‘El Mauritano’: ¿Hollywood tomó nota de la guerra contra las injusticias en Guantánamo?

Por Zaina Ujayli para The New Arab

Cartel con la frase “Cierren Guantánamo” desplegado en una manifestación frente a la Casa Blanca en Washington, Estados Unidos. [Daniel Lobo/Creative Commons]

Cuando me senté a ver The Mauritanian (El Mauritano) con mi familia, me encontré extrañamente nerviosa. Dirigida por Kevin MacDonald, The Mauritanian adapta la historia de Mohamedou Ould Salahi —Tahar Rahim—, un mauritano que fue secuestrado de su casa y encarcelado sin cargos durante catorce años y dos meses en la ahora infame prisión de Estados Unidos, la Bahía de Guantánamo.

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Hollywood tiene un historial magro en la representación de árabes y musulmanes, especialmente en películas que hablan de las repercusiones del 11 de septiembre.

Como señala la crítica de cine Hanna Flint, las películas sobre Guantánamo se centraron abrumadoramente en una perspectiva blanca, a menudo con la exclusión o deshumanización de las perspectivas árabes y musulmanas. No es de extrañar, entonces, que una árabe musulmana pueda prepararse para lo peor al sentarse a ver un drama sobre la Bahía de Guantánamo.

Como otras historias sobre la Bahía de Guantánamo, The Mauritanian pasa parte de su tiempo de desarrollo con la abogada de Slahi —Jodie Foster— y el fiscal -Benedict Cumberbatch-. Sin embargo, lo que hace única a The Mauritanian es que dedica tiempo a humanizar a Slahi.

Por esa razón, The Mauritanian puede parecer dos películas juntas en una. La primera, un thriller legal. La segunda, una restringida e íntima imagen del personaje.

Hay mucho que criticar sobre por qué la historia de Slahi debe ser mediada y apretada entre la lucha de dos abogados estadounidenses aparentemente buenos para obtener luz verde en Hollywood, con la sórdida historia de representación árabe y musulmana de la industria. Sin embargo, no podemos negar la importancia del viraje de Tahar Rahim como un empático y heroico Mohamedou Ould Salahi.

En una escena particularmente chocante, la cámara recorre el pasillo de un bloque de celdas de Guantánamo, mientras Slahi dirige a los internos en una oración. En un raro momento de Hollywood, el Islam se caracteriza por ser una fuente de consuelo y fuerza comunitaria en el lugar más conocido por caracterizarlo como una fuente de violencia y radicalización.

El Slahi de Rahim es casi demasiado bueno, buscando perdonar a sus torturadores después de años de injusticia y abuso, permitiendo así que la película termine con un mensaje de perdón en lugar de un mensaje de indignación.

Eso también podría merecer la crítica de quienes piensan que la película absuelve a Estados Unidos con demasiada facilidad. No obstante, creo que la razón por la que la película termina con el perdón es porque sabe que no puede darle a la audiencia lo que quiere: justicia.

No hubo justicia para Slahi y sus compañeros de prisión, ni para los prisioneros que aún se encuentran en la Bahía de Guantánamo. Si el público sale insatisfecho, probablemente sea porque la historia de Slahi es profundamente insatisfactoria, no solo porque nadie fue responsable de su sufrimiento, sino porque la lucha por la justicia no terminó con Slahi.

Si bien mi crítica se hace eco de mucho de lo que ya se ha dicho sobre The Mauritanian, me sorprendió y a la vez me decepcionó cómo importantes reseñas criticaron la película, no solo por sus fallas narrativas, sino por parecer obsoleta e ineficaz.

The Washington Post afirma que The Mauritanian está «abrumada por la fatiga de la indignación» y «aterriza, por causas ajenas a sí a excepción de su propio tiempo, con una pizca de ‘ya estuve allí, ya hice eso’».

The New York Times escribe: «Personajes sin sabor y una tormenta de escenas retrospectivas repelen nuestro involucramiento en un drama cuyo momento, por decir lo menos, es desafortunado. Después de aguantar casi cinco años de escándalos políticos continuos, el público estadounidense no podría estar menos que ansioso por que se le recuerde uno más».

