Tecnología agrícola en Medio Oriente: sembrando las semillas del futuro

Por Chloé Bernadaux para Middle East Institute

Granjera siria atravesando la granja del PNUD en la villa de Tal Abbas, Líbano. [PNUD,Creative Commons]

Es una cruda verdad que existe una brecha significativa entre la cantidad de productos agrícolas y las necesidades alimentarias a nivel mundial. Para 2050, se espera que la población mundial alcance los 10.000 millones y, para mantenerse al día con el ritmo de la demanda actual, la producción anual de cereales deberá aumentar a 3.000 millones de toneladas, frente a las 2.100 que se producen en la actualidad.

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Si bien la agricultura en Medio Oriente representa solo 13% del PBI de la región, el sector juega un papel estratégicamente importante en la promoción de sistemas alimentarios resilientes, manteniendo vivos los sectores económicos críticos y siendo base de muchas economías.

De los 296 millones de habitantes que viven en la región, 84 millones, es decir, el 28% depende por completo del complejo agrícola.

Históricamente, la agricultura ocupó el centro de la vida social y económica de Medio Oriente, con dietas basadas en la producción de cereales y ganado, y más tarde, frutas y verduras producidas en tierras cuidadosamente irrigadas. 

Con su clima generalmente más árido y recursos hídricos limitados, la necesidad llevó a la región a transformarse en un centro de innovación agrícola (desde prácticas de riego hasta fertilizantes). No obstante, la escasez de tierras cultivables y el suministro de agua resultaron cada vez más perjudicial para la producción regional de alimentos. Estos factores hicieron que muchos países dependan de importaciones y, en consecuencia, sean muy vulnerables a fluctuaciones del mercado internacional de productos básicos.

La situación se está volviendo cada vez más grave y solo está a punto de empeorar con la continua degradación ambiental vinculada al cambio climático.

Cambio climático, patrones demográficos y desequilibrios comerciales

En todo el mundo, los patrones climáticos y de desertificación se volvieron cada vez más irregulares. Casi dos tercios de la población de Medio Oriente vive en áreas que carecen de suficientes recursos hídricos renovables para sostener la producción agrícola. En promedio, el 83% del uso de agua en MENA se destina a la agricultura, en contraste con el 4% dedicado a fines industriales.

La alta tasa de urbanización de la región (alcanza el 70% en la actualidad) y el aumento de población esperado de 329 millones para 2050, la convierte en particularmente vulnerable a los efectos perniciosos del cambio climático.

La premisa malthusiana de que el crecimiento de la población conduce a una inevitable escasez y sufrimiento, ayuda a explicar la disminución de la productividad agrícola, pero tiene una capacidad limitada para explicar o proponer soluciones al problema en cuestión (ya sea a nivel mundial o regional).

En Medio Oriente, los patrones de consumo desproporcionados desempeñaron un papel fundamental en la promoción de la inseguridad alimentaria. De hecho, los países de la región representan hoy en día los mayores importadores de cereales del mundo, comprando el 50% de las calorías alimentarias que consumen.

La dinámica del cambio climático en curso intensificó aún más los desequilibrios del comercio mundial de alimentos y afectó de manera desproporcionada a regiones que padecen inseguridad alimentaria e importaciones, como Medio Oriente.

En tal contexto, es probable que acomodar las crecientes demandas de la agricultura con las prácticas existentes resulten en una competencia más intensa por los recursos naturales, aumente las emisiones de gas y cause una mayor degradación de la tierra.

El caso de Irán es bastante ilustrativo. Actualmente, aproximadamente la mitad de sus tierras agrícolas se encuentran en ‘mala calidad’, lo que llevó a los agricultores a invertir en sistemas insostenibles de bombeo de aguas subterráneas, aumentando la salinidad del suelo y poniendo en peligro la renovación de los recursos hídricos. Es poco probable que las soluciones a corto plazo para lo que es un problema sistémico sean efectivas a largo plazo.

Sin embargo, en una región que estuvo a la vanguardia de los avances tecnológicos recientes, surgió una nueva tendencia que puede prometer soluciones al problema de la escasez de alimentos. Durante la última década, se desarrolló nueva tecnología para abordar los problemas estructurales agrícolas relacionados con suelos improductivos y escasez de agua.

Estas iniciativas podrían, potencialmente, desempeñar un papel fundamental en la promoción de la resiliencia de los sistemas alimentarios en toda la región.

Por otra parte, están diseñadas para aumentar y mejorar los resultados del sector agrícola, utilizando menos energía y siendo más sostenible. Respondiendo a la necesidad de promover el crecimiento agrícola, la tecnología (o ‘agritech’) hoy tiene como objetivo reducir los residuos y el uso de fertilizantes químicos.

Mirar hacia el futuro, al tiempo que se inspira en el pasado, puede desbloquear las soluciones a la desesperada inseguridad alimentaria regional.

