El sector islamista y las ONG humanitarias en Turquía

Por Nihat Celik para Jadaliyya

Recep Tayyip Erdogan en  Davos, 2009  [Andy Mettler/Creative Commons]

Turquía se convirtió en un actor humanitario emergente en la última década, con actividades cada vez mayores de sus agencias gubernamentales y organizaciones no gubernamentales (ONG) en el extranjero.

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[Este artículo es parte de una mesa redonda sobre “El cambiante sector islamista en Turquía”. Lea las otras contribuciones a la mesa redonda aquí.]

La Agencia de Cooperación y Desarrollo de Turquía (TIKA, en turco), que se estableció en 1992, se convirtió en un actor influyente en la provisión de ayuda humanitaria y desarrollo, y adquirió enormes capacidades en la década de 2000. Las ONG humanitarias turcas son relativamente nuevas, ya que se establecieron en gran parte en las décadas de 1990 y 2000, pero el alcance de sus actividades y su crecimiento merecen cierta atención.

El auge de las ONG humanitarias turcas puede verse como un resultado directo de la creciente clase capitalista conservadora de Turquía, en un entorno político más favorable, y un nuevo marco legal e incentivos fiscales para las ONG. En esta contribución, sostengo que, en el ámbito humanitario, la sociedad civil turca está cada vez más dominada por un sector islamista que floreció debido en parte a la regulación gubernamental deliberadamente inclinada a su favor, con notables consecuencias a nivel nacional e internacional.

La acumulación de riqueza y el crecimiento de los capitalistas conservadores tuvo un impacto significativo en el crecimiento de las ONG humanitarias en Turquía basados en la fe. A este grupo de capitalistas a veces se los denomina “capitalistas verdes”, “capitalistas islámicos” o “tigres de Anatolia” (Demir, Acar y Toprak, 2004). Las empresas de este grupo son principalmente sucesoras de la pequeña burguesía de la década de 1970, cuyos intereses estaban representados por el Partido de Salvación Nacional de Necmettin Erbakan. Estos empresarios se enfrentaron a los industriales más poderosos dentro de la Unión de Cámaras y Bolsas de Productos de Turquía, dado que sus intereses y prioridades económicas eran divergentes. A cambio, las élites empresariales tradicionales, que eran consideradas por Erbakan como representantes de la “minoría compradora-masónica”, establecieron la Asociación de Industriales y Empresarios de Turquía (TUSIAD en turco) en 1971 y disfrutaron de un notable poder de presión e influencia sobre el gobierno (Shambayati, 1994, p. 316). Esta división refleja en gran medida el análisis de Serif Mardin de las relaciones centro-periferia en la política turca (Mardin, 1973). Si bien las grandes corporaciones seculares pudieron asegurar sus intereses gracias a sus posiciones centrales, sus redes y su poder político, por otra parte, las pequeñas empresas estuvieron ubicadas en la periferia, donde tuvieron una influencia muy limitada.

Con las políticas neoliberales de Turgut Ozal, que desencadenaron la transición de una estrategia de industrialización por sustitución de importaciones a una industrialización orientada a la exportación, los empresarios turcos ampliaron sus horizontes y establecieron relaciones más sólidas con los mercados exteriores. El crecimiento y la transición de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) a las corporaciones fueron respaldados por la aparición de bancos sin intereses, a permitir el acceso al capital y fomentar la acumulación del mismo (Demir, Acar y Toprak, 2004, p. 171 ). Dado que para muchas personas conservadoras en Turquía el interés se considera una práctica prohibida en el islam, esos individuos se abstenían de trabajar con los bancos y, como resultado, carecían de las herramientas para el crecimiento del capital y la inversión. Sin embargo, la aparición de bancos islámicos en la década de 1980, como los Faysal Finans y Albaraka Turk, abrió un nuevo espacio para ellos y les brindó acceso a los mercados financieros. Sin embargo, la fuerza principal de este crecimiento fueron las redes de relaciones sociales. Las órdenes/cofradías islámicas como la orden Naqshbandi proporcionaron la red social para la inversión y la cooperación, lo que condujo al surgimiento de redes comerciales (Ozel, 2009, p. 148). Por lo tanto, es importante reconocer que el llamado ‘capital islámico’ no es monolítico, aunque los valores religiosos compartidos sirvieron como una identidad común que distinguió a este sector de sus competidores más seculares con sede en Estambul. De hecho, los intereses comunes de los grupos que operan en este sector también se definieron por la experiencia compartida de competencia con TUSIAD, que representaba los intereses de las grandes empresas con sede en Estambul.

