Mi paso por la Hermandad de Al Qubaysiat

Por Lama Rajeh para al Jumhuriya

Mujeres refugiadas sirias en Jordania. [Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido/ Creative Commons]

Temerosos del surgimiento y la propagación de un islamismo disidente, el régimen sirio alentó a movimientos islámicos apolíticos. Permitieron, por ejemplo, que ciertos líderes religiosos dentro de sus círculos políticos —como el ex gran muftí Ahmad Kuftaro y el imán Said Ramadan al Buti— establecieran halaqas (círculos de estudio religioso) para la educación islámica dentro de las instituciones de la sharia y en las mezquitas. Fue en medio de esas halaqas, y con el apoyo particular de Kuftaro, que Munira Qubaysi fundó en la década de 1970 la asociación conocida como Al Qubaysiat (Las mujeres Qubaysi).

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Mientras tanto, la sociedad siria fue testigo de un despertar islámico desde finales de los ‘80 y principios de los ‘90. Por ejemplo, las mezquitas, comenzaron a estar abarrotadas como nunca antes, especialmente los viernes y más que nada por jóvenes, sin mencionar la gran asistencia de mujeres y niñas a las lecciones y seminarios coránicos. 

Quizás fue la corrupción económica y política lo que en parte alimentó los movimientos islámicos ‘moderados’ entre el público general, particularmente después de que el régimen sirio obstruyera el camino hacia cualquier avance político. Después de una guerra sin fin contra los Hermanos Musulmanes, la juventud siria acudió en masa para involucrarse en estas corrientes religiosas emergentes. La Hermandad de Al Qubaysiyat era una asociación no-oficialmente prohibida en Siria, y algunas de sus miembros incluso fueron procesadas y detenidas, como había ocurrido con la sheikha (jeque mujer) que supervisó la halaqa en la que participé [N.d.T.: en adelante se utilizará ‘Hermandad’ para hacer referencia a esta asociación, no confundir con los Hermanos Musulmanes]. Esta prohibición no-oficial duró hasta 2006, cuando el régimen les permitió realizar sus halaqas en los “institutos religiosos Asad” dentro de las mezquitas.

Además, la asociación de mujeres fue perseguida por el otro extremo del espectro, es decir, por eruditos religiosos que critican repetidamente a “las hermanas” por seguir la orden Naqshbandi, [1] por celebrar asambleas de dhikr (reunirse para alabar y suplicar a Dios al unísono), por realizar cánticos religiosos como parte de la práctica religiosa, y por tocar la pandereta. Muchos eruditos religiosos acusaron a Al Qubaysiat de haberse descarriado por un camino pecaminoso. [2]

No obstante, Al Qubaysiat demostró ser capaz de infiltrarse en la sociedad damascena, especialmente en sus familias más ricas. Parte de su éxito se puede atribuir al carácter conservador de la ciudad de Damasco, mientras que muchas líderes dentro de la Hermandad pertenecían a familias notables. Además, la Hermandad fue famosa por invertir en escuelas privadas de clase media, prestando especial atención a las niñas e impartiendo los fundamentos de la doctrina islámica desde la primera infancia. Las mujeres jeques de la burguesía damascena lograron licenciar un gran número de escuelas —en el artículo “Al Qubaysiat: El archivo desconocido” del jeque Muhammad Habash, se declaran más de 200. Esto les allanó el camino para una mayor expansión y proliferación.

Las halaqas: el núcleo de Al Qubaysiat

Desde mi más tierna infancia, me acostumbré a la apariencia de algunas mujeres de mi familia y de mi barrio, similar a la de muchas damas damascenas: con hiyab blanco o azul, ceñido en el mentón y manto azul marino. [3] Nunca se me había ocurrido cuestionar si este tipo de atuendo representaba una determinada ideología religiosa o simplemente un código de vestimenta tradicional. También fui testigo de parientes mujeres activas en la da’wa (predicación y obra misional), dirigida principalmente a las hijas jóvenes de familias damascenas.

Apenas tenía siete años cuando una parienta mía y yo nos unimos a una halaqa para niñas. La esposa de mi tío creía que buscar conocimiento (tanto religioso como mundano) era un acto justo y celestial, algo se aconseja particularmente durante las vacaciones de verano. Ella reunió a las hijas de la familia en una pequeña halaqa con el propósito de memorizar, recitar y comprender los significados del Corán, aprender los fundamentos del fiqh (reglas de adoración) y el estudio de las tradiciones proféticas a través de Riyadh as Salihin, [4] además de otras actividades como cantar y representar obras de teatro para niños. Esta halaqa se vinculó más tarde a un grupo de otras halaqas, todas supervisadas y administradas por Al Qubaysiat.