Tecnologías para diferentes escalas

Estos desarrollos se remontan a esfuerzos para aumentar la productividad en la historia reciente, especialmente, durante la última década cuando la región fue testigo de una incipiente escena de creación de empresas agrícolas, que aprovechan tecnologías tan diversas como el análisis de datos, el Internet de las cosas (IoT) y la inteligencia artificial (IA).

La agricultura sostenible se promueve en dos escalas diferentes en toda la región. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) están a la vanguardia del movimiento agrícola de “gran escala” a través de asociaciones de colaboración entre empresas emergentes y gobiernos. 

Los Emiratos Árabes Unidos realizaron la inversión más significativa en este campo hasta la fecha, con la Oficina de Inversiones de Abu Dabi (ADIO) invirtiendo no menos de USD 100 millones en empresas agrícolas, en el contexto de su Estrategia Nacional de Seguridad Alimentaria.

De hecho, explorar soluciones agrícolas es relevante para los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que son especialmente propensos a la escasez de agua y la desertificación acelerada. Para estos, agritech logra una serie de estrategias infructuosas destinadas a aumentar la producción de productos básicos a un costo enorme.

En este sentido, a fines de la década de 1970, Arabia Saudita, por ejemplo, inició un programa de enormes subsidios al riego para impulsar la producción de trigo, un gasto considerable que el país árido ya no podía afrontar en 2008.

Otro aspecto de la estrategia agraria de los países del CCG consistió en la compra de tierras agrícolas fértiles y realizar inversiones agrícolas en África, para ayudar a garantizar el suministro de alimentos. En Zambia, los inversores del Golfo adquirieron tierras para producir cereales, azúcar, frijoles y semillas para impulsar la seguridad alimentaria.

En 2016, el comercio no petrolero total entre África y los Emiratos Árabes Unidos se situó en USD 24.000 millones, frente a los USD 17.500 millones de 2014, impulsado, principalmente, por el aumento de las exportaciones de alimentos del continente africano a los Emiratos.

Al promover métodos agrícolas innovadores y sostenibles, agritech se aparta de los intentos anteriores de impulsar la producción de alimentos. Como tal, podría representar una respuesta adecuada (a largo plazo) a los desafíos de escasez de agua mencionados anteriormente. Sin embargo, el desarrollo de dicha tecnología requiere una inversión inicial sustancial. Por lo tanto, aún está por determinarse si estas grandes inversiones tendrán éxito y si la agricultura se mantendrá a la vanguardia del sector en el Golfo.

Sin embargo, existen claros beneficios al utilizar estas nuevas tecnologías. Diseñado para abordar el hecho de que los EAU importan más del 80% de sus necesidades alimentarias, Badia Farms surgió como la primera granja vertical interior del Golfo. Se estima que este método de cultivo sin suelo para el crecimiento agrícola utiliza un 90% menos de agua que los campos abiertos. 

Mientras tanto, en Jordania, la start-up Tulua crea y gestiona sistemas acuapónicos, un método destinado a generar mayores rendimientos sin desperdicio. En respuesta al aumento de los patrones de desertificación en los Emiratos Árabes Unidos, la empresa Desert Control recurre a una nueva tecnología de recuperación de suelos no intrusiva basada en Liquid Natural Clay (LNC), una nanoarcilla que convierte la tierra desértica improductiva en suelo fértil.

Dado el rápido desarrollo de diversos métodos y tecnologías, el intercambio de conocimientos entre las nuevas empresas agrícolas se volvió crucial para apoyar la agricultura sostenible en la región. En este contexto, plataformas virtuales como AgraME, que organizan reuniones y conferencias para acercar a la comunidad agrícola de la región, constituyen elementos críticos de las estrategias de los países de Medio Oriente. Éstos buscan promover el intercambio de conocimientos agrarios entre actores privados, así como para crear sinergias regionales.

A diferencia de las inversiones agrícolas a gran escala, en las que los gobiernos locales y estatales desempeñan un papel destacado, la región también fue testigo del auge de las técnicas agrícolas a pequeña escala llevadas a cabo por actores privados y redes de base en países de bajos ingresos. 

En Egipto, la start-up Wastilizer utiliza desechos animales para producir fertilizantes vegetales, con la intención de mejorar la calidad de los cultivos basándose en el concepto de economía circular. Mientras tanto, la start-up libanesa Riego desarrolló un sistema de riego que utiliza hardware y software para reducir el consumo de agua agrícola.

Covid-19: catalizador para el desarrollo agrícola

La reciente pandemia y la consiguiente interrupción de las cadenas mundiales de suministro de alimentos proporcionaron un impulso para el desarrollo de iniciativas agrícolas en toda la región. 

En 2020, ADIO lanzó una serie de asociaciones por valor de USD 41 millones con empresas agrícolas, lo que la convierte en la mayor inversión de la región MENA hasta la fecha en esta área. 