Esta coalición ganó una identidad institucional con el establecimiento de la Asociación de Industriales y Empresarios Independientes (MUSIAD, en turco) en 1990 por parte de cinco empresarios. Representando principalmente a las Pymes relativamente nuevas en Anatolia, MUSIAD tenía 2.700 miembros con 10 mil firmas afiliadas en 1997 (Hosgor, 2011, p. 348). Hoy tiene 11 mil miembros con aproximadamente 60 mil firmas afiliadas (MUSIAD, n.d.) Este crecimiento puede explicarse en parte por la creciente visibilidad de la organización. No obstante, el factor más significativo es el hecho de que recibió el apoyo del Partido Justicia y Desarrollo (AKP, en turco) como su asociación empresarial preferida. En particular, el AKP trata a MUSIAD como una alternativa privilegiada a TUSIAD, que a veces critica las políticas y acciones del Gobierno. Desde sus inicios en 2001, el AKP y MUSIAD desarrollaron fuertes lazos, y algunos miembros de MUSIAD incluso fueron elegidos como diputados de las filas del AKP en elecciones nacionales (Baskan, 2010, p. 408). Las empresas afiliadas a MUSIAD pudieron obtener contratos públicos tanto del Gobierno central como de los municipios administrados por el AKP, y también comenzaron a convertirse en propietarios de medios (Hosgor, 2011, p. 354).

Esta relación de beneficio mutuo se comprende mejor cuando uno se centra en la última década del Gobierno del AKP, cuando las relaciones inicialmente cordiales con TUSIAD comenzaron a deteriorarse debido al creciente autoritarismo del AKP. En 2014, Muharrem Yilmaz, el entonces presidente de TUSIAD, criticó al gobierno por el deterioro del Estado de derecho y el uso de sanciones fiscales y otros poderes regulatorios como una forma de tomar represalias contra las empresas debido a las tensiones políticas con sus propietarios. Yilmaz argumentó que estas condiciones dificultaban la atracción de capital extranjero al país. Erdogan respondió acusando a Yilmaz de traición (Gursel, 2014). Tras la anulación de las elecciones locales en Estambul en marzo de 2019, TUSIAD volvió a criticar al Gobierno. La respuesta de Erdogan captura el enfoque cada vez más confrontativo del Gobierno hacia la organización: “Bueno, lo estás haciendo mal. En primer lugar, todo el mundo debería saber cuál es su lugar. Todo el mundo debería hacer su trabajo. Nuestra actitud [hacia TUSIAD] cambiará [en base a su desconocimiento de su lugar]” (Sozcu, 2019).

De hecho, era bien sabido en los círculos empresariales que algunos grupos empresariales habían sido incluidos extraoficialmente en la lista negra por el Gobierno por razones políticas y excluidos de los contratos gubernamentales. Tarik Sara, fundador y CEO de ENKA, uno de los conglomerados más grandes en el campo de la construcción, declaró en 2015 que a pesar de recibir grandes trabajos de construcción en muchas partes del mundo, su empresa no pudo obtener un contrato público en Turquía durante doce años (Bloomberg HT, 2015). Por el contrario, MUSIAD es un aliado político del AKP, por lo que se abstiene de cualquier crítica al Gobierno y apoya sus políticas internas y externas contra Siria, Egipto e Israel. De hecho, la asociación promociona su membresía en varias iniciativas progubernamentales de la sociedad civil, incluida la Plataforma Rabia (una organización humanitaria sin fines de lucro llamada así por la plaza en la que los partidarios de la Hermandad Musulmana fueron masacrados en Egipto en 2013) y la Plataforma de Voluntad Nacional (una coalición de casi 300 ONG turcas progubernamentales) (MUSIAD, s.f.).

