A diez años de la revolución egipcia: el movimiento contra la violencia sexual

Por Habiba Abdelaal para The Tahrir Institute for Middle East Policy (TIMEP)

Marcha contra el acoso sexual en Plaza Tahrir. [Gigi Ibrahim/Creative Commons]

Diez años después de la revolución, las mujeres egipcias siguen alzando la voz contra las agresiones sexuales y el acoso, especialmente a través de las redes sociales. Este fenómeno pasó a primer plano hace unos meses, cuando un grupo de mujeres inició una campaña acusando a un estudiante egipcio adinerado de una serie de violaciones y agresiones sexuales. Primero se presentaron casi 50 acusadoras, y el número acabó superando el centenar, según Assault Police, una cuenta de Instagram y Twitter creada por activistas para recoger testimonios.

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Como parte de su legado, la revolución egipcia creó un nuevo espacio para que las mujeres, y los egipcios en general, debatan sobre el acoso sexual y la violencia. Hace años, casi ninguna mujer podía hablar abiertamente sobre sus experiencias de acoso o agresión sexual. Actualmente, es un tema de debate público y una acción destacada de la sociedad civil. Si bien cambiar las actitudes públicas entre hombres y mujeres es un desafío a largo plazo, los últimos años representan un primer paso en ese largo camino. Estos avances también se producen cuando las redes sociales son cada vez másinmportantes para dicho progreso, ofreciendo a las mujeres oportunidades únicas para hablar en contra de la violencia contra ellas.

Sin embargo, la rendición de cuentas por todos los tipos de violencia sexual fue frágil durante los últimos diez años. Culpar a la víctima de violencia sexual es la reacción más común, ya sea por parte del gobierno o de la sociedad en general, sin tener en cuenta las causas fundamentales de la violencia de género.

El levantamiento promovió el contexto que ayudó a resaltar el acoso sexual y expuso los métodos del gobierno para amenazar a las mujeres y disuadirlas de participar en protestas públicas. Al principio, varias activistas y ciudadanas comenzaron a documentar y registrar incidentes de agresión sexual y publicarlos en Facebook, Twitter, YouTube y sus blogs, esfuerzos que demostraron cómo las mujeres enfrentan violencia sexual real por su participación política. Esta documentación y visualización materializó las luchas de las mujeres y dio publicidad al abuso sexual en los espacios públicos.

En 2012, tres iniciativas sociales —Basma/Imprint, Shoft Tahroush y Did El Tahroush— comenzaron a intervenir directamente contra el acoso y la agresión sexual que a menudo ocurre durante las vacaciones de Eid, cuando las concentraciones masivas en zonas comerciales, cines, teatros y otros espacios públicos envalentonan a los agresores. También surgieron grupos e iniciativas para hacer frente a las agresiones sexuales en las protestas, como Opantish y Tahrir Bodyguard, que se crearon para responder a las agresiones sexuales masivas y a los incidentes de violación durante las manifestaciones de la plaza Tahrir entre 2011 y 2014. Algunas de estas iniciativas —como Harassmap y Imprint— se centraron en la intervención de los testigos y en la concientización de la comunidad sobre los derechos de las mujeres.

Las raíces del movimiento

En 2006, en el centro de El Cairo, se produjo un incidente de agresión sexual masiva de gran repercusión, denominado «Círculo del Infierno» —término acuñado por las organizaciones que trabajan para combatir este tipo de agresiones y ayudar a las supervivientes—, cuando una gran multitud de hombres atacó a varias mujeres para acosarlas, desnudarlas y, en ocasiones, violarlas, a veces con cuchillos afilados. Las activistas de la época captaron la serie de ataques con las cámaras de sus teléfonos y los publicaron en Internet, documentando uno de los fenómenos violentos más horribles de este tipo de ataques.

Si bien los esfuerzos para contrarrestar estos ataques en público tienen sus raíces en la respuesta a estos ataques de 2006, el movimiento contra la violencia sexual surgió en Egipto después de la Primavera Árabe, cuando aún tenía que luchar contra un entorno de silencio social, la falta de atención y la culpablización de las víctimas en torno al asalto sexual. Nuevos grupos intentaron introducir cambios en distintos niveles y crear nuevas plataformas para los debates sociales. En los últimos diez años se produjo un espectacular aumento de los movimientos y organizaciones de mujeres egipcias que se ocupan de muchos aspectos de la vida de las mujeres, como la educación, la salud, la formación jurídica y los ingresos.

Un movimiento movilizado

Cuando me uní al movimiento en 2012, fui testigo del cambio que sucedía en las calles y dentro de diferentes instituciones públicas como las universidades, escuelas y oficinas. Estas iniciativas lograron crear conciencia y alentaron a más grupos para apoyar y empoderar a las mujeres de diferentes maneras. También, eso le dio atención a las reformas que benefician a mujeres y niños.

A su vez, este movimiento aumentó la participación femenina en el trabajo de la sociedad civil y creó una generación de mujeres líderes jóvenes alentadas a participar social y políticamente.

Cuando me uní a Imprint/Basma en 2013, que era conocida por sus patrullas de intervención y campañas de concienciación en el metro y las calles de la ciudad de El Cairo, nuestro objetivo era detener el acoso callejero. El grupo, que al principio estaba relativamente desorganizado, empezó formando patrullas para intervenir en incidentes de agresión sexual y acabó convirtiéndose en una organización sin ánimo de lucro en 2016, ejerciendo presión sobre las administraciones universitarias, participando en una asociación con el programa Ciudades Seguras de ONU Mujeres e impartiendo talleres de formación y promoción en todo Egipto para luchar contra la violencia de género y el acoso callejero.

