Los palestinos le demuestran a Israel que también pueden jugar a la política

Por Ramzy Baroud para Arab News

Manifestación contra la colonización en el barrio de Sheikh Jarrah de Jerusalen [andresbedia / Creative Commons]

Muchos palestinos creen que la confrontación militar del mes pasado entre Israel y la resistencia de Gaza, junto con la revuelta popular simultánea en Palestina, fue un cambio en el juego. Israel está haciendo todo lo que está a su alcance para demostrar que están equivocados.

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Los palestinos tienen justificación para sostener este punto de vista. Después de todo, sus minúsculas capacidades militares en una pequeña extensión de tierra asediada y empobrecida, la Franja de Gaza, lograron hacer retroceder — o al menos neutralizar — la enorme y superior maquinaria militar israelí.

Para los palestinos, no se trata solo de poder de fuego, sino también de su codiciada unidad nacional. En efecto, la revuelta, que atrajo el apoyo de personas de todos los colores políticos y en todas las ubicaciones geográficas, está fomentando un discurso completamente nuevo sobre Palestina: sin facciones, asertivo y con visión de futuro.

El desafío para el pueblo palestino es si será capaz de traducir sus logros en una estrategia política real y finalmente superar el sofocante, y a menudo trágico, período posterior a los Acuerdos de Oslo. Por supuesto, eso no será tan fácil. Después de todo, hay fuerzas poderosas que están profundamente involucradas en el status quo. Para ellos, cualquier cambio positivo en el camino hacia la libertad palestina conducirá a pérdidas políticas, estratégicas y económicas.

La Autoridad Palestina (AP), que opera sin mandato democrático, es más consciente de su posición vulnerable que en cualquier otro momento del pasado. No solo los palestinos comunes no tienen fe en esta ‘autoridad’, sino que incluso la ven como un obstáculo en su camino hacia la liberación. No fue nada sorprendente ver al presidente Mahmoud Abbas, y muchos de los corruptos de sus círculos íntimos, ‘cabalgando’ la ola de la revuelta popular palestina, cambiando su lenguaje por completo, aunque fugazmente, de un discurso cuidadosamente diseñado para ganarse la aprobación de los países donantes a uno cantando las alabanzas de ‘resistencia’ y ‘revolución’. Se trata de una camarilla que está desesperada por mantener sus privilegios, y sobrevivir a cualquier costo.

Sin embargo, si los palestinos continúan con su movilización popular y su trayectoria ascendente, Israel es la entidad que más tiene para perder. Un levantamiento popular a largo plazo, con demandas específicas y bajo un liderazgo nacional unificado, representaría la mayor amenaza para la ocupación militar de Israel y el régimen de apartheid en muchos años.

El gobierno israelí, ahora bajo el liderazgo sin experiencia del Primer Ministro Naftali Bennett y su socio de coalición Yair Lapid, es claramente incapaz de articular una estrategia de guerra posterior a Gaza. Si se ignora, momentáneamente, la políticamente estridente y extraña transición del ex-líder Benjamin Netanyahu a la coalición de Bennett, se siente como si Netanyahu todavía mantuviera el poder.

Bennett, hasta ahora, siguió el libro de jugadas de Netanyahu en todos los asuntos relacionados con los palestinos. Él y el Ministro de Defensa Benny Gantz — ex socio de coalición de Netanyahu — continúan hablando de su triunfo militar en Gaza y la necesidad de construir sobre esta supuesta victoria. El 15 y el 18 de junio el ejército israelí atacó varios lugares en Gaza. Sin embargo, unos cuantos misiles más no cambiarán el resultado de la guerra de mayo.

Es hora de convertir nuestros “logros militares (en) ganancias políticas”, dijo Gantz el 20 de junio. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. Según esta lógica, Israel obtuvo “logros militares” en Gaza durante muchos años; es decir, desde su primera gran guerra en la Franja en 2008-09. Desde entonces, miles de palestinos, en su mayoría civiles, fueron asesinados y muchos más, heridos. No obstante, la resistencia palestina continúa sin freno y no se lograron ‘ganancias políticas’ israelíes.

Gantz, como Bennett y Lapid, reconoce que la estrategia de Israel en Gaza fue un completo fracaso. Dado que su objetivo principal es permanecer en el poder, están sujetos a las reglas del viejo juego, que fueron formuladas por políticos de derecha y sostenidas por extremistas de derecha. Cualquier desviación de esa estratagema fallida significa un posible colapso de su inestable coalición.

En lugar de trazar una estrategia nueva y realista, el nuevo gobierno de Israel está ocupado enviando mensajes simbólicos. El primer mensaje es para su público principal: el electorado de derecha de Israel, en particular los partidarios descontentos de Netanyahu. Este mensaje es que el nuevo gobierno está igualmente comprometido con la ‘seguridad’ de Israel, que pretende garantizar una mayoría demográfica en la Jerusalén ocupada como en el resto de Palestina, y que nunca se concretará ningún ‘Estado palestino’.

Otro mensaje es para los palestinos y, por extensión, para toda la región, cuyos pueblos y gobiernos se unieron tras la revuelta palestina durante la Guerra de Mayo. Es que Israel sigue siendo una fuerza militar formidable y que la ecuación militar fundamental sobre el terreno permanece inalterada.

Al continuar su escalada en Gaza y sus alrededores, sus violentas provocaciones en Sheikh Jarrah y en todo Jerusalén Este, además de sus continuas restricciones en medio de la urgente necesidad de reconstrucción de Gaza, la coalición de Bennett está participando en el teatro político. Mientras la atención esté fijada en Gaza y Jerusalén, Bennett y Lapid seguirán ganando tiempo y distrayendo al público israelí de una inminente implosión política.

Los palestinos están, una vez más, demostrando ser jugadores ‘críticos’ en la política israelí. Después de todo, fue la unidad y determinación palestina lo que provocó el mes pasado humillación a Netanyahu, mientras animó a sus enemigos a finalmente expulsarlo. Ahora los palestinos podrían potencialmente tener las claves para la supervivencia de la coalición de Bennett, especialmente si aceptan un intercambio de prisioneros — liberar a varios soldados israelíes capturados por grupos palestinos en Gaza a cambio de la liberación de cientos de prisioneros palestinos recluidos en terribles condiciones en Israel.

En el día del último intercambio de prisioneros, en octubre de 2011, Netanyahu pronunció un discurso televisado que fue cuidadosamente diseñado para presentarlo como el salvador de Israel. Bennett y Lapid tendrían una oportunidad similar.

Es deber de los nuevos líderes israelíes proceder con cautela. Los palestinos están demostrando que ya no son peones en el tablero de ajedrez político de Israel y que ellos también pueden ‘jugar a la política’, como se vió en las últimas semanas.

Hasta ahora, Bennett demostró ser otro Netanyahu. Sin embargo, si el Primer Ministro de Israel con más años de servicio, no logró finalmente convencer a los israelíes de los méritos de su doctrina política, es probable que la farsa de Bennett se exponga mucho antes y que el precio sea aún mayor.

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Ramzy Baroud es Doctor en Filosofía por la Universidad de Exeter, consultor de medios, columnista, editor en jefe de Palestine Chronicle y presidente de la ONG People Media Project.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Arab News el 28 de junio de 2021.