Los miembros del sector capitalista islámico representados por MUSIAD comparten la misma visión ideológica que las élites del AKP, que ven a Turquía como —miembro de la ummah islámica y sucesor del Imperio Otomano— teniendo un papel de liderazgo que desempeñar en el mundo islámico. Se ven a sí mismos con dos motivos básicos para la legitimidad de su búsqueda de ganancias económicas: religiosos y nacionalistas. Gracias a sus ganancias económicas, pueden proporcionar zakat (caridad obligatoria como un deber religioso) y apoyar a las organizaciones benéficas y a los pobres en forma de sadaka (limosnas), que son todos actos piadosos desde un punto de vista religioso. Desde un punto de vista nacionalista, contribuyen al desarrollo de su país, apoyándolo para que se convierta en una gran potencia y gane autosuficiencia frente al mundo occidental (Demir, Acar y Toprak, 2004, pp. 175-76). Esta visión, y el apoyo gubernamental del que gozan, facilitó la transformación y el crecimiento de una burguesía conservadora en Turquía. Ese crecimiento, a su vez, contribuyó en gran medida al surgimiento de un sector de ONG humanitarias islamistas en el país capaz de emprender importantes actividades en el extranjero con la ayuda de un aumento de los obsequios privados y corporativos.

Otros factores que también contribuyeron al crecimiento del sector de ONG humanitarias de Turquí, fueron las modificaciones de la ley de asociaciones en 2006 permitieron a las ONG formar asociaciones en el extranjero y abolió el requisito de que operen bajo el control directo de la Media Luna Roja Turca (Kizilay). Además, el gobierno otorgó fácilmente la condición de exención de impuestos a estas ONG y los obsequios hechos a estas organizaciones se volvieron deducibles de impuestos, una mejora que alentó a los donantes y les proporcionó beneficios fiscales. Estas organizaciones no están obligadas a obtener permiso del Ministerio del Interior antes de iniciar campañas de recaudación de fondos o nuevos proyectos. Sin embargo, no existe mucha transparencia sobre cómo obtener este estatus benéfico. Es otorgado por el Gobierno mediante decreto presidencial a solicitud de las ONG. Sin embargo, el Presidente tiene total discreción para determinar si la organización merece este estatus o no, y esto puede causar algunas decisiones arbitrarias.

La polarización de la sociedad a lo largo de líneas secular-islamistas es visible en el tratamiento de las ONG por parte del Gobierno. Por ejemplo, la Asociación para el Apoyo a la Vida Contemporánea (CYDD en turco) ofrece becas a niñas con el objetivo de promover la igualdad de género y disfruta del estatus de exención de impuestos otorgado a la asociación por el Gobierno en 1997. Sin embargo, esta ONG tiene que pasar por un proceso oneroso para obtener el permiso del Ministerio del Interior para cada proyecto y campaña de recaudación de fondos, y los obsequios a la organización no se consideran deducibles de impuestos. Su solicitud para obtener este estatus fue rechazada por el Gobierno del AKP debido al apoyo de la ONG al secularismo (Dirik, 2014). Este trato preferencial por parte del Gobierno basado en la postura política de una organización y su misión inclina claramente el entorno regulatorio en el que operan las ONG en Turquía, en el que se otorgan ciertos privilegios y la capacidad de crecimiento acelerado a aquellas organizaciones que están más alineadas con la visión y las prioridades del Gobierno.