LA Times dice que la narrativa de The Mauritanian parece ‘pintoresca’ en 2021, con la pandemia y las amenazas a la seguridad doméstica que «agotaron la capacidad de indignación del público».

Collider señala: «Con un ciclo de noticias que avanza tan rápido —fue hace 10 días que atrapamos al presidente tratando de extorsionar a un funcionario electoral para que cometiera fraude, ¿se acuerdan?—, las cosas que sucedieron en la década del 2000 pueden parecer historia antigua. Estados Unidos es un país al que le gusta olvidar porque siempre está obsesionado con las cosas brillantes, nuevas, lo que deja muchos pecados como noticias de ayer en lugar de algo que necesita un ajuste de cuentas serio.»

En estas reseñas, así como en muchas otras, The Mauritanian les recuerda a los estadounidenses una vieja historia en la que dejaron de pensar y, por esa razón, puede parecer trillada y gastada. Y, sin embargo, esas críticas ignoran a un gran grupo demográfico que puede ver la película: los estadounidenses árabes y musulmanes.

Los árabes y musulmanes no necesitan que se les recuerde las consecuencias del 11 de septiembre, todavía viven con ellas. La lucha contra la vigilancia, contra la elaboración de perfiles, contra la injusticia, siguen siendo cuestiones determinantes en las comunidades árabes y musulmanas estadounidenses.

En consecuencia, si bien la historia de Slahi es de fortaleza, fe y perdón frente a dificultades insuperables, es una que muchos estadounidenses árabes y musulmanes pueden optar por evitar.

La autora Amal El Mohtar usa una expresión acertada para describir por qué algunos lectores se saltan la lectura de historias que podrían, de otro modo, hablar de sus experiencias de vida. Ella dice que es como «no querer ser golpeado donde ya estás moretoneado».

Creo que muchos de nosotros dentro de la comunidad árabe y musulmana evitamos las narrativas sobre la Bahía de Guantánamo y el 11 de septiembre porque no queremos que nos golpeen donde ya estamos moretoneados.

La historia de un musulmán siedo encarcelado sin causa, sin cargos, por motivos de su fe y sus asociaciones, habla de los peores temores de la comunidad musulmana estadounidense después del 11 de septiembre.

La historia de un hombre siendo vigilado por el lugar donde vive y a quien reza es una realidad con la que los musulmanes y árabes estadounidenses viven desde el 11 de septiembre.

La historia de un hombre que desaparece detenido durante años para ser torturado es demasiado real. Especialmente para los árabes que escuchan los relatos semanales de seres queridos y conocidos que desaparecen en las cárceles de Medio Oriente.

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A menudo vamos al cine para escapar de la realidad o aprender algo nuevo.  No obstante, películas como The Mauritanian muchas veces no hacen ni uno ni lo otro para el espectador árabe y musulmán.

Consecuentemente, los estadounidenses árabes y musulmanes probablemente experimentarán ver The Mauritanian de manera diferente a otras comunidades. Donde todavía se sienten moretoneados, el resto de Estados Unidos no siente nada en absoluto.

Dicho esto, quizás el mayor elogio que puedo darle a The Mauritanian es que no salí sintiéndome herida, lo que desafortunadamente es tan frecuente en las películas sobre árabes, islam y terrorismo. Contrariamente, me sentí esperanzada de que la verdad sobre las consecuencias del 11 de septiembre se cuenta con más honestidad cada año.

Y, a pesar de la apatía del resto del país, creo que estas historias deben seguir siendo contadas. No solo porque merecen ser relatadas, sino porque no podemos conseguir justicia si permitimos que el resto de Estados Unidos olvide por qué estamos luchando por ella.

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Zaina Ujayli es estudiante de la Maestría en Idioma y Literatura Inglesa en la Universidad de Virginia, y asesora de escritura en la misma institución.

N.d.T.: El artículo original fue publicado por The New Arab el 26 de marzo de 2021.