La revolución inconclusa de la igualdad de género en la Primavera Árabe

Por Sahar Khamis para The New Arab

Dibujo de una mujer y la plaza Tahrir con un escrito que dice “Tahrir es nuestra”. [Carlos Latuff/Wikimedia Commons]

Una década después de los levantamientos de la Primavera Árabe, que estuvieron llenos de notables ejemplos de heroísmo, activismo y sacrificios por parte de las mujeres árabes, el descarrilamiento de la democratización en la mayoría de los países de la región, con la excepción de Túnez, cobró un alto precio en el compromiso cívico y político de la participación de las mujeres.

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Si bien las revoluciones inicialmente ofrecieron nuevas oportunidades y crearon espacios políticos para las mujeres árabes como agentes de cambio, el colapso de los levantamientos populares también agravó los desafíos y obstáculos más antiguos.

En medio de una segunda ola de protestas populares en las sociedades árabes, todavía hay posibilidades de esperanza en la lucha contra el autoritarismo duradero, y las mujeres árabes desempeñan un papel fundamental.

Doble lucha, doble problema

En marcado contraste con los conceptos erróneos y los estereotipos dañinos sobre la impotencia y la pasividad de las mujeres árabes, ellas se destacaron notablemente durante los levantamientos de la Primavera Árabe de 2011, tanto en espacios en línea como en los territorios. Más importante aún, no estaban simplemente desempeñando roles de género tradicionales, apoyando a los hombres. Por el contrario, estaban al frente de los movimientos de resistencia, exponiéndose a los peligros del arresto, el acoso y la muerte.

Los notables ejemplos de mujeres árabes como protagonistas de las revueltas reflejan la ‘doble lucha’ en la que participaban a través de su activismo, tanto en el ámbito político como en el social. Por un lado, luchaban junto a sus conciudadanos varones para resistir la dictadura y la autocracia. Por otro lado, y de forma paralela, luchaban para empoderarse socialmente, resistiendo a las estructuras represivas de las sociedades altamente patriarcales, como el acoso sexual, la violencia doméstica, la discriminación profesional, los crímenes de honor y la mutilación genital femenina.

Tras los reveses en el camino hacia la democratización y las reformas, desde las guerras civiles en Siria y Libia hasta la crisis humanitaria en Yemen y una dictadura militar más represiva en Egipto, el peso de las dificultades económicas, políticas y sociales recayó principalmente sobre los hombros de las mujeres árabes. Muchas de ellas se convirtieron en refugiadas o desplazadas, fueron empobrecidas, se convirtieron en madres solteras y en viudas, o, lo que es peor, en prisioneras políticas y activistas exiliadas. Estos desafortunados resultados solo se sumaron a las condiciones preexistentes de marginación de las mujeres árabes, exacerbando su condición de desfavorecidas.

La lucha sociopolítica dual de las mujeres árabes para resistir múltiples formas de represión en varios frentes durante los levantamientos, dio origen al problema doble de soportar las cargas, no solo de la nueva ola de represión política, sino también del agotador costo social y económico.

A pesar de estas duras realidades, hubo ejemplos positivos de persistencia y éxito, como la innovadora ley de Túnez contra todas las formas de violencia de género, junto con el mayor compromiso de las mujeres tunecinas en la política. En cierto sentido, las mujeres árabes oscilan entre dos polos: uno de trauma y resistencia yl otro de triunfo y tribulación.

La espada de doble filo de las redes sociales

Una herramienta importante que las mujeres árabes utilizaron con éxito como arma para promover su causa y luchar en estas batallas paralelas fueron las redes sociales, que en las comunidades tradicionales y conservadoras abrieron nuevas ventanas al resto del mundo a través de las cuales se pudieron librar y ver sus complejas realidades y luchas multifacéticas.

Sin embargo, este nuevo fenómeno de activismo feminista en línea, o ‘ciberfeminismo’, según la periodista e investigadora bahreiní, Nada Alwadi, fue «un arma de doble filo para muchas mujeres activistas árabes”. “Por un lado, les proporcionó una plataforma crucial para amplificar sus voces y articular públicamente sus demandas. Por otro lado, al mejorar su visibilidad pública y aumentar su estatus de celebridad, las convirtió en blancos vulnerables de las represalias y persecuciones de los regímenes», explicó.

Esto también refleja un contexto más general de autoritarismo digital en aumento, en la era posterior a la Primavera Árabe, en el que los regímenes autocráticos afinaron sus herramientas de ‘ciberactivismo’ para perseguir a los oponentes, reprimirlos, sabotearlos y silenciarlos, a veces de forma permanente, utilizando el mismo método y las mismas herramientas digitales que fueron desplegadas para resistirlos. Este tira y afloja entre regímenes autocráticos y disidentes, que aumentó significativamente en la era posterior a la Primavera Árabe, está poniendo en peligro a todos los activistas que se atreven a hablar en contra de sus regímenes represivos.

