el músico y ex preso político Hassan Abdul Rahman, que está en el escenario, y el actor Ayham Abdul Majid Agha, que intenta cuestionar la memoria lejana de Hassan. Esta obra fusiona testimonio y autocrítica.

Nuevos desafíos

Una década después de la revolución siria, los artistas sirios se enfrentan a un nuevo desafío relacionado con las demandas del mercado de la producción, la financiación y la programación teatral, que usualmente encasillan a los artistas sirios como aquellos que deben abordar el tema de la guerra. Esto en sí mismo es un problema.

En su segunda obra ‘Estadía temporal’ (Ounwan Mouakat) en 2017, Wael Ali trabajó con la artista de teatro libanesa Chrystèle Khodr para contar la historia personal de Chrystèle a través de la historia familiar de su tío y padre, hombres de ascendencia siríaca que viven en Suecia. La obra combina la vida de Chrystèle como practicante de teatro y el legado de la migración que lleva.

El guión aborda el tema de la memoria, mientras que la dirección plantea preguntas en el escenario ante la audiencia: ¿Qué significa producir obras de teatro en tiempos de guerra? ¿Cómo podemos representar nuestras historias personales? ¿Qué significa representar obras de teatro hoy fuera de nuestro país de origen, mientras la guerra hace estragos en Siria? ¿Qué cambia eso en la profesión del actor y artista de teatro?

¿Qué audiencia?

El otro desafío clave al que se enfrentan los artistas sirios en el exilio, especialmente en lo que respecta al teatro, es su relación con el público. Este reto plantea muchas preguntas: ¿Qué género teatral queremos presentar? ¿Qué mensaje queremos comunicar a la nueva y desconocida audiencia? ¿Qué forma de arte elegiremos? ¿En qué idioma debería escenificarse? ¿Cuál es el propósito de representar obras en árabe para el público europeo? Si la obra está en árabe, ¿cómo nos aseguramos de que el significado del guión llegue a esta audiencia? Desde un punto de vista técnico, ¿cómo nos ocupamos de la ‘pantalla de traducción’, que se convirtió en el elemento principal del espacio teatral?

En su tercera obra ‘Debajo de un cielo bajo’ (Tahta Sama Watia) en 2019, Wael Ali eligió trabajar con el actor Sharif Andoura, cuya madre es belga y cuyo padre es sirio. Andoura interpretó el papel principal en la obra, junto con su coprotagonista Nanda Mohammad, una actriz siria que reside en Egipto.

Desde el comienzo, Ali combinó el árabe y el francés para escribir el guión de ‘Debajo de un cielo bajo’, un viaje entre el pasado y el futuro. Es una obra documental que se basa en una narración fluida y un guión fragmentado. Combina el relato personal representado por la pérdida del pasado con el relato político, y está situado entre dos países: Francia y Siria.

En 2017, Omar Abou Saada y Mohammed al Attar eligieron otro método para llegar a la audiencia europea, al narrar un incidente en la fábrica de Lafarge en el norte de Siria. Lafarge, ahora llamada LafargeHolcim, es una de las empresas franco-suizas más grandes, y estuvo recientemente en el centro de atención después de varios escándalos que demostraron que la rama siria había coordinado con el Estado Islámico.

La obra de Abdu Saada y Attar, ‘La Fábreica’ (Al Masnaa) fue interpretada en varios escenarios, incluido Volksbühne en Berlín. La obra cuenta la historia de la inauguración de la fábrica en 2010 y cómo sus propietarios, y sus socios del régimen sirio y otros partidos, insistieron en mantener la fábrica operativa durante la guerra, independientemente de las consecuencias en los trabajadores. Al principio el área donde estaba ubicada la fábrica estaba bajo el control del ejército sirio. Luego, en 2012, el Partido Unión Democrática Kurda (PYD por sus siglas en kurdo) tomó parte del territorio, mientras que el Ejército Libre Sirio (ELS) se apoderó del resto. A finales de 2013, el Estado Islámico impuso su control total sobre la zona. Aún así, la fábrica continuó su producción hasta que un incidente que involucró a trabajadores de la fábrica expuso controversiales detalles sobre una compleja red de especuladores de la guerra y empresarios sucios.