La estructura de la Hermandad consta de un gran número de grupos, cada uno dirigido por una jeque, a quien a menudo se la conoce como la Tía Mayor y generalmente venerada por las estudiantes y sus familias. Debajo de ella se clasifica un grupo de muridas (discípulas) a quienes a menudo llamamos Aunti o Miss, y que tienen la tarea de realizar cada halaqa. Entre las condiciones que debe tener una murida para acercarse más a la “Tía Mayor” y supervisar una halaqa está la antigüedad en el grupo y la capacidad de memorizar la totalidad del Corán junto con su tafsir (exégesis) y tajwid (elocución), así como el hecho de haber acumulado un conocimiento adecuado de los principales campos religiosos.

En cuanto a los colores del hiyab, que oscilaban entre el blanco, el celeste o el azul oscuro, se dice que significa una distinción entre las estudiantes y sus muridas según su estatus en la jerarquía de la Hermandad. Una estudiante nueva usaría un hiyab blanco, una Miss uno azul claro y una Tía Mayor usaría un azul oscuro o negro. Sin embargo, también noté que algunas usan hiyab azul oscuro como expresión de su creencia en el pensamiento qubaysi, independientemente de su estatus dentro de la Hermandad. Esto es al menos lo que me dijo una de las señoritas. 

Era habitual que todas las halaqas se reunieran de vez en cuando en la casa de una de las alumnas o señoritas responsables, o en alguna villa del campo de Damasco. Estas reuniones serían para celebrar ciertas ocasiones religiosas (como el nacimiento del Profeta Muhammad), realizar oraciones y dhikr, o celebrar periódicamente a las niñas que terminaron de memorizar el Sagrado Corán.

Cuando era una niña que aspiraba a complacer a sus señoritas, solía sentirme extremadamente celosa de quienes terminaban de memorizar el Corán. Era una atmósfera cargada de competencia entre las chicas, todas las cuales soñaban con ganar el título de hafiza (que significa guardiana y memorizadora) del Sagrado Corán. A pesar de mis intentos de completar ciertas partes del Corán, no logré ganar ese título. Pero ahora reconozco que mi concepción infantil de un halaqa se limitaba a estar cerca de mis primas, lo que hacía que toda la asistencia fuera una cuestión de socialización, pasar tiempo de calidad y participar en actividades entretenidas.

Cuando llegué a séptimo grado, todas las estudiantes de la halaqa, incluidas mis parientes, habían sido hiyabi, excepto yo. Es una costumbre que algunas familias, de acuerdo con las creencias religiosas y las normas sociales, fomenten que sus hijas usen el hiyab cuando llegan a la pubertad. En este sentido, una confabulación familiar comenzó a rodearme, con la creencia bien establecida de que era hora de que me pusiera el hiyab, especialmente que me había convertido en una adulta y, por lo tanto, responsable ante Dios por mis acciones.

Yo no tenía control sobre mis elecciones ni autonomía para tomar mis propias decisiones. En algún momento de 1996, me encontré de pie ante la Tía Mayor, en una ceremonia especial celebrada específicamente para mí. Me vistió con el amta (pañuelo), que es un pequeño trozo de tela blanca que se coloca sobre la cabeza, lo que ayuda a que el hijab se mantenga quieto y evita que se deslice. Luego me vistió con un hiyab blanco que estaba atado en el mentón.

Cediendo a las órdenes de la tía y mi familia, continué usando el hiyab durante un tiempo. Sin embargo, las circunstancias posteriores me sacaron de su protección, ya que más tarde me involucré en entornos sociales completamente diferentes. Algunas de mis amigas de la escuela que no eran hijabi, dado que provenían de familias damascenas moderadamente religiosas, tuvieron una gran influencia en mi pensamiento, algo que me llevó a rebelarme contra la voluntad de la Tía Mayor y a distanciarme de las halaqas religiosas hasta que corté mi relación con la mía, solo un año después de mi ceremonia del hiyab.

Durante mis años de escuela secundaria, me uní a otra halaqa bajo la influencia de Nour, mi amiga del barrio, [5] quien solía recibir a los estudiantes en su casa en Al Midan. No fui persistente en mi asistencia, si lo comparo con los años de la escuela primaria. Finalmente, me retiré por completo de las halaqas durante la escuela secundaria, lo que culminó con mi decisión de quitarme el hiyab en 2001.

