Israel y Hezbolá podrían estar jugando con fuego

Por Batu Coskun para Albawaba

Miembros de Hezbolá exigiendo que cese la ocupación Israelí en el sur del Líbano, año 2000. [Wikimedia Commons / Khamenei.ir]

Por primera vez en siete años, Israel llevó a cabo operaciones transfronterizas en el Líbano, dirigidas contra agentes de Hezbolá por medio de intensos ataques aéreos.

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La medida se adoptó en represalia al lanzamiento de 19 cohetes contra Israel desde territorio libanés. Israel ha culpado a Hezbolá por el ataque, y las dos partes han intercambiado fuego varias veces desde entonces. Esta peligrosa escalada también ha desencadenado una nueva guerra de palabras, en la que tanto los líderes israelíes como los principales miembros de Hezbolá prometen contraataques en caso de que continúen las hostilidades.

La respuesta israelí se desvía marcadamente de la política de larga data del país de mantener un status quo con Hezbolá, sentimiento compartido también por los líderes del grupo respaldado por Irán.

Israel salió de la Segunda Guerra del Líbano en 2006 cansado de intervenciones preventivas en Líbano, temeroso de ser arrastrado a un atolladero geopolítico y un conflicto prolongado que consume sus recursos. La escalada también se produce en un momento en que el Líbano está experimentando un período de desintegración política y económica, lo que plantea la cuestión de si el propio Hezbolá puede permitirse un conflicto de ese tipo con Israel.

Todos estos factores apuntan a la conclusión de que los ataques de la semana pasada estaban lejos de ser una simple escaramuza entre Israel y Hezbolá, sino más bien la materialización de una rivalidad israelí-iraní más amplia en la región, con Hezbolá actuando al unísono con Teherán.

Los parámetros de esta rivalidad, sin embargo, parecen estar mutando debido al cambio de panorama estratégico en Medio Oriente, razón por la cual ha habido tal estallido de violencia en la frontera entre Israel y Líbano. Irán está ahora bajo un nuevo liderazgo, que ya no tiene incentivos para llegar a un modus vivendi con las potencias europeas y los Estados Unidos.

Por otro lado, los Estados Unidos también se muestran reacios a reincorporarse en alguna versión del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), que Washington había dejado unilateralmente bajo la ex presidencia de Trump.

Biden parece estar fatigado y poco dispuesto a poner en marcha el proceso, lo que devolvería a Irán al redil, puesto que está preocupado por otras cuestiones prioritarias de política exterior como la retirada de las fuerzas estadounidenses de Afganistán. La voluntad iraní casi ha desaparecido bajo el nuevo liderazgo en Teherán. Como todas las partes anticipan el fracaso de un futuro JCPOA, o al menos un prolongado estancamiento de las negociaciones, Israel e Irán se están preparando para el conflicto.

La doctrina Raeisi

El ex presidente de Irán, Hassan Rouhani, había canalizado la mayor parte de su energía hacia la negociación con los Estados Unidos y la Unión Europea.

Es poco probable que Ebrahim Raeisi, el nuevo presidente conservador de Irán, siga un curso similar. Irán parece estar volviendo a su doctrina tradicional en política exterior de trazar un rumbo independiente, fortalecido por sus representantes regionales como Hezbolá. Bajo Raeisi, al llamado ‘’Eje de Resistencia’’ se le está dando una nueva vida, con signos de una postura agresiva en política exterior que es ya visible.

Hace dos semanas, HV Mercer Street, un buque mercante vinculado a un multimillonario israelí, fue atacado con aviones no tripulados frente a las costas de Omán en un ataque que, se cree en gran medida, fue llevado a cabo por Irán. Dos miembros de la tripulación fueron asesinados, provocando una dura respuesta de los Estados Unidos e Israel.

El ataque de la semana pasada del Líbano a Israel encaja en un patrón, al igual que el asalto al buque.