En 2019 trabajé con Abu Saada y Attar en otra forma de producción teatral. Dentro del programa Atlas of Transitions, produjimos un nuevo espectáculo titulado ‘Damasco 2045’, en el que planteamos preguntas sobre la memoria y el olvido en un marco futurista.

La obra se basó en una hipótesis futurista asumiendo que la guerra termina con la victoria del régimen sirio. El guión cuenta la historia del vencedor y el derrotado. Una instalación de arte en un museo recién inaugurado en Damasco en 2045 es vandalizado en circunstancias turbias. Los residentes comienzan a tener pesadillas recurrentes llenas de imágenes de un pasado que fue completamente borrado. Un joven oficial inicia una investigación y descubre incidentes personales que fueron intencionalmente borrados de su memoria. Con el vandalismo desenfrenado en el museo y las pesadillas continuas, los ciudadanos de Damasco se encuentran dudando de los cimientos de su ciudad, donde todo a su alrededor parece una mentira que colapsa.

La obra fue producida en asociación con Powszechny Theatre en Polonia y se representó en polaco. Actores del teatro anfitrión interpretaron la obra y un equipo técnico y artístico del mismo teatro supervisó el proceso. Nuestra incapacidad para comprender el lenguaje de la obra evidentemente creó una distancia entre nosotros y el guión, aunque la historia era nuestra y sobre nosotros.

Nuestra presencia actual en un escenario diferente y nuestro deseo de presentar y escenificar obras sirias requieren una forma diferente de pensar sobre el proceso de producción teatral. Para poder presentar una obra hoy, primero debemos reunir a todo el equipo en un solo lugar. Esto requiere un esfuerzo administrativo excepcional para obtener visas para artistas refugiados, buscar un lugar de ensayo y asegurar un equipo técnico diferente para cada país, o al menos directores de arte y técnicos. Todos estos requisitos nos abrieron los ojos a funciones que estaban marginadas en el teatro sirio, mientras que son esenciales e indispensables para las compañías de teatro tanto grandes como pequeñas en Europa, como el rol de director de producción. La publicidad y la organización de la gira también eran cuestiones marginales en Siria, pero ahora son una necesidad para que podamos seguir adelante y tener éxito en cualquier espectáculo.

Quizás la experiencia que adquirimos en ‘Mientras estaba esperando’ (2015) de Attar y Abu Saada constituya una clara ilustración de lo que mencioné. La obra fue producida a través de la financiación y la cooperación entre varios socios árabes y europeos, incluidos el Festival de Aviñón, el Festival de Teatro de Napoli, Friche La Belle de Mai en Marsella, el Centro Cultural Onassis en Atenas, el Teatro Spektakel en Zúrich, el Festival d’Automne en París y el Fondo Árabe para las Artes y la Cultura. La obra se representó en estas ciudades y muchas más.

¿Qué hay de nuevo?

Para concluir, me gustaría señalar la noción de ‘novedad’ para mí y para la mayoría de los jóvenes realizadores de teatro sirios que se trasladaron a Europa. Gradualmente empezamos a ocuparnos del teatro como profesión y nos dimos cuenta de que podíamos ganarnos la vida con la ‘profesión de arte’ algún día, contra todo pronóstico.

Por supuesto, no estoy afirmando que Europa sea el paraíso de los artistas, pero al menos tiene las legislaciones mínimas que protegen a un artista. Nuestro principal problema como artistas en Siria es la falta de estabilidad y seguridad. Creo que la mayoría de los artistas se dieron cuenta que tienen derechos y el camino está allanado para que sigan produciendo arte, con la esperanza de algún día poder crear bases sólidas para el arte en nuestro país, Siria.

[Se prohíbe expresamente la reproducción total o parcial, por cualquier medio, del contenido de esta web sin autorización expresa y por escrito de El Intérprete Digital]

Bissane al Sharif es Licenciada en Escenografía por la Escuela Nacional Superior de Arquitectura de Nantes. En 2015 fue premiada con el Chvealier des Arts et des Lettres por su instalación Mémoire(s) des Femmes.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Syria Untold el 14 de junio de 2021.