Volviendo al redil

En 2005, durante mis años universitarios, mi amigo Reem me presentó a la señorita Hiba, una qubaysia damascena que proviene de una distinguida familia Midani. Más tarde me hice íntima amiga de Hiba, quien luego me supervisó en una serie de nuevas halaqas durante tres años.

Para entonces, las halaqas ya no eran un lugar para la frivolidad y el juego, como lo habían sido durante mi infancia. Con esta nueva halaqa me volví más consciente de la esencia de la fe islámica y encontré la oportunidad de realizar la oración en congregación, observar los ritos religiosos y acercarme a Dios al lograr una mayor comprensión del islam, todo lo cual me animó a volver y participar en las lecciones una vez más.

La tía Hiba solía organizar una sesión semanal en su casa. Ella iniciaba cada sesión dando la bienvenida a las estudiantes de la halaqa, luego comenzaba a orar, alabar a Dios y bendecir al Profeta, antes de pasar al meollo del asunto: ya sea fiqh, tafsir o una biografía de uno de los héroes del islam inicial (los compañeros del Profeta Muhammad).

En cuanto a la Tía Mayor, su turno iba después del de Hiba. Desarrollaba lo que Hiba había dicho, o pasaba a otro tema en el fiqh, o daba consejos y sermones. Concluía la sesión como había comenzado: alabando a Dios y bendiciendo al Profeta. A veces se tocaban algunas canciones religiosas al ritmo de una pandereta.

Los patrones de relaciones sociales que prevalecían entre las chicas eran llamativos, especialmente los supervisados por la tía Hiba. Las relaciones sociales se basan en el principio de fraternidad, es decir, todas eran hermanas en el islam, y era su deber religioso tratarse mutuamente con el mayor respeto y apoyo. Esto también se reflejó entre las señoritas y sus estudiantes, por lo que la tía Hiba logró construir relaciones sólidas con sus estudiantes y sus familias, haciéndoles visitas y, ocasionalmente, chequeándolas, así como escuchando los problemas de cada chica y ayudándola a superarlos.

Hubo numerosas declaraciones difamatorias sobre Al Qubaysiat que se centraron principalmente en el principio de obediencia ciega a la Tía Mayor. No puedo confirmar la parte ciega; yo fui testigo de que fue bastante respetuosa y honorable. Las tías mayores a menudo disfrutaban de un estatus estimado, lo que hacía que sus palabras fueran muy escuchadas entre las estudiantes. Muchas solían consultar con ellas y discutir asuntos personales, incluido el matrimonio y la educación. Esta estima se debía a la fe de las niñas en la piedad y sabiduría de las Tías, que era el resultado de la antigüedad en la Hermandad, el conocimiento científico y religioso, y la madurez.

Sin embargo, lo que realmente me sorprendió fue la creencia de que las tías mayores son psíquicas. Todavía recuerdo las palabras de la estudiante que me dijo “la tía puede leer nuestros pensamientos”, advirtiéndome de no hablar con ella en secreto porque escucharía lo que estaba diciendo. Lo extraño es que las otras estudiantes confirmaban esto.

Además, las estudiantes creían que Dios le había revelado lo “Invisible” a la Tía Mayor. Las estudiantes a menudo consultaban con ella para que las guiaran a través de los exámenes intermedios y finales. Entonces, agarraba un libro de texto de manera extraña, cerraba los ojos, murmuraba algunos versos, luego abría el libro e indicaba los párrafos sobre los cuales serían las preguntas del examen. Más tarde intenté abordar estas extrañas creencias con la Tía Mayor, pero no me atreví por temor a que esto la molestara.

Hoy en día, el mundo de las redes sociales está inundado de páginas y videos que contienen información incorrecta sobre Al Qubaysiat. Existen afirmaciones de que las estudiantes besaban los pies de sus tías mayores y se veían obligadas a mostrarles servilismo. En las redes sociales se dice que las Miss practican magia y hechicería, se abstienen de casarse y sólo atraen a chicas hermosas y nobles […] Estos rumores perpetúan la noción de que las estudiantes y las muridas son indefensas y crédulas. La verdad es todo lo contrario. Las niñas de las halaqas, estudiantes y señoritas, eran ciudadanas educadas, cultas y activas en los asuntos públicos, algunas de ellas estaban casadas y disfrutaban de una cierta importancia en la sociedad.