Los esquemas de asociación de ADIO incluyen compañías agrícolas como Pure Harvest, que aprovecha las tecnologías holandesas de cultivo en invernadero para producir cultivos de hortalizas de vid. También el Centro de agricultura espacial StarLab de Nanoracks, que investiga la producción de alimentos en entornos climáticos extremos. 

Recientemente, Jordania también vio el lanzamiento de su primera aceleradora de agritech, HASSAD, que tiene como objetivo brindar apoyo a las nuevas empresas de agritech y las pequeñas y medianas empresas. 

La Universidad Hebrea de Israel también lanzó su primer acelerador agrícola, HUGROW, que se enfoca en promover innovaciones tempranas comercialmente viables en el sector agrícola y avanzar en la investigación en el campo.

El impulso en torno a las iniciativas agrícolas puede tener un potencial significativo. Especialmente para crear nuevas oportunidades económicas y empleos de alta calidad en un momento en que las tasas de desempleo se encuentran en niveles elevados. 

Los desarrollos agrarios sostenibles también podrían promover la estabilidad en una región geopolíticamente frágil, que sigue siendo muy vulnerable a los conflictos transfronterizos relacionados con el agua y los movimientos de población. La disputa de larga data sobre la construcción y el relleno de la Gran Represa del Renacimiento de Etiopía es un ejemplo de ello e ilustra el entrelazamiento del agua con la política interestatal y los conflictos en Medio Oriente.

Sin embargo, las soluciones propuestas por el campo agritech dejan algunas preguntas importantes sin respuesta. Por ejemplo, dados los altos costos iniciales involucrados, ¿se podrá lograr una transformación agrícola a largo plazo para los países de ingresos más bajos de la región? Estos países, incluidos Egipto, Siria e Irak, carecen de un acceso adecuado a la financiación y el apoyo gubernamental para desarrollar innovaciones agrícolas de vanguardia. Su rígido entorno regulatorio, así como la inestabilidad política en curso, también plantean límites significativos a la utilidad de tales innovaciones.

Un camino a seguir puede consistir en fomentar incentivos mutuos para las empresas agrícolas emergentes y agricultores en los países de bajos ingresos de la región. Las soluciones pueden incluir hacer que la tecnología agrícola sea más asequible, ya que actualmente es un 25% más caro producir alimentos localmente utilizando dicha tecnología en lugar de importarla. 

Los incentivos podrían depender de subsidios para energía renovable, particularmente solar y eólica, o enfocarse en la infraestructura mejorando el acceso al agua en las áreas rurales de la región. Otra posible solución podría consistir en desarrollar un seguro específicamente dirigido a los agricultores que utilizan estas tecnologías.

Además, las tecnologías agrícolas podrían beneficiarse de una mayor colaboración entre los países de la región. Algunos indicios de tales desarrollos ya se notan con el lanzamiento de los EAU del ‘FoodTech Challenge’, que busca recompensar las soluciones innovadoras que abordan la seguridad alimentaria con una inversión de USD 1 millón. 

Además, la empresa israelí Vertical Field y su par de Emiratos Árabes Unidos Emirates Smart Solutions & Technologies firmaron recientemente un acuerdo para desarrollar proyectos agrícolas en el Golfo Pérsico, como granjas verticales. 

Aún está por verse si tales colaboraciones se acelerarán y expandirán en el contexto posterior a los Acuerdos de Abraham. Sin embargo, esa asociación seguramente también deberá extenderse a los países de ingresos más bajos para promover un futuro sostenible para la región.

Los esfuerzos también deben centrarse en apoyar las soluciones agrícolas a pequeña escala mediante la inversión en programas de formación. Ya existen plataformas de capacitación regionales, como el Proyecto Ghaletna en el Líbano, que proporciona a las familias locales plántulas y capacitación agrícola para mejorar la autosuficiencia. 

En este sentido, los líderes locales, comunidades y actores privados podrían aprovechar estas herramientas existentes para fomentar la conciencia y la educación sobre el desarrollo de tecnologías agrícolas, incluidos métodos más sostenibles de producción de alimentos.

Agritech es parte de los esfuerzos para fortalecer la producción de alimentos y empoderar a las comunidades locales. Si bien la pandemia aceleró las disparidades socioeconómicas y exacerbó el problema de la inseguridad alimentaria, también impulsó a los gobiernos y actores privados de la región a participar en la agricultura a diferentes escalas. Los líderes comunitarios y gubernamentales deberían considerar la posibilidad de explorar las nuevas oportunidades que ofrece la industria para promover sistemas alimentarios sostenibles en la región.

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Chloé Bernadaux es especialista en Seguridad Internacional. Sus estudios se centran en la intersección entre los movimientos sociales, política económica y asuntos internacionales en Medio Oriente.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Middle East Institute el 19 de mayo de 2021.