Las ONG turcas que anteriormente habían centrado sus actividades en las regiones fronterizas con Turquía, especialmente los Balcanes, pudieron extender su alcance regional a África y América Latina en la década de 2010. Esta expansión fue facilitada por su cooperación con TIKA y otras agencias públicas. Además, el próspero horizonte de estas ONG coincidió con las aperturas de política exterior del AKP en estas mismas regiones, un movimiento seguido por acuerdos de libre comercio, arreglos de viaje sin visa y asociaciones educativas recién concluidas. Somalia, que atrajo el más alto nivel de compromiso de Turquía, fue elegida como vidriera de la diplomacia humanitaria de Turquía y su poder como actor estabilizador en un país asolado por conflictos. El propósito era aumentar el prestigio regional y global de Turquía y asegurar su estatus como actor global (Akpinar, 2014). Aunque hubo algunas iniciativas recientes en América Latina, las ONG humanitarias turcas se centraron principalmente en países musulmanes o países con grandes poblaciones musulmanas.

Se puede argumentar que el surgimiento de África como un importante mercado de exportación para las industrias turcas en crecimiento también fue una motivación para las donaciones de empresas a estas áreas a través de ONG. No obstante, otros factores ideológicos, como la asistencia a los musulmanes empobrecidos que pertenecen a la ummah y las contribuciones al prestigio de Turquía como líder legítimo de la ummah, también fueron poderosos motivadores. A nivel individual, cavar un pozo en nombre de un miembro de la familia fallecido como un acto que contribuirá a las buenas obras del difunto o la donación de udhiyyah (kurban, en turco) durante el Eid ul-Adha están claramente motivados por principios islámicos, de caridad. Sin embargo, la elección del destino extranjero para estas donaciones suele estar motivada por factores adicionales como los sentimientos de solidaridad islámica y el papel atribuido a Turquía como líder y protector de los musulmanes. Las antiguas regiones otomanas con poblaciones musulmanas, como Bosnia-Herzegovina, Serbia, Kosovo, Macedonia del Norte y Albania, también son un destino favorito para los donantes que ven a estos territorios como particularmente significativos para restablecer el papel preeminente de Turquía en el mundo musulmán.

Con su creciente asistencia humanitaria, Turquía fue el cuarto donante más grande del mundo en 2012, con un total de aproximadamente mil millones de dólares (Development Initiative, 2013, p. 23). En el año siguiente, las contribuciones de Turquía aumentaron. Sin embargo, la Guerra Civil Siria y la crisis de refugiados resultante obligaron a Ankara a reasignar recursos para atender a esta población en lugar de distribuir las donaciones de manera más amplia. Turquía se convirtió en el país de acogida de refugiados más grande del mundo con aproximadamente cuatro millones de sirios. Esto cambió las prioridades de los esfuerzos de las ONG turcas. Debido a que Turquía trata sus gastos en refugiados sirios como parte de su cartera humanitaria, calcular el alcance de la asistencia de los donantes turcos más allá de sus fronteras se volvió más complicado. En 2019, Turquía proporcionó aproximadamente 9,3 mil millones de dólares en asistencia para el desarrollo en total. Para dar una idea del alcance de las actividades de las ONG turcas, bastaría subrayar que gastaron aproximadamente 350 millones de dólares, una cantidad significativa dada la relativamente corta historia de las ONG (TIKA, 2020, p. 13). En 2020, Estados Unidos fue el principal donante con 8,9 mil millones de dólares y Alemania fue el segundo, con 3,7 mil millones de dólares. Sin embargo, a pesar de las diferencias en los cálculos y la definición de asistencia humanitaria, Turquía afirmó haber gastado 8 mil millones de dólares en el mismo año, lo que lo convierte en el segundo donante más grande (Iniciativa de Desarrollo, 2021).