En el Ramadán de 2008, estaba con las estudiantes en la casa de la tía Hiba, realizando la oración taraweeh. Después de que terminamos, la Tía Mayor me reveló su intención de vestirme con hiyab. Le dije que necesitaba algo de tiempo, pero ella insistió en su argumento y anunció su deseo a las niñas de la halaqa y sus familias, que eran más de 60 mujeres. Pronto se reunieron a mi alrededor y volvieron a colocarme el amta y el hiyab blanco en la cabeza. Inmediatamente recordé la primera vez que me obligaron a realizar una ceremonia del hiyab y cuán igualmente contundente se sintió esta segunda. Regresé a casa y decidí no ceder a los caprichos de la Tía Mayor esta vez, a pesar de la advertencia de que la desobediencia daría lugar a la excomunión. Pero me negué a ponerme un hiyab sólo porque ella lo considera apropiado. Pronto tuve que despedirme de la halaqa, que fue, de hecho, mi último encuentro con la Hermandad.

Oscilando entre religión y política

De vez en cuando, me encuentro con comentarios y opiniones expresadas a través de las redes sociales con respecto a Al Qubaysiat, especialmente después de que aparecieron en la reunión de los medios estatales sirios con Bashar al Asad y su Ministro de Awkaf (Asuntos religiosos) en 2012.

Desde ese momento, hubo una abierta plataforma para atacar a Al Qubaysiat, mientras que otros optaron por enfrentar categóricamente a los atacantes. Entre los ataques y la defensa, los rumores se propagan como la pólvora, y el misterio continúa ocultando sus verdaderas motivaciones. El régimen las había retratado deliberadamente como apologistas de su dictadura y, por lo tanto, cómplices de su brutalidad contra la población civil. Esto planteó numerosas preguntas sobre si tenían algún cargo político o si se trataba simplemente de un movimiento religioso apolítico. Los medios estatales sirios publicaron, a finales de 2014, imágenes de ellas declarando su lealtad a Bashar al Asad y “renovando el compromiso de su lealtad” a su Gobierno desde debajo de la cúpula de la mezquita omeya en Damasco.

A lo largo de mi tiempo con la Hermandad, siempre celebraban asambleas de dhikr en secreto en una de las casas de las hermanas. Se les prohibió reunirse en público y estaban inquietas por la persecución de las fuerzas de seguridad. A menudo recurríamos a hablar en código mientras discutíamos dónde y cuándo realizar nuestra halaqa. ¿Qué llevó exactamente a Al Qubaysiat a declarar más tarde su apoyo al régimen sirio? Todavía no puedo tener una visión definitiva de la política de Al Qubaysiat, a pesar de lo que el régimen sirio y sus medios de comunicación afirmaron en los últimos años. Debe quedar claro, en primer lugar, que muchas mujeres visten hiyab blancos o azul marino sin pertenecer necesariamente a Al Qubaysiyat. En consecuencia, no podemos generalizar y determinar apresuradamente, como hicieron muchos, que todas las que aparecieron en los videos son miembros de la Hermandad.

Por otro lado, según la asistente de la Ministra de Awqaf Salma Ayyash, el régimen sirio de Bashar Al Asad “transfirió las actividades religiosas de las mujeres desde hogares privados, donde existe oscuridad y falta de claridad, a las mezquitas donde hay luz y regulación”. Después de haber trabajado en secreto durante décadas, la Hermandad Al Qubaysiat probablemente hizo algunas concesiones para poder funcionar en público. En la primavera de 2014, Salma Ayyash se convirtió en la primera mujer predicadora en ser nombrada asistente de la Ministra siria de Awqaf. Además, muchas de las figuras principales de la Hermandad habían sido durante mucho tiempo infames leales, incluidas Khuloud Khadim Srouji, Sawsan Fallaha y Amira Jibreel. Ellas también podrían haber influido en la política de la Hermandad. 

Finalmente, deben tenerse en cuenta los factores económicos. Es cierto que la Hermandad atrae ahora a todos los sectores económicos y ya no está tan confinada dentro de la burguesía como antes. Pero todavía está conectada a una red de comerciantes y poseedores de capital financiero en Damasco, donde muchos hombres ricos dan limosna —ya sea como su deber religioso o como caridad— a través de sus esposas e hijas que son miembros de la Hermandad. Sin duda, estos comerciantes tienen fuertes lazos con el régimen sirio, lo que sin duda se refleja en la política de Al Qubaysiat.