Raeisi parece estar silenciosamente recordando a las fuerzas de seguridad israelíes que Irán ha vuelto, y que la aparente aquiescencia de los años de Rouhani ha terminado.

De hecho, Irán sufrió varios golpes a su prestigio bajo el mandato de Rouhani.

El asesinato de Qasem Soleimani y los ataques de Israel contra la infraestructura nuclear iraní nunca fueron realmente tenidos en cuenta por los iraníes. Con el nuevo liderazgo en Teherán, Irán se está preparando claramente para asumir una postura en política exterior más activa. Puesto que llegar a un acuerdo con los interlocutores occidentales ha sido severamente desincentivado para Irán, es probable que ataques similares se conviertan en la norma de aquí en adelante. El gobierno israelí también parece haber reconocido que Irán se está volviendo más agresivo.

La respuesta israelí

El pensamiento estratégico israelí dicta una enérgica política de disuasión contra Irán y sus representantes.

Esta es la razón más probable detrás de la dura reacción israelí al bombardeo de Hezbolá la semana pasada. Además, los funcionarios israelíes están cortejando a altos funcionarios de inteligencia de Estados Unidos con respecto a posibles negociaciones con Irán en un intento de advertir a la administración Biden que Teherán podría haber enriquecido uranio apto para armas. Si bien es improbable un avance entre Irán y Estados Unidos, Israel sigue presionando por el aislamiento de Teherán. Cualquier acuerdo interino que en el futuro pueda transformarse en un marco más amplio para las relaciones de Irán con Occidente va en contra de los intereses de Israel.

Las percepciones de amenaza de Israel se han intensificado con la elección de Raeisi y el reciente estallido de violencia en Gaza y Cisjordania. 

Además de todo esto, el actual gobierno de coalición de Israel, dirigido por el Primer Ministro Naftali Bennett y Yair Lapid, debe tratar de reconciliar las vastas diferencias políticas entre sus filas, así como la oposición del derrocado Benjamin Netanyahu. Netanyahu está buscando cualquier oportunidad de retratar al gobierno de Bennett-Lapid como débil e incompetente, por lo que el liderazgo actual de Israel debe proyectar una imagen fuerte frente a sus adversarios.

Con estos factores combinados, es probable que los ataques preventivos de Israel contra grupos respaldados por Irán – como Hezbolá – continúen con cautela, ya que Israel no quiere verse arrastrado a otro conflicto con tensiones en Gaza y Cisjordania, que siguen siendo altas.

La Segunda Guerra del Líbano en general resultó ser un error de cálculo estratégico para Israel, con Hezbolá firmemente atrincherado en su frontera. Es probable que Israel no se arriesgue a una incursión armada a gran escala, pero intensificará su campaña aérea contra Hezbolá.

Israel también está trabajando estrechamente con sus nuevos aliados en el Golfo para irritar a Irán en una región donde Teherán se ve a sí mismo como potencia hegemónica.

Un alto ministro bahreiní que visitó Israel la semana pasada, culpó a Irán por los problemas de la región y se pronunció en contra del acuerdo nuclear.

En ésta misma linea, Israel ha estado desarrollando vínculos constantes con Azerbaiyán, que nuevamente se encuentra en la esfera de influencia de Irán. Azerbaiyán abrió recientemente oficinas de comercio y turismo en Tel Aviv, marcando las primeras representaciones diplomáticas del país en Israel.

La estrategia israelí ahora parece ser arrinconar a Irán diplomáticamente comprometiéndose con los Estados Unidos para evitar un acuerdo nuclear y acercándose a los países vecinos de Irán, mientras se persigue la disuasión activa en áreas de disputa como Líbano. El retorno de los conservadores iraníes al poder ha causado una alteración de los cálculos estratégicos en la región.

El incidente en la frontera entre el Líbano e Israel es el resultado de un cambio en la aritmética regional, y es probable que se produzcan más incidentes de este tipo.

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Batu Coskun es un escritor turco especializado en Medio Oriente.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por albawaba el 15 de agosto de 2021.