Mientras Estados Unidos se retira, nuevos actores dominan la escena afgana

Por Talmiz Ahmad para Arab News

Soldado con una Guardia Galesa regresa de una patrulla en Afganistán [Defence Images/Creative Commons]

El Presidente Joe Biden declaró públicamente esta semana que todas las tropas estadounidenses restantes en Afganistán se retirarán antes del 11 de septiembre de este año. Esta fecha recuerda los ataques de 2001 a suelo estadounidense y a los distintivos símbolos de su poder —financiero, militar y político— por parte de fuerzas extremistas basadas en Afganistán (Al Qaeda, respaldado por los talibanes), que causaron la muerte de alrededor de 3 mil estadounidenses e infligieron un golpe a la posición global de Estados Unidos.

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Estados Unidos y sus aliados desplegaron cerca de 150 mil soldados en Afganistán en un esfuerzo por derrotar a los militantes extremistas en su “Guerra Global contra el Terrorismo”y promover un orden democrático en el país. Sin embargo, en pocos años, los talibanes regresaron a Afganistán y, al final de la década, controlaban más del 60% de su territorio. Varios miles de soldados afganos y aún más civiles murieron en el conflicto de 20 años.

El Expresidente Donald Trump reconoció la inutilidad de la continua presencia estadounidense y ordenó a sus funcionarios que negociaran con los talibanes una retirada del país. Esto se logró mediante el Acuerdo de Doha del año pasado. Este dispuso que los talibanes renunciaran la violencia, se desvincularan de Al Qaeda y entablaran conversaciones con el Gobierno de Kabul para llevar adelante un proceso político basado en la participación en el poder en un marco democrático. A cambio, Estados Unidos acordó abandonar Afganistán para el 1 de mayo de 2021.

El Acuerdo de Doha fracasó muy rápidamente: los talibanes no cumplieron ninguno de sus compromisos, mientras que el diálogo intraafgano ni siquiera pudo ponerse de acuerdo sobre un programa. Desde que Biden entró en la Casa Blanca en enero, su principal esfuerzo de política exterior fue poner fin a la intervención de Estados Unidos en un país que la historia nos enseña es el ‘cementerio de imperios’. El anuncio de esta semana cumple ese compromiso.

Unas semanas antes del anuncio de Biden, el Secretario de Estado, Antony Blinken, escribió al Presidente afgano, Ashraf Ghani, para instarlo a aceptar un gobierno de transición de tres años, en el que los talibanes tendrían la mitad de las posiciones políticas. Una conferencia patrocinada por las Organización de las Naciones Unidas (ONU) —a la que asistirían Rusia, China, Irán, India y Pakistán— respaldaría el acuerdo político que permitiría a los políticos afganos revisar la constitución, utilizando el documento existente como “plantilla inicial”.

El evento patrocinado por la ONU iba a llevarse a cabo en Turquía a partir del viernes, pero se pospuso: los talibanes se negaron a asistir ya que sus líderes todavía están estudiando las propuestas de Blinken. La única cuestión sobre la que quieren claridad, dijo su portavoz, es la cuestión de la retirada de Estados Unidos. Aquí tienen el consuelo de un funcionario estadounidense que hizo hincapié en que el nuevo plazo de septiembre “está fijado en piedra” y no está “basado en condiciones”.

¿Cuál es, entonces, el panorama para Afganistán? Es difícil atribuir algún valor a la propuesta de la conferencia de la ONU. La fuerte hostilidad de la Administración Biden hacia Rusia, China e Irán en los tres meses que lleva en el cargo sugiere que los tres países no tienen ningún incentivo para respaldar la agenda de Estados Unidos. Pakistán apoya a los talibanes desde hace 30 años y está deseoso de verlo en el poder en el país.

La India siempre apoyó el proceso democrático en Afganistán y a los dirigentes electos en Kabul. Trató de contribuir al bienestar nacional mediante una fuerte inversión —por un valor de 3 mil millones de dólares— en proyectos nacionales de desarrollo. Nueva Delhi también evitó firmemente el compromiso con los talibanes, ya que halla a su sistema de creencias oscurantista y a su política aborrecible.

En el escenario posterior a Estados Unidos, es probable que los principales actores de la política afgana sean Rusia y China, con Pakistán como su aliado. China, con la ayuda de Pakistán, estableció vínculos con los talibanes desde 2010 y considera que Afganistán es una parte importante de su Iniciativa sobre la Franja y la Ruta. Se dice que Pekín ofreció a los talibanes inversiones sustanciales en proyectos de infraestructura y energía para garantizar la paz en Afganistán después de la partida de Estados Unidos.

El interés de Moscú en Afganistán se encendió hace ocho años por la presencia de militantes de Asia Central entre la recién surgida rama de Jorasán del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL). Esto llevó a Rusia a comprometerse con los líderes talibanes, que eran hostiles al EIIL, y también a organizar conversaciones entre los políticos afganos. A medida que los lazos de Rusia con los talibanes se profundizaron, hay indicios de que podría surgir como el principal negociador en las controversias intraafganas.

En cuanto al futuro del país, es importante recordar que Afganistán estuvo constantemente sumido en conflictos desde 1978. Los talibanes, de hecho, surgieron como una fuerza de combate solo porque, después de la retirada soviética de 1988-89, los líderes muyahidines del país no pudieron acordar un acuerdo de reparto del poder entre ellos y condenaron al país a un prolongado conflicto civil hasta 1994. Es difícil creer que los dirigentes políticos afganos sigan ahora el camino de la moderación y la avenencia mutua.

En el lado positivo, los talibanes evolucionaron en las últimas dos décadas —ahora están divididos en varias facciones, con diversos dirigentes, muchos de los cuales tienen un enfoque acomodaticio y apoyan el proceso de paz. Por lo tanto, es probable que el Afganistán posterior a Estados Unidos tenga un orden político dominado por los talibanes, pero que, aunque no sea democrático en el sentido convencional, será más moderado que el ‘emirato’ de los años noventa.

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Talmiz Ahmad es autor y exembajador de la India en Arabia Saudí, Omán y Emiratos Árabes Unidos. Ocupa la Cátedra Ram Sathe de Estudios Internacionales en la Universidad Internacional Simbiosis en Pune, India.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por Arab News el 15 de abril de 2021.