Hasta el día de hoy, no hubo ninguna declaración oficial de las líderes de Al Qubaysiat sobre su posición sobre lo que está sucediendo en Siria. No quieren estar alineadas con ningún partido político y prefieren limitar su trabajo solo a la dawa. Sin embargo, el régimen sirio no dudó en promover la idea de que Al Qubaysiat sí apoya su gobierno. Necesitaba transmitir al mundo el mensaje de que los movimientos islamistas moderados están protegidos y aliados con su gobierno en Damasco. 

Al final del día, existen tantas qubaysiat leales como disidentes. La Hermandad no sobrevivió al severo cisma político y la división que resultó de la reciente polarización. Tampoco se libró de formar parte de los juegos políticos del régimen.

Pasaron ocho años desde que dejé mi última halaqa. Pasaron tan rápido que siento que me acabo de ir. Todavía recuerdo el ambiente de las lecciones y los viajes que hice con las chicas, así como las palabras de la Tía Mayor cuando solía decirme en broma: “vení y sentate a mi lado […] quedate cerca”.

Aunque las Qubaysiat fueron objeto de innumerables rumores, no estoy aquí para defenderlas o atacarlas, incluso si finalmente no estoy de acuerdo con ellas. Las diferencias no estropean la amistad y todavía aprecio la enseñanza religiosa que recibí de ellas y el tiempo que pase con mis mayores y compañeras de estudio. Intenté hace un tiempo ver cómo estaban la Tía Mayor, la tía Hiba y el resto de las compañeras. Lo intenté varias veces. No pude saber mucho sobre las chicas, pero escuché que las Tías todavía residen en Damasco y siguen siendo igual de activas en la dawa.

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Lama Rageh tiene una licenciatura en Periodismo y Medios de la Universidad de Damasco y una maestría en Medios de la Universidad Árabe de Beirut. Trabaja como freelance para varios medios, además de ser una activista de derechos humanos con un interés particular en temas de género.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por al Jumhuriya el 22 de junio de 2017.

REFERENCIAS:

[1] Naqshbandi es una orden espiritual de sufismo fundada por el jeque Baha-ud-Din Naqshband Bukhari, también conocido como Shah Naqshband, a quien la orden debe su nombre.  Es la única orden que rastrea su linaje espiritual hasta el Profeta Muhammad. El jeque Muhammad Amin Kuftaro fue un defensor de Naqshbandi en Damasco, ya que fundó un instituto expansivo dedicado a la erudición religiosa y las prácticas de Naqshbandi dentro de la mezquita Abun-Nour. El jeque Kuftaro también se preocupó por la educación espiritual y la purificación del alma, atrayendo a más y más personas de diferentes partes del mundo. Consideró que el misticismo y la educación espiritual a través del Corán son un medio, no un fin, y enfatizó que no es más que un método que ayuda a los musulmanes a redimir sus almas, purificar sus corazones y fortalecer su voluntad.

2. El jeque Osama Sayyed escribió un extenso estudio titulado “A Comprehensive Study on the Secret and Dangerous Women’s Organization of Munira Qubaysi, Amira Jibreel, Sahar Halabi, Fadia Tabbaa and Suad Meibar” (Un estudio completo sobre la organización de mujeres secretas y peligrosas de Munira Qubaysi, Amira Jibreel, Sahar Halabi, Fadia Tabbaa y Suad Meibar), que se publicó en Internet e incluyó ataques directos a la Hermandad utilizando las citas y los rumores que se les atribuyen. Además, en su libro Encyclopedia of Responses to Contemporary Ideologies, Ali bin Nayef Shahoud llegó a declarar infieles a Al Qubaysiat.

3. Manteau es una palabra originalmente francesa utilizada en Damasco para denotar el abrigo largo que cubre todo el cuerpo de la mujer hasta los tobillos.

4. Riyadh as-Salihin (Las praderas de los justos) es una compilación de hadices, agregada por el imam Yahya ibn Sharaf Al Nawawi. Contiene un total de 1.903 hadices, divididos en 372 capítulos, que cubren una variedad de temas religiosos. El Riyadh fue designado como lectura esencial por las señoritas de las halaqas debido a su relativa facilidad y la inclusión de un glosario para vocabulario poco claro.

5. Todos los nombres mencionados son seudónimos.