¿El gradual regreso de la dictadura en Túnez?

Por Tharwa Boulifi para The New Arab

Tunisia protesta. [Gwenael Piaser/Creative Commons]

Túnez celebró recientemente el décimo aniversario de la Revolución del Jazmín. La revisión de la última década no es muy positiva y muchos tunecinos consideran la libertad de expresión como casi la ‘única’ ganancia duradera de ese levantamiento.

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Durante la última década, activistas y organizaciones vigilaron de cerca los derechos humanos para asegurarse de que se respeten las libertades fundamentales de Túnez. Sin embargo, últimamente hay una creciente preocupación por un posible regreso gradual a la dictadura en el país. Estos temores se hicieron explícitos en enero, pero surgieron hace meses. El pasado mes de octubre, jóvenes tunecinos se movilizaron contra un proyecto de ley de protección policial que un grupo de diputados llevó al piso de la asamblea. El proyecto de ley causó indignación entre los tunecinos que, después de pasar 23 años bajo Ben Ali, no quieren el regreso de un régimen policial. Y más recientemente, unos días antes del décimo aniversario de la revolución, el gobierno anunció un cierre de cuatro días con el pretexto del aumento de los casos de COVID-19.

La mayoría de los médicos están de acuerdo en que este confinamiento tan breve tiene poco sentido, dado el estado actual de la salud pública. Los tunecinos acudieron a las redes sociales y criticaron la decisión como un intento de reprimir las festividades del aniversario y, en particular, las protestas. Y a pesar de años de huelgas de hambre y sentadas de los heridos en la revolución y las familias de las víctimas, el gobierno aún no publicó la lista oficial de heridos y mártires.

Para muchos tunecinos, este breve encierro fue simplemente una forma de que el gobierno matara dos pájaros de un tiro; detener las protestas y mostrar al pueblo tunecino que están tomando las medidas necesarias para contener la pandemia. Si bien unas pocas docenas de personas intentaron protestar, en su mayoría se les impidió hacerlo por la fuerza, lo que llevó a la sensación de que el cierre fue más político que sanitario.

Después de que se levantó el cierre, las protestas se reanudaron por la noche, a pesar del toque de queda por el COVID-19 del gobierno. En muchas ciudades, incluidas Sidi Bouzid y Túnez, los jóvenes salieron a expresar su enfado por la situación económica y social, que mejoró muy poco desde la revolución. Pero en una medida que recuerda a hace una década, las fuerzas policiales reprimieron estas protestas con gas lacrimógeno y brutalidad, y el gobierno ordenó la intervención del ejército.

Por su parte, las autoridades tunecinas calificaron estas protestas como acciones de violencia y turbulencia. En su discurso “tranquilizador”, el Primer Ministro tunecino Hichem Michichi dijo al pueblo que “su voz se escucha y la ira es legítima pero se rechazará el caos y lo abordaremos con la fuerza de la ley y la unidad del Estado”.

Estas palabras guardan una sorprendente similitud con el discurso final de Ben Ali en el que proclamó la famosa frase “Te entendí” antes de huir del país con su familia. Los grupos de derechos humanos dicen que al menos 1.000 personas fueron detenidas en la ola de arrestos que siguió a las protestas, muchas de ellas jóvenes de 25 años o menores. Las madres tunecinas acusaron a las autoridades de arrestar arbitrariamente a sus hijos, que no participaron en las protestas, y se reunieron frente al tribunal para protestar contra estas prácticas injustas.

Miembros de la ONG “Abogados sin Fronteras”, afirmaron que los menores fueron detenidos ilegalmente y obligados a comparecer ante el juez sin la presencia de sus padres o representantes de los servicios de protección infantil. Esta violación de los derechos humanos básicos ha indignado a los tunecinos que han expresado su desaprobación en las redes sociales y en las calles. En la capital Túnez, cientos de personas inundaron las calles para exigir una vez más la caída del régimen, la destitución del primer ministro y la liberación de los manifestantes detenidos.

Los enfrentamientos estallaron una vez más cuando un manifestante herido, Haykel Rachdi, murió en el hospital a finales de enero. Según la familia de la víctima, su hijo fue alcanzado por un bote de gas lacrimógeno durante las protestas. Después del funeral de Rachdi, manifestantes enojados en Sbeitla, su ciudad natal, dispararon proyectiles contra la policía, que nuevamente tomó represalias con gases lacrimógenos. El uso de la misma herramienta que mató a Rachdi enfureció a los manifestantes que bloquearon las carreteras, y los tunecinos están indignados por la reacción policial, que consideran la mejor prueba del regreso gradual al estado policial.

El martes pasado, el Primer Ministro, que desde que destituyó a Taoufik Charfeddine a principios de enero también es ahora Ministro del Interior, ordenó la presencia policial agresiva para rodear la Asamblea Nacional. La policía formó un círculo alrededor del edificio para evitar que cualquier ciudadano entre mientras había una sesión de votación para el nuevo gobierno. Pero esto no impidió que cientos de ciudadanos y activistas se enfrentaran a la policía y se reunieran frente a la Asamblea para denunciar la represión policial del movimiento de protesta.

A mediados de enero, Ahmed Ghram, miembro de la liga tunecina de derechos humanos, también fue arrestado por “alentar la desobediencia civil” por una publicación de Facebook que él mismo escribió. Su liberación el 28 de enero, luego de que el juez de instrucción desestimara su caso, hizo poco para asegurar a los tunecinos que sus libertades civiles están protegidas. 

Actualmente, en medio de una crisis económica, social y de salud pública, el mayor temor de los tunecinos sigue siendo el restablecimiento de la dictadura que paralizó a su país. Los últimos acontecimientos sugieren que tienen buenas razones para preocuparse. Por ahora, confiamos en la sociedad civil tunecina para vigilar de cerca todos los movimientos del gobierno, listos para luchar sin descanso para defender la democracia que obtuvimos con nuestra sangre y lágrimas.

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Tharwa Boulifi es una autora tunecina de 19 años que escribe en árabe, francés, inglés y español sobre feminismo, derechos de las mujeres árabes y africanas, cultura y derechos LGBTQ+.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por The New Arab el 4 de febrero de 2021.