Nuestro trabajo con Harassmap se centró en colaborar con universidades públicas y privadas de todo Egipto, desarrollando para ellas una política contra el acoso sexual en sus campus. A finales de 2017, teníamos tres universidades públicas, incluida la Universidad de El Cairo, que se habían unido al programa, aplicando el procedimiento y poniendo en marcha unidades de investigación para recibir denuncias y casos. Trabajamos con la Universidad de El Cairo y con estudiantes voluntarios para apoyar a las universidades de todo el país en la adopción de una política contra el acoso sexual y en la creación de una Unidad contra el Acoso y la Violencia contra las Mujeres.  El objetivo era garantizar que las escuelas y universidades no toleraran el acoso sexual y que los casos de acoso sexual se trataran adecuadamente.

Reformas legales

En términos de reformas legales, a través de campañas de concientización y defensa, el movimiento presionó exitosamente al Estado para que cambie la ley de agresión sexual en 2014. Este cambio incluyó definiciones detalladas de acoso sexual y diferentes agresiones sexuales, con penas de hasta cinco años de prisión para los criminales.

Como resultado de este movimiento, las mujeres también se pronunciaron sobre otros temas que las afectan, lo que dio lugar a que el Estado imponga penas más severas contra la mutilación genital femenina, que sigue siendo una forma desenfrenada de violencia contra las mujeres en Egipto. Este colectivo, también trabajó en la lucha contra las narrativas dañinas en la sociedad egipcia que promovieron el acoso sexual culpable de las víctimas dentro de sus campañas de divulgación, en talleres y mediante el trabajo en universidades y escuelas.

Hoy y más allá

Este movimiento enfrentó desafíos en 2017 debido a las restricciones provocadas por una ley que se introdujo en medio de una severa represión contra la sociedad civil, lo que demuestra la intención del gobierno egipcio de reprimir a los grupos independientes. La Ley de ONG afectó a pequeñas iniciativas y organizaciones para obtener financiamiento y solicitar subvenciones sin ser acusadas de recibir financiamiento extranjero ilícitamente o de cometer traición, un problema significativo cuando se considera la falta de donantes locales interesados ​​en apoyar tales iniciativas. La legislación —sustituida por una nueva ley en 2019—  también afectó el trabajo de investigación en Egipto, ya que el Estado lo convirtió en un proceso más largo y desafiante para que los investigadores obtengan la aprobación y recopilen datos —hasta hace un año.

Mientras tanto, el Estado dejó de prestar atención a estas cuestiones: la atención pública a la lucha contra la violencia hacia las mujeres comenzó a desvanecerse en 2016. Las organizaciones que aún están trabajando están restringidas por las leyes y las regulaciones del gobierno que hacen imposible su trabajo de divulgación comunitario. Algunas organizaciones tuvieron que detener el trabajo de movilización de su comunidad o cerrar por completo por cuestiones de seguridad, como Imprint/Bassma y Harassmap. A pesar del progresivo activismo político y cívico de Egipto durante y después de la revolución, las mujeres egipcias continúan siendo atacadas por las políticas estatales bajo el régimen actual. Las represiones se justifican protegiendo los «valores familiares» de la sociedad egipcia, que no tiene ninguna definición en ninguna ley de la Constitución egipcia.

Tal fue el caso de Menna Abdel Aziz, una adolescente que, en mayo, publicó un video en TikTok de ella sollozando, con la cara amoratada e hinchada, diciendo que había sido violada. En lugar de tratarla como a una víctima, las autoridades la encarcelaron, acusándola de ‘libertinaje’ por usar ropa que consideraban inmoral y por mal uso de las redes sociales.

Tras la presión de varias organizaciones de derechos humanos, fue trasladada a un refugio para mujeres y posteriormente liberada. Este fue sólo un ejemplo de una ofensiva de gran alcance en la que las autoridades atacaron a jóvenes influyentes de las redes sociales por violaciones ‘morales’. Incluso cuando las mujeres se presentan para confrontar a sus atacantes sin precedentes, otras están siendo arrestadas simplemente por expresarse.

A pesar de los limitados logros, el movimiento contra la violencia sexual incorporó los derechos de las mujeres a la agenda social desarrollando técnicas para trabajar con el gobierno, los administradores públicos y los responsables políticos. Amplió el alcance de estas iniciativas para incluir el debate sobre las normas sociales y trató de no ignorarlas, ya que son los principales aspectos de la sociedad egipcia. La revolución abrió un espacio para que mujeres de diferentes clases, edades y ámbitos de trabajo participaran en la lucha contra la violencia a la que se enfrentan a diario. Animó a las mujeres a alzar la voz contra las injusticias, la violencia y las desigualdades a las que nos hemos enfrentado durante años sin que se nos prestara atención.

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Habiba Abdelaal es una estudiante de posgrado de administración pública y gestión sin fines de lucro, con especialización en estudios sobre mujeres, género y sexualidad. También trabaja como investigadora graduada para el Centro de Mujeres de la Universidad de Ohio y ha trabajado como voluntaria y en muchas ONG, iniciativas cívicas e instituciones sociales en Egipto, en la región MENA y en los Estados Unidos.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por TIMEP el 8 de enero de 2021.