Asimismo, las ONG humanitarias turcas desempeñan un papel importante en Siria. El Gobierno del AKP citó el concepto islámico de ansar—los residentes de Medina que llevaron al profeta Muhammad y sus seguidores a sus hogares después de la Hégira en el año 622—para compensar los conflictos sociales y económicos que puedan ser causados ​​por la afluencia de millones de personas al país, al presentar la asistencia a otros musulmanes que escapan del régimen de Asad como un deber islámico basado en la tradición profética (Haber 7, 2014). Las ONG en Turquía comparten y promueven el mismo entendimiento. Además de los esfuerzos de las agencias oficiales del Gobierno turco, las ONG operan tanto en Siria como en Turquía para ayudar a los refugiados sirios. Por ejemplo, la Fundación de Ayuda Humanitaria (IHH) jugó un papel decisivo en la negociación de la evacuación de civiles de Alepo a finales de 2016 y proporcionó alimentos y suministros médicos a los civiles una vez que llegaron a las zonas seguras designadas. La organización construyó ciudades de contenedores y tiendas de campaña en las que viven aproximadamente 150 mil personas y apoya las necesidades de las poblaciones de refugiados que viven en estas instalaciones (IHH, n.d.). Con las operaciones militares de Turquía en Siria y mientras el Gobierno afirma su autoridad sobre nuevos territorios en el norte de Siria, las organizaciones turcas centraron su atención en la provisión de alimentos y suministros médicos y servicios básicos a las personas en estas áreas.

Desde un punto de vista logístico, la posición geográfica de Turquía y la red de ONG turcas en Siria significó que muchas organizaciones internacionales no tuvieron más remedio que cooperar con estos actores en la búsqueda de proporcionar ayuda humanitaria. Por ejemplo, más de 37 organizaciones e individuos de 20 países se coordinaron con la Asociación Deniz Feneri para sus esfuerzos de ayuda humanitaria en territorio sirio (Asociación Deniz Feneri, sf). Gracias a su capacidad para ser ágiles sobre la base de los fondos a su disposición y su flexibilidad en las decisiones de empleo, las ONG son fundamentales para proporcionar educación a los niños sirios en los campos de refugiados. Como muestra un estudio, las ONG citan dos factores motivadores para sus actividades de asistencia con la educación de los refugiados: primero, “hermandad/hermandad islámica”, y segundo, el peligro de asimilación de las ideas occidentales seculares. Así, consideran su trabajo en las instalaciones educativas como una “obligación islámica” (Mccarthy, 2017, p. 6).

Sin lugar a dudas, la crisis de los refugiados aumentó la influencia de Turquía en el conflicto sirio y proporcionó una ventaja, especialmente contra la Unión Europea (UE). Con miles de solicitantes de asilo y migrantes que ingresan a Grecia a través de Turquía, la UE se alarmó y entabló negociaciones con Turquía para llegar a un acuerdo para frenar la movilidad de los migrantes. Firmado en 2016, el acuerdo convierte a Ankara en un baluarte contra la migración, ya que Turquía se comprometió a controlar las rutas y actividades migratorias y a aceptar el regreso de los migrantes que intentan ingresar a Grecia sin haber sido procesados ​​a través de los acuerdos de reasentamiento de la UE. A cambio, Turquía recibió tres mil millones de euros para los refugiados sirios, además de otros beneficios (Terry, 2021). Las ONG turcas complementan los esfuerzos del Gobierno para evitar que los refugiados migren desde Turquía mientras les brindan servicios básicos y los ayudan a establecerse. Dado el tamaño de la población de refugiados, sería una tarea muy difícil de afrontar para cualquier Gobierno sin el apoyo de la sociedad civil. La participación de ONG religiosas también facilitaron los esfuerzos para reclutar voluntarios y solicitar donaciones para los refugiados sirios de la población turca.

En conclusión, en la última década, las ONG humanitarias turcas experimentaron un rápido crecimiento, en parte apoyado por el crecimiento de los grupos capitalistas conservadores y en parte debido al trato preferencial que recibieron en la supervisión regulatoria y el tratamiento fiscal del Gobierno del AKP. Al compartir la misma visión del mundo y valores con el AKP, y motivadas por consideraciones tanto religiosas como nacionalistas, estas organizaciones se convirtieron en actores fundamentales de la diplomacia humanitaria de Turquía y su capacidad para proyectar poder blando en el exterior.

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Nihat Celik es doctor en Relaciones Internacionales de la Universidad Kadir Has y profesor asistente de administración pública en la Escuela de Asuntos Públicos de la Universidad Estatal de San Diego. Su investigación se centra en los procesos de toma de decisiones de política exterior del Imperio Otomano.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Jadaliyya el 7 de septiembre de 2021.

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