La lucha de las mujeres periodistas árabes

Si bien gran parte de lo que se escribièo sobre las mujeres árabes durante y después de los levantamientos se centró en su papel como activistas, tanto en la esfera política como en la social, es igualmente importante prestar atención a las mujeres periodistas árabes y a sus roles y cambios continuos en la raíz de estos movimientos.

Aparte de los graves abusos contra los derechos humanos, que resultaron en el arresto de varias destacadas mujeres activistas árabes, como la abogada egipcia Mahienour El Masry y la bloguera egipcia Esraa Abdel Fattah, entre otras, las mujeres periodistas árabes también enfrentaron las represalias y el acoso del régimen. 

Durante el COVID-19, en varios países árabes se introdujeron nuevas ‘leyes de ciberdelito’ bajo el manto de la lucha contra la desinformación, y los rumores, pero en cambio sofocaron la libertad de expresión y pusieron en peligro la vida de los periodistas que desafían la narrativa del gobierno sobre la pandemia. 

Muchos periodistas fueron arrestados bajo los cargos de difundir información falsa y amenazar la seguridad pública y la paz social. Un ejemplo fue el periodista egipcio Basma Mostafa, quien anteriormente fue detenido por indagar en el asesinato del investigador italiano, Giulio Regeni, en Egipto en 2016, y fue detenido posteriormente dos veces en 2020. La primera por investigar la muerte del ciudadano egipcio, Ewis Al Rawi, y otra por informar sobre la pandemia de COVID-19.

En 2020, Nora Younes, fundadora y editora en jefe del sitio web de noticias Al Manssa, que está bloqueado desde 2017, fue la primera periodista en ser detenida y acusada por delitos informáticos en virtud de la nueva Ley de Delitos Informáticos de 2018. Mientras tanto, Lina Attallah, fundadora y editora en jefe de Mada Masr, otro sitio web bloqueado, fue detenida fuera de la prisión de Tora por intentar entrevistar a la madre y a la hermana del bloguero y periodista detenido, Alaa Abdel Fattah.

«No podría pensar en un entorno más riesgoso y peligroso para que las mujeres ejerzan el periodismo que el que prevalece en el mundo árabe en este momento», dijo a The New Arab, Salma*, una periodista egipcia veterana que tuvo que renunciar a su trabajo debido a las crecientes presiones políticas y profesionales. «Esta mezcla tóxica de limitaciones legales, políticas, profesionales y sociales hace que sea extremadamente difícil, y muchas veces imposible, que las mujeres periodistas árabes hagan su trabajo de manera segura y adecuada», expresó.

Segunda ola, ¿una nueva esperanza?

A pesar del desafío prolongado del autoritarismo, también hay signos positivos de esperanza en los países árabes, reflejados en la segunda ola de levantamientos que estallaron en Sudán, Argelia, Irak y Líbano en 2019 para exigir libertad, dignidad y justicia, haciéndose eco de las demandas populares que barrieron los países de la Primavera Árabe en 2011.

Aunque estos movimientos aún no condujeron a cambios radicales en los regímenes gobernantes, no obstante ilustraron el poder de la movilización masiva, la creación de redes y la coordinación, facilitada por el papel de las redes sociales.

Más importante aún, las mujeres árabes jugaron un papel importante en esta segunda ola de levantamientos, no sólo como organizadoras y participantes, sino también como lideresas y ejemplos a seguir. En Sudán, por ejemplo, las mujeres jóvenes lideraron con valentía las protestas que derrocaron al presidente Omar Al Bashir después de treinta años en el poder, atrayendo la atención de los medios internacionales y el elogio mundial.

El hecho de que muchas de estas jóvenes árabes confiaran en las redes sociales para amplificar sus mensajes y para apoyar sus causas, replicando la dependencia de las redes sociales durante los levantamientos de 2011, genera nuevas esperanzas de que una combinación de activismo en línea y fuera de línea de las mujeres árabes, junto con el vigor de los movimientos juveniles y la movilización popular, podría marcar el comienzo de un nuevo amanecer en medio de la oscura nube del autoritarismo, que aún se cierne sobre una región en constante cambio caracterizada por revoluciones políticas, sociales y de género inconclusas.

*El nombre ha sido cambiado para proteger su identidad.

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La Dra. Sahar Khamis es profesora asociada de comunicación y profesora afiliada de estudios de la mujer en la Universidad de Maryland. Se especializa en medios árabes y musulmanes, y es oradora pública y presentadora de radio.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por The New Arab el 8 de marzo de 2021.